NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (2024)

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NTOLOGI DEL ENSAYO

URUGUAYO CONTEMPORANEO

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Carlos Real de: Azua

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11' / 1 . "'"n''OLOÓJA DEL

/Ensayo ruguayo

CONTEMPORANEO

Tomo I

versidad de la República

nto de Publicaciones ·

.••• evideo - Uruguay- 19.64

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lndice General

INTRODUCCION Y ADVERTENCIA 1- ¿Un género ilimitado? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 2- Un género limitable , .. , , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 3-Ensayo en el Uruguay ....................... : . 30 4- Los temas de nuestrO ensayismo . . . . . . . . . . . . . . . . . 44 5 -Criterios y normas de esta antologia .... , . . . . . . . . . 55

JULIO MARTINEZ LAMAS ( 1872-1939) . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 1- Agrarismo e Industrialización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71 2- Factor Geográfico y Factor Racial: El Norte y el Sur 73 3-La pereza criolla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . 74 4- Población, Latifundio y Capital .... ·-· ....... , . . . 77 5- Los partidos tradicionales ........... , . . . . . . . . . . . 78 6- Ganadería extensiva y -pobreza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82

JOSE IRURETA GOYENA (1874-1947) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85 7 -El peligro de la fraternidad ............. , ..... , 89

JOAQUIN TORRES GARCIA (1874-1949) . . . . . . . . . . . . . . 95 8- Introducción ........ , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101 9 - Arte y Comunismo . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104

10- El concepto de "medida'' es universal ........ , . 109

EMILIO FRUGONI ( 1880) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 11- Lo material, lo económico y lo espiritual . . . . . . . . . . 130 12- América y Europa . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 13- Sobre la ajenidad del Socialismo . . . . . . . . . . . . . . . . 136 14- Intereses preponderantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138

Ubicación social de la Burocracia ..... , .. , . . . . . . 139 El sufragio y el Burocratismo ... _ ............... , 140 Remedios peores que la enfermedad . . . . . . . . . . . . . . 140

EDUARDO DIESTE ( 1882-1954) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142 15-Base folklórica del conocimiento .... , ........... 147 16-Teatro y Novela .............................. 149

DARDO REGULES ( 1887-1961) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156 17- El ideal de cultura de la generación anterior a la-

guerra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163

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, GUSTAVO GALLINAL ( 1889-1951) ...................... . 18 ,___,..."Nomenclatura urbana" ................ : . ..... . 19- Democracia y Dictadura ....................... .

ALBERTO ZUM FELDE (1889) ......................... . . - 20·'-- La influencia hispana y la francesa , ............ .

21-Polític~ y .~iterat~:a .......................... . _22- Emane1pacwn esp1ntual ........................ . 23- El ·paralogismo universalista de la Democracia , .. . 24- Ironía de nuestro coloniaje intelectual ......... . 25 -Nosotros y los Norteamericanos ................ .

ANTONIO M. GROMPONE (1893) ........... , ......... . ~ 26- Revolución y la Organización ................. .

EMILIO ORIBE ( 1893) ............................... .. 27- Tiempo, Muerte _e Inmortalidad ................ . 28- Ideal de Poema .............................. . 29 - La Inteligencia y la Vida: el Intelectual y la Sociedad 30- El idealismo pragmático de Estados Unidos ...... . 31-La poesía.bárbara de. América .............. : .... . 32- Una cultura colonial .......................... . 33- En el torbellino de las fUerzas ................. . 34- Nacionalidad y cultura .......... , , , ... , , , ... ~, .

CLEMENTE ·ESTABLE (1894) 35- Cultura y Educación

168 172 177

181 190 192 195 196 197 200

204 208

212 219 222 223 227 230 233 236 241

248 253

SERVANDO CUADRO ( 1896-1953) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 259 36~Alternativa de destinos , , , ..... , , , , , , . , ........ , . 272 37.....,...,. Capitalismo y tras_cendencia ..... , , , , , , , , , , . . . .. . 274 38- La emoción religiosa y el comunismo . , .. , . , , . , . 278 39- Nuestro complejo de minusvalía histórica ....... , 281 40- Poder y Miedo . .. .. .. .. .. . .. . . .. . .. .. . .. . .. . . .. 285 41-Blancos y Colorados ........ , . . . . . . . . . . . . 286

dARLOS BENVENUTO ( 1899) .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. 294 - · 42--:- El conflicto de las grandes potencias y la causa de

la Humanidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 301

, 0-~- GiL 'SALGUERO (1899) .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . 308 · 43·-¡--:.El Hombre y la revolución ........... , ..... , , . 312

CARLOS QUIJANO ( 1900) ....... ' ................... : . .. , 316 44- En la nueva etapa .................... -....... ·... 326 45- Más garantías; menos libertad .............. ; . . . . 331 46- Mensaje de Navidad ... _ ................ :. . . . . . . . 335 47- Los Muertos entierran a sus Muertos ....... ·... 340 48- En el Umbral de la Conferencia .. , . . . . . . . . . . . . . . 346 49 - Los verdaderos dos partidos . . . . . . . . . . . . . . . . 351

LUIS PEDRO BONAVITA (1903) .................... .' ... . 50- La continuidad de los procesos deformantes. El es-

quema de democracia y totalitarismo .. , .. , ..... . 51- Uruguay: dimensión humana y gigantismo , . , .. -.

ESTHER DE GACERES ( 1903) ......................... . 52- La cultura de América y· sus fuentes ............ .

ROBERTO FABREGAT CUNEO ( 1906) ................. . 53- Los Grandes Vacíos Sudamericanos ..... : . .... .

sUSANA SOCA ( 1907-1959) ............................ . 54- Encuentro y DesenCuentro .................... ,_.

JUAN LLAMBIAS DE AZEVEDO (1907) 55- Notas sobre situación y decisión

ARTURO R. DESPOUEY (1909) 56- La Utopía en Bandeja

356

360 363

367 369

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384 389

394 396

401 405

ÁR.TURO ARDA O ( 1912) .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. 410 57- Dialéctica de la occidentalidad .. , .......... _ .. _.,. _4:13

RODNEY ARISMENDI (1913) . .. . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . 419 58- Dialéctica y Relativismo ........ : : ..... ~ ... ~ . 424

WASHINGTON LOCKHAR'T (1914) ............... :.. .. 429 59- El mundo no es absurdo ................ , ... , . 443 60- DoS formas de la infidelidad ... , ........ , . . . . 447 61-La "realidad" que Iios dan ................... , . 453

BAL TASAR MEZZERA ( 1916) .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . 460 62- Gauchaje y Modernidad .......... .'. . . . . . . . . . . . 464 63 -Blancos y Colorados .............. , . . . . . . . . . . . . . 468

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CAR,LOS MARTINEZ MORENO (1917) .................. . 471 64- No olvidemOs qué se l'lama. revolución ......... , 479

ARTURO SERGIO VISCA (1917) .............. , ........ . 486 65- Soledades Rioplatenses .............. , ..... -.... . 491

DOMINGO LUIS BORDOLI (1919) .................... , 499 66..,------.La desaparición del tiempo libre ................. . 503

MARIO BENEDETTI (1920) ........... , ............... .. 508 67- El subsuelo de la calma ...................... . 515 68 - Más o menos nativista ........................ . 516 69- Canjeables e inadaptados ...................... . 518

DANIEL VIDART (1920) .............................. .. 522 70- Valoración económica y social de la estancia ...... . 526

ROBERTO ARES PONS (1921) ....................... .. 533 71- Pérdida y recuperación de la trascendencia ..... . 536 72- Los Partidos y su contenido ................... . 539 73 - Agonia de la Educación ....................... . 542 74- El elogio del mate ... , ............. , ......... . 545

EMIR RODRIGUEZ MONEGAL ( 1921) .................. . 547 75- Una gran reserva de tropicalismo ............ , .. 552

GUIDO CASTILLO (1922) .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. . 555 76- La utilidad de la Literatura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 559

CARLOS MAGGI ( 1922) ............................... .. 566 77- Origen y diatriba de la cachada ................ . 568

ALDO SOLAR! ( 1922) ................................. .. 571 78- Partidos y clases en el Uruguay ................ . 574

VIVIAN TRIAS ( 1922) ................................. . 580 79- La contra¡;licción fundamental de nuestro tiempo . 585 80- La- nueva faz del nacionalismo .................. . 590

. GUSTAVO BEYHAUT (1924) .......................... . 592 81 :.._Crisis de Occidente y :Crisis en América Latina 595

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JUAN LUIS SEGUNDO S. J. ( 1925) ......... :' ........... 601 82 .:____Libertad y dependencia de la Iglesia . . . . . . . . . . . . 606

ANGEL RAMA ( 1926) . .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. . .. .. . .. . .. 610 83- La púdica Dama "Literatura,, . , . , , ..... , ... , , . . 613

LUIS H. VIGNOLO (1927) .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. 617 84- Montevideo: la sociedad del desamparo .......... ·. 621

ALBERTO METHOL FERRE (1929) .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. 629 85- Dos odiseas americanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 634

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INTRODUCCION Y ADVERTENCIA

l - ¿Un género ilimitado?

En varias ocasiones me ha tocado integrar jurados de los concursos literarios oficiales -,--- del Ministerio de Instrucción Pública, del Municipio de . Montevideo. Y, en algunas de ellas, en el sector "ensayo''. ¡Es J!ll"'vt.an:a que incita a la per­plejidad y reclamarla la ornniscienciaJ Recopilaciones críticas, monografías literarias, antologías, tratados -de pedagogía, de sOciología, de lingüística-, investigaciones filosóficas, "ar­tes d~ vivir", inclasificables (y a veces incalificables) divaga: dones se codean allí en una feliz, desprejuiciada, inquerida heterogeneidad, Hace dos o . tres años -es un recuerdo que no me es particular- un colega jurado, cuya cultura y cuya penetración nadie discute, protestó ta janteniente que si él hu­biera sabido que tendría que dictaminar sobre e~e libro, hu­biera declinado el cargo. Se trataba (no teridria sentido ocul­tarlo) de las "Investigaciones sobré la naturaleza aporético­dialéctica de la eticidad" (Montevideo, 1959) de Mario Sam­barino. Valioso estudio (tales mi opinión) de riguroso discur­So, .escritO en un lenguaje ~ inénudo ríspido y siempre técnico parece, de cualquier mánera; eri las antípodas del atractivo estilo de ciertos filósofos .rriuy leidos de este siglo o del anterior. Dé_ un Nietzche, de un Ortega, de un Santa yana, de un Croce, ·pongamos pór cas'O. AlgUieri, entonces·, aventuró ~odestamente ·que había ·otra filo•afia que no es fácil, que no se deja leer flui­damente por e] leCtor común, ni Aristóteles, ni Santo Tomás,

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ni Kant, ni Heidegge~. Y que si por dificil, y por no juzgársele ensayo se consideraba allí un intruso al libro de Sambarino, el "Essai sur les données immédiates de la conscience" de Bergsoa era desde su título, un ensayo y no se dejaba leer, hágase la prueba, con la facilidad de una novela. También agregó, o mejor: recordó, que era ensayo (pues también lo: reclama en su rótulo) "The Wealth of N ations", de Adam Smith, que na es nada breve y es bastante riguroso; que lo es~ el malafa­macla "Essai sur l'inégalité ·des races humaines", del Conde de Gobineau, que tampoco tiene nada de compendioso ni de liviano. Los argumentos -y el debate- hubieran podido alar­garse pero; Íl).evitablemente, tendría que desembo.carse yn est;J. comprobació_n_: l'p~ra ciert~ ~riterio de. vigencia muy amplia -Y ~que las clasificaciOnes oflC!ales refle¡an- todo~ lo que no es poesía, narrativa o teatro~ es e'lsayoj- y sólo el respiro de dos apartados (en los ~concursos estatales la "ciencia" y la "histo' ria" son declinadas a la Universidad; en los municipales la segunda se juzga separadamente; en arnbos,~ la ,neutralidad liberal declara inexistente el ensayo de tonalidad politica) ' alivia algo la imponente, previsible masa resultante. ~ ·j' , Simplific~ciones ~clrninis~rativas,_ ~ dir~. ¿:e.ro, __ Se:.- s,abe en verdad, que es el e'nsayo 1? La _reaccwn_ antirretonca coetane~ del Romanticismo y la ~posterior fu1ldarnentación teórica de Croce (a partir de su "Estética" de 1901) disolvió la coriácea entidad de los géneros tradicionales. Pese, con todo, a aquélla, pese al maestro de Nápoles, el sentido común y otras filosofías literarias -más re.alistas, menqs esquemáticas, menos- ambi­ciosas- se aúnan y ayudan, No hacen imposible identificar, con relativa seguridad qué cosa es un poema, una novela, ·un cuento,,un drama. Con la prosa, -sin ~mbargo,- con la prosa qu'e cabría llamar "no-im~ginativa", conceptU:al, ajena -al hilo enhehrador de la ficción, los textos se presentan· con apa­riencias tipológicamente más elusivas, con contornos _mucho nienos nítid'os.

Si se: recorren las viejas preceptivas es posible comprobar

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que toda la prosa, narrativa o no, im~ginativa ü" no, ocupaba un lugar marginal, infimo, epllogal. La reacción antirret6rica a que aludía no ¡:udo destruir, en este caso, ·categorías, moldes que no existían. ~y si la novela y el cuento encontraron con posterioridad su propia teorización, a menudo profunda, a me­nudc; brillante; si la teoria de la ciencia y sus mediqs de exposición se afinaron hasta alcanzar rigor y precisión filo­sóficas; si la propia filosofia se hizo consciente de la variedad, de la individualidad de sus cursos de pensamiento, si a:lgo semejante ocurrió con la crítica '(artística, literaria) en _me~ dio de todas ellas quedó un vasto, peligroso, desnivelado vacío. Un área que tenía contados con todas sus ·vednas, que· a todas en parte rozaba e invadia y se déjaba invadir. Apenas nominable. Y con una historia -si rica, si -ilustre:__. de una desazonadora anarquía, de una multiplicidad aparentemente loca de ambiciones, de blancos, de medioS, de técnicas, de propósitos./ ·

Porque si se busca el denominador común -por mo­desto que sea- de esa variedad ¿cuál puede ser? Marginan.do ]á tentación de una historia cabal, recapitúlese lo que como inecfllívoco u ensayo'' ha sido considerado. Desde los orígenes con los "Essais" de Montaigne ( 1571-1580)- "le~ons mora­les" -'-Y !os "Essays" de Bacon ( 1597-1625 )- "dispersed meditations". Y también "el Príncipe" de Maquiavelo y el "Elogio de la locura'' de Erasmo. De aUi hasta nuestros días, sin dejarse nunca de mencionar !a gran constelación de los ingleses; con los primeros periódicos y periodistas del siglo XVIII en los que: el género, lienta, perezosamente, se va d 1 d d 1 . d "d" ·" "art" esg osan o e a ganga veCI~a e - tscursos: , e as , "tratados", "bosquejos" · ( "Tbe Tatler", 1709 y "The Specta­tor", 1711 de Richard Steele y J ohn Addison, "The Ram­bler", 1750 y "The Idler", 1761 de Samuel Johnson). Pero tras ellos, los altos nombres de la ensayistica británica del XIX: Charles Lamb y William Hazzlit, De Quincey, Steven­son, Carlyle, Macaulay y Pater .. Y Sainte Beuve, Taine y

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Gourmont, representantes· indiscutidos· del ensayo francés. Y en el siglo XX,(todos, prácticamente, los que han pensado el hombre y el mundo, el pasado y el presente fuera de los cánones de la ciencia, la filosofía, la historia o. la crítica.;( Y toda, aún, una tradición española e hispanoamericana que ilustraron Montalvo y Sarmiento y reverdeció en décadas pa­sadas con tantos.·tcxtos de Unámuno, con "Cl Espectador~' de Ortega y Gasset, con los "Siete Ensay os sobre la realidad pe­ruana" de Mariátegui, con los ~'Seis_ ensayos en busCa de nües­tra expresión" de Pedro _Henríquez Ureña.

Pocó encOntramos en_ ia historia ·si no sabemos, ya; lo que· estamos buscando y resulta en el fondo· tautológica la pesquisa de una precisión: la de qué cosa sea el ensayo sobre. el material, forzosamente limitado, de lo que un consenso tradicional ha identificado como tal/ La invitación al escepti­cismo se hace así irresistible y ha parecido siempre de buen · tono refugiarse en definiciones que confiesan --:--tácitamente­su docta ignorancia.¡El ya citado Dr. J ohnson, con su sabroso lengüaje (que justo por ello no traduzco) decía que el en­sayo era a laose· sally of t/ue mind; an irre'guimr indi'geste'd · piece; not a regular and orderly compo"ition. Yen des difun­didas antologías del ensayn estadounidense, su cnmún prolo­guista Charles B. Shaw se refugia prácticamente en una enu, meración de efeGtds: brevz'ty tind solace; stimulatíon and incit.em,ent -to me'lloWn"CSs;

/ Con este criterio, cualquier antología- tiene _carta blanca. ¿ES ·una situación- envidiable?. ·Por lo menos e-st•e' antologista no lo piensa y como la paloma dJe Kant necesitaba el aire que la sostuviera, necesita también, él, tener ·una noción más firme del material en que habrá de· seleccionar, de los textos entre los que podrá elegir, Si el ensayo parece inicialmente un génera ilimitado ¿no será, por lo. menos, un géne'ro, limítable? / ¿Un ente cuyos contornos seán susceptibles de precisarse? Ana­lizando, además, alguna vez, el "Indice. . . de la Ensayística" hispanoamericana dp Alberto Zum Felde '("Marcha" n' 787)

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sostuvo -contra la evidente práctica de su eminente autor­/la necesidad de un previo crit~rio so~;e la naturaleza d~l ?,é­., n-ero. De no alcanzarlo .ahora. 1ncurnna en una contradtccwn

de la que no desea ser acusado. /

2 - Un género limitable

Si el ensayo -y su historia lo comprueba- se alimenta d~ una variedad, de una universalidad temática prácticamente ilimitadá, ¡~iene qiie ser su especificidad como agencia verbal del espíritu. (para usar la expresión de Alfonso Reyes), su modo p:eculiar de• ataque lo que· .permita caracterizarlo1jJ

La indagación genética no. siempre puede ser retributiva· y menos en un tipo literario tan pOlco normado, tan poco consciente dd peso de una tradición. ·Pero si se rastrea en los ilustres orígenes de Bacon y de Montaígne no es imposi­ble advertir que los dio:Jes tutelares de la expresi6n ensayística fueron probablemente dos. El deseo de reaccionar contra. el· esoterismo, la sol~mnidad, el alcance forzosamente restrictivo, la ambición conclusiva de los grandes tratados escritOs en ~atín fue el primero. El segundó, imposición renacentista, influjo de! "aine de la época" fue --se ha dichn más de una vez~ la voluntad de situar el tema del hombne en el centro de la meditaci6n del hümbre, la proclividad antropológica y aún antropocéntrica, el afincado pensar sobre todo aquello -cul­tura,- tfcnic·aSi - que_ ca:taCteri~an al hOmbre como algo más qué pura riat'uraleza. Set ulla ~e-acción:, entonces, contra lo dogmático, p~&ado, -rigurOso, completo, finai, excesivamente deliberado;~ optar por el fragmentarismo, la libertad, la opi­nabilidad, la impróvisación, la mera tentativa marcará al en­sayo con trazos que, aunque lo acerquen pasajeramente a la epístola .en prosa~ ·al .. "discurso", mantendrá tesoner3.mente y ayudará infaliblemente a peculiarizarlo: ~

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{ T~~bién, y desde los inicios, el vehiculo de la pros~l la aclaracwn, que puede parecer pleonástica, no lo es, si sJ' 're-­cuerdan los ensayos versificados :ingleses del siglo XVIII: el

. :'Essay on Mar.'" y el "Essayon Criticism" de A:lexander Pope Intentaron abnr un camino que los rumbos de la poesía no siguieron.

, . Muc~o m_ás hondo (presumo) es un trazo que el ensayu / conserv~ mflexiblemente; ese trazo consiste en que el curso del ~ pensamien~o que _lo crea, dei que lo ordena, esté dado por

el pensam~en_t? mJSmo y no _por la espacialidad, la temporali­~ad. o la fiCCI~n. que suele te¡erse en sus telares. Temporalidad, ~lcCión, espac>a:hdad que pueden (habría ejemplos, sobre todo mgleses) ser esporádicas pero que así, en bulto, hacen extra­ños al género las memorias y 1os 1'diarios", loSI viajes las "es­tampas" y las descripciones; ni que decir la ficción ~rrativa entera.

fFe'nsamienta, pero teórico, especulativo expositivo. Siem­pre signado poi un relativo mediatismD"~I.si '~s que se prefiere este térm~o, ~] mismo tiempo localizador y vago, a:! S(lSpe­choso d•esznteres que tanto ha hecho penar al empeño teori­z~nte. I:o que importa ~e este mediatismo es que, sin perjui­CIO del Irrecusable fructificar de las ideas en la vida y en la a:.ción, el ensayo Pt_t;da delimitarse del sermón y la incita­cwn, de· la exhortacwn y del consejo, de todo lo que Croce llamaba oratorta marcada por un intromisivo espíritu p.ráctico, por una urgente finalidad transformadora.

No hace mucho tiempo, un agudo español, Juan Rof Carballo, ilama~a al ensayo grar; in~trume·nto' 6rfíco1 pulsado ~"': e] subconsCiente, gustad? por los poetas· (que de l:inaje orfico son y con el subconsciente trabajan) pero también por los hombres de ciencia que encuentran en aquél la distensi6n de una creadó:n. m~ramen.te· artística. N o creo indiscutible el diagnóstico de Rof pero me parece importante que en él se apunten dos rasgos inescindibles de] género: lsu carácter per­sonal y su índole artística o literaría.¡Porque el juicio, la opi-

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-~ón; la "doxia'~ que el _ensayo' _porta. var:t carg~das con1

los zumos más íntimos del autor, develan su personalidad, . valen por su efusi6n, i':'plican el cómpromiso vital del opiharite, se

. sitúan antipódicamente de toda objetividad, de toda neutrali­dad, de todo conocimiento socializado. Y quien dice persona-

. lidad dice originalidad (o autenticidad, por lo .menos, pues los términos no son sinóniillos), dice p·ersp-ectiva, punta· de vista in canjeable, constfucción no repetil?le y, en suma, ·poesía. El carácter literario del ensayo puede ser más o menos noto­rio en cada texto y según la concepción que de la literatura se tenga. Al faltarle el hilo de la ficción, al penetrar en sus temas -junto con todos los resplandores de la intuici6n y loo misterios de la oc_urrencia- con un inequívoco aparato con­ceptual, l,el ensayo se sitúa en un tornasol -entre "lo lit~rario" y "lo '-rÍo- literario" que parece ser uno de los signOs más fijos de su destino.j Pero también es cierto 11ue de lo literario porta, no sólo la umbilical nota de persona1idad, no s6lo los valores (autenticidad, originalidad) a ella conexos sino -ade­más- la realización _y explotación consciente del medio ver­bal, el sentido de la ambigüedad y connotatividad del len­güa je, d esporádico interés en el signo por el signo mismo.

Pero quien dice ~~personalidad" y ~'literatura" está po­·niendo, tácitamente, un Sinónimo de ambos: libertad. Ya uno de los fundador.es del généro, Addison, el del "Spectator", fi­jaba para el ensayo los rasgos de looseness and freedom en contraste con la regularity of ti set discourse. Con todo, siendo el de "libertad" uno de los vocablos más ambiguos, más poliva­lentes, más maltratados, conviene precisar que la libertad for­mal e intelectual del ensayo es, más que nada,f cierta flexibi­lidad que evita el discurso rígido, que aún soslaya el estricto a juste a un tema concreto y a un curso preestablecido, que se despega de ellos, que hace del texto, pretexto, que muchas veces lo aprovecha, estribándose así en él, para reflexiones ulte­riores, que es movido por laS luces variables -a veces .caleidqs­c6picas- de intuiciones y de razones, de ideas, de' pálpitos

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y (se decia) de ocurrencias¡ Siempre atraerá a la actitud ensa­yistica cierta digitación de posibilidades aparentemente super­fluas, cierto afán de experimentar, de "ensayar". reflexiones, de probar contactos, cuya eventual remuneración es inicial­mente inmedible. Fortuna y juego le son esenciales, dice Theodor Adorno en ·su perspicaz (si bien arduo) texto "El ensayo como forma" (en "Notas de literatura", Madrid, 1962). Un "juego'_' que serí~ responsable.' de esa presunta uziviándad" de tratami~nto que reclamaba para el ensayo no hace mucho Arturo Torres Rioseco en una formulación cargadamente im­presionista y r·et6rica y que sólo es aceptable si se la apunta hacia nociones de "levedad", de "libertad" y se la pone deci­didamente de espaldas a la previsible "superficialidad" con que tenderá a confundirsele.

Puede gustar también como cifra de este curso literario el titulo que coloc6 Aldous Huxley a una de sus colecciones de ensayos: temas y variaciones. Variaciones que comienzan y terminan donde quieren y como quieren y a las que son -a su vez- endosable el tan apuntado fragmentarismo del en­sayo clásico.

Pero si el ensayo no sigue una trayectnria estricta ----:-Y aún los ejemplos tradicionales cultivaban fruitivamente la di­gresión, la divagación- siempre es discur"o en cuanto tipo "de marcha, en cuanto capacidad de derivación, de prolongación, pe construcción, en su~a. jEl ensáyo tiende así -casi siempré!, desde principios modestos y a veces ~decía~ meras ocurren­cias, a una amplificaci6n muy ambiciosa de la verdad encon­

. trada, de la afirmaci6n que se postula{¡ , -~Con todo, si es consciente de sí mismo, se sabe mortaq / Con todo no puede perder nunca -completamente- su ca­

V· ra_cterística de tentativa, de aproximación, de punto de partida, de "attempt", de aproximación, de borrador, de rensayo, -en puridad, con la acepción que sugiere este término y todos los anteriores. El ya citado Rof Carballo vincula la noción del ensayo co~o ''prueba'' con la.irrupción del experimentalismo

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de Franciá- B~cort, pero con U:na -tra)re'ctoria pos_terior· qu~_:-Ió hurta justamente a los caudalosos instrumer:tos ~? pruelxl que el conocimiento ha ido acumulando; que lo Identifica (aun, ,que Rof no lo diga) con ciertas formas de p;reza que ~e sus, traen justamente a esa labor de corroboracwn hoy J?os1ble y lo dejan en brillante d'e•cir casual. Tal rasgo no preJuzga_de la actitud de cada autor: éste puede ser tanto. muy humilde. como juzgar dicha, con la suya, la última palabra. En lo que inciden, en cambio, las notas antes apuntadas es en la .con­Vicción social, impersonal, de la IÍaturaleza inagotable,. tran-r seúnte de la verdad, del destino último de toda opinión a volatilizarse o a convertirse, en caso contrario, en ciencia ri­gurosa. Vale sin embargo la pena atender que 1~ ?iencia em, pka la hipótesis y ésta puede no resultar muy dtstmgmble de los meros postulados, de las verdades "a enriquecer~' que ,el ensayo contiene~ Con todo, la hipótesis científica tiene como finalidad ser comprobada y como calidad la de ser un instru, mento de traba jo cuyo irremisible destino es el desecho o, 'por el ·contrario, la prueba, la confirmación y ese asentimiento que parece ser la actitud normal de todo. destinatario. de una construcción de esa índole;-cabr:a aventurar, en· catnbw·, que S!

este asentimiento es el puerto final de la hipótesis cientifica confirmada, el del parecer, del postulado ensayistico esla per, suasíón. Una persuasión que se convertiría así- en el efect() especifico del ensayo jmi.to al ya nombrado a:rentimie·nto de la ciencia, a la convicción a que apuntan la novela y el teatro· y- a esa identificación mágica, que .logra, en sus más altos -momen .. tos, la poesíaj Adorno observa con razó~ que d ens~yo con.1. serva aquellos elementos "comunicativos" que sistematizaba la vieja retórica y que hoy han desaparecido de la exposioi6n ~científica.

Pero la libertad ideológica del ensayo tiene también. una expresión (otra expresión) que es medular a ese ''estilo de /_: pensamiento", a ese "curso del pensar" que el ensayo: impJ~ Tiene que. ver con el fundamento y es, ,para algunos~

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y (se decia) de ocurrencias} Siempre atraerá a la actitud ensa­yistica cierta digitaci6n de posibilidades aparentemente super­fluas, cierto afán de experimentar, de "ensayar"- reflexiones, de probar contactos, cuya eventual remuneración es inicial~ mente inmedible. Fortuna y juego le son esenciales, dice Th.,odor Adorno en ·su perspicaz (si bien arduo) texto "El ensayo como forma" (en "Notas de literatura", Madrid, 1962). Un "juego'' .que serí~ responsable de esa presunta uziviandadn de tratami~nto que reclamaba para el ensayo no hace mucho Arturo Torres Rioseco en una formulación cargadamente im­presionista y retórica y que s61o es aceptable si se la apunta hacia nociones de "levedad", de "libertad" y se la pone deci~ didamente de espaldas a la previsible "superficialidad" con que tenderá a confundirsele.

Puede gustar también como cifra de este curso literario el titulo que co!oc6 Aldous Huxley a una de sus colecciones de ensayos: temas y variaciones. Variaciones que comienzan y terminan donde quieren y como quieren y a las que son -a su vez- endos<~ble el tan apuntado fragmentarismo del en­sayo clásico.

Pero si el ensayo· no sigue una trayectoria estricta -y aún los ejemplos tradicionales cultivaban fruitivamente la di­gresi6n, ]a divagaci6n- siempre es discurco en cuanto tipo 'de marcha, en cuanto capacidad de derivación, de prolongación, ~e construcción, en suma. kEl ensáyo tiende asÍ casi sioemprd, desde principios modestos y a veces -decía- meras ocurren­cias, a una amplificación muy ambiciosa de la verdad encon­tra:dá, de la afirmaci6n que se postula&

~Con todo, si es consciente de sí mismo, se sabe mortalb / Con todo no puede perder nunca -<:ompletamente- su ca­

~-. ra.cter'IStica de tentativa, de aproximación, de punto de partida, de "attempt", de aproximación, de borrador, de 1ensayoJ en puridad, con la acepci6n que sugiere este término y todos los anteriores. El ya citado Rof Carballo vincula la noci6n del ensayo como "prueba" con la .irrupción del experimentalismo

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de Francis Bacmi, pero cori una · tráyectoria posterior· que ]6 hurta justamente a los caudalosos instrull)entos de pru~ba, que el conocimiento ha ido acumulando; que lo identifica, (aun, que Rof no lo diga) con ciertas formas de p_ereza que ~e sus, traen justamente a esa labor de corroboracwn hoy ~os1ble y lo dejan en br,:Uante dédr casual. Tal rasgo no prejuzga. de la actitud de cada autor: éste puede ser tanto. muy humilde como juzgar dicha, con la suya, la última palabrá. En lo qu~ inciden, en cambio, las nortas antes apuntad;ts es en la .con.:­Vicción social, impersonal, de la naturaleza inagotable, tran:r seúnte de la verdad, del destino último de toda opini6n a volatilizarse o a convertirse, ·en caso contrario, en· ciencia ri­gurosa. Vale sin embargo la pena: atender que 1~ ~iencia' eme plea la hipótesis y ésta puede no resultar muy d1stmgmble de los meros postulados, de las verdades "a enriquecer~' que .el ensayo contiene, Con todo, la hipótesis científica tiene como finalidad ser comprobada y como calidad la de ser un instru­mento de trabajo cuyo irremisible destino es el desecho o, ·por el ·contrario, la prueb:i, la confirmación y ese asentimiento q.ue parece ser la actitud normal de todo destinatario. de un~ construcción de esa índole~:Cabia aventurar, en· cambio; que Sl

este asentimiento es el puerto final de la hip6tesis cientifica confirmada, el del parecer, ·del postulado ensayistico es1a per, suasión.. Una persuasión que se convertiría aSÍ· en el efecto especifico del ensayo junto al ya nombrado a:rentimie'nto de la ciencia, a la convicción a que apuntan la novela y el teatro· y a esa identificación mágica. que logra, en sus más altos momen­tos, la poesiaj Adamo observa con raz6n que d ensayo con' serva aquellos elementos "comunicativos" que sistematizaba la vieja ret6rica y que hoy han desaparecido de la exposición -científica.

Pero la libertad ideo]6gica del ensayo tiene también una expresión (otra expresi6n) que es medular a ese ''estilo de pensamiento", a ese "curso del pensar" que el ensayo importa. Tiene que ver con el fundamento• y es, ,para algunos, la nota.

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diferencial que la deslindarla de la estricta "filosofia" .[ El en­sayo, así, n:o es pensamiento fundark· o, por mejor decir, no tiene la necesidad de fundarse a sí mismo como, con toda deliberaci6n y todo rigor, la filosofia tiene que hacerlo. Toma, en cambio, los supuestos o el pensamiento ya dado (una ideo­logia,' un cuadro de valores, un sistema), lo recibe desde fuera sin alterar sus fundamentos, lo "repiensa", a lo más, unas veces (como lo hacia Montaigne, como lo hizo Rod6). Otras veces, más modestamente todavía, se limita a utilizarlo tal como, conclusivamente, se le ofrece y, así, refracta con él todo el cambiante panorama del inundo, la vida, los hombres¡

Lo que casi nunca el ensayo ac~pta es seguir rigurma~ mente esos supuestos,_ obedecerlos con la militar disciplina con que la filosofia -por ejemplo--- admite hacerlo y a los que aquel se hurta como si una tal, y unilateral, compulsi6n lo amenazara de asfixia. Adorno señala que la proclividad última del ensayo es la de la revisi6n y hasta la liqu'daci6n de las premisas de las que ha partido. El propio Adorno, te­naz contradictor de Lukács, afirma que infringir esta tenden­cia, ·poder derivarse limpiam-ente de la "teoría" es el error que invalida los "ensayoo tardios" del critico húngaro. La cuestión, razonablemente, puede pla'niearse con cada escri':' tor que adhiere a una ortodoxia y cabría ser examinada, por ej~mplo, en el caso de los textos 58 y 82 de esta se!ecci6n. En lo que me es personal, creo que toao depende de la "cerca­nía" de sus premisas e,n que el ensayista se mueve (es dudoso que exista un ensayismo de la Santisima Trinidad o de las "fuerzas sociales de producción") y del temor a la "heteTodo:... xi3." que pueda cüa~cionar invisiblemente al escr~~Qf~i.JComo la palabra trae el recuerdo- no pienso, y es argum:·e~tó contun'­dente, que la acendrada fe haya despojado de su carácter ensayistico a muchas admirables páginas de G. K. Chesterton. · Pero este problema conduce a otra aoepci6n de la liber­

tad ensayistica que mucho tiene que ver con la latitud y la disponibilidad respectp a unos previos fundamentos.j.'El ensayo

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es,. intuitivamente interdisciplinario f(permitase la expresi6n 1 tan difundida en medios universitaribs). Tiende a hacer coe­xistir distintos planos y distintos 6rdenes de ideas; con la atención afincada sobre un objeto o un tema (el "estudio" .al fin, el informal "poner entre paréntesis" de la fenomenología) convoca diferentes puntos de vista que pueden lograr el im­pacto iluminador que la metáfora alcanZa. Y si las ciencias han

~-<-acuñado el término arriba citado, es porque siente la nove-dad de estas conexiones. A vec~s la logra pero no le es natu­ral el hacerlo: al ensayo, en cambio, le son tan naturales, tan _ espontáneas, que pueden considerarse como intrínsecas a su misma entidad.

Comencemos ya a agrupar rasgos. Personalidad, cons-¡· trucci6n, ocurrencia, multiplicidad de miras. Todo ello hace que el ensayo »ea más comentario que informaci6n (para u~ar los abominables términos de la enseñanza media uru­guaya), más interpretaci6n que dato, más ref!exi6n que ma­teria bruta de ella, más creación que erudición, más postula­ción que demostración) más opin!ón que afirmación d-ogmá­tica, ~podíctica.

Podria objetarse aqui que estoy construyendo una no­ción relativamente a-histórica del ensayo. Soy consciente del peligro y, expue'to lo anterior, considero ineludibJ.e mene tar Jos factores que han alterado, hasta el alegado r'esgo de su desaparici6n, la fisonomia del género. El ya citado Shaw señala la tendencia a que el ensayo, ese lavender-scented litt'e old lady of l'terature sea desplazado por las variadas mo· dalidades del: "artículo", la "investigación'', el "editorial". Adorno ( melanc6lica, sibilinainente) sootiene que la actual;­dad del ensayo es la actualidad de lo anacrónico. La critica anglosajona registra el paso de una ensayistica libre e' infor­mal a ótra más cOmpacta," rigurosa, apegada a los hechos, má3 factual; de una más literaria e introspectiva a otra más práctica, más extrovertida. (Ya Rodó, en su ensayo sobre Montalvo distinguía entre un ensayo rectilíneo y otro desorde-

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nddó' y ·errabundo). Considerado como "línea de larga dú­radón'-'.- inteleCtual, el hecho me parece tan cierto que creo q1le·vale· ta pena señalar que hoy de casi nadie se dice que es Un '''ensayista" y sí que es un historiador, un crítico, un filó­¿ofO, un sbciólogn, un periodista. Por poco que los usos socia­les del lengiiaje alumbren vetas más profundas de valora­ciOn, ··parece decisivo este traspaso de una calificación por "tipo" dé hacer" a una calificación por zona de conocimiento 0 por abordaje específico de la realidad. Sólo en los titulas, a falta de calificación mejor, parecería subsistir Una· clara vo­luntad de supervivencia del género.

Tres son las causas que concurren -tal es mi opinión­a· esta alegadadecadencia del ensayo o (también es probable) a· este· trasvasamiento de la esencia ensayistica a nuevas for­maS, 'a ·nuevos moldes. (BruHetiere, vale la pena recórdarlo, ctmstniyó su brillante libro "L'évolution des genres" sobre ta­les · tnisvasamientos).

Es clara, para comenzar, la tendencia de todos los sabe­res informales a de9I-indar un dominio ·específico, a trabajar con métodos fijos (sino propios), a poseer un vocabulario téc' nico, a alcanzar por medio de leyes (o más modestamente, de regularidades) de tipo explicativo, descriptivo, previsor, un tbri.ocimiento dotado de ciertas características (objetiVo, ri­guroso, sistematizado, especifico ... ). Este imperialismo (a VeCes fútil, pretensioso, superpositivó) de la'S ciencias, esta· 3spiraeión de todos los saber·es a jerarquizarse como tales~­es particularmente decisivo en cuanto al destino del ensayo. P~es~ paradójicamente, , ocurre que si éste tiene en común con las Ciencias la apetencia por la verdad, el uso del ]en­guaje como signo, el concepto como herramienta de aprehen­sión, la identificación sólo llega hasta aqui y el conflicto em­

, piezá ·en esas zonas que el ensayo tocaba tradicional y con­fiadamente ~y hasta eran sus temas predilectos- matttias que hoy se sistematizan en ciencias culturales, históricas, ·hu­manas: Antrápologia cultural, Psicologia (ciertas direccio-

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rtes), Sotiologfa, Polftisa y muchas ótias. Esüs saberes que se vertian con toda naturalidad, sin inhibiciones por Ia via de la elisayistica a medida que se van solidificando en cien­cias, a medida que devienen conocimiento acumulativo y so-. cializado harán (hacen) más sospechoso de improvisación, de talenteo, el que por la via de la ensayistica se siga expidiendo. Registro el hecho y no la justicia de la sospecha, contra la

·que podria replicarse que casi todas las hipótesis que aquellas ciencias -traba josa, onerosarnente- tratan de confirmar es de la ensay'stica que salen y de la penetración de unos autores que no se sienten muy tentados por la impersonalidad, por la frecuente mediocridad del trabajo en equipo.

Otra de las causas de la declinación del ensayo, -por lo menos en su forma clásica- es, me parece, la irremediable depreciación de cierto tipo de prosa. No creo que hoy tenga el m·enor sentido la distinción entre una prosa adornada, sedi­centemente "literaria" y una prosa no-adornada, o escueta, o funcional. La sequédad más prosaica ilo es trazo capaz de arrebatarle a una página que tenga las notas esenciales dd pensar ensayistico su calidad de tal; el más esforzado rococó lingüístico no basta para prestársela. La tendencia, sin em­bargo, a la pureza de los géneros y, rnás1 concretamente, la incomodidad por ciertas conmixtiones de. prosa y de poesia le han quitado al ensayo su instrume.nto expresivo más pecu­liar, esa "prosa artistica" (era la fórmula) en la que- la ima­ginación, la poesia tejían sus guirnaldas en torno a un núcleo de ideas y que: en la literatura iberoamericana ilustraron tan fehacientemente nuestro Rod6 y el venezolano Diaz Rodri­guez. Se podrá alegar, reconozco, algún caso actual que rom­perla la ·regla y el de George Bataille, me resulta relevan­te. Pero en éste o en otros ensayistas franceses contemporá­neos, la explosión Iirica es el resultado de una presión interna~ incoercible, la eclosión de una fuerza que rompe los limites del género porque no puede hacer otra cosa; lo que poco tiene que ver, entonces, con la decisión previa de hacer "prosa- ar-

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tística"-, ~,con el ejerCICio placentero, sá.tis'fecho de sí mismo, de "e~bellecer" el pensamiento.

Solía fijarse, igualmente, como nota distintiva del ensayo cierta magnitud intermedia, cierta medida que se movía entre el "tratado" y el "artículo" sin aproximar~e denlasiado a ellos; algún te6rico (bastante reciente) agregaba la condi­ción de poderse leer de un tirón (sin precisar, como es natural de qué tir6n ni de qué resistencia estaba hablando) . Con todo: si a este tamaño -imaginable de cualquier modo- nos referimos, es 'fácil advertir su escasez cada vez mayor frente a la abundancia creci.ente -también a la creciente calidad­del llamado artículo, del texto relativamente extenso pero me­nos dilatado que el clásico ensayo, que. suele llegar a los dia­rios pero más a menudo encuentra su sitio habitual en sema­narios y en revistas. Los mismos libros "ensayísticos" sue1en ser colecciones de ellos, como podría probarse con una copio­sa jurisprudencia.

El punto p~ecedente conduce, en forma inevitable. a la distinci6n entre ensayo y p~riodismo. Porqu~ el periodismo porta muchos raogos que al ensayo se han asignado. Ahora bien: si se atiende a las varias tentativas realizadas para esta­blecer un deslinde neto entre periodismo y ensayo, es posible inferir -s-obre todo si se supone que los rasgos anteriores han fijado la naturaleza del segundo- que la discrim'naci6n apun­ta más que nada a una ctie<;tión de valor, d"= n:vel._ E~tn es: a qué cosa, a qué texto importa como ensayo; a cual (tambiér.) no importando, es, se queda, en puro periodismo. C0mo ya se decía, el rasgo brev-edad, puramente externo, cuantitativo, es difícil de sostener. El de actualidad, igualmente. Cualquier "literatura de circunstancia" puede ser tan valiosa como la . que, voluntariamente, se refugia en una ·presunta "intempora­lidad" y aún podría sostenerse (con Goethe, con Sartre, con Eluard como apoyes)· que el no ser una literatura de "cir­cunstancia" la torna, irremediablemente, ea gratuita (en su peor sentido), en suntuaria, en ornamental. Pero el tér-

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. mino actualidad puede aludir -a "contrario sensu"-:--' a otro· valor más serio que es eí de duración, el de- permanencia. Este (estos) sobre todo, permitiría un nítido despegue entre lo que es ensayístico y lo que se queda en puramente perio, dístico. André Gide llamaba "periodismo" a todo lo que ma­ñana será menos interesante que hoy ("Joumal", 1921) a sab'endas, probablemente, que toda literatura afronta la: con­tingencia de tal depreciación. Para Croce, una década antes ("Problemi di Estetica", 1908) la fugac'dad y la practicidad eran las notas características del periodismo, incidiendo, con la primera, sobre el fenómeno gen~ralísimo recién apuntado e intrincando la -segunda en esas distinciones tajantes de su filosofía del Espíritu (formas del "espíritu te6rico"; formas del "espíritu práctico") que más trabajosas son de validar a quien no acepte aquélla, pasivamente y en bloque. Y esto es así porque creo ·que aquí el móvil creador importa poco, ya sea éste el de expresión personal. libérrima, no interesada o en cuanto la "no-practicidad" implique un d~cir no funcio­nalizado a una presión, a una necesid'ad, inmediata, utilita­ria1!> de servicio. Pues me parece que lo que hace -eviden­temente- "ensayístico" un discurso o un artículo, un bosquejo periodHico o un material de propaganda (incluso) es cierta potencial, siempre presente capacidad de generalizaci6n, desde lo concr-eto; una capacidad que le da duraci6n a lo que es fugaz, permanencia, ne.:::esidad a lo contin~ente. Y obsérvese aquí que estos rasgos de amplitud, de mediatez, de teoricidad forman parte de la esencla misma de "lo literario"; ob-érvese. también que, sin necesidad de caer en los alvéolos termino­l6giccs de Croce, ellos implican la naturaleza y el valor al mismo tiempo .

Más realísticamente srstenía T. S. · Eliot que la dist'n­ción entre u p-eriodismo" y 'Tteratura", es por completo vana, a menos que estemos trazando un contraste tan viol·ento como el que existe entre la Historia de Gibbon y el diario de esta noche . .. y agregaba, comprensivamente que hay un tipo de

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mente, y tengo. una afinidad muy estrecha con ella, que s6lo puede ponerse a escribir, o s6lo es cap·az de producir su me­jor rendimiento, bajo· el apremio de una ocasi6n inmediata ("Los poetas metafísicos").

Me parecen convincentes las precisiones y me resulta opor~ tuno ceñir este desliJ.1de tal vez demasiado minucioso. lQué es él ·ensayO,. en su mil)

. Una agencia verbal del espíritu, del pensamiento, del juicio, situada -ambigua, incómodamente- en las: zonas fronterizas de la Ciencia, de la Literatura y de la Filosofía. Pero dotado también de una s.erie relativamente inequívoca de modalidades. Unas modalidades que lo distinguen de las Ciencias (ya se ha visto), tanto físicas, naturales, eXactas como de las del Hombre, del Espíritu Históricas Culturales

' ' (aunque prepare, fertilice todo el sector de estas últimas). Unas modalidades. que lo distinguen de la Literatura más típica y central (ya se ha visto) por la faha de núcleo ficti­cio y la abundancia de eleméhtos intelectuales y argumenta­tivos (pero que tampoco lo alejan demasiado de ella ... ) . Unas modalidades que ~sin necesidad del problemático "~es­interés"- lo distinguen (ya se ha visto también) de la activi­dad ideoi6gica (política, social, religiosa) más pragmática, más inmediata, más combativa: la política cotidiana, la polémica, la propaganda. Unas modalidades que la distin­guen -ayúntense los rasgos anteriores--- del pobhdo mundo de las dencias aplicadas, de las Técnicas y de las "Arte3", (de la Pedagogía; por ejemplo, del Derecho, de los textos di­dácticos ... ) . Y unas modalidacdes, por último, que no lo distinguen del periodismo en cuanto éste es oportunidad, cir-cunstancia, activida-d, vía de expresión. /

Con la fijaci6n de tales criterios podríase pensar delimi­tado el campo del ensayo que. este libro tratará de espigar; Pero las conveniencias de la selección han impuesto algunas limitaciones que ·pudieran encontrarse arbitrarias si ......._por una part~ no_ des·cansaran con cierta solidez en los criterios

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anteriores· y si -por.otra-"-- no respondieran talnbién-i ·iazoi­nes de hom*ogeneidad mínima o- a la existencia de zonas fnsa'­yístiCas de:rñasiado extensas como para ·qu~ una selección, for­zosamente limitada, pudiera representarlas.

La exclusión más importante me resulta la de la crítica,· que corre el riesgo de parecer injustísima si se piensa, como 10 hace Pican en su conocido HPanorama", que el ensayo es hoy la forma crítica por excelencia de la literatura. Pero for­ma por excelencia en el sentido de postura, de ' juicio, de krimein. Los modos concretos de crítica (literaria, teatral, cine~ matográfica, musical, plástica) pueden, sin embargo, ser sos~ layados con razones de peso, aun olvidando el de su volumen entre nosotros y a ese señalarse en. ella (y, creo que aun colee~ tiVamente aforada, el juicio es exacto), uno de los altos ni ve~ les de la cultura uruguaya.· Sin embargo -y dando por des­contado el carácter fugaz, m·enudamente periodístico qú.e mucha de ella tiene- pienso que en el caso de un a juste es­tricto al objeto artístico dado ( libm, cuadro, película, repre­sentaci6n) se pierde buena parte dd sesgo genera1izador, ame plificante y, en puridad, constructor que el ensáyo importa. Este no es el caso, naturalmente, en' que el autor o su creación son punto de partz"da y nada más para una digresi6n, para un ensanchamiento -ensayístico, ocasión para hacer de un texto, p~etexto (tal creo, por ejemplo, que son los pasajes 54 y 85 de esta selecci6n). Y si esto ocurre con la crítica, pa­rece inevitable señalar que ello ocurre más con la · "monogra­fía" y el estudio literario o artístico (que también han sido soslayados). En esta categoría, habría que agregar a la estrictez á.nterior, el .en1pleo consecuCnte, a veces- muy riguroso, de métodos determinados, que si no llegan a legitimar una "cien­cia literaria" (pese a Dragomirescu, a Dámaso Alonso y a unos cuantos más) contrarían, de pasada, varios rasgos muy esenciales de la actitud ensayistica.

También se ha excluído de esta antología todo lo que pu­diera cohsiderarse- filosofía y aún ~~ensayo filosófico". Bien sé

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que la presencia en ella de ciertos autores y textos (por ejem­plo, los núms.' 15, 27/ 35; 55 y 58) pudieran hacer dudar de lo sistemático de tal criterio pero, si se les analiza bien a ellos u otros, se verá que no sólo predomina en tales textos el pen­sar característicamente ensayístico, sino que (salvo los núms. 27 y 55) son marginales a lo que cabrfa considerar los rubros centrales, canónicos (ontología, metafísica, gnoseología, ética) del p-ensamiento filosófico. También sé lo convencional y has­ta arcaico de tal distinción y que la materia del pensamiento filosófico es tan universal como la del abordaje literario. Igual­mente, lo controvertible de la anteriormente realizada entre filosofía y literatura por su actitud ante el "fundamento" y el pensar fundado y aun .lo tenues que pueden ser algunas dis· tinciones: rigor contra libertad, objetividad contra subjeti­vidad que cada sistema filosófico -sobre todo en las últimas décadas- reordena, legitima o anula a su manera. Quede, por lo menm, ante algunas ausencias, la constancia de que esta antoloe;fa Pe ha elaborado a contrapelo -si asf pudiera decirse- de una aceptación global del pensamiento filosófico en la calidad de "ensayo".

El pensamiento histórico -sobr·e todo el pensam'ento h"s­tórico sobre el pasado nacional- ha sido excluído, salvo cuan-· do ese pensamiento histórico apunta sobre fenómenos tan fir­mes y permanentes de la so6edad uruguaya (las estructuras agrarias, los partidos polfticos, algunos rasgos ps'co-mciales) que bien pudieran con<.'iderarse como "constant-es", como "in­variantes" de ella. Con todas las cautelas que tan peligroso concepto pu~de exigir, ello serfa la razón de la presencia de algunos textos (por ejemplo, los núms. 3, 5, 41., 62, 63, 70 y 72). El punto podría darse por zanjado declarando que, en tanto es ciencia, la historiografía queda de pof sí fu,~ra

de nuestro cuadro y que en cuanto el material es rotulabk como filosof!a de la historia, y de nuestra historia implica un caudal tan voluminoso, tan hom*ogéneo que bi·en puede des­bordar los alcances del presente intento. Desgraciadamente,

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bien se sabe, en este punto, qué precaria es toda di.stinción entre evidenCia e interpretación, entré comprobaciones· docu­mentales e hipótesis ("científicas" las primeras, presumiblemen­te "ensayísticas" las últimas). O entre una historia de "acon­tecimientos" y singularidades y otra "sociologizante", de re­gularidades. O -lo que aqui importa más todavía- entre una historia "neutral", "técnica", sin tesis previas y otra histo­riografía "tendenciosa", que sirve determinados intereses, que corrobora fines anteriormente fi jades. Bien establecido está hoy (por más que se polemice' con ardor) que también la "historia científica" o "técnica" parte -como no sea un ama­sijo sin ton ni son- de "supuestos" y es "tendenciosa" y hasta "id.,o]ógica", aunque esta ideología (entre noootros la ollgár­quico-liberal) esté como soterrada y diluida en la aceptación tradicional de una perspectiva que es, por supuesto, la de loo grupos secularmente dominantes. La única distinci6n efec­tiva -y la línea no pasa entre "ciencia" y "ensayo"- se marca entonces entre una historiografía que a partir de sus previos supuestos, toma en cuenta todas las evidencias ase­quibles aunque éstas los contradigan y la que escamotea, en 'una dolosa esquernatización, todo hecho embarazoso, pecadO sin duda grave en el que han incurrido igualmente muchos de los llamados "revisionistas" como tantos solemnes y suficien­tes voceros de la historia científica y académic'a. Demasiado se sabe, por fin, hasta dónde toda historiograffa, sin distingos ·es selección libre de hechos, dotación de significados, construc­ci6n del espíritu, y qué imposible, por ello, es trazar la fron­tera· entre un "más acá" de pura erud~ción y datos (que en puridad ya serán elegidos e interpretados) y un "más allá" filosóficó-hist6rico elaborado en base a generalidades. Con el cursq de la vida del hombre en el mundo y con cono­cerla comprensivamente ya están dados los dos ingredientes

'imprescindibles de la historia y la óptica puede variar -sin dejar dé ser historia- desde aqudlos extremoS que ilustraba la famosa anécdota del rey de Persia: la colección de libros

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(m,J.uneralbles, cómo: las :arenas del r'nar o ,el amaron, su:'­'t>nb ~·, rnu:rlf!:rm•, en que finalmente llegó a destilárselos.

~~~~!i~~¡,;''"eJatc>ri~Lm<ent:e establecido, que se descarta todo ~~ de raÍz y temática: histórica, por genera~ 'scmc>rab:arc:ador<" que ellos sean.

la critica, la filosofia y la historia, es obvio pudieran dar oportunidad a sendas antologías. Sin creo que ellas no tendria,n sentido si de esas selec­

'<'''uc~.se ·postergara. todo lo que no posee un carácter neta­mente ensayístico: el estilo del pensar, el modo de acometi­-~íniento no importarían- sufidente criterio unificador 'Como ¡)ara .dejar .fuera -por científico, sobre todo-.Io que posee dema­.siadó hom*ogeneidad de materia con lo que seria incluídó.

.. La~ misma consideración sería aplicable para ciertos co'rt.es que· pudieran también completarse antológicamente, en el ma­terial que este libro recoge: el de las influ'Bncias intelectuales que él refleja; el de los movimiento~ ideol6gicos y los aconte­:cimkntos universale'S que se refractan en él; el -de los temas; el de los enfoques (filosófico, histórico, literario, social, religio­.so ... ); el de las ideologfas que en él se pueden inferir; el de las ideas que porta, postula, defiende. La ausencia del caudal que del ensayo se ha deslindado haría -se dijo- muy rela­tivos, muy inseguros, los c~adros, las ordenaciones que hol­gadamente podrían desplegarse.

· 3 - El ensayo en el Uruguay

Aunque a primera vista ello no resulte muy claro, esta · selección sigue el criterio temporal fijado por la . anterior ~.'AiitÓibgía del cuento uruguayo contemporáneo" (selección y notas de Arturo Sergio Visea, Universidad de la República', Mbntevideo, 1962). Esto es: adopta como punto de partida¡· 'el' decisivo quinquenio que corre entre 1915 ·y 1920 -uno ,

3.0

·de los quiebres más nítidos de toda nuestra historia contem­poránea- en el que se acumulan, a ritmo velocísimo fenó menos de tal magnitud planetaria como el fin de la Primer~ Guerra Mundial y la Revolución Soviética, acontecimientos' de tan decisiva .influencia americana como la "Reforma U ni-· verSitaria" ( 1918), sucesos nacionales como la instauración de1 Ejecutivo colegiado y la constitucionalización de la copartici-1

páción partidaria, corrientes universales como la irrupción multiforme de los "ismos" revolucionarios de la poesía, Iai.J plástica y la música, indicios tan importantes como los prime- 11J ros libros de una nueva generación poética (los de Oribe, Basso Maglio, Sabat Ercasty, Juana de. Ibarbourou), eventos, por último, tan justamente últimos, tan simbólicamente epi­logales como la muerte de José Enrique Rodó (1917) y las solemnes honras que tres años después se le tributaron.

Fijado entonoes este p1,1nto ·de referencia, parecerla justo indicar brevemente lo que por anterior se prescinde y la ra­zón de las aparentes violaciones al criterio establecido.

N o es muy abundante (ni muy significativo) el género ensayo en nuestra literatura del siglo XIX. Y esto no sólo por participar de la general modestia de toda ella, sino por-· que la urgencia, las presiones de la lucha política e ideológica -que fueron en brgos .trechos de aquel tiempo los númenes de la creación intelectual- intrincan demasiado todo material potencialmente ensayístico con la prosa beligerante, con la polémica, con la crítica de promoción, con la monografía ser­vicial, con la historiografia: de imantación nacionalista o par­tidaria. De cualquier manera no sería erróneo señalar (pese a su inmediato designio) rasgos ensayisticos en (por ejemplo) el "Manifiesto" ( 1855) de Andrés Lamas, o en "La educa­ción del pueblo" (1874) de José Pedro Varela, o en los muy variados textos políticos de Bernardo P. Berro y de Juan Car­los Gómez. Más claros serian los casos de Francisco Bauzá en sus "Estudios literaTios" ((885 ), de Angel Floro Costa en "N' " (1880) "L " ' . 1 R ' 1rvana y a cuestwn econonuca en · as epu-

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blicas del Plata" (1902), de algunas páginas de Julio Herrera y O bes, ("La crisis de la filosofia", entre otras), de algunas de Carlos Maria Ramiréz, de ciertos penetrantes estudios de Martin C. Martinez en los "Anales del Ateneo" ( 1885), de las conferencias de Juan Carlos Blanco sobre "Idealismo y Re<tlismo" y "La novela experimental" ( 1882), de los ambi­ciosos y enfáticos libros de Enrique Kubly y Arteaga "Las

, Grandes Revoluciones" ·• ( 1887) y "El Espiritu de Rebeli6n" (1896). Cabria señalar todavia que en los escritores del siglo pasado que sobrevivieron al momento de irrupci6n de los creadores del 900, el clima nuevo, más estable y propicio, la madurez, la distancia, hubiera permitido una producción en­sayística de carácter más neto que tod~' la q~e su juven:ud pudiera abonar. Es creo, el caso de las Cuestiones Amenca­nas" ( 1907-1912) 'de José Sienra y Carranza, de "Amér'ca" '(1912) de Abe! J. Pérez, de "La acci6n funesta de los parti­dos tradicionales" ( 1918) de L,',is Melián Lafinur. de la encantadora evocaci6n de "La Ciudad Acústica" ( 1927) de Eugenio Garz6n y de "El Uruguay entre dos si!\l~s" ( 1931) de Manuel Bemárdez. Pero lo netamente ensayrstrco y entre ello lo mejor de una obra es, sobre todo, la situaci6n de Zo­rrilla de San Martin no tanto en "Huerto Cerrado" ( 1900)

' como en esos doo s~stanciales voJúmenes que se titulan "El 'Serrn6n de la Paz" (1924) y "El Libro de Ruth" (1928), a los que habria que agregar también el p6stumo alegato por la causa anglo-romana de "Las Américas" ( 1945). l

Con todo, creo que fue la "generación del Novecientos",.,¡ la que representa la época de oro de nu-estra ensayistica. Y rne •parece importante para decidirlo asi no s6lo la calidad in­trínSeca de sus representarites inaYorés sino alguno& factores provenientes d.el clima hist6rico (estéticos, culturales y hasta econ6micos) que ya han sido aludidos. Ellos fueron, por ejemplo, la boga in discutida de la "pr~sa a~tis~i~a" (tal c~nio

·ha sido caracterizada) ; el rasgo todavra pnmrcral de la srste­matización .de muchos saberes en ciencias e, incluso, la 'bara-

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! # 1 ,, t

· 'tura de la edici6n y la buena voluntad d·e algunas 'editorlaiés ·francesas ·y española·s (Sempere, Garnier, · Bouret; ehtre 'otras) para recoger en' volumen los estudios y articules --en pUridad ~'ensayos"- de los .. escritores hispanoamericanos. (N~ tanto, y es triste historia, para pagarlos).

Todas estas circunstancias no determinan, claro está, -sólo coadyuvan a comprend~r- la concurrertcia en. unos pocos años de la obra casi ~ntera de Rod6 y especialmente de "Ariel" (1900), "Motivos de Proteo" (1909) y "El Mirador' de Pr6spero" (1913).'De algunos de los libros más valiosos. en su pensar intensamente personal, d-esgarbado y hasta di-, 'gresivo del periodo auténticamente creador d·e Vaz Ferreira:l "Los problemas de la libertad" ( 1907), "Moral para intelec~, tuales" (1908), "L6gica Viva" (1910). De las dos sustan-1 cio'as y desafiantes tentativas de Rey les: "La Muerte del Cisne" ( 191 O) y los "Diálogos Olimpicos" ( 1919). Del am­bicioso y rico "Arte, Estética, Ideal" (1912) de Pedro Figari. De las dos renovadoras obras ensayisticas de Luis Alberto de Herrera: "La Tierra charrúa" ( 1901) y "El Uruguay Inter­nacional" (1912). Y todavia lo que bordea la ensayistica des­de la critica, la paráfrasis, el estudio met6dico o el puro pe­riodismo de las obras de Rafael Barre! (en lo que nos· perte­nece), de Alvaro Armando Vasseur. de Roberto Sienra, de Victor Pérez Petit, de Alberto Nin Frias, de Luis E. Azarola Gil, y de Raúl Montero Bustamante.

En principio, esta promoci6n, como tal (y ni que decir/ las anteriores, en bloque), ha sido excluida de esta antologia. Se ha seguido tal temp·erameato incluso con los escritores que han persistido en una actividad netamente ensayística mucho más adelante dei punto de partida prefijada, tal el caso de Reyles con posterioridad a su regreso al pais en 1929. tal el de Vaz Ferreira, sobre todo en su "Fermentarlo" (1938), tal el de Vasseur con "Gloria" ( 1919), "Los maestros cantores'' '( 1936) -con mucho mat~rial anterior a 1920- y "Filosofia y critica coexistenciales" ( 1944). Pero es visible en los tres

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ej~mplos inmediatamente anteriores que el centro de gravedad de cada una de las obras no se situa en estos años sino en loo precedentes; ·Distintas son las situaciones de Roberto Sienra, de larga vida pero prácticamente callado las cuatro últimas dé­cadas de ella, la de Alberto Nin Frias virtualmente volatizado de la literatura nacional con posterioridad a 1915 y las de Luis Alberto de Herrera y Azarola Gil casi Íntegramente de­dicados a la historiografia a partir de los años veinte.

Con todo, si se registran los nomt/res seleccionados por esta antología, pueden advertirse cinco'l/antcriores a ese 1885, que bien pudiera marcar (en la aceptable periodizaci6n gene­raciou.tl de Ju!ián Marias) el hito inicial de la promoci6n que entraria a contender por la preeminencia hacia 1915. Si ello es asi es porque no· creo en la incontrovertible hegemo­nía de la fecha de nacimiento y supongo, en cambio, que el tiempo de irrupci6n de un autor y de una obra, el impacto que puedan ejercer son elementos capaces de alterar la cate­gorización excesivamente mecánica que el mero nacer puede determinar. Martínez Lamas, 'Casi coetáneo de Rodó y de Vaz., llega al .conocimiento público . con su .lib~~· más importante \ recién en 1930. La vasta Iabor de teonzacwn de Torres Gar- •, cia (un año más joven que el anterior) y también, natural- i),

mente su irradiación, se dan tras el regreso del artista al país·.\¡ en 1934. Irureta Goyena, de su misma edad, después de una brillante trayectoria de penalista y abogado roza -apenas-¡ el ensayo en los últimos trechos de su vida. El grueso de la •.1

obra prosistica y ensayistica de Frugoni es posterior a 1920. t Y Eduardo Dieste-, después de larga residencia en España, en · la que publica sus primeras obras, ejercerá lo más intenso de , su efectiva influencia y producirá sus páginas más importantes

. en las décadas cuarta y quinta del siglo. / Pertenecen, en/ cambio, a la generaci6n que asciende ¡\ J

Aentre 1915 y 192ov'los nombres que siguen: Dardo Regules, f Gustavo Gallina!, Alberto Zum Fdde, Antonio M. Grompone,

,/ Emilio Oribe y Clemente Estable. Centran, especialmente en sus

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i i

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1

aspectos más espedficamente intelectuales, más "ideológicos", una generaci6n segura de su país, confiada del suelo hist6rico' espacial que pisa, heredera, en buena parte, del magister.io. ~ul­tural de Rod6 y "culturalista" (como Regules la defmma) ella misma. Dotada de un fuerte sentido del diálogo, de la convivencia civilizada, puede decirse que fueron sólo las dis .. ti'utas profesiones de fe -religiosas, filosóficas o políticas--:.._. .Jas que le hicieron controvertir. No tuvo centros muy eviden';' tes __:_no creo que "La Pluma" (1927) lo haya sido~ pero sustituyó esa falta con e] hecho de moverse en una sociedad sustancialmente coherente.

Pienso que los autores s~leccionados 'la representan bien pero su perfil se hace más completo si se traen a colación algu~ nos nombres cuya ausencia (por lo menos hipotéticamente) pudiera extrañar. El de Alberto Lasplaoes (1887-1950) por ejemplo, que sobre todo en "Opiniones literarias" (1919) y "La Buena Cosecha" ( 1923) testimoni6 con brio cierto "no. vecentismo" a la vez porvenirista y enamorado del presente tumultuoso y vital. Fue, además, en cierta manera, el más notorio portavoz de ese "batllismo cultural" con que se expi­dió la postura ideol6gica de. los j6venes intelectuales de c!;s~ media incorporados al partido entre 1915 y 1920 (Bellan, Zum Fe! de Zavala Muniz fueron otros). También cabria

' . ' anotar· la ausencia del de Adolfo Agorio ( 1888), que gano hacia la Primera Guerra Mundial vasto renombre con su trilogía de "La Fragua", "Fuerza y Derecho" y ''La Sombra de Europa" '(1915,, 1916, 1917) y que podria encarnar, tal vez mejor que ningUna otra inteligencia nacional, cierto fas.,. cinado, pasivo sentimiento de entrega a los grandes torbellinos humanos que desencadena la historia contemporánea, ciert.o ca..o:;;i religioso "amor fati", derta receptiva --en. verdad velei­dosa- simpatía por los "ismos:-' que nuestra época ha ido ofreciendo á la desesperaci6n, al vacio vital de los hombres Y que él expres6, trilógica, infaltablemente en "Bajo la mirada de Lenín" (1925), "Roma y el Espiritu de Occidente" (1934)

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e "Impresiones de la Nueva Alemania" ( 1935). O el de Vicente Basso Maglio ( 1889-1961) que en "La Tragedia de la Imac gen'~ y especialmente en "La expresión heroica" (1928) teori­zó, al tiempo que su propia poesía, la aspiración a una expre~ sión desnuda, hostil a la lujuria de Jos medios y qw.e no confun­diera la antitesis fácil-difícil con la de lo claro y oscuro. O el de Mario Falcao Espalter ( 1892-1941) historiador erudito crítico, que sólo roza la ensayística ( "Dd pensami~nto a 1~ pluma", de 1914, "Interpretaciones", de 1929, "La colina de los vaticinios", de 1939) y en el que culmina (por Jo menos en los planos de autenticidad vital que éticamente importan) una linea de catolicismo nacional instintivamente integrista que él defendió con\una agresividad, una sagrada furla que hacen recordar -salvadas las distancias-- a Louis Veu:Ilot a León Bloy y a esos carlistas españoles de los que en bue~a parte descendia. O el de Dirpas Antuña ( 1894), por fin, que ha He­vado una vida virtualmente errabunda entre el Brasil el Uru-

.' , guay en que nac10 y la Argentina en la que aparecieron ms dos singulares libros: "Israel contra el Angel" ( 1921) y "El Testimonio" ( 1947) y en donde logró sobre ciertos núcleos de intensa religiosidad un magisterio (un magisterio en hon­dura) que algunos recelaron. Respecto a Falcao bien po­~ría representar la "otra cara" de la Fe: centrada en la in ti~ midad y sus posibilidades de: apertura, vertida hacia la liber­tad, hecha de disponibilidad, humildad y poética emoción ante el misterio y la maravilla de la vida.

t:\ ' Menos coherente y menos generalizab1e aparece la pro­\ ~ moción que centró su presencia entre los años del Centenario

del pais independiente, el golpe de Estado de 1933 y la Gue­rra española de 1936. Respecto a la anterior, representa sin duda la generación que a través de la (o las) "décadas ro­sadas,, y del fascismo, vió el erizamiento d.~ las posiciones ~levado, a extremos de literal belicosidad y el clivaje ele las 1deologms calar hasta profundidades que amenazaban toda coexistencia. Esto decidió probablemente que el acendramien-

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to de posturas religiosas en unos, de militancia social en otros_ haya sido mucho más neto que en sus antecesores. Estos hom-~ br?s y mujeres del 30 y el 36 si sintieron la revulsión del pais baJO sus p1es, aunque ante el general desquicio presente de h vida nacional, ante la crisis entera de los supuestos que soste­nian el orgullo uruguayo, la crisis institucional de 1933 pueda parecernos una tormenta de verano. ¿Tuvo esta generación "centros"? Tal vez lo fueron el grupo "Teseo", el "Grupo/ Universidad", la revista "Ensayos" ( 1936-1938), el Ateneo posterior a la dictadura. Pero si se revistan 1os nombres que van desd·e Servando Cuadro ( 1896) a Rodney Arismendi ( 1913), es posible inferir que la misma ambigüedad de la situación tuvo un efecto de fuerza centrifuga que impelió a la condición o de solitarios, o de demorados o de precursores de la generación siguiente a buena parte de sus integrantes. Pues creo que solitarios, o equívocamente situados, autodi-, dactcs, revelados tardíamente han sido, por caso, Luis Pedra Bonavita y Roberto Fabrcgat Cúneo. Sobre las gentes de edad menor, sobre las capas generacionales más jóvenes se ha ejer-. ciclo el impacto muy diverso -y que pronto se considerará-de Carlos Qui jáno, Arturo Despouey y Servando Cuadro ..

Y a en el limite del cuadro de fechas, Susana Soca y Arturo Ardao se . adscriben mejor a la promoción que sigue y Rodney Arismendi, por su pertenencia a una fuerte y co­dificada ideología planea un poco sobre las líneas temporales (el de "generación" no es un concepto 1nuy marxista) no sin participar, de cierto modo, de muchos rasgos de sus coe­táneos:

También creo que los nombres elegidos en esta instancia son suficientemente representativos y que aun menos exclu­siones podrían ser en ella las objetadas. No olvido, sin em­bargo, algunas páginas de Juan José Morosoli sobre "La soledad y la creación" y sobre "Minas: hombre y paisaje" que iluminan, funcionalmente, su obra de narrador- , ni ciertos estudios de Ibáñez y de Giselda Zani sobre tema~ de.

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poesia• y de plástica ·(pero de cierta estrictez que los margina­liZa··cotno:·"ensayos"), ni el libro de Eduardo J. Couture "La comarca , y el mundo," ( 1953) (cuyo sentido y significado son examinados en el texto n' 60), ni algún ensayo de Justino Jiménez d-e Aréchaga que como su "Panorama institucional ,i

dd Uruguay a mediados del siglo X,'{" (1949) desborda .ell m.ar.co .. del D.e_recho Comtitucional y podria ser examinado' én concurrencia con el volumen de Couture sobre la nota éomúrí··: la satisfacct"ón ante el J!aís a que esta promoción .~e ·Jos años treinta fue la última, por lo menos mayoritaria- '

1 tiH~nte, eÍl participar.

X ' De la llamada "generación de 1945" se ha hablado tal vez demasi&do y en este libro -en que se recogen veinte 'autores de menos de cincuenta años_;_ tendrá que persistirse

_ . \en la· anotación, lo más sobria posible, de algunos de sus ras­. gos. A cuenta·de los que se señalen más parcializadamente en

tomo de sus pequeñas constelaciones (que las tiene), comple­inenta equitativamente los esbozos de las anteriores promo-, J. ciones ·enumerar algunos trazos generalísimos de ésta. La postura de inconformidad (por eJemplo) ante la versión r<i­

sada y optimista de lo uruguayo, el desdén, y hasta la ani­madversión, hacia las superestructuras políticas y culturales con que, en la aparente adhesión de todos, el país se expedía, la sensación de crisis ~de crisis de perención, de agotamien­to irremediable- de todos los supuestos · (económicos, socia­les, Culturales, internacionales) sobre los que la existencia oriental, eri forma apacible, confiada -y al parecer unánime­creía descansar. Tal actitud, antagónica a la que dictara los textos de Jiménez de Aréchaga y Couture recién nom­brados, la llevó, con cierta fuerza inesquivable, a una preocupa­Ción afinca:da por el ser y las modalidades de este pais cuyo éontomo se siente tan indefinido y cuyo destino se vivr - exiS'­tencialmente- tan oscuro, tan inseguro. El interés por lo l¡ue ·somas, cabal, estrictamente, es tarn'bién un elemento in­dividualizailte de esta generación de las últimas décadas, so-

bre todo si se la contrasta con el acento intensivo que la adhe- , sión a ideas e ideoiogías de tipo universal ponía en las ante­riores y que en ésta, si en manera alguna deja de sentirse, se relativiza, se encama, se subordina a lo que el destino del Uruguay, a lo q'ue la restitución de sus valores populares, a lo que el reencuentro de su función nacional y latinoameri­cana, primordial, jerárquicamente, exige. A esta especie de "generación del noventa y ocho" el interés por el país y por , lo que efectivamente ha realizado de valioso, por lo que positivam•ente ha sido y continua vivo -o persistibLe, o re­cuperable- la ha conducido a una tarea de revisión y justi­precio bastante copiosa de nombres, autorres, causas, movi­mientos, partidos, episodios (esto es: tanto literaria y filosó­fica como histórica). La elaboración de un pasado· útil, reali­zado sin anteojeras idealizantes, sin ilusiones mistificadoras, sin desmesuras pueriles es sólo la expresión de un culto gene­ral por el rigor del juicio (por lo que varios años se paladeó como lucidez) que también tiene su versión en la proclividad muy notoria -y hasta exagerada- por e1 ejercicio regnlar de una critica informada, honesta y (a fuerza de no querer condescender a razones de amistad, de prestigios consolida .. dos o de interés personal) a menudo despiadada. Esto, como es lógico, tenia que llevarle a una mptura total, completa -casi como a un irse al Aventino- con lo que hacia 1945 o 1950 corria como literatura o historiografia oficiales, carga­das de retórica y conformismo, hinchadas por el elogio cortés y la condescendencia mutua, esterilizadas por una noción pu­ramente acumulativa, puramente decorativa de la función in­telectual. Una literatura y una historiografia oficiales (tam­biéll) paralizadas para esa función transitiva) para ese eco, para ese prolongar&e en la emoción. y en las ideas de. otras gentes, que un saludable ejercicio del espíritu requiere) por una indiferencia frontal y sin fisuras, por un enclaustramiento en el que no se movian sino algunos fatigados trámites buro­cráticos y una minúscula agitaci6n de peñas y bodegones .. Con

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toda esta cultura oficia:! que se vela encarn&da, por ejemplo en los jurados de Instrucción Pública, en la Asociación Uru­guaya de Escritores, en la "Revista Nacional", en la Acade~ mia de.; Letras, en el Instituto histórico y Geográfico, rompió tajantemente esta promoción posterior a 1945 y, al margen de algunas. disidencias, ha sido sólo el paso del ti.empo el que eh los últimos años, gracias al agotamiento, ya indisimulable, de las modalidades combatidas, a ciertos cambios (probable­mente episódicos) de la actitud política ante la cultura y al natural ascenso generacional - ha soldado algo, y aun bas­tante, de aquel rompimiento.

Sin embargo, más allá del sector oficial encargado de ciertas -tareas culturales, la fractura fue y sigue siendo más éc.tensa, tan extensa como para abarcar el Régimen entero. Si se dudó de los supuestos sobre los que descansa Ia vid~ del país,. si ~e oyó con incredulidad de que vivimos en un rincón )>endito del mundo y de que el futuro nos sonrie equitativa­mente a todos (sin discriminaciones de clase, tarea o voca­ción) debió tend"rse naturalmente a enjuiciar toda la super­estructura política y social que tales ilusiones promovía, que (mismo) de tal engaño se engañaba y vivia, (como si los verbos que constantemente conjuga no apuntaran a alguna dirección) calafateando. las vias que se abren, soslayando los problemas básicos, postergando para el mañana y para el sudor de otros el enfrentamiento con las realidades que ase~ dian, viviendo de expedientes, de retoques, de arbitrios y de ayudas casi mendigadas, cantando en la nocb, para ahuyen­tar el temorr, recordando, con nostalgia -también con insi~

-día- la nación "en forma" que hace algunas décadas fui~

mas. Un régiml(!n quiere decir algo más radical, un estrato de concordia más hondo que aquél que representan las pug­n<lS ideológicamente nmninales de los partidos o sus encarni~ zados regateos por la mayor cuota-parte posible de las granje­rlas del Poder público. En ese régimen, sostenidos pa>r él, apuntalándolo a su vez, instrumentalizados a elencos cuya

1 ,¡ l 1 ) ¡,-

única preocUpación parece ser asregurarse benefiCios y e:stabi. Iidad en un grado sin precedentes, las promociones del 45 vieron los grandes partidos históricos dd pais descaecidos a esa función estática, protagonistas de aquella conducta cívica cuyas modalidades se han recapitulado. Casi en bloque, sin más excepciones que algunos prescindente& y algún despista­do, se negaron a confundir los servicios que esos partidos hu~ hieran prestado en el pasado (a nuestra formación nacional, a nuestro p.erfil como pueblo) con la institucionalización (ha­bilidosa, coactiva), de sus caparazones, con su consagración como enormes máquinas, inútiles para e'l Bien Común, sólo eficientes para las ventajas (muy numerosas, sin duda, y es un factor de su sostén) de naturaleza más irremisiblemente par­ticular. Apartidaria en este sentido y en su gran mayoria y no sin tangibles perjuicios personales (cierto trazo ético, cierta vocación de decencia cívica e intelectual ha sido común a ella y no ha dejado de prestarse a la sátira fácil de los venales) la generación que se inició tras la Segunda Guerra Mundial nó ha sido, ni mucho menos, apolítica, ni su intensa conciencia de lo nacional y de lo latinoamericano se lo hubiera permitido. Las vias por las que ha transitado tal distingo no es del caso recapituladas aqui y digas>e de paso que si, en el momento de escribirse estas lineas, el intento politico de lo mejor de esta generación parece tan irremisiblemente innocuo, tan patética~ mente irlefcctivo, las consecuencias que de este· hecho se ex~ traigan podrían constituir ~sos "estados de conciencia" ·.(no forzosamente pasivos ni derrotistas) que desencadenan la emergencia de una nueva promoción.

Si se habla de ruptura con el Régime'n, también habria que entender ruptura, desdén por su significado, con las figu­ras que lo representaban. No han sido los magisterios con sello nacional sino más bien la irrigación extranjera, la fasci­nación pdr obras y autones foráneos, el modo normal de an­dadura de nuestra cultura uruguaya. Un corte tan quirúrgico respecto al mundo de mediocridad afable que como cultura,

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en cierto momento, oficiaba, es, sin embargo, un fenóm'eno bastante desusado en el país. Con todo, y paradójicamente, podría decirse que:l¡t genera&ióll d'ti..] 945.Jue la _r¡¡:imera _(la cháchara arielista, el vazferreirismo sin su estilo de pensar no importan precedentes) ~~e..liJ,rnlOr!:~ .. ~tiY.Qil en el país, en atender cuidadosamente a ciertos libros, a ciertas prédicas, a ciertos nombres. Creo que ese ·es el ·caso, con segu-

f ridad, de ~:Jl~:].do~~~- muy inmediatamente anteriores: Juan Jooé Morosoli (1899), Francisco Espínola (1901), Juan Carlos Onetti (1909). Bastante conocidos y elogiados hacia 1945 -Onetti en inenOT grado-- deben, empero, a la generación de 1945 el prestigio casi unánime que los rodea y la satisfacción, sin duda más honda, de sentir que su obra fertiliza la de los practicantes que les siguen. Creo que tam­bién (aunque como Onetti constituyen figuras generalmente linderas) son los casa& de Liber Falca (1906-1955) en la poesía y en la desgarrada autenticidad vital, el de Arturo R. Despouey en lo que a la ·crítica de espectáculos toca, los de

'Arturo Ardao (1912) y Lauro Ayestarán (1913) corno mo-delos de investigación seria y responsable. Creo qu" es tam­bién, para ciertos núcleos, el casa de Servando Cuadro y

·¡ creo, especialmente, para una audiencia mucho más amplia y , hasta más heterogénea, que es el de Carlos Quijano. Como

en su punto se señalará, en él,_ en "Marcha'' y en lo que a planteas políticos y económicos toca, las últimas promociones centraron su mira (no había nada en tomo) para encontrar el acorde necesario, para fundamentar la misma voluntad de ir hasta las raíces y repetir ahincadamente ese "no" que no es tanto pura negatividad como desbroce dd teneno y espera empecinada. Espera empecinada, aunque a veces peligrosa" mente estática, de que todo lo caduco, lo aparente, remate su

i curso hacia la muerte. Generación de "Marcha" se le ha llamado a estas gen-

1,; \:!. , tes, ele las que en verdad muchas han tenido numerosos -a veé:es discontinuos, a veces tempestuosos- contactos con ella.

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Pero ha sido también la generaclón die las revistas '.( "E,critura" 1 ( 194 7), "Clinarnen" ( 194 7), "Marginalia" ( 1948), "Asir" (1948), ."Núinero" (1949), "Nexo" (1955), "Tribuna Uni' versitaria" (1956), "Deslinde" (1956). Casi todas fueron de·. interés oentralm~p.te literario y estético -"Nexo" y ~'Tribuna Universitaria" constituyen la excepción-, casi todas duraron

"As'" ''N' " f d .. , ', poco - 1r y umero ueron las , e a pancmn mas pro~ longada. Me parece que es, justmnente, en el ejercicio sacri­ficado de la edición de revistas, en el conocimiento de los meca­nismos de su creación y su consumo, que la generación del 45 adquirió una conciencia, desusadamente aguda, de las con­diciones sociales de la vida cultural, de las trabas que pesan sobre la creación del espíritu, de las constricciones que a una "inteligencia" l,e impone pertenecer a un país marginal, -de condición económiéa débil, de estructura oligárquica, con los 1~esortes decisivos de la "cultura de masas" en -manos de gran­des agencias mundiales y mediatizadas a decisiones que nos son extrañas. La actividad del teatro independi>ente, estricta­mente coetánea a las de las revistas y con toda una década de creciente expansión concurrió también a enriquecer esta expe­riencia, en la que no sería excesivo fijar la circunstancia desde la cual la voluntad de romper estos cuadros, de lograr otros más respirables, se amplió hasta una desidencia integral con todo lo que como vigencias nacionales corría. Tal empeño, y la ·capacidad de recoger y hacer inteligible lo que los sectores máshonestos, más disconformes del país sienten (más la cali­dad individual de muchos de sus integrantes) han concurrido a fortificar el fenómeno -cuya rea:lidad, cuyo carácter auspi­cioso no soy ciertamente el primero en señalar- de que esta· promoción posterior a la guerra sea la primera que tenga un restringido pero efectivo púb·lica, la primera cuyos libros ten­gan otro destino que la polilla o el estante de las obras dedi­·cadas y no leídas.

También creo que los nombres, innegablemente abun­dantes, que en esta antología ]a asumen, representan con pre-

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cisión los temas y -los intereses ensayísticos de la "gen~tación de 1945". Los autores que el deslinde previo ha dejado afuera, justifican sobradamente su ausenci~ por la índole de su la­bor: crítica (en ]os casos de Antomo Larreta, Homero Alsma Thevenet, Rubén CoteJo, Mario Trajtenberg, Maru ja E~he­goyen) ; filosófica o estética (en los de Mario Sam~an;:to, Manuel Arturo Claps Carlos Gurméndez, Juan Jase l'lo, Julio Moreno, Mario 'Silva , Garcia, Einar ~ar~o~) ; política (es el caso de Ricardo Marünez Ces) ; o perwd1stica. Un pe, riodismo de un brío, penetración, ingenio y cultura que hace trabajosa y hasta injusta su exclusión, como ocurre e~p~­cialmente (aunque hay otros), con muchos textos de Mauncw Muller o de Carlos Maria Gutiérrez.

Respecto a algunas ausencias que pudieran señalarse, anótese que cr·eo que el núcleo ensayístico de la labor de José Pedro Díaz ( 1921) se desliza simétricamente hacia la mono­grafía crítica (su "Becquer", de 1953) y la libre, tenue re­flexión poemática (sus "Ejercicios Antropológicos", de 1960), Y que pienso igualmente que el meollo ensayíst~co de .1~ obra de Ricardo Paseyro ( 1926) se corre de modo mvenc1b.e ha­cia la contundente polémica ("La palabra muerta de Pablo Neruda", de 1958 y otras) o a la omnipresente autobiografía.

4 -Los temas de nuestro ensayismo

Alguna vez (~'Ficción", Buenos Aires, no:.> 5) traté de esbozar las direcciones que en una cultura marginal, por caso la nuestra la actividad del pensamiento tendía, con cierta

' . . inevitabilidad a seguir. Enumeraba: aguzar una conczencza de la circuns;ancia (temporal y espacial; nacional, regional, universal) en la que, en cuanto destinos ind~vid~ales y en cuanto comunidad se está inscrito. Esa conc1encm, que se hace inescindible d!e una conducta a seguir, de una acción a

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cumplir arra;;tra, torrentosamente, el tema· del prospecto, ·y el pr•estigio• die los id~ales y las ideologias que el modo y el rumbo de esa conducta tratan de uormar, de dirigir. Más allá de la primera y la segunda tareas, la ~uestión del sentido de la vida, los grandes interrogantes del destino, la finitud, el valor se presentan también a la reflexión asistemática, · al mar­gen (o a veces subsidiariamente) de los planteas orgánicos d.e la Religión y la Filosofía. La conciencia de la circunstan­cia en que se vive importa, igualmente, una exigencia de com­prensión de ]as fuerzas que la han modelado, de los elemen­tos todavía válidos que· para afrontarla nos han sido legados. En una sola fórmula: la noción de ese pasado útil del que ya hablé, en las múltiples dimensiones en que el pasado se nos hace, única1nente, perceptib~e. La institucionalización de la cultura las Universidades, sobre todo, la labor r·egular de do­centes ~ investigadores encorpan otra tarea: la continuación -y el intercambio- d·e la actividad académica, la acu;n;'~ •!ación de los saberes científicos, el aportar a ellos, el reCibJr­los fiel, puntual, novedosalll<:nte. Porque hay un niv•el cultural mundial hasta el que las minorías ilustradas de las naciones quieren llegar y, ya en él, mantener.e, una actualidad que pautan las últimas manifestaciones de las culturas más ~res­tigiosas pero a la que todas (en cierto modo y con la umver­salizadón de todos los "museos imaginarios". imaginables) contribuyen. . ·

Si se analizan con algún cuidado estas seis tareas (que de ninguna n1anera coÍlsidero taxativas) es fácil percibir cuáles son las que e1 ensayo va a tomar, aun parcialmente, a su cargo y que son inequívocamente, las tres primeras; las res~ tantes, en carribio, corrérán, 1nayoritariamente, a la cura de la historia y la monbgraf'a (la elaboración de un pasado útil); de las ciencias (la actividad académica) ; de la CrÍtica, sustancial­mente (así mismo del "informe'', de la nota periodí:tica, de la "noticia"), el mantenimiento al nivel de la actualzdad.

Este esquema podrá parecer apriorístico, Valdría la pena,

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sin embargo contrastarlo eOn los rasgos que, en conocidos tra~ bajos, Medardo Vitier y José Gaos le asignan al "ensayo ame­ricano", al '1de lengua española": s:e vería que no divergen sustancialmente. Pero· más valiosa es la inferencia que puede recogerse del material seleccionado en este libro, un material seleccionado (de más estaria decirlo) con otros criterios que el de hacer que resulte representativo de ciertas direcciones previamente fijadas.

Porque si se enhebran en una sola linea algunos textos (los núms. 2, 7, 23, 25, 26, 30, 33, 36 a 40, 42 a 44, 47 a 49, 57, 59, 60, 62, 66', 79 a 82) se advierte que todos elloo tocan variablemente en una intensa conciencia de iJ.a tempo­ralidad histórica, en una percepción del cambiante, peligrooo mundo en el que nuestra comunidad uruguaya y nuestro des-­tino de hombres están sumergidos, en- una insistencia particu­lar ante el significado de ciertos fenómenos (guerras mun­diales, tensiones internacionales, ritmos y sentido de ila histo­ria, revoluciones, "totalitarismo", soci:eda-d de masas, regíme­nes politicos, impactos de la propaganda, exigencias del "desa­rrollo") cuya gravedad, cuya importancia resultan más .noto­rias a la visión que los contempla y al juicio qu~ los valora. Un tema de volumen particular en todo el pensamiento his­panoamericano es el de los Estados Unidos, "peligro y lec­ción", para condensarlo en los términos de varias famosas advertencias americanas. El está representado en esta antología por los textos núms. 2, 25, 30, 39, 40, 4 7, 48, 79. Al rubro general, de las promociones anteriores podrían colacionars·~ textos muy significativos de Zorrilla de San Martin, de Rodó, de Reyles, de Vaz Ferrdra. Y de los autores seleccionados aqui otros corroborantes de Dieste, de Frugoni, de Regules, de Bonavita, de Fabregat Cúneo, de Arismendi, de Martinez Moreno, de Ares, de Angel Rama, de Methol.

Nuestra específica condición: integrar ·corno entidades nacionales Telativamente tenues un continente eón poderosos ingredientes comunes y un mismo previsible destino hace que

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1~ conciencia situaciona'l que el ensayo explora se particula­nce en el tema de América (de nuestra América, natural­mente, ,n? de la otra, .radical~ente heterogénea). El tema dJ<; '!menea-. O, po;· meJor deCir, el de su diagnóstico y pro­nostico. El de los mgredrentes (culturales, raciales, materia­les) que la imbrican. El de su diversidad interna. El de ]as "_;ulpas", el de los "lastres", el de los "peligros". El -de las tecmcas de su reforma, revolución y promoción. Está repre­sentado en este libro por unos cuantos textos ( núms. 20 a 25, 36 a 40, 46, 47, 48, 51, 53, 64, 79, 81). Podrian agregarse a él página:' significativas de Torres Garcia, de Regules, de A~smendr, de Ardao, de Benedetti, de Ares, de Rama, de Vrgnolo, de Methol. Y más atrás todavia ya fuera de nues­tro radio, quedarian el libro de Abe! J. Pérez, los de Sienra Y. Carranza y los únicos que, prácticamente, hayan trascen~ d1~o nuestras fronteras. con una significación continental .pa~ reJa a la de otros amencanoo: los de J ooé Enrique Rodó.

La significación y el vaior de las ideas de los idea'ies de las. ideologías es una veta erLSayística que' bordea, mucha~ ~eces :nestabl:_n;ente, la Filosofía, la Religión, la política más mmedmt~ .. C1nendonos a las de carácter político, social, cul­tural, rehgwsq, educacion~I, podríanse circunscribir ciertos nú­cleos temáticos: e] valor y Ia efectividad de los ideales demo­cráticos, la importancia del Derecho en la vida social la ten-., t 1 " al' " ' si~n en r.e ~ . re ts~~ y el "idealismo" en todo- emprendí~

miento h1stonco amb1cwso. Representan la corriente en esta an­tologia numerosos textos '(los núms. 7 a 10, 13, 15, 19, 23,. 26, 27, 29, 33, 36 a 40, 42 a 44, 46, 47 a 49, 55, 58, 59, 64, 66, 79, 80 a 82, 84, 85 ... ) . No seria ·difícil objetar que ~lguJ_lo~ de ellos (los núms. 8, 10, 15, 27, 35, 55, 59) pueden mscn~Irse en ~os s?ctorcs tradicionales de metafísica, la gno~ seologm, la axwlogm; no creo, sin embargo, que ello les arre­bate por entero su carácter ensayíStico. También cabría ha­ber recogido textos de otros autores seleccionados en esta an­tologia: Bonavita, Cáceres y aun otros de los escritores de

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n;.ás reciente data, _par: rrlás _que los "ideales';, y las "ideola:.. gms", de acuerdo a razones que expuse, no sean su más insisticÍ-:t proclividad. Son las generaciones anteriores a las- recogidas en el libro, por el contrario, aquéllas en las que el tema de los ideales y las ideologías adquiere una más grande, y casi obsesiva insistencia. Y si se volviera al breve esquema del en­sayü:.mo uruguayo anteriormente trazado, se podría preciSar, aún con sus meros nombres, que los ensayistas del siglo XIX casi no tuvieron cm prendimiento mayor que ·el prestigiar idea" les (o lo que llamaban "principios"), defender ideologías. El examen de la realidad no importaba más que un punto de partida; raramente un, fin en sí mismo. Y si de ellos se pasa a la constelaci6n que formaron Rod6, Rey les, Sánchez, V as­seur, Herrera, Nin Frías, Figari (Vaz Ferreira exigiría una precisión más sutil pero, sustancialmente, no desento·na )' tam­bién sería dable establecer hasta qué .grado ideas, ideales, ideologías la obsedieron: Rodó, Reyles, Figari, mismo, (los dos últimos rotundamente, con notoria ambición) ·inte1l.taron alcanzar sus propias Hconcepciones del mundo". Pódría ob­servarse todavía que en Reyles (como en Herrera, colno en todo el linaje intelectual de matiz vitalista, realista) el re­pudio -o la desconfianza-' hacia los "ideales" se impost~l.

d., una inevitable nota teorizante y última inevitablemente "ideológica". '

Era y es normal que esta "defensa y ataque" de postú­iacio~es .intelectuales ~ centre ,:::__son eScritores al fin los que la pr<ictican- en los ideales estéticos mismos, en las doCtrinas artísticas, en las normas valorativas de las· obras en las con-. ' cepciones de lo poético, o lo pict6rico o lo musical: Todo este material· configur~- un~ zOna ensayística que no puede ser con­fundida con la critica concretá y que en esta anto.logía está representado pot algunos textos (los núms. 8 a 1 O, 15, 16, 28, 31, 52, 54, 69', 75, 7'6 y 84). También podrían haberse colacionado textos de Frugoni, d·e Zum Felde, de Martinez Moreno, de. Visea, de Bordoli, de Díaz, de Maidanik. Tam-

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bién, ·de ias generaciones que soslaya este libro, algunos· muy valiosos de Zorrilla de San Martín, de Rodó, de Figari, de Reyles, de Q¡Iiroga, de Roberto Sienra. Y aún ciertas pági­na!; de Berro, de Lamas, de Juan Carlos Blanco, de Roxlo. No siempre son reflejos de los "ismos" estéticos de la hora y portan, muchas veces, significativos, originales puntos de vista.

Representa uno de los núcleos temáticos de nuestro en­sayismo {y aún de todo el latinoamericano) un repertorio de problemas, de disyuntivas, de decisiones, que no es fácil · rotular. Podría denominársele el de la deo·ntologia de la cultura (nacional, americana), el de los deberes -y derechos- de

los hombres que la portan, el de sus fines, de su conducta, de su misión. Se puede fundamentar ética, politicamente. so­cial, estéticamente. Toma en consideraci6n (y tampoco la' lar­ga lista posible seria taxativa), las condiciones de vida y creaci6n del intelectual, las dificultades de su formaci6n el

' aislamiento que suele circundarlo, la falta de eco que lo ahoga, la comunicación, en suma, entre autor y sociedad con todas ~ns implicaciones. Plantea el posible conflicto entre sus debe­res para con la sociedad, para con la naci6n a las que perte­nece y los que tiene (o puede sentir) respecto a la propia cul­tur~ qu? continúa, a un Espíritu (así, con mayúscula) que testimonia a unos valores suprahistóricos, extrasociales a los que servir. Es el tema del "intUJlectuai" y la "sociedad'' y el ((intelectual" y la ccpolítica"; más ampliamente: el de'la uinte­lig¡enciaf' y la ccvida!'. Suele ceñirse en una serie de disyunti­vas: a·cd6n o contemplo:ci6n. mz1itancia o apa.rtamiento gra-. ' ' tuida·d y compromiso, intimismo· o lucha so'Cial. Localizándose, haciéndose en cierto modo estática, la. dicotomía es a.rra:z'ga o evwsi6n, re:ridencia. o fuga, fidefz'do:d o z'nfid.elidad al contorno (con todas las implicaciones, nada fáciles, de en qué re·alidad arraiga la creaci6n espiritual, a cuál ha de ser1e fiel, y aún de si es uno o son varios los suelos con que se nutre).

En una naci6n culturalmente marginal, integrante de un

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continente entero infradesarrallado, semi (o literalmente) co­lOnial, 1aS cónsecüenciaS que para el intelectual, para el crea­do!- p.acen -de. esta situación se ramifican en una nueva, explo:.. si va .serie d_e ·cu-estiones .También en ellas se engrana d juicio de. éXistencia, el Teconocimiento de lo qtM es con las actitudes que de esta iucidez se d<:riven. El tema de Europa< y América -Y-- sus sentidos: pasado y futuro, madurez e inmadurez es; uno de loo principales. Y aún Eurapa, refrendada por una iden­tificación, puede asumir toda la cultura, to•d!a la civilización UriiVersales, todo lo que no es, borrosa, incipientemente, ameri._ canO .. · Recoriocimientos o cOnsignas, aceptaciones ó ideales reite­ran--ciertas: señas, esperari.zadas u ominoSas: reflejo, imitación, otigiiwlidad, emancipadón cultural, tradición. Cualquier es­"fuerzo, cualquier línea de Hpolítica del espíritu" toma én ·cuenta los lastres: complejos .de inferioridad, complejos de ;~nstilaridad presuntuosa, sentiinientos- ·de destierro y concien­_"cia de "pecados originales", desvaríOs de ruptura, resentimien­tos raciales y sociales. Péro la misma lucha por la "persona:li­-dad Tll'ltural" y -el acrecimiento de sus- expresiones irriporta la · ttieStión de las ambiciones, los akances, los- líinit·es de' esa personalidad: es la muy polemizada cuesti6n del nacionalis­ina, el localiimoj el univeirsáiismo (culturales).

También la lucha' por una personalidad cultural, (se pudo :advertir en la _gravosa ·expéiiencia americana)-, es inseparable de la empresa de una emancipación cabal (politica, econó~

mici) de cada comunidad. Al mismo tiempo se siente en for­. ma irú~quívaCa· que no hay t~mancipación. cOmpleta de- una nación, de una sociedad·, Sin que-las bases culturales p.rofNas

,de ella Éean sólidamente establecidas. Y esta urgente wrrela­.- cióri ·lleva, a ·su vez, a otros temas 'd:e esta deontología de la ··cultura y de sus hombres: el cLebate sobre d valor y la con­. veniencia de las influencias moddadora"; el de 'lrn limites, el valor, la impronta, la crisis de la educación; el de cuál es la. medida saludable de una relaci6n entre creadón y consu-• nuY de cultura ..

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. Esta lista, que se podria abonar con innumerableS ejem­plos latinoamericanos, se va haciendo muy dilatada. Agré­guese todavia como dilemas eventuales del intelectual: el que se tiende entre la magnificaúón pmmo,tDra: (en el mejor de los móviles imaginables) y estrictez die la: v'alo,ra'GVón, a la que se acusa con pertinacia de desalentar la creación, de intimi­dar las expresiones posibles ·de una cultura nacional, de vio­Iar el '(tan discutible) adagio, sarmentino de que "las cosas hay que hacerlas, mal, pero hacerlas". Tensión que se tiende, no entre racionalismo e irracionalismo sino (y sobre todo paTa los creadores: imaginativos, pero -también para los críticos) entre lucid1BZ y te:rnura. Las dos, eomo vías de acceso en la deusidad de Ias criaturas y en la ambigüedad de sus actos, coma prntura general ante la vida y ante el hombre tienen una jurisprudencia nacional especialmente rica. Y el conflicto posible, todavía, entre el principio de ia ilimitada libertad expresiva ·del artista- y de las· conveniencias morales, sociales, políticaS, que pueden constreñirla.

Existen en todó este sector del ensayismo otras cuestiones que no son específicamente de él pero que, e:n genera:!, ·es desde el á:ngulo de la cultura que se plantean y de los deberes del intelectua:l que se deciden. Tocan, sin embargo, por igual el área de los ideales, las "concepciones: del mundo" y la de la conciencia del tiempo histórico y sus nieteoros; Son;· pot ejemplo, la del "sentido de la historia" y nuestro destino en ella, la de las opciones por Europa u Occidente, o la "civili­zación cristiana", o el HTcrcer Mundo" y la rebelión anticolo~ nial o, nuda, iabiosamente, ·- Latino o Iberoamérica. Es -ia actitud ante las primicias del mundo que sé dibuja: tradicio­naliSmo: o PIJ'"'B'Sentismo; ·optimismo Social o pesimismo~ (a veces catastrofista) ante la "sóciedad-rriasal'. Es -la opción entre hUmanismo y técnica entendidos· Cómn adVersas· vías configu­radoras: -dominio interior, p:rimacía:dd alma-, sabiduría mile­naria, "crecimiento", por una parte y, por la ·otra, fórmas iné­ditas de posesión de lo real, universalización del bienestar, m o-

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delación, ambiental y cientifica, "fabricación". Debate grave, decisivo. Y que arrastra implicitamente uno más hondo toda­vía: el de u.na cultura inmanentista y una cultura de la trascen­dencia. Centrada la primera en el perfeccionamiento indefi­nido de la organización social, en la voluntad prometeica de clausurar, gracias a ella, -las. "cuestiones eternas", los. torcedo­res del mal, del dolor, de la finitud del hombre. Enquiciada la segunda en la convicción de la objetividad de unos valores, de un "absoluto" no sometido a las contingencias de lo his­tórico y lo social, desalentada (y hasta esperanzada) en que esas -"cuestiones eternas?', esos 1límites de 1a muerte, el dolor y el mal humanos pueda franquearlos terapéutica política, económica o social alguna.

El ensayismo nacional ha contribuído cuantiosamente a. los primeroS. "items", en especial, de esta temática. Lo ha he­cho en ocasiones de manera tan reiterativa que se suscita la imptesión de un eterno recomenzar, de un robinsonismo que llevara a cada generación a ignorar que la precedlente se planteó las mismas cuestiones que a ella la acucian y las re­solvió parecidamente. Salvo el último sector de asuntos --el más novedoso, el menos recorridoc-- no sería difíci1 ir alinean­do textos, desde la época del "Iniciador" ( 1838) hasta la lla­mada promoción del 45, Bn los que los mismos dilemas del lacalismo y la universalidad, la originalidad y la imitación, la innovación y 1a tradición son incesante, parejamente, rumia­dos. Si al pasado nos volvemos resultan incuestionamente significativas entre todas las demás, las aportaciones al tem'l de Lamas, de Rodó, de Reyles. En Io actu"l, forman el núcleo de la· ensayistica de Zum Felde, de Oribe, de algunos escrito­res más jóvenes (caso de Arturo Sergio Visea). En este libro responden al caudaloso rubro muchos fragmentos (los núme­ros 12, 13, 21 a 24, 29 a 34, 43, 53, 56, 60, 61, 65, 68; 73; 75, 81, 82, 84 y 86). Y aún podrian agregarse textos de To­rreS García, de Dieste, de Susana Soca, de Martínez Moreno~ de Bordoli.

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El tem'a nacional, por fin, la entidad de -"lo uruguayo'·'. Puede ser acometido desde los variados ángulos de las ciencias, de la historia, de la sociologia, de la antropologia cultural. Desde estas perspectivas parece obvio que configura un objeto de conocimiento que está reclamando la conexión interdisci­plinaria y un desarroUo de los propios materiales a integrar que estos están muy lejos de poseer: no tuvo mañana la cán­dida tentativa de una ¡¡sociología uruguaya". Pero, cOmo el conocimiento salta sobre sus propias cautelas, como la avi­dez colectiva por una instrospección directora es demasiado urgente, también el ataque informal del ensayismo quiere dar cuenta de la tarea. La observación inteligente, la decantada experiencia personal, un instintivo sincretismo de nociones más o menos seguras se ponen a hilar. Se trata de saber qué es el país. Cuál es nuestra consiste'nda como nación. Cuáles sus calid"des y sus defectos, sus ventajas y sus lastres. Cuál es la razón y los antecedentes de su extrema singularidad politica. Qué rostro dibuja su previsible destino. Qué entidad tienen las fuerzas: económicas, políticas·, sociales que 1o,dirigen. Cuá­les son sus estructuras y qué fi-rmeza poseen. Cuáles son -sus diferencias con otras -comunidades vecinas y otras más lejanas: hasta dónde puede hablarse de una "person"Iidad nacional" diferente (aún de una pretensiosa, mistificada "uruguayi• d"d"). Se quiere, también, más modestamente, despejar el interrogante de si hay una psicología -colectiva, "nacional", un repertorio de rasgos, de modos que los uruguayos, mayorita­riamente, compartan. Cuáles son los objetos; las prácticas, las rutinas, los: ideales, las devociones que permitan inf~rirla. (¿El mate? ¿el tango? ¿Carlos Gardel? ¿la quiniela? ¿la ju­bilación temprana? ¿el futbol? ¿el cinismo civico? ¿el confor­mismo manso y venta jera?). Se aspira establecer la real, autén­tica entidad de los valores nacionales, la causa de Ia posterga­ción de unos, de la hiperbolización de otros, las inferencias que de estos hechos se desprendan. Cuál debe ser nuestro rum­bo entre las potencias y las fuerzas mundiales, qué medida tie-

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nen nuestras afinidades ·con el resto de Iberoaniérica, cuál la de nuestra insularidad, la de nuestra introvertida superioridad respecto al continente que nos rodea. Qué actitud: la confor­midad apacible, ]a insatisfacción desafiante, las condiciones estables del país, su situación presente, justifican.

Parece indiscutible que con las respuestas a estos interro­'i·, gantes en el Uruguay no se ha producido obra alguna de sig­, nificadón, de redondez pareja a otras muy conocidas de

América; a la "Radiografía de la Pampa", de Martírrez Es­trada, al "Chile", de Subercasseaux, al "Orden y Progreso" o alá "Interpretaci6n del Brasil" de Gilberto Freyre. Con todo, hay un estimable empeño nacional por esta forma de auto-conocimiento, un empeño que se aoentúa visiblemente, como Ya se di jo, en la postrera generación representada en este libro yen la que ya, probablemente, le sigue. Lo representan aquí numerosos textos (los núms. 1, 3 a 6, 14, 17, 18, 25, 34, 41, 45 a 48, 49 a 51, 56, 60, 62, 63, 65, 67 a 78, 82, 87). Un núcleo temático especialmente interesante: el de la significa­ción de nuestros "partido..;¡ tradicionales", el de las razones de Su supervivencia se vierte en diversos fragmentos (los núms. 5, 41, 49, 6·2, 73 y 78). Y aún, a todo lo que se ·colaciona, po­drían sumarse textos de Antonio M. Grompone, de Martinez Moreno, de Angel Rama, de Trias, de Vignolo, de Methol Ferré, ciertos precursores artículos de Aníbal Alzaga en los números de "Marcha" de diciembre d.e 1951.

También si __:__como en los rubros anteriores se ha he­cho--. se sale del área de la presente antología, cabria alinear a'lgunas obras ·cuyo carácter esporádico testimonia que la preo­cUpación nadbnal es preocupación de· crisis y que generacio­nes enteras, alojadas en un Uruguay seguro, han vivido rela­ti.Vamente inmunes a ella. Creo que es lo que testimonian loS áños que corren desde "Nirvana", de Angel Floro Costa ii.' "La· sociedad uruguaya" de Azarala Gil y a "El Uruguay irttemátional" de Herrera: un tercio de siglo ('casi) ; de lo qíÍé ·va· entre éstos y "Riqueza y Pobreza del Uruguay" de

Martínez. Lamas: dieciocho años; de lo que separa a éSte y 'los accuciados ensayos de la promoci6n del 45: un cuarto de siglo, o más.

Y, tras todo esto, aun habría que insistir en una constan~ da: queda fuera d.e ]a obra, por su estricto carácter de gene~ ralización del conocimiento histórico, el rubro, relativamente bien provisto, de las. "interpretaciones" de nuestro ·pasado. Toda literatura hist6rica cabal implica alguna de ellas y la tiene por supuesto; asi ocurre aunque no la -condense, la arme como tal. Y esto vale para la hbor hist6rica de Bauzá, de Zo­rrilla, de Herrera, de Blanco Acevedo, de Pivel Devoto. Pero también se soslay6 de esta antología el aporte correspondiente de muchos autores recogidos, la mayor parte de los cuales podría ser filiada en el llamado -y tan mal entendido­"revisionismo'_': Zurri Felde (con muchos. distingos), Quijano (lateralmente), Arismendi (con ciertas ambigüedades) y (ple­namente) Bonavita, Mezzera, Ares, Trías, Vignolo, Methol' Ferré. Aunque tampoco deberá olvidarse, cuando tal labor se examine, el muy interesante revisionismo a contrapelo que.{ representa la illterpretación neo~aristocrática y neo-principist1. ~ IJ de un ensayo de Luis E. Azarola Gil: "La entraña históri·ca ¡.; ~ de nuestros partidos tradicionales" ( 1943). )· ,,

5 - Criterios y normas de esta antología

Es posible que aún con tod'as estas exclusiones, con las limitaciones prefijadas y ya fundamentadas, esta antologia provoque una impresi6n desalentadora de magnitud, de he­terogeneidad. Tal apariencia, que no niego, podrá deberse sobre todO, a la ·coexistencia de tem·~s estéticos, de temas: eco­nómico-sociales, de temas genéricamente . .filosóficos, ideológi-

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cos. Podrá responder, igualmente, a cierto balanceo, a cierto sucederse casi- péndular, entre el planteo ceñidamente nacio­nal de algunos textos y la perspectiva universal, más abstracta de otros. Con todo, no seria imposible ver en esta variedad una seña promisora para el género ensayístico, un signo evi.o dente ·de su avidez de comprensión, de su ubicuidad, de su embestidora valentia, de su vitalidad, al fin.

- Habrá quien encuentre que el número de autores repre~ sentados (cuarenta y uno) es demasiado numeroso y habrá (es menos probable) quien pueda encontrarlo escaso. Un fundamento breve para esta cifra de tres docenas y media de elegidos. Se trata de cuatro décadas o más de intensa acti­vidad intelectual y de cambios acelera:disimos, tremendos, en e] plano univernal (por !o menos), que son susceptibles de tener en d ensayo una expresión más rica, directa, ingenua por asi decirlo, que en la poesia o en la narrativa. Esta éondición k puede prestar al material ensayistico una calidad de representativo, de sintomático, que lo haga in­teresante y registrable más allá de la relativa inconexión que pueda tener con la obra de un autor, del carácter espo­rádico del género ensayo en ella; aun de la calidad menor que para esa obra y ese autor -a estricta valoración y a dis.tancia- sea dictaminada. ·

Y si esto se decide asi es porque (pienso) es probable que el ensayo esté menos condicionado a ciertas exigencias -de "singülaridad", de "incan jeabilidad" de "autenticidad", de '-'totalidad'', de "inevitabiHdad" ~ · de "d'es.ignfu, literario"­que poesía, drama o .narrativa, que sea mucho más deseo~

nectable, que valga más ~n aislamiento de lo que éstas, imbricadas regularmente a una "obra" entera, puedan ha­cerlo. Tiene el ·ensayo así, una cierta condición de eco del tiempo, de flor del aire, de cosa que por inesperados m~tivos puede sostenerse ante nuestros ojos aunque el propó­sito que la creó sea muy pasajero, el autor que !a fabricó se­cundario, su voluntad discontinua y aun distraida.

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Todo esto, claro está, en casos marginales. Como toda antología que se .compone con criterio realista, ésta ha tra­tado de combinar, en la medida de lo posible, varios criterios (y éstos, en el doble plano de autores y de textos). Un cierto nÍv18l d!e calidad, un cierto valor, por deba jo del cual ya se estaría, especialmente en el caudal que engrosa más estos ma­teriales, en el mero periodismo. Pero también, cuando ello es dable, el de reprerentativid!ad de un autor, de un periodo, de una corriente (su índole típica); también el de ajuste, de sintoniza-ción con nuestros intereses y nuestros problemas; por fin, algunas veces, e[ de influ¡enci(J), el de su impactu sobre lectores inmediatos. y sobre nosotros.

Esta combinación de criterios, que creo imprescindibles en el caso del ensayo, c.oloca· a esta selección -confiésese con franqueza- más oerca de la mue~tra> o de la exp'o~icMn que/ de la estrict~ antología en su acepción de escogencia rigurosa~­dable, lo pienso con firmeza, para la poesía o la narrativa pero no para el huidizo género que ahora nos ocupa.

Entre el ensayo extenso y una extracción de tipo afo­ristico, he optado habitualmente por fragmentos coherentes, que porten un pensamiento abarcable, plenamente comprensi~ ble. En ocasiones, entre los límites de lo transcripto (lo que im· porta una diferencia con el ,criterio regular) he abreviado los textos, cosa que el ensayo permite y -es mucho más- riesgosa en el •Caso del cuento y la po,esía; claro está que respetando la intención del autor y la inteligibilidad del discurso. Donde, en condiciones de ignaldad &e ha tratado de elegir, he pre­ferido, me parece lógico, el texto menos accesible al más fácil de lograr. Y una consideración, ·en derto modo paralela, me ha ilevad"o a dar más extensión a.los primeros autores recogi­dos que a los últimos, cuyas páginas son bastante conocidas a los· previsibles lectores de' este libro. Agrego, todavia, que la extensión concedida a cada autor no está siem.pre~ y no . está sólo-, en relación con su importancia probable, aunque

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tenga bastante- que ver con el ejercicio del ensayismo entre sus varias formas de expresión.

Como es natural, no ha importado nada la proveniencia del texto (aunque Iimitada, claro está, a la "stricta circuns­cripción de lo édito). De libros, de revistas, de semanarios )

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(abundantemente de "Marcha"), de diarios, ha sido tomado t el materia:!; seguir otro criterio hubiera significado adelgazar Í injustamente la representación de bs últimas promociones, que s61o hace muy poco han llegado al Iibro. Tampoco, y de acuerdo a] criterio prolongalmente explanadb, he tomado en cuenta d factor -"suscitación", "oportunidad": una parte de estos materiales conocieron una primera ins-tancia hablada, han sido conferencias (sin duda afinadas) en las que e] cálido trance entre d manuscritoty la letra impresa de alguna -ma­nera, por lo menos a veces, se puede 'advertir;

Aunque .el compilador de 'esta antologia tiene una actitud "comprometida" ante casi todos los temas que en ella se re­cogen (ya se habrá probablemente percibido), demás estaría decir que el Ebro está ordenado po'f una voluntad de ser objetiv'o'. Esto, obviando el duro hueso filos6fico que una pre­cisi6n obligaría a roer, puede traducirse en que he bu:sca:d"o y creo que conseguido, atenerme a lo que existe fuera de mí, de mi voluntad, de mi querer de uruguayo. Este prop6sito, que sobre todo en materia ideol6gica y política sé hace deli­cado de cumplir, ha tratado de ser fiel a la importancia inte­lectual wmprobable de todas las 'corrientes de pensamiento y de opini6n. Si en la llamada generaci6n de 1945 y aun en las anteriores podría objetarse que las tendencias 'llamadas "terceristas", o de "izquierda nacional" o "nacional-popula­res" están representadas sin proporción a su peso político ,efec­tivo, ·contestaré simplemente que dlo es porque una cosa es tener razones y exponerlas y otra, puramente, esgrimir los se­ñuelos de la adhesi6n electoral y s{¡s reconfmtantes producidos.

Hay noticias, como se verá, de cada aUtor y de su obra , ensayística o afín, dejando al margen, por lo regular, poesía

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y narrativa. Los autores (que suelen ser puntillosos) se orde­nan por orden cronol6gico de nacimientos y por d a1fabético cuando son de un mismo año, salvo en el ·casa. de que hayan nmerto. Los títulos,- generalmente, son los que los textos lle­van; cuando han sido puestos por mí van entre paréntes:is rectos. Las transcripciones corrigen algunas evidentes erratas tipográficas sin dejar la constancia del antiestético "sic": se trata de un libro para lectores y no para fil61ogos. Esto mis­mo ha decididp que suprima notas de índole puramente corro­borativa o referencial (cuando la fuente me parece imprescin­dible, la coloco en bastardilla en el texto mismo). Pm último y como la pulcritud lo reclama, indico con la necesaria pre­ciffi6n el origen y lugar de ,cada texto.

Una palabra, por fin, sobre la tradición uruguaya del presente ·empeño. No tiene tantos precedentes en el país una

antología de este t. ipo, como una d.e poesía o de cuento. En¡.·. realidad, s6lo hay tres -y ya lejanas~ .selecciones: la de . Benjamín Fernández y Medina: "Antologia Uruguaya" Pro- !1

sa" (Montevideo, 1895), la de Orestes Araú jo: "Prosistas i\

Uruguayos Contemporáneos" (Montevideo, 1910) y la de \i Vicente Salaverri: "Florilegio de Prosist~s Urug~ayos" (Va-,~ lencia-Buenos A1res, 1918). Las dos pnmeras d1gen con un¡\ criterio inclefinido entre lo que llaman, desde sus títulos, "pro- j sa''. Sólo la de Salaverri hace mención especial, entre otros /¡ rubros, de -cuatro ensayistas. (Rodó, Vaz, Rector Miranda y \1

Nin Frías). "Una Centuria Literaria" (París, 1924) de Hugo \ Ba.Tbagelata, recoge material poético, narrativo y ensayístico: pudiera consid~rarse, en puridad, el cuarto antecedente de mi tarea. Aunque también debe decirse que de los cuatro, s6lo ¡) los de Araújo y Sa:laverri seleccionan textos que pueden ~epu-¡ tarse ''contemporáneos".

Carlos Real de Azúa

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AUTORES

Y TEXTOS

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Julio Martínez Lamas (1872-1939)

Vivió una ·existencia apacíble, casi penumbrosa, de funcionario púb:ico y estudioso. Fue un hombre de administración pero, lejos ·de la rutina indiferente que suele ser el atributo del quehacer burocrático, resulta para nosotros rm pre-ocupado de las obse­siones que nos rondatÍ, un precursor de todos los temas nacionales de nuestro tiempo. La condición económica del país y, sobre todo-, su estructura económica es casi su único tema si se atiende a que · un primicia! trabajo suyo de '1918 se titula Situación económica del pafs, a que su obra mayor, de 1930 versa sobre el mismo asunto, a que en 1932 produjo para un congresO rural las tesis sobre Situación económica del Uruguay y a que unos años después, al fi:o de su muerte apareció ¿ Adón­de vamos? (Montevideo, s.f.) que vulgarizó, pre­cedido por la vía periodística, la "gran cuestión" del retroceso económico nacional que había expla­nado en su libro fundamental.

En 1943 la diligencia de su hijo dió a la imw prenta el tomo I de un vasto estudio sobre la Eco­nomía Uruguaya, que no tuvo continuación y en el que Martínez Lamas repasó, morosa, cuidadosa­mente el cuadro de. nuestros factores productivos.

Pero si" se analiza especialmente su Riqueza y pobreza deil 'Uruguay (1930) no es difícil, ver (sin otro requerimiento que pequeños ajustes ter­minológicos y esto es lo que hace su lectura inte­resante y hasta imprescindiblf!') planteados -radi­cal, 'lúcidamente-- todos los temas económicos de la quinta y sexta década: las -exigencias del desa­rrollo, sus vías posibles (industrialización o aden­samientb agrario), las prioridades de la capitaliza-

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c1on, las condiciones sociáles y tecnológicas del crecimiento.

Tampoco es arduo recoger en él -claro que con discreción y mesura- los lemas con que se lo­gró clausurar -en 1958 todo un período de nuestra historia político-social: la campaña, fuente de re­cursos del país; su expolio por la capital por la vía del impuesto y la política de pr-ecios; el con­traste entre <~campaña productiva" y "ciudad lu­crativa"; la macrocefalia montevideana y el des­equilibrio de lo rural y de lo urbano; la diatriba contra la industrialización ("falsau, "protegida'', ''ar­tificial")", del proteccionismo y de la burocracia; el encomio de la libertad irr-estricta de comercio y la confianza i:imitada -en la imbricación de la corriente importadora y el desarrollo de la pro­ducción pecuaria.

Su tendencia a pensar la realidad económica en áreas delimitadas estáticamente y eii términos de volúmenes físicos de producción con cierto des­dén de los factores monetarios acercan su :pensa­miento a la nunca totalmente perimida tradic;ón fisiocrática También podría señalarse en él a un antikeynesiano típico y "avant la lettre" que ya atacó en su tiempo el principio difuso de la uti:i­dad de cualquier gasto 'público por poco reproduc­tivo que él sea.

Su enfrentamiento de campaña ·Y ciudad o -para decirlo más estrictamente---- de interior y capital tiende (como ·es frecuente en quienes lo practican) a :salt-ear la heterogeneidad -social, de niveles, de zonas- de ambos. Las solidaridades internas que nuclean estos dos ámbitos evidentes, las tensiones de clase que los escinden no preocu­paron a Martinez Lamas, por lo menos hasta lle­varle a matizar un dualismo muy riguroso. Y es lástima que esto ocurra, ya que visión tan unifor­me priva de buena parte de su valor a tentativas tan meritorias como el "balance de cuentas" entre capital e interior que Riqueza y Pobreza ... con­tiene.

Si este considerar al país globalmente, sin aten­ción a clases deja muchas de sus reflexiones a mitad de camino, presta a sus planteos un cierto anacronismo el que todos el' os descansaran en el supuesto de un mundo estab:e (a partir de 1930 rápidamente dejaría de serlo), en paz, con rela­ciones de intercambio internacional libres y sus-

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tancialmente justas, sin coeficientes políticos per­turbadores. En realidad, Riqueza· y pobreza del" Uruguay, aparecido en 1930, estaba ya peilsado y armado antes de l.a crisis mundial desencade­nada el año anterior y esto hizo que el contexto en que1 habría que insertar sus evidencias resultara radicalmente d;stinto al de aquél que el autor ha­bía tenido presente.

El ámbito intelectual de éste Y del de otros tra­bajos de Martín~z Lamas es el del ensayo ameri­cano del 900 y así lo testimonian su matizada filia­ción en Eü positivismo spenceriano, la doctrina evo­lucionista, el organicismo soclo:ógico... Su firme creencia en la "teoría de los factores" como ca­Paz de explicar cualquier realidad ·histórico-social, la vía asociacionista con que tiende a exp · anar la emerge:Ílcia de tipos psieo-sociales nuevos, su mis­rila fe en un "carácter nacional" -si no innato ni previo- fijo, formado por. aportes raciales diver­sos, su misma adhesión a c~erto tóp~cos de la "le­yenda negra", sus inismas autoridades preferidas (Darwin, Fouillée, Finot, Le Bon) pertenecen tam­bién por ~ntero a un género qué tiene sus ejemplos en Pueblo enfermo del boliviano Alcides Arguedas, ¡ en Nuestra América, del argentino Carlos O. Bunge, en El porvenir de las n~ciones latinoamericanas' del mexicano Franc~sco Bulnes.

En nuestro med~o naciOnal, Riqueza y Pobreza sólo hallaría sus precedentes en un libro de 1911, de Luis E. AzaroJa Gil: La so9iedad uruguaya y sus Problen1as. Más coetáneos suyos y muy afines

· en la libertad de juicio, en la misma perspectiva, son mencionables los trabajos de Luis Caviglia, otra valiosa figura de su generación, reunidos. en los cuatro volúmenes de Estudios sobre la rea11idad nacional (1950-1952).

Y si puede hablarse de "libertad de j~icio" es por-que, en grado mayor de lo común, aparece Mar­tínez Lamas en posturas ·no atadas visiblemente a consignas o intereses, en ópciones cuya dirección no siempre es posible prever. Si se estrecha, em­pero, el cerco de s.us premisas se le puede identi­ficar -acumulativainente- como un conservador, un liberal antietatista, · un individualista, un anti­industrialista, un antiburocrático, un partidario del capitalismo agrario, un creyente en la ética de la burguesía naciente. Pero, también, una mente des­prejuiciada, .cuyas conclusiones. resultan a veces

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notoriamente ·embarazosas para sus propios puntos de viSta o para ciertos intereses que un cuidadoso deslinde no se ocupe de distinguir de los suyOs. En este rubro cabe colocar los del latifundio, al que ya concebía al modo de hoy como la gran magnitud agropecuaria de baja productividad y al que enfrentó con visibles inclinaciones "georgistas" que son rastreables en sus páginas y que lo acer~ can a una personalidad que, como la de Bat:le no gozó evidentemente de sus simpatías.

Si su perspectiva hubiera de sintetizarse, po­dría decir que toda su obra testimonia largas me­ditaciones sobre el material empírico que por largos años, en sus funciones profesionales, manejó; sobre u:rl."a realidad en la que, como uruguayo activo vivió inmerso y que fue capaz de mirar sin las anteoje~ ras que pone e! ánimo de aprehensión, o -de defen­

. sa, o de resentimiento. Hay, claro, contradicciones en su pensamiento.

í (\!\{¡~Su consigna central: poblar -y ~trae~ la inmi­} I ~, )" gración- producir, exportar, se sitúa de pleno de­

recho en la línea del desarro1lo "umbilical" o "ha­cia afuera", como tienden a llamar los economis~ tas del crecimiento a la promoción económica que sirve las . pautas del imperialismo. Pero al mismp tiempo hay en él una percepción (nO habitual entre las gentes de su pelo y muy aguda) de los avances económicos del capital extranjero, -en muchos pun­tos similar a la -que dicta los estudios de Vivián Trías sobre la Comercialización de nuestros pro­ductos y que él hace patentes 'en su libro de 1930 y en ¿Adónde vamos?. Y ~i participaba de la hos­tilidád del sector conservador a los gastos cre­cientes del Estado que el Batllisnio promovió, si creía que -el presupuesto insumía un porcentaje des­proporcionado de la renta nacional, conocía tam­bién su significado relativo e insistía en la necesi­dad de indagar si todo respondía a necesidades Tea­les del país o era, por el contrario, superfluo.

Todo esté material apuntaría, se estará pen­sando, a una antología de nuestro pensamiento eco­nómico. Pero, implicada en sus tesis de tal índole desarrolló Martínez Lamas toda una teoría del país, del carácter naCional, de ,Jos partidos políticos y de la política. No creo que lo haya hecho por ambición totalista, sino por lo muy consciente que era de que una -economia se desenvuelve en cua­dros extra-económicos (psicológicos, sociales, insti-

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·tucionales ,· .. ) · que la inflextonan. decisivamente. y no qu-eriendo, entonces, lavarse las manos de un juicio sobre ellos, no pasó a- su lado,_ asépticamente, como lo hacen la mayor parte de nuestros técnicos económicos y financieros.

De cualquier manera, lo que da: carácter pecu- t liar y signifi.cación durable a Riqueza y pobreza .!' --~.· del Uruguay e!i :m insisten~ia ful).d~mental en el l:·.¡~"'-.. deterioro economiCo del pms, que el subraya en el estancamiento de la agricultura, en el retroceso de la ganadería, en las deficiencias de las vías de comunicación, en la carencia de habilitación téc-nica. ~ste tema, de 1963, fue, gracias a él, un tema del jubiloso Centenario. La tesis de su libro cons­tituye una acerba crítica a la política económica de los últimos Consejos Naciona:es de Administra-ción -que el Batllismo, no sin .fuertes resistencias y trancas, orientara. En este sentido es sintomática l,a filiación de ::os diarios -El Plata, La Mañana-que se hicieron los portavoces de su diagnóstico.

La industrialización "artificif.tl'\ el .desborde burocrático, el exceso impositivo, la concentración de los "beneficios sociales" en Jas capas menos fa­vorecidas de la ciudad son algunos ,rubros de esta denuncia. Pero al esquematismo ideológico de aqué­llas- y estas ideas pudo (y puede) sorprender que tales críticas se parigualen con ,el ataque a fondo al carácter despoblador del latifundio, . a su pro~ ducción antieconómica, a las lacras sociales que su contorno engendra. En este plano, los juicios den ' tan inequívoco conservador sobre cjertos aspectos \~VV'"'--­(analfabetismo, enfermeda·des, imposibilidad de fa-milia, "pu-eblos de ratas11

) no difieren sustancial~ mente de los que 1a izquierda ha podido formular.

Pero los do sextremos se_ aúnan en que, para el autor de Riqueza y Pobreza, fueran la escasez de capitales, la imposibilidad de inversión provocada por la política -fiscal, el proteccionismo, el injusto ,deslnivel de cuentas entre capital e interior los que hnpedían -Y el estanciero era en este contexto una víctima y no un culpable- la necesaria capitaliza­ción. Martínez Lamas la concebía naturalmente por la vía de la empresa privada pero ponía más énfasis en que sólo el;a sería capaz de hacer evo­lucionar al latifundio hacia formas: de ganadería y agricultura intensivas y granja, que darían a su vez un decisivo empuje a la producción física del país, podrían arraigar de nuevo las grandes masas

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. de· paisanos desplazados. y. estarían en condiciones :de brindar a ellas -y a todos- mejores, más huw manas·- condiciones de vida. En este primer esbozo de lo que cabría llamar el "ideal neo-zelandizador" del Uruguay, Martínez Lamas pensaba que una intensa capitalización del estanciero sería capaz de facilitar este tránsito, confianza de la que hoy es difícil participar pero que era firme, sólida con­vicción en él.

Se ha tachado de pesimista su enfoque y el adjetivo es pertinente- si se le hace atañedero a la estricta situación que Martínez Lamas fijó en su libro. Pero su ie en el país iba más allá de ella y hay en todas sus páginas una ferviente creencia en las potencialidad•~s n.a.ciona~es. Individualista robusto, no dudaba de los alcances de una acción que se propusiera superar todas las rémoras y -no sin imprecisiones- afirmó la primacía del factor humano "trabajo" respecto al que la "tiew rra" representa. Contra el desaliento que la pequew ñez terrüorial del país pudiera infundir, demues­tra, frente a ciertos secuaces de las dOctrinas de Ratzel, que el espado no es insuficiente y, plan­teada la cuestión del "tamaño nacional", adhiere a la clásica tesis uruguaya de que los pueblos son grandes por el espíritu y no por el suelo que se despliega bajo sus pies. Contra la frecuente insis­tencia del pensamiento novecentista en el "factor racial" realiza atinadas observac=oneS sobre el fa­moso tema de la 41Crueldad criolla". Proc'amada la primacía de los factores ecológicos y éconómicos sobre cualesquiera otros, atiende a ·cómo ellos son los mismos para nosotros que para el Entre Ríos argentino, con el que, constantemente, nos compara y cuyo desarrollo explana con minucia y no sin cierta dolorida emulación.

Porque, a pesar de su despliegue numérico y de su estilo volUntariamente mostrativo, puede de­cirse que a Martínez Lamas, comb a tantos uru­guayos de tiempos posteriores "le dolía el país" y, sobre todo, algunos fenómenos (tal la constante emigración a las naciones limítrofes en busca de me­jores horizontes), le llegaban como un escandaloso desafío a nuestros deberes, como una lacra que hubiera exigido un esfuerzo concorde, total, urgen­tísimo.

Empero, en último término, es esperanzado su alegato por la capitaUzación del país, el incremento

de la pbblación, él culto al trabajÓ, la iniciativa individual, el fomento de las actividades del camw po. Lo que él consideraba ideología errónea no lo era por sus fines sino por sus medios, puesto que no creía que los .correctos fuesen --en cuanto a compensar ,la extracción fiscal que el camPo sufría- ni las obras públicas que no crean por sí mismas riquezas ni la política de precios mínimos que (ya) veía beneficiando más que a los plantaw dores a los despiadados consorcios cerealeros ar­gentinos, a los Dreyfus, los Bunge Born, los De Ridder. Su solución, no muy concreta en sus pági­nas y tentada en nuestros días con· otros nombres, era destinar esa masa impositiva originada en el campo a atenuar los males de la despoblacióri. crear trabajo, intensificar los modos de exp"otac;ón ga­nadera, evitar el pauperismo, alentar la industria­lización y el consumo de materias primas nacio­nales.

Hombre de ciudad pero centrando sus intere-~ ses en la economía agraria, economista práctico,a!, estadígrafo, Martinez Lamas representó dos líneas\j\ 1 de cultura nacional d.~ considerable importancia y·~j\\ de sustancial contribución al esclarecimiento de las ll condiciones y naturaleza del país.

El enfoque económico, que tuvo sus precurso­res en Lavandeira,- Pena, Bauzá, Martín C. Martí­nez, que sufrió su primera sistematización en Eduarw do Acevedo, adquirió en él plena significación y se pro~ongará en economistas de generaciones pos­teriores: en la vasta labor de Quijano, en los estu­diosos (Faroppa, Iglesias, Wonsever y otros) for­mados por la Facultad de Ciencias Económicas.

La otra línea que Martínez Lamas puede re­presentar es la de un "pensami.ento ruralista" que es tal por su temática, o. por los intereses que de­fiende o, a veces, más tenuemen~e, por el imborraw ble sello de origen de a 'gunos que han contribuido a él. Natural es que tales calidades pueden acumu­larse o presentarse aisladas; el caso común de un "pensamiento ruralista" es que él no sólo· atiende a las realidades sociales, económicas y humanas de./ nuestro agro sino que, también, postula el centra­mlento de~ empeño nacional en la Promoción agro­pecuar:a, subrayando la índole básica y, por ahora, insustituib~e. de la riqueza que 'el campo produce. Es una larga tradición temática e ideológica cuya historia valdría la pena realizar y cuyos iniciadow

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res podrían señalarse en algunos informes de la época virreina! (Azara, el Anónimo de Brito Stífa­no Oyárvide) , las reflexiones de Larrañaga, el R~g:amento artiguista y muchísimos documentos del Fundador, los planes agrarios de Lucas Obes, ef material de observaciones- suscitadas por la gira del Presidente Giró en 1852. Pero es, sobre todo, ·en torno a la fundación de la Asociación Rural en

~1879 y a la copiosa producción de Domingo Ordo­ñana que un pensamiento ururalista" se formaliza y fija unas pautas a las que serán fieles sus repre­sentantes posteriores: Carlos Arocena, Francisco J. Ros, JOsé Irureta Goyena, Carlos Reyles, Luis Al­berto de Herrera, Juan Vicente Chiarino, Miguel Saraleguy. Las últimas promociones continuarán

-esta dirección -que cabría rotular de "ruralismo empresario"- en los ·muy interesantes planteas de Gallina! Heber y Frick Davie. También, como era inevitable, se incrementará en estas últi­mas décadas un "ruralismo" ajeno a estos puntos de· vista y que ya no atiende a la reivindicación gremial sino a las condiciones sociales que engen­dra el latifundio y enfoca la realidad económica del agro desde las exigencias globales que el desa­rrollo del país puede plantearle. En este "ruralis­mo de izquierda" muy caudaloso es de justicia se­ñalar los libros Agua turbia (1939), Miel Amarga (1940) de Juan Antonio Borges y Elsa Fernández y. los nombres más cercanos de Luis Pedro Bona­vita, Guillermo Bernhard, Williman Osaba y Este­ban F. Campal, entre otros.

l - [Agrarismo e Industrialización1

Nuestro país es ganadero-agrícola, y aparte de sus elementos de ri­queza agraria, no posee otros. Su destino económico se halla asi, seña­lado por la propia Naturaleza. Sus industrias matrices consisten siempre en la_ explotación de los productos del suelo. ·Poseerá, más adel_ante, Otras nuevas, pero todas derivadas de aquellas; exportará lavadas las lanas y curtidas las pieles de sus rebaños, fabricará harinas con sus cerea­les, se especializará en las distintas industrias de alimentación, y se poblará y enriquecerá por obra de todas ellas, hasta constituir una nación de economía poderosa. Adaptando su trabajo a su medio fiSico, explotará el suelo de idéntico modo como otras nacioneS, por virtud -de idéntica adaptación, explotan el subsuelo.

Se acepta en nuestro país el apotegma "bastarse a si mismo", como fórmula -de una solución que es necesario alcanzar hasta donde -s·ea posible porque ella encarna nuestra independencia económica. Es / un error, sin duda, bien que etiquetado por un celoso nacionalismo; porque esa independencia, o el poder de bastarse a si propio, no con"' siste, aquí como en todas partes, en evitar comprarle al extranjero, sino' en venderle todo lo más que sea posible, más, pero mucho más, j .A

'que lo que sea necesario compó.rle~ El enriq'uecimiento no se obt'endrá limitando las importaciones, sino expandiendo las exportaciones; cuanto más considerables sean estas últimas, mayor será la riqueza conseguida, y ello erí virtud de razones muy sencillas: porque nuestro ahorro proveniente de la limitación de las compraS en el exterior, tiene, según hemos expresado, un estrecho limite, y porque estando la fabricación manufacturera uruguaya reducida a la capacidad de consumo de la población interna, ella tiene, también, un límite reducido de produc':' ción; en tanto la expansión· de las exportaciones no tiene límite que pueda detenerla, por lo menos hasta que la capacidad de producción del territorio sea rebasada ( ... ) .

En la creencia, tan generalizada, de los grandes beneficios econó­micos· que nuestras manufacturas representan para el país, hay, aparte de la realidad de los beneficios o ahorros relativos de que hemos ha-

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blado, uria ilusión, generosa como tod~s las ilusiones acariciadas al calor del afán de engrandecimiento nacional, pero ilusión al fin. Consiste ésta en juzgar la utilidad obtenida por la disminución de las importaciones, corno uria utilidad nacional, neta, sin verse que la bondad de esa uti~ lidad, de esa economía lograda en los pagos al exterior, está, en buena parte, necesariamente anulada por la forzosa contribución del capital rural al sostenimiento y florecimiento .de las industrias metropolitanas, en un continuo desplazamiento de los dineros de la Campaña hacia la Ciudad, por obra del mayor precio de las manufacturas metropolitanas con relación al precio de las similares extranjeras y de lOs nuevos im~ puestos a que aquellas dan lugar; ese desplazamiento se traduce en dis­minución del capital rural monetario, o sea en estancamiento de las

) industrias agrarias, es decir, de las exportaciones. Lo que se ha ganado

, no importando, se ha perdidO, con creces, 'no· exportando. El fenómeno no se ve en la capital, pero se le sufre en la Campaña.

Todo ello es fácil de comprender: cuando un attículo de fabrica­ción nacional es notablemente más caro que su similar extranjero, el sobreprecio pagado por el consumidor metropolitano, no sale de la metrópoli, sino que gira y se diluye en ésta, robusteciendo· la economía local; pero el sobre precio exigido al consumidor rural, es pagado por la Campaña a la Ciudad, a expensas y pura pérdida de la primera. Por otra parte, el desplazamientO o sustitución del artículo extranjero, por el artículo nacional o seminacional, representa para el Estado una pérdida de renta, que es necesariamente reemplazada con una renta nueva, o sea con un nuevo impuesto, dado que en el Uruguay el Estado no disminuye sus gastos propordonal y correlativamente a la disminución de los primitivos. ingresos desaparecidos; esa nueva renta o nuevo impuesto, implica, al gravitar sobre la población de la Campaña, un segundo desplazamiento de capitales, rumbo a la metrópoli. De donde resulta que la economía de esta última no se perjudica con el sobreprecio, ni con el nuevo impuesto, cuando ambos son pagados por el consumidor y el contribuyente metropoli­tanos, pues su producto queda en la Ciudad; pero el consumidor y el contribuyente rurales pierden uno y otro, pues el producto de ambos es desplazado fuera de la campaña. Cuando el producto o artículo fabricado es del consumo exclusivo de esta última, el fenó­meno se agudiza, pues las pérdidas gravitan entonces íntegramente

ti sobre ella. De manera que el beneficio económico nacional, no existe; lo que existe es un beneficio metropolitano, obtenido en per­juicio de la economía rural; es, como se ve, vestir a Juan a expensas de Pedro; con el aditamento de que Pedro es la economía agraria, pues, como más adelante veremos, todo encarecimiento y todo im­puesto de y sobre los con:mmos rurales, repercute, en definitiva,

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Sobre la producción. De tal modo el Estad~, por una parte, 'y pO.r la ¡ otra parte la industria manufacturera urbana, absorben el oro de la f Campaña, el más precioso entre todos' los capitales del país, res~ tanda en forma contínua, que cada vez asume mayor intensidad, las ~ fuerzas económicas de que la industria agraria· necesita tanto como la tierra reseca precisa del riego.

"Riqueza y Pobreza- del Uruguay", págs. 24-27.

2 - [Factor Geográfico y Factor Racial: El Norte y el Surl

El factor geOgráfico es, repetimos, decisivo en el sentido de impulsar o detener a un purblo en el sentido del progreso. No el único, indudablemente, pero si uno de los mayores. Si el Río de la Plata estuviera asentado a igual latitud Norte que lo está al Sud,

-sus dos repúblicas, sin más recursos naturales que los que actual­mente poseen, serían, en todo sentido, dos o tres veces lp que ahora son; Buenos Aires sería, no la segunda ciudad latina del mundo, sino la primera.

Si, aparte del factor geográfico, buscamos otras causas determi~ nantes del progreso estadounidense, las hallaremos también, más que en la herencia de raza, en el medio físico, en los formidables Tf'cur­so del suelo y' del subsuelo de los estados del Norte, en sus yaci­mientos carboníferos y metalíferos, en su petróleo. En -cambin, los territorios rioplatenses están desprovistos de casi todas esas clases de riqueza; son, según hemos visto, países ganaderos y agrícolas. que todo lo deben y todo lo esperan del suelo y no del subsuelo, del manto de humus y no de las reservas minerales. Son, el estadouni­dense y el rioplatense, dos medios distintos, en -los que cada uno de ambos pueblos modela su medio social especial; de ahí las dife­rencias, que no son raciales, sino que son nacionales, porque obe­decen al medio social de cada país.

Estos son los secretos de la grandeza norteamericana. Esta no obedece a determinismos de raza alguna, sino, sencillamente, a la forma cQmo las tierras están distribuídas sobre el globo y a cómo las riquezas lo están sobre las tierras. Si los pájaros que cambiaron la ruta de Colón hubieran volado hacia el Noroeste, la flota española habría tomado posesión del Norte, y, posiblemente, los ingleses, más

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.tarde, se habrían adueñado del Sud; pero, en ese ·caso, no otro que el .actual habría· sido el destino del Río de la Plata, No hicieron aquellas :aves trastocar los de las futuras naciones que con el' tiempo .habí<in de. asentar en América; esos destinos no fuerori traídos por Jas _c;arab_elas; existían ya, en potencia, desde millares de siglos atrás, escondidos en las entrañ~s del Continente virgen; y los hombres que los arrancaron y que transmutaron el carbón y el hierro en' fuerzas y _braz9s_, ciclópeos, pudieron ser hombres de cualesquiera razas. Porque el destino rio se hallaba reservado a ninguna ~de ellas, ni estaba en ellos, sino en el suelo de América.

También se señala en los españoles s.u crueldad, y, como expo­nente de ella, la esclavatura negra. Pero el comercio negrero lo reali­zaba toda la Europa, con excepción de España; los c9lonos españoles del Sur, al igual que los colonos ingleses del Norte, los· compraban como demeritas de trabajo; pero quienes en Africa organizaban las razzias, quienes transportaban en sus barcos la mercanda de ébano y vendían luego uno de cada diez negros cazados porque los otros nueve habían quedado en el camino, no ·eran españoles, sino ingle­Ses,· franceses y portugueses, ingleses; sobre todo.·.. Si hay ·algún pueblo que ·se haya distinguido en todas las épocas, hasta nuestros días, por su crueldad para con las razas inferiores, es Albion. Para abolir la esclavatura en los Estados Unidos, se necesitó que transcu­rrieran cincuenta años después de los esfuerzos de Wilberforce en Inglaterra y que estallara la guerra civil más terrible que el mundo contempló en todo el siglo XIX. Nadie ha descripto con más vivos Colores la crueldad inglesa, que sus propios historiadores: Buckle, Macaulay, Pearson, Picke; los delitos y el bandidaje en Inglaterra y en- Londres, _dice Macaulay, eran tales en 1692 que puede decirse que no existía de hecho la seguridad pública. Los irlandeses llama­ban a la reina Victoria the famine queen, la reina del hambre.

.. Riqueza y pobreza del Uruguay'~, págs. 105-108.

. 3 - La pereza criolla

.. Las gueras dieron, además, como amargo fruto envenenado, una situación de general pobreza, paradojal ella también por cuanto se hallaba al margen del hambre. Las vacas, en efecto, siguieron repro­duciéndose como antaño, y el banquete carnívoro permaneció más , o menos siempre servido sobre la alfombra de trébol y gramilla,

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pues, si ya no- había ganados res nullia, los que tenían dueño valían , tan poca .cosa . y se encontraban, además, tan a la mano del primero que quisiera disfrutarlos, que el hambre, necesidad la más imper~_­tiva, nunca hizo presa en los desheredados de la Campaña. Pero, aparte del pedazo de carne con que saciarla, todas las otras exigen­cias de la vida civilizada quedaban ·sin satisfacer. ¡Cómo podíarl serlo, donde no -habían ntás industrias que la conducción de tropas y- el transporte en carretas!

COnsecuencia de esa pobreza general lo era la general ignoran­cia; sOn como hermanas siamesas, pues siempre marchan juntas. Una y btra contribuían ·a d~formar las condiciones psiquicas del

·criollo; la primera se traducía en falta- de trabajo; la segunda, en incomprensión de que esa falta es causa de males infinitos. Ambas creaban d forzado há-bito de no trabajar.

Cuando un· medio económico es pobre,. esto es, cuando la soeie­·dad que vive en un determinado contorno es pobre, la· pereza se desarrolla en ella colectivamente, por causa de la falta de trabajo, esto es, por falta -forzosa del hábito de trabajar. El perezoso lo es, en efecto, por fuerza; o, dicho más exactamente, se ha acostumbrado a la ociosidad por causa de la pobreza general del medio económico en que vive, que ha hecho de él una de, sus tantas víctimas inocentes. La pereza es hija de la costumbre de nC? hacer nada,_ del mismo modo que la diligencia lo es de la costumbre de trabajar siempre; esto se .observa en todos los planos sociales, y. aún en todas las edades, desde el niño estudioso que sln embargo vuelve con pesar al colegio al día siguiente de terminadas sus vacaciones, hasta el hombre madurO qUe retir:ido volunt¡lriamente de sus actividades siente la nostalgia de ellas y las renueva por sport ( ... ) .

La Campaña uruguaya no constituye un medio físico pobre, pues su suelo es fértil, y -porque en ella los ganados crecen y se repro­ducen con asombrosa facilidad; brotan del suelo, puede decirse, como por acción esporádica, ·dando e'l espectáculo de una singular abun­·dancia, "cual no se reúne en ninguna otra parte de la tierra", decía el ilustre gqbernador español don José de Bustamante y Guerra, quien .hablaba con conocimiento de causa, por su profesión de marino- que le había hecho visitarla toda. Sin embargo, 120.000 uruguayos viven hoy en el extranjero; la abundancia del ,medio no impide, pue&, al criollo, emigrar para no _morir de hambre, ni su pereza le impide trabajar en tierra extraña. Esos 120.000 compatriotas, Y los muchos miles más que les precedieron y ha_n muerto en tierra argentina, no se fueron para no trabajar, sino, precisamente, para lo contrario. Luego, pues, lo que determina la pereza criolla, eS la falta de tra­bajo en el país, es la pobreza- de la sociedad rural, latente y formi-

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dable a pesar- de que los ganados crecen como por acción espontánea. y; La pobreza no es hija', sino madre, de la pereza. En suma, el criollo 1,¡1¡. ·no es indigente porque es perezoso; sino que es perezoso e indigente,

~¡\ por falta de· trabajo, porque la sociedad en que vive no tiene medios . para dárselo. ' ¡La pereza criolla! Ha sido siempre señalada como la causa ma­

. triz determinante del atraso de nuestra Campaña; madre de la po­breza y de todos los vicios que la han asolado y todavía la asue1ari. Sé confunde la causa y el efecto. Pigricia, decía Victor Rugo, es madre de la miseria y del crimen. Digamos, sin embargo, en cuanto

! a nuestro país se refiere, lo contrario; aquí pigricia no es madre, 1 sino hija, de la miseria.

La pereza criolla -sigámosla llamando asi, pues algún nombre , hay que darle para distinguirla de la pereza patológica- está y

1 _estaba, condicionada por el medip, Es una consecuencia de la po-

! breza ambiente -falta de trabajo- como lo fue de la abundancia de alimentos -carne regalada o apropiada-. Pereza paradoja!,. ella también, puesto que depende de la imposibilidad de trabajar, tamo

~ como dependió de la innecesidad; pero la más disolvente, entre (f todas, del individuo y de la sociedad. Antaño, cuando las vacas no j tenían precio, la parte más débil de la masa paupérrima se diluia ·:~ "agregada" en las estancias; como éstas hoy se han cerrado a los ¡1 ex ti años, aquella vaga por los caminos o se acumula ·en morbosos '1 rancheríos. En cuanto a la parte más fuerte, los que no tienen tra-

bajo en las estancias emigran del país. En la Argentina vivén 90.000 ) uruguayos; en el Estado de Río· Grande del Sud según el último

censo, más de 30.000.

¿Queréis una prueba,· la más convincente, de qtte la pereza criolla no es una condición psicológica sino una mera consecuencia ocasional de nuestro medio, y que ella· desaparece en cuanto se sale de éste? Ved esos mismos mugayos radicados en la Argentina; en 1914 ocupaban ya el cuarto puesto en la escala de propietarios de nacionalidad extranjera ( ... ).

La pereza cr-iolla- es una mentira revestida, por obra de extrañas circunstancias, con- los aspectos de la verdad. Decid, más bien, mise­ria criolla, y entonces sí esta1 éis en lo cierto.

"Riqueza y Pobreza del Uruguay", págs, 133-136.

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4 - [Población, Latifundio y Capital]

Podemos, pues, respecto de nuestro país, sentar la cláusula si- 1 guiente: existe en la Campaña una primera causa determinante de ¡ estancamiento de la producción y de pobreza general, que consiste 1'

en la exigüidad de la población . Pero esa exigüidad responde a su vez a algún otro fenómeno,

que no radica en las condiciones fisicas del territorio, pues éste puede dar fácil cabida económica a 10 millones de hombres más; sino que es de orden social, y extraño, por tanto, al territorio mismo. ¿Cuál puede ser él, esa causa de causas?

Aceptando la frase de Andrés Lamas: "la ganadería crea riqueza ¡)ero impide la población", la haríamos radicar en dicha industria, o sea, si se prefiere,• en el latifundismo. Si nos atenemos a esta otra explicación, dada por el doctor Martín C. Martínez: "la población ~o es escasa por el latifundio sino que hay latifundios porque la población es escasa", haremos depender el latifundio de la falta de poblamiento, como uno de tantos efectos de ella.

La ganadería y el latifundio, ¿son causas de la falta de pobla­miento, o ésta es la causa de aquéllos? Es verdad que la ganadería impide el poblamiento de la estancia, porque en ésta no hay trabajo suficiente más que para contados hombres; pero el estanciero no puede colonizada con retirar simplemente de ella sus ganados, sino que debe, además, emplear en la transformación industrial otros nue­vos capitales independientes del capital-tierra, que necesariamente serán crecidos dado que la explotación agrícola realizada en forma 1

extensiva implica, por costosa, inversiones considerables. Además, los rendimientos agrícolas son rítmicos, sucediéndose en espacios regu­lares de tiempo, por lo común anuales, al revés de lo que ocurre con las industrias manufactureras, cuyos rendimientos son, sin excepción alguna, ininterrumpidos y continuados durante todo el año y permiten por tanto el rápido giro de los capitales empleados. De manera queft la estancia no rechaza la población por el solo hecho de ser estancia, t1 ni, para atraer esa población, bastaría con ·que_ dejara de serlo, sino·¡: que es necesario también que el colonizador sea dueño de la extensión!. a colonizar, y que además invierta en ella otros considerables capita-¡,1. les. En cuanto a que el latifundio existe porque la población es escasa, ~s verdad, pero también podria contestarse a ello que la población es , escasa porque la estancia la rechaza, esto es, dicho de otro modo, que j es escasa por causa del latifundio. Si la estancia ha hecho emigrar al extranjero a 120.000 de sus hijos, si ha desplazado hacia la Capital quizás otros tantos, si tiene sumida en la mayor pobreza al resto de su

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~, población activa, y si por otra parte está ella herméticamente cerrada

a la inmigración, es indudable que ella és causa, y no efecto, de la despoblación. Pero· el doctor Martinez tiene razón en cuanto para que _la estancia se transforme en colonia necesario seria que hubiera agricultores que compraran_ la tierra fraccionada; no habiendo ·pobla-ción, esto es, no habiendo agricultores, la estancia subsiste~ Bien es verdad que a ese razonamiento se podría oponer este otro: que no hay labradores porque la estancia ha dispersado parte de la población rural; y que los hombres que todavía quedan en ellas se hallan en una situación tal de pobreza, que no les es posible, no ya adquirir lotes de tierra ni aún teniendo que abonar de. contado solamente una ¡)arte minima de su valor, como ocurre con las parcelas vendidas por interR medio _del Banco Hipotecario, sino que ni siquiera comprar un im­plemento agricOla, uno solo. Y esta última respuesta tiene tanto valor, cuanto b. _pobreza de _los proletarios rurales es, en efecto, obra del propio medio ganadero, pobre en si e ignorante, e incapaz, por tanto de crear y estimular el _trabajo y menos el ~horro. Antaño, el más pobre peón de cada estancia poseía, siquiera un caballo; hoy abundan los que- nO tienen ni aún _ese_ principio _rudimentario de capital. Si la Argentina exigiera éú cada inmigrante la_ posesión de los cincuenta ·dólares que pof imperio de la ley estadounidense deben llevar consigo t9dos los que desemba!Can en la gran república, la mayor parte de los 90.000 uruguayoS existentes en la primera habrían sido rechazados.

t Ni la población es escasa solamente por el latifundio, ni hay

!latifundios solamente porqu. e la población es escasa; sino que no hay ·población y en cambio hay latifundios- porque no hay en la Campaña capitales qúe posibiliten la evolución industrial.

·~ . .

"Riqueza y Pobreza del-'Uruguay", págs. 211-214.

5 [Los partidos tradicionales] Ji Los partidos tradicionales encarnan sentimientos en vez de idea: .

son el resultado de situaciones psicológicas, de orden afectivo, más que dictados de la inteligencia, Aparentemente representan pensamien­tos antagónicos, OrientadoS hacia ideales· divergentes; pero su examen, fanto en el presente como a traVés de la historia, pone de manifiesto la- existencia tan sólo de un fenómeno psicosociológico, emocional, por completo ajeno a toda concepción política, económica, social o re­ligiósa.

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·Bien que los habitantes del Uruguay constituyen dos agrupáCion'es o cOlectividades, dos multitudes políticamente adversarias, obSérvase· qUe; en realidad, el sentimiento que les dió vida y las mantiene a través de sucesivas generaciones, es ·uno solo, el sentimiento patrio; sentimiento que obró, en un principio, bajo su forrrla más simpli~ Cista, la de amor y adhesión hacia los autores y actores de la Inde­pendencia, los Cuales, por serlo, encarnaron, a los ojos de las primi­tivas muchedumbres, la· patria misma; y que más tarde fue deformado por obra de las luchas intestinas y como consecuencia del sufrimiento, hasta circunscribir en cada agrupación, dentro de los límites de cada una de ellas, la representacióll subjetiva de la patria. _ El sentimiento así concebido, y así aumentado luego durante Casi Un siglo de trágica existencia, está hoy tan incorporado al espíritu nacional, que constituye con éste uno solo; forma parte de él tati íntimamente, tan estrechamente, que sería obra vana el intentar sepa­rarlos. Comprender el espíritu uruguayo sin el sentimiento tradicio­nalista de _partido, sería algo tan imposible como comprenderlo siri el sentimiellto de patria.

No fue, en efecto, el choque de tendencias ideológicas lo que en -ún principio causó la creación de las dos agrupaciones,, si'no que fue solamente el choque de conveniencias politicas del ma"inento, repre­sentadas por los -grandes caudillos primitivos. Aquellas multitudes :p_o se agruparon alrededor de éstos defendiendo una idea, sino que obedecieron, tan sólo, al hondo sentimiento de afección que los unía a sus viejos jefes, bajo cUyas órd,enes ya habían combatido y sufrido durante- veinte años. El sereno análisis de esa parte de ¡;¡uestra his~pria demuestra· que ni las multitudes se hallaban todavía en un estado de progreso tal que les permitiera abocarse al estudio ni la solución de problemas de orden social, ni los caudillos, los plan­tearon como causas de sus divergencias. En aquel medio caótico y semibárbaro, el conglomerado anónimo no podía pensar como pueblo civilizado, sino sentir afectos simplicistas tiaducidos en devo..: ción hacia aquellos hombres que necesariamente debían ·parecerles grandes como scmidioses ( ... ) . El factor eConómico, que, como hemos visto, fue la causa determinante de la Revoludón de 1810, dejó de existir en el Uruguay como causa revolucionaria, -una vez conseguida la- lndependen'cia; y por tanto no surgió· -ni podía sur­gi:rr en modo alguno- durante las luchas intestinas posteriores, Y lne~os todavía en forma tal que las justificase o siquiera. explicase. Ingenieros, que intenta esta explicación, padece un error, por con­fusión del medio uruguayo con el argentino, aún a pesar de referirse a un periodo reciente de nuestra historia ( ... ) . Es, ese, un error' del sociólogo argentino; porque ni en las revoluciones acaudilladas\\

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\ por Saravia, ni en ninguna de las que le precedieron,, lucharon la Capital cori.tra la Campaña y los gremios urbanos y agncultores con­

~~~~ tra los pastores o ganaderos; en todas ellas, tanto la Ciudad como ; el interior, tanto los agricultores como los pastores, tanto los co­: . m. ercia'ntes y los industrial. es, como los terratenientes, se embande-

raron, por igual, entre colora~os y blancos. Vali.éndonos de _la expre­-sión de Ayarragaray, los conflictos fueron SlCni.pre sentimentales.

" Dividieron siempre al país en dos grandes bandos, dentro de los (¡ue por igual se confundieron los hombres de toda ideología, tanto económica como de cualesquier otros órdenes, cuando, andando el ti'empo, pudo haber ideologías. Los partidos tradicionales sólo tuvie­ron origen y 'arraigaron después, hasta hoy, no por virtud de ideas y necesidades divergentes };1 entrechocadas, sino a causa de senti­mientos afectivos emocionalis que obedccian a 'un estado psicológico especial de las multitude~-- tanto, que hasta en los casos q~e un partido podía con justicia proclamar que luchaba contra determmada tiranía, el partido adversario, salvo, a vece~, la abstención de unos pocos, rodeaba al tirano, degenerando, asi, la lucha, en contienda partidaria.

Son pues, los Partidos, en su origen, consecuencias' de un solo sentfmiento originario: el amor de las muchedumbres a los grandes jefes militares de la Independencia.

Ha transcurrido, desde entonces, casi un siglo; durante él, las generaciones sucesivas. vivieron entregadas a luchas homéricas, en las que nuevos héroes reemplazaron a los anteriores y los hijos substi­tuyeron a los padres. Cuando, apagado el incendio secular y embe­bida la sangre en la tierra, se contempla hoy a la sociedad uruguaya, se la ve, _como antaño, seccionada en los dos grandes partido~, tan adversarios e inconciliables entre sí como en el día de la pnmera rUptura caudillesca.

Pero ¿es qué éstos han evolucionado desde su forma afectiva originaria, hasta transformarse y constituir hoy entidades ideol~gi­cas? ¿O~ por el contrario, las generaciones uruguayas se han sucedrdo transmitiendo de padres a hijos aquel primitivo sentimiento afectivo, emocional; conservado así, celosamente, hasta la generación actual, taL Como él _era en un principio?

La respuesta no es dudosa: son, hoy como ayer, y como siem­pre, las mismas colectividades, experimentando siempre los mismos sentimientos de ayer y de siempre.

El análisis del sentimiento partidario da las siguient~s resultantes: ~ ~. La patria es el suelo o territorio. Este es la representación objetiva de aquella, · 2. El Partido es .h representación subjetiva de la patria.

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3. El Partido es, también, la representación subjetiva de la,s virtUdes, glorias, dolores y sacrificios de los alltepasados de las fa­milias que lp constituyen, y es, en consecuencia, el lazo ideal de unión entre los individuos componentes de él, cuyos ascendientes han lu­chado, sufrido y muerto juntos defendiendo aquella representación subjetiva de la patria.

4. El sentimiento partidario es, asi, la representación ideal de ~ la patria, de las virtudes de los antepasados y de los deberes de los ciudadanos para con la patria y la sociedad.

5. En suma, existen dos patrias subjetivas, comprendidas o f) encerradas dentro 'de una sola patria objetiva o territorial. ~

Así se explica: l. - Que los padres inculquen a sus hijos, desde la más tem­

prana edad, el amor al Partido, tanto y del mismo modo como el amor a la Patria.

2. - Que se sacrifique en aras del Partido, la vida propia y las ajenas, la familia y los bienes.

3. - Que el sentimiento partidista avasalle por igual a inte­lectuales y analfabetos, a ricos y desheredados, a los hombres de la Ciudad y a los hombres del campo, y a las mujeres y los niños.

4. - Que las conversaciones de los individuos de un partido, al partido adversario, parezcan contrarias a la moral.

5. - Que las luchas partidistas hayan revestido, por su furor, aspectos de lucha contra el extranjero.

6. - Que les Partidos no tengan ideales sociológicos, económicos, políticoo ni filosóficos, distintos los de uno que los del otro.

7. - Que en ellos .puedan tener cabida individuos que sustentan ideas de todo o ¡den, aún las más antag5nicas entre sí.

8, - Que los partidos ideológicos en formación, no puedan\ prescindir del sentimiento de partido tradicional y exijan de sus adeptos, com condición sine qua non, el que pertenezcan a determi­nada filiación histórica. Así, por ejemplo, el partido batllista es par-~, tido colorado batllista, y en él no podría tener cabida ningún blanco, · aunque éste profesara los mismos ideales sociológicos, económicos, etc., del batllismo, a menos que se despojase previamente de aqueHa condición de blanco y adoptara en cambio la de colorado.

9. - Que puede darse, así, el caso de coexistencia de dos parti­dos antagónicos, profesando ambos, sin embargo, los· mismos ideales. Así, ninguna razón valedera existe paia que no· pueda haber un par­tido nacionalista herrerista, o andreolista, etc., cuya .exposición de principios sea idéntica, postulado por postulado, a las del colorado batllista. Así también podrían coexistir perfectamente un partido ca­tólico nacionalista y un partido católico colorado; un partido liberal

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·ll~ci~na~ist~ '..j un partido liberal colorado; uno conse;-vadOr. nacio_:­·nalista y o_tro liberal, etC., etc. Cada uno de ellos actuari~ s1empre, 'cual<j~_iera fu_era su or~entaci6n ideol6gica, dentro del res{lectiv~ plano á.fectivO tradicional.

10. ·. __:. Qué las dos multitudes están compu-estas por un número igual de· pe~sonas, según lo comprueban los -actos eleccionarios, e~ lOs _··que_ Un partido triunfa sobre el otro por centenares o pocos_ nn~ nates- de votos, a pesar de haber sufragado centenares de miles de ciudadanos. Ello demuestra la persistencia, a través de un siglo, d. e ·la· sUbdivisión or'iginaria del pueblo, en dos mitades.

' Taies. so~ ios. p.art.id~s;. ~1 ~s, 'también, la fuerza psíquica que los des~rroll6, y que los mantiene inmutables a través del ti~mpo. Nadie 'dsó:tpa a ella: hombres, mujeres y niños se hallan dommados,. satu­ridos de ella por igual. Ni aún. los extranjeros pueden esqmvarla, :po_e·~ preside la vida colectiva, a la que les es imposible subst~aerse; conforme se van identificando c_on el medio, más y más se sienten ·-atf~idOs ·y do:r;ninados por la- fuerza avasalladora. Es la influencia dd -ritecÍ.io obr;ndo sobre su espíritu. En -esos casos, la elección de partido Obedece también a la visión subjetiva de la idea de patria;· así g"ene­

,r'álffiente un español siente como los blancos, por el recuerdo de ,la actuación vascongada en nuestras guerras; si· es un italiano, o un fran­

,cés, ·generalmente siente como colorado, por el recuerdo de las legio­nes de esas· nacionalidades, qUe defendieron Montevideo en la llamada ."guerra grande". En ellos obra, de ese modo, también. ~n sentí:r_niento puramente afectivo, emocional, suscitado por .la acc10n refleJ~ del sentimiento de la patria propia. Y sus hijos recogen la herencia.

"Riqueza y Pobreza. del Urug~ay", págs. 136-144.

,6 [Ganadería extensiva y pobreza]

La_ pObreza del criollo rur·al es irremediable dentro_ de la ·gana-., ··de~í~ eX:te~siVa, porque: primero, .ésta es una indus_tri~. que no. ex}ge

_de __ SlJ_S Obreros. más que un trabaJO elemental y pnm1t1v~, retn~m~o :pfoporciánalmente, esto es, escasamente; segundo, es una mdustrta de í.·e~dinüehto · escaso, que no permite grandes presupuestos; tercero, ella ' ei:t virtud de esas dos primeras circunstancias, nó hace posible ·él' s'istema de mediariería · cuarto, dada la peculiaridad del niedio ga~ ·midéro,·-es;;t-pobi"eza pas¡ des-apercibida hasta por los mismos- que la

sUfren. Este últirrio fenómeno ocu:r:re en razón de las esca_sas~ necesi~, dades y goces, morales y materiales, de la vida de estancia; el pf.ole­tario rural no tiene ambiciones, porque e} horizonte de sus ideas .no va más allá del monótono límite de la existencia cj.iaria; a desemet ja:riza del proletario urbano, que siente acicateados sus apetitos por la

1 contemplación de la intensa vida que le rodea, que cada v~z des":" pierta en él mayores y mejores deseos y un más completo conocimiento de las cosas, el rural actúa perennemente· dentro de urt mismo plano, monótono como . ninguno, pero, sin embargo, agradable en razón del escaso esfuerzo que exige, de la alimentación siempre a ·mano, y d~ la belleza física del medio. En el urbano se cumple estrictamente- la ley de que el que no trabaja no come; en el otro no, porque de todos modos él comerá siempre; ·el urbano sabe bien que cuanto ~ás tra-. baje más ganará y gozará; el rural no lo sabe, y aunque lo supiera no podría hacerlo, a menos que emigre de la estancia para la Ciudad.

Esa pobreza general ha debido traducirse en despego y desamor para con todo hasta para con la propia vida y la ajena, y así ha sucedido, en efecto. Por eso, cada vez que el clarin guerrero lo convo­caba para ir a la matanza, el criollo marchaba sin ningún pesar, sin sentimiento alguno, porque no dejaba tras de si nada que fuese ni que pudiese llegar a ser suyo, nada que lo atase al suelo que abandonaba, nada que él pudiese perder. Ni la tierra, ni el rancho, ni las vacas, que quedaban detrás, le pertenecían; y, por lo menos ¿acaso iban a faltar en el camino otras vacas en que saciar el hambre, ni otros arro­yos en que aplacar la sed? Por el contrario, la guerra ofrecía a su espíritu torpemente poético la tentadora visión del acrecimiento de su personalidad según fuera el derroche de coraje que en ella demos­trara; era ella, así, la única faena que le permitiría conquistar renom­bre, mandar, poseer bienes, dejar de ser un pobre gaucho, en fin. Y allá iba él, lleno de entusiasmos y bríos, a lancear a otros criollos, que a su vez se aprestaban para lanceado a él en virtud de esas mis~ mas consideraciones y por obra de los mismos mc;¡tivos determinantes y circunstanciales.

Todas esas causas de desdicha colectiva, no solamente no han cambiado, sino que por el contr_ario se agudizan e intensifican a me­dida que los años transcurren y que, por causa del natural crecimiento vegetativo de la población.- y de la falta de trabajo, aumentan los cerebros ensombrecidos y los brazos inermes. De segui_r así, guay del porvenir, en esta tierra donde, más que en otra alguna, la chispa revo­lucionaria prende en los espíritus con la rapidez del rayo y en un día lleva el incendio hasta los más lejanos confines del territorio. Cuidado con esa fuerza ciega que ahí está, inerme pero latente, si un tauma~ turgo la despierta enseñando a aquellas multitudeS campesinas su

83.

NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (44)

t desgracia tal cual realmente es y convenciéndolas de que sólo termi­nará mediante el recurso de la fuerza. Cuidado, con las reivindicacio­nes sociales, cuando prenden en los campos. Como en la Rusia roja la revolución afianzó de modo que hasta ahora parece indestructible, gracias a la socialización de la tierra, entregada gratuitamente al ti:'abajO de los campesinos hasta entonces esquilmados, ~~ilJ~.,.~I_J_~-l~­!empf!Sta~ e~~s;~p.eda~.--4~---~Américg _ _g8drí~--~~tall!;!;I el q_¡i! --~ un sugestwnador, blanco o rojo, vistiera de frac o con poncho, fuera TntelCctual O analfabeto, doctor o general, injertara el_- f~p.ómeno eco-.~~~ e!lJ~Ltraª!~<?!l.J1.Ql!!i~-ª"--·-e --~jgr~ ;;-~Iti~f.~;[}~-~:_¿pj~~=-ª-~_,ra~--­r~iY!gg,i~g9-~~e_;_~mad~~'~E.q,_:_~2~_2-. an~~QL.P_ªr_a._ .. "·--~~_l_y~,r___}_~-~-, )~:~í~~:~ .~~- _csC:arnec~~t'!~~Jgª- ~11J}ªd?.~~J~-- d~lp_Q_cr_a_p_<l __ L_?_~--- l~~----ª~-~-:~j;L~c¡;Uebl? __ o¿ienta.E, __ , s~~?.Lmás"' s~I?Pl.~-- y_ ~_i<:azll}~n_tf!, ___ par_<:t.~J~_r-.~~~~-l!Eª-.yg_z ~oda~ :::~~-~~~~~~-<?.o~~l_e_ .Eaup_~!.!~-~~_:_: ··

"RiquCza y Pobreza del Uruguay". págs. 289-291

José Irureta Goyena (1874-1947)

Parecerá tal vez extraña en una selección de esta índole la concurrencia del Dr. José Irureta Goyena. PerO ocurre que, además del penalista eminente que este letrado fue, del autor del código uruguayo más orgánicamente pensado y técnica­mente más perfecto con que el país cuenta, Iru­reta era un cabal escritor y un ejemplo irrempla­zable de varias líneas de interés -temáticas e ideológicas- que han pesado decisivamente en nuestra historia.

Abogado ·de grandes intereses privados en ac­tividad que no dejó de levantar violentos enconos, centro del bando positivista en materia penal, hom­bre más bien duro y parado sobre sí mismo, porta­voz deliberado y metódico del sector patronal agro­pecuar!o en cuyas asambleas tomaba anualmente la palabra con oraciones que fueron calificadas de discursos de la corona, tuvo igualmente ocasión de despedir en su último tránsito a todos los podero-

~ sos del país, siendo en este aspecto una especie de Bossuet laico de nuestras "clases vivas". Viéndose} e en un todo, es fácil advertir que Irureta Goyena

, encarnó ese tipo de jurista que -pieza maestra de un sistema social- puede darse el lujo de pres-

!.i cindir de todo partidismo político porque siempre es hombre de consejo en esas entretelas de un ré­gimen en las que las grandes decisiones son adop­tadas. Acorde a ello, Irureta prefirió ejercer su múltiple acción en ciertos ámbitos cuya yuxtaposi­ción podría no tener nada de arbitraria (Corte Elec­toral, Colegio de Abogados, Federación Rural, ins­tituciones pro-británicas, Instituto Uruguayo de De~ recho Internacional, Banco Comercial, etc.). En este

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sentido, cabe afirmar, y no es importanca pe­queña, que Irureta fue el organizador más conspi-

1 cuo de los intereses propietarios del país en con­tundentes "grupos de presión" parilpolíticos, es­fuerzo persistente en él tras el fracaso de sus pri­merOs proyectos de una fuerza partidaria indepen­diente, de sello capitalista y rura:ista.

Irureta asume así, a la vez, la corriente del ruralismo conservador (véase noticia sobre Martí­nez Lamas, in fine) y la de ese individualismo ca-

i.pitalista ~iberal, empresar~o, cultor de la "energía",

'-_ de Ia ulibre iniciativa" que suele calificarse en otras partes, erudita pero precisamente, de "mancheste­riano". Tales corrientes han caído, y este descenso no es cosa de hoy, en tan desesperante banalidad y en tan mentirosa unción que -es difícil imaginar que alguien haya podido defenderlas con brío, autenti..; cidad y desafiante franqueza.

Tal es, sin embargo, creo, el caso de Irureta Goyena y esto lo que presta interés a sus páginas. Todos 'los temas -Y los lemas- del pensamiento conservador pueden rastrearse en ellas y, sobre todo, en los discursos a las asambleas rurales des­de 1910 a 1919: la defensa del latifundio y el elo­gio del estanciero; la protesta frente a la política impositiva y al "fi$calismo asfixiante"; el anti-etatis­mo; la denuncia de la inflación ·burocrática; la an­tipatía por la política, los políticos y el "electora­lismo"; la exaltación del trabajo y del ahorro pri­vado; la desconfianza hacia el proceso industriali­zador; la voluntad de atenuar (caso de los ranche­ríos) los males sociales del campo; la reivindica­ción de la tolerancia y la diatriba del sectarismo; la adhesión inquebrantable a Gran Bretaña y a su mercado comprador; la hostilidad al Colegiado (del que Irureta afirmaría que era' un máximo de go­bernantes y un mínimo de gobierno). Finalmente, en una vuelta. singular pero no imprevisible, apare­ce, desde 1923, en sus textos de la tercera década una postura antimperialista de tipo empresario dic­tada indisputablemente por la protesta de los ga­naderos que se sienten explotados por el "trust" del frío y su política de precias (en una situación que culminaría hacia 1928 con la creación del "Fri~ gorífico Nacional").

El fondo de su pensamiento, tal como puede inducirse de sus obras técnicas y de los Discursos

-publicadOs ·tras su muerte, en 1947, por las institu-

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ciones que :promoviera, era el- positivismo, pero un positivismo atemperado por. una pcistulRción "ius~ natur~lista'' en todo 1o que tendiera a· dogmatizar la permanencia de lOs intereses y los ideales con los que su_ ·aCción se consustanció. Pero aun po­drían precisarse mejor los- supuestos en que des~ cansa una postura ideológica cuya importancia si bien remanente, parece obvio destacar. Entonce~, a lo ya apuntado habría que agregar -en concepto de ingredientes no rigurosamente sistematizados- a Nietzche, difuso magisterio de todo el 900 y a la linea del liberalismo (conservadOr) antirrevolucio~ nario inglés que tuvo su gran portavoz en Burke y a la que se aproxima Irureta en sus encomios de ·la voluntad y el instinto sobre la inteligencia racio~ nal, de la tradición continuadora sobre la. creación "ex nihilo", en su vitalismo_ y su "realismo" contra to~as las "ideologías". En esta dirección, el pensa~ m1ento de Irureta integra una original veta inte­lectual Uruguaya en la que, incluso, podría mar­carse un costado radical (Figari) y uno conserva- ~ dor (Rey les, Herrera, el mismo autor presente)., l Una veta, es seguro, de mayor influenca real que' ~ la del evaporable idealismo ariélico. <

El texto de Irureta Goyena seleccionado aquí es parte de una conferencia pronunciada en la Aca­demia Nacional de Letras (cuerpo del que fue fun­dador y -en el que ocupó un sillón en el que luego j le continuarían Eduardo J. Coutur.e, Carbajal Vic­torica y Justino Jiménez de Aréchaga). Muestra algunos de los trazos más firmes de su estilo de orador y de ensayista, entre ellos . un inteligente manejo de la cita, ni rebuscada ni manida y muy estratégicamente colocada. Señala··· también su· pro­clividad -síntoma al fin de su formación positi~ vista- por el empleo de comparaciones extraídas de la ciencia y, sobre todo, del pensamiento orga­nicista. El discurso gira en torno al contraste de Libertad, Igualdad y Fraternidad y apúntese desde aquí que aún aceptándose que es (y especialmente era) un tema vivo de la ortodoxia democrática no puede dejar de estar teñido de cierta artificialidad, sin un previo deslinde de las acepciones que se manejarán, esta logomaquia de tres términos tan uberosos y multívocos. 'R-eflejan también estas pá~ ginas de Irureta algunos aspectos muy esenciales del pensamiento conservador a lo anglo-americano al que el autor, como otros hombres de su época

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y su. clase (Martín C. Martínez, Juan Andrés Ra~ mírez) · se afilió. Uno es la firme convicción en la "néituraleza del hombre" y el correlativo escep­ticismo en su labilidad, en su capacidad de sustan-

J, cial transformación. La fe individualista en la ca­pacidad está inscrita aquí en una visión, muy si­glo XIX, del contraste entre construcción comunis­ta y energía individual, El planteo es abstracto, genérico y la tesis de la capacidad y la nivelación prescinde de ajustes tales como los del "para qué", el "cómo", el "qué", el "cuántos" y el ~<ctónde". De cualquier manera -Y señálese al pasar que no hay aquí el horror extrarracional y sagrado al comu­nismo que los voceros posteriores a él tratan de fomentar- el problema general (y el más con­creto de los "estímulos" y los "premios") tiene una aguda y permanente vigencia en las sociedades cen­tralizadas, colectivizadas y planificadas, como con Jos ejemplos de la U. R. S. S. y China Popular po­dría mostrarse. Igualmente cabe apuntar que el texto, de 1944, rezuma en ciertos pasajes el len­guaje de 1910. Así esas ficciones del socialismo, esas paradojas del comunismo, esos dispersivos extra­víos del anarquismo; así el propio simplismo del esquema, basado en tres puntos: la identificación de la riqueza con los ricos; la pregunta de si no hay ricos ¿quién aYuda a los pobres?; la corolaria interrogación de ¿quién soporta el peso muerto de los ineptos ... ?

Los pellgros de la Fraternidad, en una signifi­cación más a~lia, serviría para marcar el con­traf¡lte entre el liberalismo democrático, de impor­tación individualista y capitalista y las formas de la'\l.emocracia radical de masas que el jacobinismo francés primició, que tuvieron su expresión nacio­nal en el Bat'lismo de las primeras décadas del siglo y respecto a, las cuales las corrientes marxis­tas, (o "social-comunistas") no podían aparecer, a contextura mental como la de Irureta, más que como una superlativa pero lógica conclusión.

7 - El peligro de la fraternidad

Muchos factores han cambiado de signo en la esfera del Derecho a partir del siglo XIX.

El Derecho trasunta una lucha sin tregua, entre la quietud y el impulso, entre el recogimiento y la aspiración, con fuerzas tan parejas que le permiten -al filósofo situarse a mitad de camino, entre el reposo que es siempre igual a sí mismo y el movimiento que no se repite nunca ni se para jamás, pero que experimenta demoras en los relevos que engendran la ilusión de la estabilidad.

Empezó con la Revolución Francesa por la supremacía del indi~ viduo frente a la sociedad y se dirige ahora a la supremacía de la sociedad frente al individuo y todos debemos rogar a Dios, porque ninguna de estas dos tendencias se sobreponga a la contraria y porque ambas se ~neguen en una síntesis que comporte el milagro sinfónico de un gran concierto ideológico. Este movimiento ha debido efec­tuarse bajo el impulso del concepto, al principio más filosófico que económico y luego más económico que filosófico, de las- místicas palabras, "libertad, igualdad, fraternidad". Económicamente, la' li­bertad es el derecho del hombre de ejercer sus facultades enlazado a la prerrogativa de recoger y a la obligación de atenerse a los resul­tados; igualdad es ese mismo derecho extendido a todos los seres hu­manos, lo que en el fondo constituye una gran desigualdad, puesto que implica sUbstancialmente c1 reconocimiento de todas las desigual­dades naturales;· fraternidad significa todo lo contrario y en su pu­reza conceptmil, tiene el cometido de nivelar en parte lo desnivelado por el binomio de la igual libertad, enjugando los excesos que engen­dra la inflexibilidad de su aplicación. La libertad y la igualdad se complementan a la manera del tornillo y de la tuerca; la fraternidad, en cambio. se antepone a la finalidad que éstas persiguen y opera como la llama de un soplete que pretendiera fundir la conexión y sus elementos.

La libertad y la igualdad exigen que a cada uno se le dé lo su }ro; i la fraternidad, que de lo suyo cada un9 se deje sustraer algo para!

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~¡,·los dernás, cuando lo propio no fuera bastante. Las dos prirj}eras son \fuerzas individualistas; la última es medularrnente socialista.< El socia­

lislno .neva al marasmo; el individualismo a la Roca de Taigeto. Del grado en q~~ estas fuer~as ~e combinen, depe~;Ie el orden o e~ desor­den la justlcta o la arbltranedad, la cooperacwn o el ant<1-gomsmo, la bendición de la paz O el anatema de la guerra. Debe existir una ecua­ci6n distributiva que le permita al cordero vivir en el mismo soto on el león, sin que el león se coma aL cordero y sin que el cordero

~eutralice en el. león su estímulo vital de la caza y su destreza_ de grap. cazador.

En el descubrimiento de esa ecuación reside el ~quilibrio inme­diato de lfl ,hqmanidad._ No lo hemos. de hallar ni en los preceptos del ilidividualismo, ni en las ficciones del socialis'mo, ni en las_ páradojas: del comunismo,, ni en los dispersivos extravíos del anarqUismo._ Las· t1éofías, que soll simples puntos de· mira para orientar la marcha no sé adaptan a los meandros, las asperezas, las fragosidades ·y los ac;ci­déntes del-camino. La sottise, deda Flaubert, consiste en vouloir con­dure. La sottisf!', nos parece a nosotros que no reside en tamizar' con" clúsiones, sino' en pretender ajustarlas al bastidor, a la lógica, a la simetría o a la impronta de la doctrina. ldeol6gicamente, ·basta_ con

8-~r "rrienestcrófilo" ~s decir, amigo de los menesterosos -pcrdónC;­seine el neologismo-, y politicamente con poseer 'la intuici6n del estadista, que permite amoldar a tiempo ]as reformas al sentido evo­lUtivo de los hechos. El mal 1_10 estriba en la riqueza; si ésta desapa-· ieciera, con los ricos desaparecerían los pobres y un mundo de _men­digos y de esclavos vendría a ocupar el lugar de los ricos y- de los pobres. "Nunca llegué a imaginarme, -decía Lenin al percatarse de cj_Ue los resortes de .lucro que él había pretendido desmontar se ha­llaban tan tensos como al comienzo de su labor?- que el hombre fUera tan perezoso a la vez que tan ladrón".

La N. E. P. fue el resultado de este dramático descubrimiento. El había pretendido desalojar a la riqueza, que tiene su origen en la desigualdad de las facultades individuales y vino a descubrir, sin

1 s'oñado, que la única manera de atenuar el flagelo de la pobreza

. Co1.1siste en ~brirle paso a la fortuna, permhitiendo qucb :ada1.buno tra­

b:;¡je para. s1 mismo, porque cuando el ; om~re tra ·aJa 1 rcmente ¡Jara_ sí mtsmo algo sobra para los demas, m1entras que cuando se ·eSfu-erza_ coercitivamcntc para. los demás, la cosecha no alcanza para lbs·.-' demás ni para sí mismo. La riqueza de los unos no se nutre de la iiiopiá _de. los otros; entre ambas existen relaciones de capilaridad, fiero -la cO:riente :ap~lar se mueve en sentido contrario, de la abun­dancia. hac::ta, la m1sena ( ... ) .

., - H~Y _que' deja~le a la especie la soberana atracción de ese espe-

~o.

jismo-, que sietnpre ha de· valer más, como. ihcentivo de 'la voluntad;-. que la abominable compuls_ión del látigo. La :visión exact~ de .ese problema la tuvieron los padres de la Iglesta (podemos dec1rlo nosotros que no pertenecemos a_ ella), que aceptaban la riqueza y sólo condenaban las demasias, las mezquindades, las aberraciones en su inversión.

Esto· no constituye -aunque lo parezca- la proclamación de una idolatría con la esencia de dos cultos, fundir en el mismo crisol· el sosiego y la inquietud, encender la tea del cisma en la llama ceritral del dogma navegar a la sirga, sustituir el amor al orden por el ap_etito del' alivio, obtener del frío y del calor úna constante térmica que no concentre y a la vez que no dilate. Hay. cosas que parecen lo que no son y otras que son lo que no parecen. Esto es, en realidad, sublimar la verdad, promediando con Aristóteles dos concepciones de perfii antagónico; bloquear en una síntesis, con Hege~ la .ex~ansión de dos proposiciones antitéticas en serie; oponer la contmmdad a la fijeza del ·reposo y a la f1,1gacidad del movimiento; amar apasio­nadamente las enseñanzas tibias y acoger con tibieza las enseñanzas apasionadas. Se necesita. un cierto grado de heroísmo intelectual 'para naturalizar en el esph:itu esos arpegios ideológicos, a base de conceptos que nacieron para exterminarse y que parecían. ah ovo indeclinable­mente recalcitrantes a toda conciliación. El espíritu es por naturaleza monocorde· ama las cosas puras, hom*ogéneas, lisas y sirriétricas; re­gistra lo q~e se estremece y lo que se esttemece es lo que tiene. a.cen­tos de dogma y aristas de postulado. Las campanas del eclecticismo son de palo, y resulta tarea vana querer repicar con ellas; cuando. las ideas se mezclan en un sistema, pierden su colorido y se vuelven gnses, pierden su transparencia y se vuelven opacas, pierden su sonoridad y se vuelven silenciosas, todas reinan y ninguna gobierna, porque el gobierno ha pasado de los motivos a la sinfonía.

La fraternidad es un impulso zaguero, pero no por eso menos decisivo, pues en el orden evolutivo de los conceptos, los últimos -como en el reino -de los cielos- suelen ocupar el lugar' de los pri­meros y los primeros el sitio de los últimos.

Dicha circunstancia es la que me ha decidido a llamarle a este monólogo "el peligro de la fraternidad". La piedad para con los hombres no constituyó una amenaza, mientras bajo la deno_minación de caridad fue un precepto de orden puramente moral en la propa­ganda del cristianismo; tampoco_ la constituye hoy- como factor caer-¡ citivo de la conducta, mientras no se exagere su influencia y ~elabore sin sobreponerse, en la acción simultánea de los otros dos prmcipios:, "el de la libertad y el de la igualdad". El peligro surge desde el momento en que el equilibrio se rompe, y lo que debe ser fuerza de

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com'penefración se· transforma en energía de superación y avasalla~ iniento. L'aimable siecle, -deda Lebrun, cU l'homme dit a l'homme, soyons frC'res, ou je t'assomme.

El coinunismo quiere nada menos que apagar la llama de la Capacidad bajo las cenizas de la· fraternidad. Aquel que probare, decía Leboeuf, que el resultado de sus facultades es capaz 'de realizar la obra de cuatro semejantes, se halla en oposición con la sociedad, :Porque de-struye la química de su equilibrio.

Ninguna sociedad puede subsistir mediante la absoluta hegemo­óía, de la libertad, destinada a asegurar el triunfo de los más capaces; ninguna ag-rupación humana puede mantenerse por la soberanía de la igualdad, que es la libertad de todos y por consiguiente un elemento torfencial de desigualdad. El número está de lado de los- incapaces y· la fuerza, a la larga, sociológica1pente, es un atributo de la · j:rrofu~ Sión, el rebosamiento y la demasía. Tampoco puede extenderse inde­finidamente en el tiempo una comunidad humana por el predominio ilimitado de la fraternidad, que implica el florecimiento de la inca­pacidad, el triunfo de los epígonos sobre los hémes, la "culminación de los más, que valen menos, sobre los menos, que valen más". El abastecimiento, la holgura, la abundancia, la fecundidad, la riqueza, se hallan de lado de la capacidad, pero la capacidad no se manifiesta sin el estímulo, ni el estímulo se desenvuelve sin el provecho. Es pre­ciso repartir, pero en el reparto los que producen más que lo que

\ consumen deben obtener algo más que los que pmducen menos que ~ lo que necesitan. El hombre ha podido implantar la igualdad· civil,

ha logrado establecer la igualdad política_, pero no alcanzará nunca, a menos que su psicología se modifique, la igualdad económica. La

', verdadera igualdad se plasma como fuerza constructiva y elemento

1 cardinal de propulsión. Una sociedad en que la medida .de la distri­bución se ajuste al diámetro de la "necesidad", en vez de al radio

A de "las aptitudes", sólo es compatible con el altt'uÍsmo de un Fran-cisco de Asís, o el desbordamiento caritativo de un Vicente de Paul.

Decía De Maistre que las constituciones estaban hechas para el hombre y que el hombre _no existía, pues sólo se conocía al inglés, al francés, al alemán. . . Parodiando esa sentencia célebre, -un tanto paradoja! como todas las sentencias- podemos enunciar nosotros,

. que el comunismo sólo es posible en una sociedad integrada por hom­bres capaces de moverse por' amor a los demás, con el mismo fervor con _que se mueven por amor a sí mismos, pero es preciso convenir Cónmigo, en_ que esos hombres aparecen en el horizonte de la historia

·tan de farde en tarde como la luz de ciertos cometas en la bóveda de los ·cielos, para perdel'se un rato después en el crepúsculo de la eternida'd.

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Quod p•enitenti.s non curat,- -se observa-- ferrum curat~. Es la proclamación de la fuerza. . . La compulsión eS un- auxiliar de la ley, y nunca ha podido ni podrá ser un sustentáculo definitivo del caos y la- dispersión. Existe un orden. Si el orden no se establece por sus propios medios, restablecedlo por la fuerza, pero no hagáis de ella una finalidad en si misma, ni, lo que es p~or, el troquel de una voluntad que niega al hombre y subvierte su naturaleza. Las mayorias constituyen un expediente, como del expediente un principio. .

Es imprescindible cambiat el alma humana si se pretende cam­biar de sistema: no nos fiemos de las virtudes d·e la compulsión, que si resultan eficientes para hacerle abandonar al sujeto una parte de su presa se muestran ineficaces para arrebatarles el grueso de su , , f botín. La fuerza puede muchas cosas, pero no podra nunca trans or-mar el alma humana y obtener que por ella llegue el sujeto a ne­garse a si mismo, aceptando la postración del renunciamento. Por eso preconizamos una fraternidad capaz de conjugarse con el principio de la igual libertad, un máximun de altruismo compatible con el mí­nimun de egoísmo constructivo, una fórmula de equilibrio que con­temple la insolvencia de los demás, sin cegar la fecundidad del cs~uerzo individual. Cada colectividad posee un coeficiente d: res~sten- ;j cía capaz de llevar a cuestas. sin quebrar los resortes de su dmam1smo, un número de anCianos, de niños, de enfermos, de degenerados, de obrercis sin trabajo y de trabajo sin obreros, en relación con la- cifra de individuos física, mental y volitivamente bien dotados. Cuanto rriayores proporciones asuma esta interpretación guarismal, más ele­vada resulta también la capacidad del grupo para arrastrar el peso muerto que supone la gran legión de los incapaces, y la copiosa fa­lange de los capacitados deficientemente. Dejemos, por consiguiente, que la sangre bañe generosamente el acervo de las células vivas, si queremos evitar la muerte residual de las células enfermas; toleremos que los fuertes galvanicen los resortes de su fortaleza_ si aspiramos a suplir el mecanismo oxidado de los débiles; admitamos la. libertad y~, la jerarquía, la igualdad y la preeminencia, la abundancia y la escasez, si pretendemos cimentar la fraternidad y substraerla definitivamente

11 a los falsos halagos de la ilusión y las mendaces promesas del ergo-1 tismo declamatorio. Es posible que las palabras que Milton pone en boca de Satanás, dirigidas a los hijos del ciclo no sean más que un diabólico sarcasmo, pero revisten el acento de un apotegma aplicadas a los hijos de la tierra. "Hijos del cielo, les dice, si no sois iguales, sois al menos libres, todos igualmente libres, puesto que la jerarquía no está reñida con la libertad y antes bien, con ella se armoniza".

Pero, ¿a qué obedece -temo que me observéis~ el sobresalto que os infunde la supuesta y eventual hipertrofia de la fraternidad?

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Os ·Podría cOrltestar de inmediato, repitiendo simbólicamente las pa­labraS del Príncipe Hamlet: "algo huele a podrido en Dinamarca''.

Temo que lo que no pudieron obtener los apóstoles 'del cristia~ n~smo por la prédica de la caridad, intenten realizarlo por la violen­cia, dándOle otro nombre, los abanderados de las doctrinas extremistas.

En la fraternidad compulsiva soñaba Saint Just, cuando decía: "La República no tiene la virtud por principio sino el terror". En el aniquilamiento de la libertad, pensaba .Robespicrre cuando exclamaba: "Lo que constituye la República. es la destrucción de todo lo que resi~ta". Se acerca el instante propicio para ello. Es al fin de una catástrofe, cuando se hilvanan los elementos de una nueva perturba~ ción. Trasunta un error creer que se pasa naturalmente de los domi~ nios del caos al reinado del orden: el traslado de las tinieblas a la luz no se opera sin un gran deslumbramiento y el deslumbramiento sig­nifica el desquicio de la visión.

"La destrucción de lo que resiste ... " ·_ No se conoce, que yo sepa, una consigna más digna de vitupera~

ción. Lo que resiste tiene el derecho de existir; más aún, constituye un buen punto de mira, para corregir la dirección. Talleyrand seña­laba, políticamente, la conveniencia de afirmarse en la oposición: "apoyaos, decía, en lo que resiste". No varllos tan 'lejos como él; nos conformamos con respetar s~s fueros y meditar sinceramente en el espíritu de su contenido. Lo que resiste trasunta a veces la enseña de la verdad y .otras el símbolo ~el extravío. La verdad puede pr'oscribirse, pero no ult1marse; el extrav10 se muere solo y no hay necesidad _de matarlo.

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"Discursos" págs. 146-153,

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Joaquín Torres Garc:í'a (1874-1949)

La ambición metafísica del gran pintor que fue Joaquín Torres García,_ la impetuosa avidez de Verdad· -con mayúscula-, que comenta algú:rl texto de esta selección (nQ 85) se expedió, hada los ú:.timos años de su ·vida, en toda una articulada concepción del mundo, en toda una cabal filosofía que sus lecciones, su actitud, su eXistencia entera prestigiaron incansablemente entre nosotros desde su vuelta a Montevideo en 1934, Este mensaje ideo~ lógico, en el que lo conceptual y un claro fervor de religión naciente se aúnan con toda naturalidad, este "manifiesto", vastísímo y llevado a todos los corolarios posibles, no es sólo el de uno de los nue~ vos, y muchos, "ismos" pictóricos que han transi~ tado por Occidente en la primera mitad del siglo . Integral, en cierto modo <~totalitario", defendido por los discípulos con una agresividad auténticamente sectaria, religadora, cOn fieles, con excomulgados, con catecúmenos, este credo aparece originado en Torres con notas de autenticidad, de inevitabilidad, de comproiniso que pocas ·creencias ostentan en ese grado, crecido desde la propia experiencia del crea~ dor, desde su praxis pictórica, desde su decantado, reflexivo vivir.

Fue así la suya una aspiración -en cierto mo­do de linaje comtiano-- de alojar entre las mallas de una formulación intelectual al hombre, sus obras y el_ mundo entero. Torres concibe un universo orgánico, inteligible, orden~do por la Regla, medi­ble 'pol- el Número, distribuido por la Pro;porción y 1-a Estructura, regido por la Norma, movido por el ~R_¡tniO. Estas nociones son algo más en él que esqUemas ideales, hipótesis de trabajo o conceptos

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instrumenta~es: responden a 1a naturalez~ misma del Cosmos y hacen que todos .,-y especialmente JOs eSenciales, Universo, Regla, Número, Estructura se identifiquen. .

Pero, por poco que se cale en ella,. result~ ~~­sible que esta construcción es tal vez mas platomca que aristotélica; irreductiblemente _idealista en la acepción ontológica, todo el pensam1ento de Torres postu ·a como fundamental ~'otro" orden que el de las cosas, qUe el de los fenomenos. Tamb1en es a_b­solutista colltra tod-a relatividad, ideocéntrico, o?Je­tivo espiritual ·metafís~co y místico, incluso, sr se per~ibe el imPetuoso vuelo hacia esa "regla", ese Hnúmero" que yace en el corazón de los objeto~ Y resuelve toda multiplicidad en unidad diamantma.

Tal concepción, más que universalista, n:ás que integral, se inc:ina resuel~amente .al momsmo Y cuando conio le ocurre a todo momsmo, el pensaH miento' torresgarc;ano se enfrentó con la realidad de lo plural, la afirmación: todo diverso: todo uno. Esta es la clave fue su respuesta. Afuera las cosas, adentro lo uno, que es todo y que es el objeto de la ciencia porque no hay saber auténtico que no sea saber de lo universal.

Platónicamente, lo uno -ideal- planea soberw biamente sobre lo intelectual, lo histórico, lo econów mico, lo racial, --Io social. Pero las pugnas, ~os reclaw mos que nacen de estos nombres, de estas faces qu,e la contingencia adopta no son negados por un espiri­tualismo desdeñoso y solipsista sino, por el contra­rio, aceptados y dignificados en el p:ano que les corresponde.

Y si, para llegar a lo Uno y la Regla hay que calar en la entraña de lo múltiple, correlativament.e la plenitud posible 'de una comunic~c.ión con el ,U~nw verso sólo puede lograrse (más aJa de lo. eplder­m:co del verismo fotográfico, del cerebral¡smo, de la reducción a lo <~representativo") por la capta­ción de lo abstracto del alma que corresponde a lo uno, por la concentración que nos per~ita la intuición abstracta capaz de acceder a lo umversal.

La doctrina torresiana es hostil a todo antro­pocentrismo, a toda divinización de lo humano. Detesto al hombre centro, pues en esto está todo el origen del mal, d~ce en uno de los textos que de él se recogen. Para este ser humal?o, d~splazado así del centro halagador del escenario, v~v1r pa;a el orden transindividual del ideal inagotable, eXls-

tir para lo superior, espiritual, universal que late dentrd de él, era el deber primero. Fidelidad a la Norma se hacía pues para Torres, la auténtica liber­tad, tanto por lo menos como para ·el cristiano lo es el cumplim-;ento de una conducta que le permita alcanzar el último fin de la bienaventuranza o para e· marxista el servir un movimiento histórico que humanice su vida propia en la ascensión huma­nizadora de la de todos. Coherentemente a esta pos­tura, Torres García distinguía así la "individuali­dad" -en su sentido de etiqueta, de crecimiento horizontal, de arbitrio sin norma- y la "persona­lidad", con derechos a ser hondamente respetada. El distingo (aunque es obvio señalarlo) no es ori­ginal de Torres y ya aparecía reiteradamente en muchos planteas de la década del treinta.

Aquel ideal inagotable impoilla la brega por él, la lucha principio eterno de la existencia -tanto para Torres como para su contemporáneo Carlos Reyles- porque la erradicac.lón del mal del mun­do es imposible y el esfuerzo, por ello inacabable.

De :a: afirmación del hombre integral metafí­sico con alma, proclamada por Torres contra las concepciones comunistas, se desprende, en cierto modo, una gnoseología y una moral. Frente a un rac'onalismo enteco, sostenía que el saber de lo uno es un saber que no se aprende y que se identifica con el hombre entero; la Razón sólo no basta; el alma no se confunde con ella y sólo en la unión de ambas se origina el consorcio que es de donde mana lo más grande que e·l hombre ha concebido.

De la identidad de lo espiritual y lo vital, in­gredientes inextricables del hombre resulta para Torres que en su vida material a éste :e baste acom­nasarse a los ritmos de la naturaleza; una ét-;ca de vivir comunitario, trabajo, austeridad fue propug­nada también y -sobre todo- prestigiada con la ilustración ejemplar de su vida.

Tal es, en un esquema empobrecedor y segura­mente discutible, ia construcción intelectual que Torres identificó con su persona. En una labor apos­tól:ca constante -al margen de su pintar y de su generosa conversación- Torres escribió mucho. Una lista no exhaustiva de sus obras puede alinear ya: Notes sobre art (1913, en catalán), Dialogs (1917, en catalán), El descubrimiento de si mismo (1917), Gu-ones (1933, Madrid) y los que siguen, publicados todos en Montevideo, algunos en edicio-

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fles· a-fte'sa'n8.les de . einódoh~lllte- 'Siril¡:Ílicidad: Estruc­túfoa' (1935).- La tradición dé! hombre abstracto (1938), Historia de mi vida (1939), Metafísica de la prehistoria· indoamericana (1939), La ciudad sin nombre (1941), Lo ·aparente 'y lo ··concreto en el arte (1947), Mística de ·la pinturá (1947). Univer­salismo constructivo (Buenos" Aires, 1944) com­prénde el :rttate:dal -de sus .claSes entre 1934 y 1942, La recuperacióh del ob)eto, . _:reCogida en el n 9 8 (1952) de la Revista de la Facultad de Humanida­deS y CienCias -abarca el texto de las que dictara €ll 1948 y 1949.

Formado entre los tormentosos '~ismos" de la __ Pintura nor-aÜá,ntica y en sus centros: Barcelona,

. París, Nueva York más tarde, desde ellos y en la práctica pictórica y la discusión inagotable, Torres García fue madurando, corno se_ decía, la doctrina del "uníversalismo constructiVo". La recalada final de tres lustrOs ·eri su tiel'ra nativ~, devolvió más tarde a Torres a la conciencia de una radicación Y de-un deber amerlcanos.'_'i'arribién le puso-en con­tacto con el arle arcaico del continente, el que al­canzaron lá.s grarides culturas indígenas y en el Que· descubrió Torres esa fidelidad· a la Tradición eterna "de la Re-gla (altUra, riObleia; 'mesura, orden) que ·sus lecciones"iban develando en la historia del

·arte Universal y que ·-aproximarOn· -en una suerte de museo imaginario coherente, hom*ogéneo- el neolítico, el griego arcaico, er egipcio, el románico, el neciplasticismo, la arquitectura funcional. En esa Tradición, entOnces, :mostró TOrres la alta versión americana-lmiversal, -de la ciue' hizo el gran venero inspira_doi:' de una creación autóctón,a genuina y la superación ae todas las falsas antítesis (tradición versus Originalidad, localismo versus universalis­'mo) que han gravado y trabado el desarrollo de una expresión americana de gran calibre.

Este enfoque podría así mismo valer por una seña de la actitud i:r;ttegradora del pensamiento to­

\ rresgílrciano, de la propensión sincrética de una tarea intelectual que por su misma ambiciosa na­turaleza tenía que alojar muchos ·elementos dentro de ella. Este sincretismo que es también, como tan­tas veces se ha observado, uno de los trazos más firmes de la inteligencia hispanoarriericana, se hizo

· releVante en él a travéS de la cOnvicción en la necesidad d-e imbricar :-en un todO las verdades

,parci.aJes. qÚe su -espíritu )e -_vedaba- Techazar. Por­que apúntese: ~&te. extremado, este -dogmátiCo, po­seía un sentido del equilibrio .:_arquitectónico­que le PonÚt en actitud de hoSpitalidad hacia todo lo legítimo, con -tal, naturalniente que fuera en la justa medida.

Creo que, sin desmedro de _su evidente origina­lidad, son claras en Torres algunas influencias. Tal pienso que lo son las helénicas en , general y en es­pecial las platónicas y pitagóricas, la de los teori­zadores del Renacimiento de la 11regla de Oro" (Luca Paccioli el principal) y sus reelaboradores

' modernos (Ghyka, Servien, etc.) -aunque con és­tos· más bien pudiera hablarse de "contactos" que de "influencias". Lo mismo considero que habría que decir de los planteas ·de René Guénon sobre el pensamiento oriental. En cambio, indudablemente, fue fortísima sobre él la impronta de EugeniO / D'Ors, a cuyo clasicismo latino-americano, a cuy~ -doctrina de la soberanía de la inteligencia le ve-mós) adherido en algunas curiosas cartas dirigidas por Torres a Rodó en 1915 y 1916.

A la mención de sus antecedentes habría que agregar -en un homenaje a la simetría que a él tiene que serie especialmente debido- la de su influencia poderosa, la de su notoria descendencia espiritual. Dejando forzosamente al margen a todos los ejercitantes de la pintura que Torres y su ~~Ta~ ller" formaron y aún a los muchos plásticos ya maduros cuyo sello marcó imborrablemente, el pen­samiento torresiano es bien visible en numerosos escritores -poetas y ensayistas sobre todo------- y en varias direcciones Ha valoración de la Tradición, la postulación de un pensamiento totalista y orgá­nico) -que_ de alguna manera- y algunas muy viva­mente- le han sobrevivido en la cultura nacional. De los autores seleccionados en esta obra me pa­rece evidente (y así se subrayará -en cada caso) el impacto de Torres sobre Esth-er de Cáceres, Guido Castillo, Luis H. Vignolo, aunque la lista podría ser muy ampliada y matizada.

De los textos aquí -elegidos, en Arte y Comu­nismo no sólo se manifiesta su credo personal y social: también se transparenta en tonos de desga­rrada autenticidad la pobreza ejemplar, la entra-

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ñable austeridad de su vida de artista. Las otras páginas condensan con fuerza sintética singular los princip:os esenciales de su doctrina estético-filo­sófica. La construcción es a veces coloquial y hasta penosa pero la densidad de lo dicho impone su dig­nidad, su importancia, a través de todas las even­tuales torpezas de la verba:ización.

3 - Introducción

Ya antes de la actual crisis que está desarticulando el mundo y en la que podrían hundirse para siglos los más altos valores huma ... nos, el ai'te, con manifiesta evidencia, dió señales de cad\Icidad y desorientación Aguja sensibilisima, marcó una depresión: "notable, pues a la afanosa rebusca que tuvo que durar casi niedio siglo, ·y ·que culminó con el auge de valores de suprema calidad, sucedió 1~ explotación de los. mismos, y ya con propósito más bien mercantilista {¡ue de_ fiel devoción por una de las más nobles vocaciones. Y a esto debe añadirse como lógica consecuencia la germinación de las peores simientes, como en terreno inculto.

_- ' En·'medio de ese aná1'quico y bajo estado de cosas debemos· decir, para' sosiego y plena satisfacción de nuestra conciencia, que ni por un Solo illstante abandonamos nuestra posición de trabajadores infatigable-s por- la ve'rdad y el arte, ni falló nuestra fe en los valores absolutos que fueron siempre nuestro norte para el al'te y la vida, y ni aún ante la carencia de medios, ·casi total, desmayamos, y menos que· eso to"davia, ·cedimos a las diversas presiones que se ejercieron sobre nosotros. Por encima de_ todo eso y por en medio de todo eso, no cesamos un punto ·en la prédica ni en el trabajó de creación ni tampoco en la ense­ñanza, teórica y práctica, de nuestro arte. Y hoy, después de tan largo recorrido, aun estamos en lo mismo.

En ese gran lapSo, hemos visto en torno nuestro derrumbarse cosas ·que sobe1 biamente parecían inconmovibles, y aun, ahora mismo, asiS­timos a ese trágico espectáculo, y vemos, hoy del modo más palpable, que sólo la verdad permanece. En ella, pues, y más tenazmente que ·riunca; hos afirmamos.

La similitud de nuestras ttiorías, basadas sobre todo en la humana tradición de todos los siglos, y que generó las más grandes culturas, tuvo al fin que hallar su cauce apropiado en la tradición autóctona de este hemisferio, y que, por ·tal I'azón, quisimos hacer nuestra. Pues fue para nosotros un hecho cierto, que si el camino de la salud estaba para todos en volver. a .reintegrarse a esa universal tradición -y el

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mundo a la deriva queria confirmarlo- viendo que en esa misma verdad estaban ·Jas grandes culturas indoamericanas, con ellas debía­mos_ identificarnos. Mucho antes de verificarse los diversos Congresos Internacionales,_ adoptamos nosotros tal posición que püeden atesti­guar múltiples escritos.

¿En qué podría consistir nuestra propia teoría, y qué relación podría tener con lo que fuese la esencia misma de esa milenaria tra­dición humana y por esto también la de las arcaicas culturas de América? Difícil me parece decirlo sin he~ir_ E;l c_oncept(! _gen~_ralmcn-te realista del hombre actual. Para él resuitarán un estorbo -t-ales' có-ri­ceptos que debemos emitir, pero piénsese que estamos tratando un pr~b.l_ema d. e arte y_ que. en. ~al .. c.ampq,: -~s~9 puede s_ernos_ ~xcu~ado o R.~~~?h~#~-- .~Orqüe,. los ú~i~t~s._y "lo~r::;tm:ir¡.tciS · d~l ait~. hoy d,elJemos ,q:u~­~Id .. _~~a.:rJ?,?~ .. quenen~o s~r -mas. h_mna~~S m1e IlU~(:a.~al matg_cn __ .~-; tos, i-1-emas... _ - . ,_-.'--':·s:Lcvict~:mos .·.e~t~r e~ lo abs~f~pto.e~_ p~rque heíllps trasCendido:? ~CJPC?S::JJJicri~o trasc;:t:n~er la .. esfera, Ptf lo relativo. }lor. encima .,de 1? p~~~ó,t;ic~.__llC_mps querid(). afirmarno~-- .en una . 'r~alidad eterna, i!)_V;;tria~ B-~~' ,qu¡:: ~~s. sirviese {!e- norma· para. todO. Y_ entqnces una lejr, :úniq. §f:: •. 4-~st~,c:f\.· _Ley-. que· puede correrse én_ cua~_quier ~entido; y· _que· pueq_~

. i:star' en vigencia en cualquier tieffipo., y ~ugar, , · __ . _. _ · :

1 ,_-:·Y·~bien¡ sólo tal· verdad--o -tai .¡egl;1 -úni~a, si~ ·.:m:enosc~bo _-¿'C 1~

¡persol!-alidad del- artista ni del m~tiz. 'propiQ. d_e._cada tieF~a, puede,,u~i­tfil::árn_el: futuro·_ arte ·de América. Ar:te. qJ.Ie .deb~ crearse de-la- base,~ -.la;·cima,_,plies no debe-. contar lo realizadQ hasta hoy;- f.ruto. de nuestro .aprendizaje en Europa, _y ·po_x: esto su. reflejo.-,¡; · -Si en tal santa cruz:;¡.da de unificación hemos puesto.todo·nu.estnD eSfuerzo: durante estos últimos ocho años, ·es~udiando ~y: tealizindb·.·:a darvez¡:.y ·también por todos-los medios a•nuestro· alcance, difundida ·tal-.ideá, ·justo debiera ser ahora·: que se tomase en consideración ese "e)ifuhze·,· aUnado. a otros. tales en ·:otros ·planos,- per'o en la misma _di.:. rección, y que se le prestase apoyo moral _.y materia~ creemos .-en <h-en~ficio·•de todos) Pues que sepamos y en: :tal sentid() ésta :es la ·úhica'vOz :que h<ista el-presente se ha levantado· para de .una vez -pqr ,t-Odas,' se- qUiera partir- de lo propio Y'- como deba ser,- y ·no. de cualquier ~tha:nera:;.; ·

Como trabajo preliminar y antes de entrar' en ·la exposición de ·1~Fteo~ía:: gener~l CónStruétlva Y de ·su: vinculación con la' -tradición .areaita 1 de Amér'ica, se···estudió preViarilentc la Prehistoria- y el Arte ile·:~á':Aritigüedad,--Medio Evo, y Ré'nacimiento,--pilra' pasar luego a las ;:esCüehis iiu:ldernas; Corrio desemboque lógico dd Ultimo período rena'-­rcbntísd.-: -ilitegrado por los venecianos_: y -españoles del- sigló- de oro-' de

, :¡a ·-Pinttinl;· _Se estudió· detenidamente-''el. ImpresiOnismo ·y Post-Impt€1-

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J-!ppj~,Jl]O (h¡:t~t<l;, .Q~.~an~~·::A.- p.at:tir d~ .. éste, Y. y~ ·~n::.un. yerc]ad~ro .peF,íoq:p 'revolucionario, el Cubismo; fip.alment~, __ en ___ plef!a ,-d,,ecac;Iep.c;i_l'!;-.. Y .. .d~-:C!r~~ht,~c~p~,~ yl. -S9br~rr~<.1.l~smo. ,_ .:

Tal extenso y profundo estudio ,del arte·y de .las ·ideas ·y m!:!diG~ ;:ell: (¡ue 1sé deSepvolvió según los tiempos, nos permitió: fija!-· un ,c:dterio ,de· .suma .. impor'tanciaj que si- había _un arte. de orden .. universal· que ·-'.fesuinia Jos. conceptos- más. ~ltos de. cada pueblo, y¡_que ·por esto .podía ~denominarse_ arte de la hum_anidad :.,_pues en efecto, tcil :arte pareció si:empre apoyarse en. 'la ,tradición. de· una .profunda. ciencia, que,~a -ttavés:de- ellOs perdm:ó ·siempre. a partir del: Renacimiento, apoyán-­dose el arte más bien sobre el sentir individual y racial, dió riend~ !suelta a eStos sentimientos_ ... particulares cuyo. resultado , fue -el .natu­.ralismo.r.,y así nació. la· Pintura. Con esto' se ·.dicé, un nueve arte :que, .p6c.b<i.sarse ·en lo real antes que· en la imagen 'mental, quiso·· apoyarse :en, la- imagen visual, y por esto introdujo la .luz y la profundidad atmosféi'ica, . que es como decir .que dotó a la pi:ritura de una -tercera .dimensión. En la marcha del tiempo, pues, y a partir de· cierta- épdcá·, tenemos ·que Considerar. á este nuevo- arte: la Pintl;tra. Este- criterio qtie creernos haber fijado nosotros por primera: vez, facilitó: el trabajo -de hallar de nuevo, a través de ese -arte anecdótico y :. particularista:, ·.de .e~presi6n siempre individual, la base, ·estructura( y. reglas uni:Vef­~ales: del arte grande, monumental de las épocas antiguas entre las cuales -·debe contarse la de los pueblos prehistóricos de toda América:. Por'. esa via, pues, hemos llegado a ese fundamento.

PUeS bien, la exposición ·de esta Regla Universal' de Arte, y ·cm) fi:ii- no -sólo dé llegar a· tal unificación; sino además de fija·r un qi~ terio . Y una orientación para el a'rte de América, ha :sido el objetó dé nuestros· estudios durante estos últimos años., Diéronse a diCho obj.~_tó alrededor de seiscientas conferencias, en las cuales .todos· estos . proble.:. ri:ta fueron cuidadosamente tratados, f6rm'ando- un conjuntO de Ina~ ferias que tienen que ·ser de primordial importancia para ·los artistaS·. Reunir todO ese material en un solo volumen ·es la aspiración nuestra~ pu~es sólo Por medio de su difusión se podrá llegar a. la mefa de. nues­tro anhelo, que no es otro qUe el de que toda América_ posea a1 fjn un . arte . de calidad que pueda llamar_ suyo, libre ya ·de· influenciaS éx6:anjeras,' y que por él se Sienta en verdad ser de un mundo nuevo.

Sobrepasa esta aspiración, corno puede verse, al mero intercambio de valores culturales y de arte entre las diversas naciones de América. Va más allá de ese plausible acercamiento. o villculácíó.n éri la actividad espiritual de estos pueblos, pues tiende. a la crea:cióiÍ de una nueva ~ultura;. :mejor,. una nueva. era en 1'1- cultura un.iversal en_ es,te despertar p. resurgimiento-del espiritu en_ esta parte del mundo. ~s.decir, lo_q!Jt:¡ todos esperfJ.n que se produzca -eQ-tre nosotros Y.': q~e te~dria _qu~_-_ stJ:rJ

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no sólo el· contrapeso del derrumbe en otras latitudes, sino además, la orientación para- el futuro del Arte.

Comó ·podrá :verse luego, a través de estas lecciones se desarrolla un pellsamiento único: estructura.

Entendiendo que "Arte" _es saber hacer con las reglas, ha debido considerarse. ante todo este hecho en sí mismo, tratando de entrar, e'ntonces, en su esencialidad, que tend1·á que ser siempre construir de acuerdo con la ley de unidad. Y tal ley, que todo lo dge, tiene que llevarnos . fatalmente a un concepto de universo. Por eso la idea de estructura,· tal como aquí quiere entenderse, abarca el ·orden com­pleto.

Por esto que acaba de decirse, se comprenderá fácilmente que cualquier cuestión que se trate, por ser vista deSde ese ángulo, tendrá que ser considerada de una manera especial. Si se trata, por ejemplo, de un problema moral o social, revestirá un aspecto particular que no _.será -ya el usual. Lo mismo sería al hablar de la prehistoda o del arte medieval o del arte moderno. Y lo mismo cualquier cuestión de orden técnico. ,Por tal razón, las clasificaciones habituales por materias; la sucesión lógica en vista del desarrollo de una serie de temas deteiminados, el acumulamiento de nociones sobre un objeto dado, .en sentido . ilustrativo. no reza con nada de lo que aquí s·e pretende poner de manifiesto. Pues sea cual fuere el objeto, 'se tratará siempre de lo mismo: de esa armonía total. Así, pues, la orde­nación de este libro tendrá que diferir de la de otros, sean de estéti~;a·, de arqueología o de técnica de a1te, pues todo, aquí, tiene otro objeto: ir derechamente a ·su esencialidad, a su íntima .estructura. Y siendo éste _el primordial objeto en cada estudio, la contigüidad de lo más opuesto no tiene ya que parecer algo ilógico. De estructura. y de universalidad --los dos pilares sobre lo que todo quiere apoyarse-, tanto los halla­remos hablando de un dolmen o de un templo como de un soneto o de una pintura, y lo mismo si se trata de un problema religioso o de arquitectura. Pues a través de todas esas cosas sólo se quiere llegar a esa esencialidad universal, donde se evidencia que la Regla Constructiva y el Universo se identifican. MCuzo de 1942

"Universalismo Constructivo", págs. 17-21

9 - Arte y Comunismo El Comunismo es antiquísimo;- se remonta a algunos siglos antes

de nuestra era. E!a practicado por los primeros cristianos -antes de Jesús--, pues la idea del Cristo remonta aún más en la lejaníá

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del tiempo, y está. ya eU los- Profetas - siendo Jesús, ·tirío de los tantos realizadores, el· "rabbi~', el "maestro", el -hombre ejemphi:r que con su vidá quiso guiar a los otros -.·idea ,que. es tomada des. pués por Pablo (ya en otro plano, en otro medio distinto del de Palestina, y que si habla del Cristo no cita a Jesús) y esta idea del Cristo (conversión mística del hombre en espíritu) debía tener por consecuencia la idea de fraternidad (y Jesús por esto nos habla del Padre) y también del menosprecio por lo material. De_ ahí, pues, que entre esos hermanos, todo fuese común, los Essenios, Terapeu­tas, Nazarenos (de Joshua Nazir) los Ebionium, etc., a lo largo dd Jordán. Y, del mismo comunismo vemos surgir entre los primeros cristianos (después de Jesús) la primitiva Iglesia, pues sus adeptos, todo lo vendían para ponerlo en manos de los pastores, no existiendo más que un fondo común. Y ya se yo que toma origen en cosa muy distinta el comunismo actual, y que fue formándose paulatinamente, hasta ser lo que es hoy, tras muy- grandes especulaciones. Toma su O!igen en el estudio de la economía,- y quizá lo que inspiró eso fue, por un lado, .el ver a la bancarrota que iba el mundo, cuya impasse quizás es el actual momento; y, por otro la consideración de que

.ningún hombre debe hacer trabajar a otro en beneficio propio. Y ·aunque incluyese esta idea moral, el comunismo moderno . tiene Y quiere tener siempre una base científica positivista.

Sabemos que hoy, dado el estado actual de cosas, habiéndose deslindado los campos ya no se admite la ambigüedad de los con­¡;:eptos, las ideas intermedias o posiciones -con respecto a este agudo y grande problema social. La paz (en este sentido) por el momento no es posible; hay que estar con las armas en la mano en todo ins­tante. Hay que definirse: es la exigencia que trae el estado agudo .de la·s cosas.

· Sobre esto, con respecto a mí, en cuanto a mi vida, no hay equí- f¡ ... vaco: ni verigo de familia burguesa, ni he sido bm-gués, ni aun pe­queño burgués:_ he trabajado siempre, y jamás he tenido ni tengo. En mis escritos he erigido en ley al trabajo, y amo al trabajo. No ·1 he consentido jamás patrón, y por esto jamás lo· he tenido; he prefe-- 1

rido por esto vivir como artista bohemio, así como vulgarmente lo , nomb~·a la incomprensión, he practicado el altruismo entre' los de !

mi cofradía artística (porque es la gente con la que he convivido) 1~· pero tengo que exp,¡.-esar, que digo que hay cosas que son "mías": l mis libros, mis cuadros, mis papeles, mis herramientas, en suma, ,_ para poder trabajar; y también mi cuarto y hasta la casa de alquiler en que vivo, pm·que representa mi ambiente, que me es necesario, y i~ todo esto tan poco, hace la ilusión de mi vida, como mis amigos.

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Un mínimo pues, d€. propiedad la creo necesaria. Hacer- trabajar 1

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~M ~~~J· Ot!f9Jl,- ~~<};-nu~1~~;>yó si~mpr.e. pte )o-4e ~.-;hech_q"Jtodof )': ,J;Qlo¡ -,ep ;~.i-~r.tal(,_oca:s¡9_ne~-i Í?9f cJ:é};l~_lid~~h he c~atJ_dic~do; _;llqy_ ,p.q'_:l>et:ía, po_sil;ll~. .::~: .. ·~~- s·~-~oifté;-há;- dítho;~-·it."· veces;" .que· :he·:tra:baj·:add -{ coriJ.o··Ia- casi) totf(­'lidá<i'.d_e.JIOS·~:ittist:ls}. pata los-- bU-rgueses.' Véase- mi pintura: en: primer !:lúgat~ pu'édl:t _tledrse.< .qu:e<está fuera: dél tiempo,·( ¿cómp pues·,: voy: a :{iensat.~:_:en .~e-nos?). --y, ctlando ·. hace referencias . a cosas pm;ticularcs :¿qué eno·ontr~mos·? Las calleS, las usinas, los muelle~- el -trabajo,:en ,suma.,:Adéh{ás: ;¿hay -pintura.-más-- austera q~e la. mia·,. más :de·pol:rie, 'jrihtli::iS,.--S~nsúS:l.i y--ostentosa? _¡y los materiales que· he usado! Tablas !.viejag;·:.mar~ás éonfecdonados -'por 'mi ·mismo; la· -pinttita~ al-templ'e 'fC¡_úi: _\ra]e- Una's ·mon'edifas) ei- frasco; y también la- _pilltura -de pomos ;i:¡úe/ la ffi.ás ·¿e las veces eS .. sustituída- por la -pintura para coSa( de ·jndtistiia; ·F·deCOración. Mis aniigm;: ¿cuáles 'han·-sido?--~itefátos, poe­"t3.s/ artístis; ··gente hurriílde. 'No- las primeras ·medallas, -los· ·grandes piemiüs;_ lOs" ·artistas oficiales. ReVolucionario" en arte siénipre he sidÓ. :so.Y·libre -en_-~d 'Pensamiento ¡:iórque no' pertenezco ·a l).inguna· reli~

1 • gión'·- dogni.ática, En esas condiciones ¿puede asustarme -'el Coniunismó-? Si" ·y _rio;' Me· ásusti en -lo que· se· refiere a-- su; baSe' poSi-tivista que Jiene- ·que· b~rrer con toda ·idea- de. una met~fisica; y yO quiCró al horilbni!: intégtal, ·con- alni.a. PerO nada más-. Y ·si, diria también- que me asustaría -Si- de mi· quisiese hacer- un individuo, "estandatdiZadol'

ji y no_ se r:spetase m~ libe.rtad".indivi~ual, 9-ue si~m_pre quiere -~Star de

\'.acuerdo. COJ.l -lo:: umversal,. pues. ·.ahL esta el. -límite natural de sus --derecho's. ' DeteSto la política· y -la lucha politica; _toda guerra en --el campo 'real.:·"Y, Si soY ·por naturaleza idealista ¿quién tendrá -derecho á ·eXigir C¡vé :'no: lo -sea? Rel:nito1 pues, siempre, todo al c~mpo -ideal. 'Y-- estoy dispu·estO a sufrir-: en el campo real 'de -las. cosas- por no meterme en él. Además, soy místico, metafísico, por fisiología, por ·tetilpcraillento, , y.c asi como naci · moriré, porque· no puede sér de ótta.:mancra.- ¿Se· puede .. exigir: que sea. de. otro modo? Muchas otras consideraciOnes podría hacer en ese sentido (y . rrie- he reStringido tOdo-lo posible) ·pero no son esas consideraciones, el objeto -de esta conferenCia. ·Lo que h<iy, pues1 es que no me presto a ·que me pongail 'rÓtulo- o etiqueta de ninguna clase, porque; si puedo solidarizarine ·con las· -ideas,·- no puedo ·solidarizarme con los hombres. Marcho por lni- camino -.q'ue -creo recto, pero no por camino trazado por nadie.

·:¿IndiVidualista? ¿Cómo voy a serlo si. sé que una unidad no puede ,esta:t.'. jamás ·en-la artn:onía total, y yo quiero estarlo? Detesto aLho'm;.. ·bié_. centro, ·pues enJsto está todo el origen del mal. Pero también ·e;Ie_tf:isto:_-las etiquetas ¿Por qué? -Porque en nombre. de los emblemas .más:· santOs; se .cometen- y_ se han cometido, laS infamif!.s más gran­·desi __ :Yo me: ,-á justo a Ja ley y respondo sólo por mi.

~·--'l ,: Y: ;_yo~ ·ya sé qüe" esto no·,:es IO •que -·se-: qhiere;_:---y ;=-poi:;e~tó: í:Se 'me ,ataC:l.-. Y _,·se .que puedo ser bartido, .pulverizado;:< por_·- hordas. ciegas <¡u e:· lucharían quizá· con pasión .por- Ja;,- justicia; pero_ ·no puedo ser de otro modo aunque me cueste la vida. :. , ~ -~·

Por-esto, _Con ningún: ·rilzc\hairiientd sé que no cóhvenceré a na--die; pé'ro· debo ·cxpoher miS razones.-· · . .;-,

DCspU'Cs de expo11er eSto, e que me par~ce qUe -pruéb<i q-Ue. iio -hago· arte burgués, voy a d3r·mi ·razóh de -por-' qué·-tarrl.poco·: hago arte pr9leta:rio, tal -como q:uieren ·los comünist3s; y -aun,:· eh ·gérieral, 'tille· :rio · debe hacerse. - '· ·

El error ·fnáximo de los comuhistas eÚá en esto: qUe sigUiendo -~1 corice¡jto ·vulgar, de que el arte debe ser slempré tepreSentació:rj, ,1

~l _ __valor de él depert~e d~ _la an.écdóta, del drama,, ·del espeCtáculO en fin,' ,qu~ se desarrolla en_. e~ lienzo q la eScultura; El díá en que

..se. prw;be_ que el arte 'es' ·eso, los -comunistas tendrá·n razón. -'1.- : YO _no tengo qUe probar más; que_ el att'e plá~tico lio ~ es ciso, _pórque-. si después ele tantas lecciop.es_ n_o lo he probado~ n_o lo pro­'bai'é nunCa. -1-Ie dicho --que. el a~te _plástico tierte 'sus leyes· prophis, 'sobr~ las- cua:les· ·se, basa, Y-que; por' la fidelidad a !:!Sas ley_es es que ,puede __ sei· fuerte y grande. ,Además, pór esaS leyes se .basaba eh la lnisma ·estructura universal. No es cosa~ pves, para traerla y llevarla a, to_da.s_las· ave~tura:s. El arte eS coSa- muy' profUndá y muy "seria; infi-'nit':':me_nte __ · n:~s 'de lo q~e cree la generalidad. ' ' '

, Pero, al {undar así el arte sohre sí, misritq, viene el reproche de~ (jUe no· eS -humarici; dé"qu'e· entonCeS es- un purO -~steticismo. ESo, ·en todo caso_ será para los_ ciegos; pmJa aquellos que, en_ faltando- lo~~~ a~ec~6tic.o, l._o sen~in:;~ntal,_- la .expres.ión, lo .·sub. lime ... ; y' rpil- _c.os.as

1 '.

as1 a)e?as a. la plas·t.ICa, ya no saben v_er nada. ·E. s mas profundo lo ,1

( que la plástica dice por si misma; lo que háy, eS que no es- tradu-¡1

cible, en .lenguaje -literado. Pefo, en eSto está su mé.rito: es que ll aquello realmente es plástico.- Además expresa algo, que 9tro arte , no puede expresar. . _ ,

Pero la _crítica, la filosofía de arte, ha sido. ejci!'cida por liter3.­;tos, y. estos, no han _querido ver én las- manifestaciones de' :irte plás­_tico, más ,que literatura. Y los .. mismos artistaS, también han sido -influidos. por ellos -y el público:-. Además, tenían que pasar 40 .~iglos para que este concepto fuese bien definido. Hoy lo es, _y, Por ,estq¡. maÍ'ca -un . punto i~portante en la evolución. De este cóncepto atrás; es retrogradar.

Ahora bien; a una .nueva. forma social ¿no d~bería corresponder un arte evolucionado corrcsponc]ient~? En ~an'lbio, s~ q11iere prac­ticar el arte clásico tradicional, y sólo remozarlo por el concepto 1itCrario . de_ la nueva ideología social. , E'stán pues, equivocados. Pero,

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no dudo, ·al fin- se verá claro, y los artistas p)ásticos auténticos, no nos veremos· combatidos por los fervientes del comunismo. ¿Cómo se va a vestir lo .nuevo, con el viejo traje de lo que pretende com­batir? Es una falta de lógica.

Diego Rivera y Siquciros han enfocado mal la cosa; y esto delata que no han sido jamás artistas plásticos de verdad. Aun supo~ niendo. que el fervor por la nueva causa les llevase a desinteresarse pOr el arte no debieron caer en tan grande equivocación como es forzarlo a ~xpresar lo que no debe, con lo cuaJ desaparece, Así se pierde todo; y aun una posible expresión, de acuerdo con las leyes del arte plástico, y entonces, no por descripción, sino por íntima 'estructura del mis_mo, que es lo que debe ser. Pero. esto, cuando la exaltada emoción del artista le llevase a tal realización.

Dije otra vez cómo artistas comunistas convencidos, como Fren~ dlich o Théo Va'n Doesburg, practican el arte abstracto; es decir, un a.rte _plástico no li~erario. Y como Mondrian ha~e lo mislno, Es que el . arte está por encima de eso. Pero no digamos por .b~jo ni por encima: digamos que es otra cosa, como 1? es la med1cma

! ·o la astronomía, o el amor. El arte es para el dommgo, ·!lara ·¡a_ paz,

. pa. ra la elevación. o la comprensión de lo más puro; no p. ar.a la Iuc·. ha. No puéde ser tomado por comunistas o fascistas, a su J?lacer, para

! hacerle decir cualquier cosa que convenga. · . -¡¡ Pero, levantan aún un argument9, en apariencia for~idable,

para probar. que el at te, no sólo se. debe expresar por representa-ciones, sino que, en todos los tiempos ha sido asi, y por esto, ha traducido los ideales- de la época. .

A esto yo repetiré lo que he dicho otras veces: lQ, que el arte oficial, glorificador de reyes y hechos histó'ricos, y mitos ~eligiosos, es precisamente el arte esclavo, el arte al servicio de cosas; arte, por esto, pompi~r y decadente; y también por esto, más naturallsta.

l. El arte hay que buscarlo en_ los primitivos; arte que capta la verdad (que es· decir .la creencia real, moral del hombre) y no la verdad falseada, ofic_ia.liz.ada: pol.ítica. M. omento de ingenuid. ad, de sinceridad· momento de verdadera creación, que -luego será explo­

,~-tado por ios otros. De manera,_ que si el art; de los grai_Ides pe:íodos ' tiene- alguna virtud, es porque eri su entrana aun palpita o VIVe 1~

primitiva fe y la ingenua y simple expresión del ptimitivo. Lo que vendrá después será vanidad ostentación al servicio de los poderosos.

'Y para terminar diré: que. 1~ más grande o?ra de arte que ha re~li­zado el comunista,_ es esa hoz y ese martillo trazado en cualqmer pared con carbón o con un mal pincel. Porque ese símbolo es perfecta­mente' plástico y escrito con el corazón.

"Universalismo COnstructivo" págs. 931-935

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10 - El concepto de '"medida" es universal

Con los últimos estudios que hemos hecho, se ha puesto en evi­dencia una cosa importantísima; y es ésta: que la MEDIDA, que comenzó por parecernos indispensable para realizar una bien t1 abada obra y con unidad ahora, por su universalidad, nos ha llevado a considerarla como indispensable también -para regimos en la vida y con esto en todo. Porque, en todo momento, pU:ede damos el equili­brio: no inclinarrios demasiado ni hacia un lado ni hacia otro; no desechar ciertas cosas para dar preferencia a otras, sinO ambas poner­las en la medida justa; no exagerar en ningún sentido; dar a todo su valor justo; y, mejor que esto no puede hallarse. Y por esa verdadera R·~gla, que hacemos nuestra con todo el fervor, pues a ella nos con­fiamos totalmente; por ella, digo, aun vemos cosas de mayor impor­tancia; y ahora es, de que las cosas, en general, no son en si buenas o malas, y que el todo de su bondad o de su dañina condición, más bien está en la proporción 'en que entran en el uso. AsJ de la comida y bebida por ejemplo, que no quieren sino· templanza; y ésta, la da aquella proporción justa y, cuya falta, sea por exceso o por defecto, es causa de desequilibrio; bien porque su insuficiencia nos perjudique o nos prive de un goce legítimo, bien porque el exceso nos lleve a per~ turbación. Y aun, la Regla ésta, nos privará de deScuidar otras cosas en que no pensaríamos, y en las que tendremos que pensar, para hallar el debido equilibrio, fuera del cual, entonces, y por el hábito, ya no sabremos hacer nada.

Quien pue's a ella se someta, dócil a cada momento y en todo, ¡qué gran beneficio sacará y cuán aplomada y justa y sabia será su vida! Ni el ocio consumirá lo mejor de su existencia, ni se agotará y destruirá por el trabajo, sino que, guardando la medida, gozará de ambas cosas dentro de su proporcionada moderación. Ni la gravedad va a hacerle hosco y taciturno, ni la ligereza va a pervertir sus más positivas dotes. . . Y aquí, nadie creo que vea que vamos a un tér­mino medio contemporizador, pues si esto se pensase es que no se habrá comprendido nada. Pues si en la parte ancha de la Regla ponemos todo aquello positivo y lo afirmamos el que esto sea com­pletado y equilibrado por una pequeña proporción de lo opuesto, no quiere decir su anulación, sino la proporción debida en que ha de entrar para no ser excesivo y por esto, perjudicial; asi como se tem­pla el buen vino con un poco de agua para quitarle el excesivo ardor y así mejorar su intrínseca virtud.

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Y, con ~sto, llegamos a -q.na ·conse_cuCIJ.cia que abre camino a una­mayor suma·--de goce--jústo y de experiencia en--la vida, y- es~ de que; de todo pu~de usarse si es en la justa medida.

Porque; sea por ley atávica o por costumbre, un sinnlimero de actos- nos parecen contrarios a una limpia y recta conciencia y, por ello,_ nos a)Jste~emos ¡Error profu~dísimo!· Nad~ ~s _reprobab~e ~i se risa ·cori Ja-.moderación que· impone la medida. Y quiérase -perlsar un

_pOcO, ·trayendo ·a la memoria cualesquiera de esas cosas -y se verá al_· momep.to. Y es-más: se verá· que la austeridad, la abstención~_lá mayor; parte de las ·vetes es ignorancia, vana presunción de perfeCtibilidad que nOs _ trae'rá arrogancia y que, por esto, hasta lo indiscútiblémeiltc' buenO- debe templarse con un pequeño grano de. . . póngase -lOcura, perversidad,_ malicia o ~o que se quiera, y que . sazonará la bondad· a·quella; ·que_ sin· eso, se hada 'rigida y -fastidiosa, intransigehté Y cruel, pueS~ Como "dice -el adagio, tanto· se pierd·e --por carta de ·máS ·cámO' pOr c·arta de·· menos. · -

:V · <::O_li _ser nÍ'uy subidas "Y aquilatadas_ todas estaS ·virtudes -:-de. nuestra Regla, sabemos que no son:_ sus mayores excelencias: ;Pues ·nO es sólo' r~glá para·dar justa cabidit a todo, solamente, sino; 'qu·e con __ e~to; Se cumple eÍ mayór bien, y es, de todo pará:r en Unidad que es:· _como decir ·en··arrrtonía~ Pues si· ·debidamente se ha ·puesto aquello-· que Se' debe .(que--~s lo positivo) ·en la parte más larga de la regla -:-Y sií siempre· hiciétamos- así~; aunque en el- otro extremo esté lo opuésto,­todo' tiene qUe ·parar en _belleza y bien ·de todos, pues -tal· sabia pro Por~' ción, ha de darnos hi _totalidad, que es· Ia- perfecta armonía:: PueS si en hi.- .¡:{<l:rte mayor, está ·escrito:·hu:manidad, y en ·Ia pequeña iridividuo;· verás-e presto, que· si invirtiéramos loS términos, tod.o seria egóíSmo ;.Y parcialidad~ y asimismó, '/ pór estar en es-e luismo. orden, puede: estaí-' esc;rito en la Regla: trabajo, el_ cual, moderado por una parte·'de· odo · o- ju~go-,-: nos equilibrará para un mayor rendimiento y bien' de to,dos, ya- que, úabájando, .ser-emos útileS. Peio Si eri 'lrigar de- eso,·· esér~bié-:. ram()s-: 'ocfo. -eil -vez de trabajO, ¿qué resultaría? Qtie ri:tientras estuvié_, semús -ell -'la, i:qacción -(sólo intérrumpida por. algún pequeño "esfuerz!J); los otroS~ trabajando en beneficio nuestro, se hallarían defraudadóS. Nuestro· proCeder, pues, sería injusto. .

Eo qUe da, ·pUes, maravillosa -trascendencia al empleo de- nuestra 'RCglá' eS que Siempre nos- dé por resultado la unidad o ·-perfecta a:i'fr!:O~ nía'.· Y llos induzca además a cumplir· esa· ley, que es ley cósmica ~niVérsat

' '

"f!niversalismo Constmctivo" p,ágs. 963-965

--_·, --,

Emilio Frugoni (1880) ' ' ' -f Entre las individualidades que el 900 encuenn

1 tra en ·plena juventud o,- ya-· ·superada ésta en el . umbral del dominio, Frugoni bien Puede ' repreM

sentar -la constelación que formaron José Batiie y :¡, Ordó?ez (1856-~929) Manuel Otero (1857-1933), 1¡~ Martm -C. Martmez -( 1859-1946), -Antonio Bachini· ,¡il (1861-1932) José Serrato-{1868-1960), José Espal-

1 Alberto de -Herrera (1873-1959)-, · Luis Caviglia 1¡'.' te.·r .(1 .. 86 .. 9.-1940.) •. D.oming.o .Ar.ena (1870-1939), Luis (1874-1951), Juan Andrés Ramirez (1875-1963) Ja­

,, -cob~ · VareJa, _Acevedo-· (1876-1962), . Carlos O~etto , Y V1ana (1877), Julio Maria Sosa '<1879-1931), Juan

~ Ca:rlos BianCó (1879.;.1952), Justino; E. Jiménez de ~récJJ.aga (1~83-1927), Biütasar Brum (1883-1933)

_ -Y ~ugo-~ntuna (1.~84-1944), PolíticoS, juristas, inter­- 11ac.mnahstas, legisladores,, periodistas, constitucio~

na!1s~as,- en s~ ~abor -intelectual--predominantemente practica, serVIcial, -beligerante,. no·, es infrecuent·e hallar páginas, eventu~lment~ ~erdilrables de na--turaleza ensayistica .. - _ · '

.:D~ s~-. figura nlás persistente_ én el nivel lite~ -:rano,_ I:qJ.posib~~ es- referií'se-· a ella·_ Sin implicar, de

J?aso, todo el pensa~iento . socialista uruguayo, por ~o me~10s tal como este se perfila hasta 1950. Tan 1~pos1b!e. ·es· ~sto( comq hacer ·el proceso de ese pensarmento sm centrarlo- en- ,Ja personalidad que ~ur~nte_ cua't;r(} décadas, protagónicamente, lo re~ presento. Fundador _del "Centro oOrero socialista" €~ 1904, d~l. Partido Socialista en ~1910, la inicia~ CIÓ~ de En;nho ~rugon~ e.n esa corriente remontaba, se~~n teshmomo propm, a- doce- años atrás. Pero, ~1ht_ante has-ta 1910 del Partido -Colorado, cro­msta teatral de El Día; no es aventurado identi~ f~car. ;m postura- política ulterior como una radica~ hzac.m? ~e·-. ~as· del-·· bando batllista, a cuyo jefe admiro si--bien rechazando su adhesión al lema tra-

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dicional, ciertos rasgos caudillescos y su inclusión. en último término, en la "política criolla" con los rasgos con que él la juzgó. Electo diputado por Montevideo en 1911, gracias a la coyuntura creada por la abstención nacionalista y en una combina­ción "socialista-liberal" que el propio Batlle con­tribuyera a prohijar, queda fuera del propósito de esta presentación examinar su actuación política y parlamentaria de casi medio sig:o o su labor periodística en "Justicia" (hasta la escisión social­comunista), en Germ.nal (1921) y El Sol, desde 1922 hasta hace muy pocos años. Sus libros en prosa (aunque son muchos) no pueden· ser, en cambio soslayados para un expurgo ensayístico y se hace necesario revisar Los impuestos desde el punto de vista sociológico (1915), Los nuevos fun­damentos (1919), La lección de México (1928), La sensib;lidad americana (1929), La Revoluc ón del Machete (Buenos AireS, 1934), Ensayos sobre mar­xismo "(1936), La Mujer ante el Derecho (1940), El Laborismo Británico (1941), Las tres d;men­siones de la Democracia (Buenos Aires, 1944), Sobre la Reforma agrar.a en el Uruguay (1944, con Antonio Rubio y Andrés Martínez Trueba), De Montevideo a Moscú (Buenos Aires, 1945), Génesis, Esencia y Fundamentos del Socialismo (Buenos Aires, 1947), La ~Esfinge Roja (Buenos Aires, 1948) El Libro .de los Elogios (1953) y Med.tación ame­ricanista (1959). A este rol habría que agregar to­davía numerosos folletos de propaganda política y electoral (uno, de 1950, se titula El socialismo no es la violencia, ni el despojo, ni el reparto). múltiples prólogos (uno de los últimos es el a Todos los Cantos, (1955), de Alvaro Armando Vas­seur), copiosos materiales de su oratoria parla­mentaria, partidaria y callejera (Social;smo, Bat­llismo y nacionalismo, El trabajo nocturno en las panaderías, Jubilac ones obreras) e infinidad de artículos dispersos por revistas uruguayas o ex­tranjeras.

Parece obvio que todo este material no se man­tiene en el mismo grado de la escala. Mucho de él responde a necesidades de mera propaganda política o a razones de una pedagogía partidaria forzosamente simplificadora. Por otra parte, el ensayismo, entend:do como expresión prosaica libre y personal, só~o con dificultad tiende a afirmarse en Frugoni entre las dos vertientes que constante­mente reclaman su escritura: el periodismo y la

or<:tto~ia. Si se escalonan, además, las fech~s ae sus libros, es dable advertir que hay en su vida dos sustanciales períodos de plenitud y desemba~/ raza creador: 1929-1936 y con él la crisis del golpe de Marzo (La sensibilidad americana, Ensayos so~ bre Marx smo) Y los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en los que produjo La Esfinge Roja y los dos nutridos tomos de Génesis, Esencia y Fundamentos del Socialismo. La circunstancia, empero, de ser muchas de sus obras colección de materiales anteriores obliga a relativizar bastante este ~squema. Qued~ firme, sin embargo, que lo antenor a esos periOdos es mucho más ocasional Y volandero y que tras la mitad de este siglo tanto -la cantidad como la calidad de su obra decrece. No se pierden, con todo, hasta ·nuestros días los ras-gos fundamentales del Frugoni prOs!sta; '¡a facili-dad de una composición al correr de la pluma; el énfasis oratorio incontenible; un brío polémico y una agresividad a flor de piel que si le han per­mitido, a veces, llegar a ricas invectivas verbales no dejan en otras de depositar en la boca de lector el agrio gusto de cierta desPectividad fría y hasta ligeramente mecánica.

. . Temat~za.da esta obra, es fácil ver que la por­Clan ensay1st1ca de ella apunta más que a ningún otro blanco, a la fundamentación teórica de la doctrina socialista. Esto puede decirse no sólo del libro más típico en este rubro: los Ensayos sobre Marxismo sino también de Génesis ... , escrito en Moscú en el curso de 1945 y 1946 y que es una historia del socialismo generalmente apta pero sin nada de excepcional y demas!ado engrosada con materiales ajenos y propios (recoge buena parte dé los E'nsayos. . . recién mencionados y de El Labo­rismo Británico) achaque, que con creces de mucha flacotllla, sufre este último librito. Variado, des­Igual, pero lleno de páginas reveladoras es El Libro de los. Elog os y amenísirna, densa, segura­mente su _meJor obra es La Esfinge Roja, de la cual muchas pagmas no desmerecen los textos más aptos de esa enorme literatura sobre la U.R.S.S. acu­mulada desde 1917 hasta hoy.

El perfil que el socialismo adopta para Frugoni Y su in~erpretación del marxismo no son in.Sepa-/· rabies: el, por lo menos, y al modo de esos labo­ristas ingleses con ~os que tantas afinidades tiene, es capaz de concebir que aquél pueda existir sin éste y proseguir, pese a ello, eficaz carrera. Cohe-

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rentemente con esta disociación, Frugoni se pro-

\

nunció -contra el "dogmatismo" (marxista), seña­lando en ·el marxismo una parte viva y universal y

.

también y por lo tanto, tácita, remanentemente, , una par'te muerta y particular. Esta parte viva Y

¡.,universal ~reía (coro. o t~mbién su, por tantos co~­ceptos, afm, el argentmo Juan B. Justo) poom combinarse con otras corrientes, como la "geor­

. gista" sobre la renta de la tierra, y ganando con 11 ello. Elogiando a George Sorel y a Eduardo Berns­\ tein, se adhirió' al postulado de que el objetivo ~~final es nada y el movimiento es todo. Cuando re-

¡.1¡ cardó a Lean Blum, subrayó su distinción entre 11 aceptar el marxismo como explicación cientffica del proceso social y desechar la filosofía materia"

1: lista del materialismo dialéctico. Y si bien es cierto ti que atacó el revisionismo de De Man y el despla­

_:j zamiento del marxismo . a favor de interpretaciones

1

\ biologistas .O psicológicas, su actitud general ·apa­,) rece nítidamente referible dentro del revuelto y ·i rico cuadro del marxismo contemporáneo. \ Sitúesele, ante todo, en el sector opuesto a

la formalización de un marxismo centrado en las versiones traclicionales, desdeñoso de las nuevas evidencias de las ciencias pero afanoso por 11Con­.firmarse" con sus hallazgos, autosuficiente y ce­rrado, respaldado en la univocidad de su hiter­pretación por las coacciones más o menos abiertas del poder estatal. Frente a este tipo de marxismo, el general del mundo comunista, y entre las muchas variantes que lo enfrentan, no sería posi·ble ubicar a Frugoni diciendo que emplea un "marxismo di­fuso" en vez de un "marxismo literal". En cambio, aunque la imagen, tan usada, de "descongelación", le puede ser aplicable, resulta seguramente más exac-

vto decir que fue siempre el suyo un marxismo "des­J monolitizado" (ya se adelantaba), descompuesto en r,1elementos vitales y elementos muertos, dejando t¡·: estos a un lado y postulando la conmixión de los i_ valiosos con los ingredientes válidos de cualquier \'¡otra corriente ideológica. Esto es tal vez más r\, extremo que todo lo implicado por el alentador

1

) movimiento de a. finación y revitalización del mar­~~xismo, :por ese "marxismo abierto" que alinea a parte de lo más vivo del pensamiento europeo, ¡\desde Lefebvre a Martinet; desde Kostla Axelos ·al mismo Sartre. Y no es irrelevante, por ello, su afirmación de que "el marxismo no es todo el

1 l;

1

l

socialismo" y su elogio de la heterogeneidad ideo-,M lógica del Laborismo británico. ~

Sería, sin embargo, aventurado e injusto decir · que Frugoni no 'haya sido un estudioso de la doc­trina cap-ital de su partido y desconocer que algu­nas de sus obras mejores testimonian un escrupu­loso y a veces dramático esfuerzo de ajuste entre las tendencias incoercibles de su posición espiritual y el marxismo, tal como _en sus años de formación (sobre todo) se le ofrec1a. En este punto es del caso aseverar la profunda influencia que tuvieron en él' los escritores marxistas y socialistas italia­nos de principios (le siglo: por razones de origen, de familia, de tradición, fue a travéS de Italia que Frugoni recibió lo esencial ,no sólo de sus gustos poéticos sino también de su vertebración ideoló­gica, como él mismo, no hace mucho, lo reconoció justicieramente (Marcha, nQ 1007).

Si se analizan minuciosamente sus Ensayos es dable advertir que Frltgoni concibe esencialmente al marxismo como un "realismo productivista", que tiende a subrayar, antes que nada, el condiciona­miento material de toda la actividad económica, para marcar tras ello, pero sólo entorices, la influencia decisiva de ésta en la vida de la sociedad. Produ­cir, para ella, equivale a nutrirse para el hombre . Junto a esto, enuncia Frugoni afirmaciones muy coherentes con el énfasis "infraestructuralista" del marxismo más pillltual: la materia domina sobre d espíritu; la vida económica es decisiva .en la explicación de la historia; la moral no condena sino lo que la historia ya ha condenado. Pero esta in­fluencia de lo económico e infraestructura!, afirma no es exclusiva, sino sólo preponderante, es decir, que no cubre todo el cuadro de las- fuerzas. Corre­lativamente, y en el plano de la abstracción filo­sófica, sostendrá que el materiaiismo marxista im­plica que las formas espirituales están determi­nadas por las de producción, no negando, en cambio, su func:ón importantísima.

Puesto, en este orden, a deslindes terminoló­gicos insoslayables, Frugoni se inclina a pensar que el materialismo dialéctico -e h,istórico- de Marx no puede ser confundido con un mero materialismo moral o metafísico y que sólo legitima su rótulo en algw1os decisivos puntos q;ue se detiene a preci­sar. Afirmar la primacía de lo real en la determi- i nación de la conciencia y la de los modos de pro- ' ducción y del trabajo en la configuración de la so-l

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1 ciedad entera son tal vez, para él, los más importan­~ tes. Pero tamb:én lo es una aseveración, en cierto

modo sinonímica: la de la objetividad, la de la realidad del mundo exter:or y su primacía desen­cadenante de todos los procesos; también el negar la existencia de una acción "autónoma" del espí­ritu o la vigencia de un orbe objetivo y espiritual de valores.

1

\ Ya es posible barruntar que, más allá de esto \(que es mucho) Frugoni se inclinará a dar entrada al factor espiritual (con un sentido que habrá que precisar) por todas las vías posibles. El "mate­rialismo" marxista sostiene, no lo es tal si se en­tiende por ello negar la intervención de la con-

J ciencia del hombre, de los ideales individuales y de clase, de las superestructuras, como un todo,

f sobre el curso de la vida de los hombres. El ser humano (para empezar), sus móviles, ,sus ideales, sus impulsos morales, su espíritu, su cerebro, inter­vienen actiVamente en las fuerzas productoras y los "hechos económicos" no son exclusivamente .. materiales". El materialismo histórico, al indi­carnos que la materia domina sobre el espíritu, nos incita a una en"érgica modiflcación de las in­flexiones originadas en lo material, como único camino que lleva a realzar la condición del hom­bre. El materialismo histórico y el determinismo económico no son, en último término, :rii fatalistas ni estrictamente "mate~ialistas" y es más bien un humanismo activista, vóluntarista y ético el que, según Frugoni, resulta el mejor corolario de las acep­taciones básicas. Llevado a examinar la importancia que en las corrientes socialistas, se aflrma, asumió el repudio moral del capitalismo y puesto a inda­gar si esas razones tuvieron operancia en Marx concluye, bastante axiomáticamente que éste nunca pudo haber prescindido de las inspiraciones genero­sas o desinteresadas del espfritu. Sobre estas dudas, insolutas, Frugoni (lo expone en un pasaje funda-

,, mental de Génesis ... ) piensa que el sentido del f~· afán humano es el esfuerzo del hombre por elevarse 11! cada vez más sobre el determinismo económico, por t humanizar, en el más p~eno, cabal signjficado, la ~ Historia.

Su misma concepción de las clases, 10motor de la historia", y de la conc!encia de clase con­tiene la afirmación de· que las primeras no se mueven sólo por hechos y motivac:ones económicas y que, si los sentimientos y valores que conforman

!

la "conciencia de clase" son, en su estrato inferior individuales, hay uno, superior, en que asumen la faz de ideales universales, del "ideal puro", supt:~ ditado a la condición económica pero no reducti~ ble a ella. Los dos planos resultan, en la concep­ción de Frugoni, "telescopables" y, en la Revolu­ción de Mayo, por ejemplo, la clase culta ciuda­dana de Buenos Aires insurgió por sus propios inte­reses pero -también- por la libertad de los pue­blos. En una tendencia muy explícita a ·ensanchar los contenidos de la "moral de clase", supone Fru­goni, por caso, que la independenciéJ. y la libertad de la conciencia poseen un valor propio, incondi­cionado con lo ql.le, como se ve, aquí también las "superestructuras" tienden a escapar a la reduc­ción de las "ideologías" y acceder a lo supercla­sístico y universal.

Todo este conjunto de posturas no es desusado en el marxismo de su tiempo y es bien visible, en espec'al, la profundísima influencia de Jaurés en esa apetencia por "humanizar la historia", en esa valoración del esfuerzo por vencer la gravitación de lo económico para entrar de una vez en las aguas libres de una plenitud humana, donde la "pre­historia" que vivimos haya sido dejada atrás. Y si se adhiere a la justeza de la observación de Gur­vitch cuando sostiene que el módulo último del pensamiento de Marx es un _ __:tmnlfillis~mo realista,l fU~l;c:!j~\Sq_ -:y ___ '~y:!taJ~c:::_:~I?~tl-:9Jl~;~m~ía,ITSfc;l'7~{éSa "vúla"fl'= que determma la conc1enc1a ... ) , cuando se recuerda el contenido polémico contra el culto de ' "la Idea" mistificadora del hegelianismo con que Marx adjetivó sus teorías de un "nuevo materia­lismo" (que así llamó para distinguirlo escrupu­losamente del de Feuerbach); cuando se atiende, en suma, a estas especificaciones, es previsible el juicio de que, buena parte de la concepción frugo­niana del marxismo se desgastó en una lucha con­tra las simplificaciones mutiladoras, contra medio siglo de falsos problemas creados por la incom­prensión. Y si se cree q.ue ese esfuerzo hoy podría encaminarse mejor, no es posible dejar de reco­nocer que tal como efectivamente se dio, él tam­bién lo sitúa: el socialismo marxista de Frugoni pue­de verse inscrito hoy én un medio camino entre el "reformismo" de Berstein y Jaurés (técnicas de combate, prospectos económicos) y ese "revi­sionismo" que sin un inequívoco deslinde con el anterior, tiende a descongelar ciertas rigideces del

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marxismo y a desmonolltizar el todo compacto que en su versión ortodoxa es.

Tal esfuerzo, común a innumerables pensado­res del socialismo 1o ind;vidualizaria poco; contri­buye mejor a dibujar su mentalidad y a situar, a datar inCexiblemente su "reformismo-revisionismo", examinar qué ingredientes trató de hacer penetrar en la bien guardada fortaleza. No parece exagerado esquematizar lo que tiene que seguir, sosteniendo que fue ·en dos puntos en los que Frugoni ha tendido. a romper la textura del marxismo ortodoxo.

J, Como ya se observaba lateralmente, con su _. énfasis en los "factores espirituales", Frugoni as'­

piró a coronar el marxismo con esa "idealidad" que es devoción y penacho común a toda la intelec­tualidad del 900. El ideal, las alas del ideal, la idealidad son expresiones que retornan constante­mente a su discurso y en las que se vierte cierto espiritualismo vago, a lo Romain Rolland, que intuye la esfera de los valores bajo una mixtura de racionalismo, vitalismo, idealismo y positivismo. al modo que era frecuente a principios de sigJo y como podría confirmarse con algunas declaracio­nes suyas sobre su formación intelectual (Marcha, n 9 1007). Aunque estas aseveraciones porten a veces un nítido contenido ético: es idealidad, por ejemplo, la reacción del hombre contra la miseria, parece más decisivo precisar que su noción de los bienes espirituales es esencial y cerradamente inma­nentista, psicológica; no es casual que aflore la imagen del cerebro cuando piense, intuitivamente, en su residencia.

La otra linea en la que Frugoni se separa, no sólo del marxismo sino también de los naciona­lismos revolucionarios de izquierda en el mundo j marginal, es en su afirmación de la democracia

v clásica y las fórmulas tradicionales de libertad política en cuanto valores incondicionados, fines en si mismos, en puridad supremos, ex•presión com­prensiva y profunda de los ideales más valederos de la humanidad. La lucha contra el capitalismo, sostiene en alguna ocasión, no debe conducirnos a restringir los ho1·izontes políticos del pueblo y aun­que acepte que ciertas concepciones de la demo­cracia no son las suyas, es su actüud permanente el rechazo de todo cambio social en el que se renuncie a la "democracia política".

No siempre es honesto llevar cada posición hasta sus últimas consecuencias, pero si se quiere!

comprender (incluso) la trayectoria vital de uno! de nuestros uruguayos más importantes y el sentido de algunas candentes disidencias de nuestros días, es imposible, en este punto, dejar de subrayar que . el pensamiento marxista de Frugoni pasa muy , lejos, (sin atención visible en él) de uno de los : ·elementos más admitidamente .fecundos, más fér- r tilmente empleados del marxismo: la "teoría de t:··. las ideologías'' y sus muchas consecuencias. Con , su aceptación inc-ondicionada de la democracia po- 1_

lítica liberal, Frugoni deja de lado todo lo que tiende a subrayar para un marxista -y aun para ·. quien no lo es- el carácter "relativo", 1'ideoló­gico" de cualquier fórmula poUtica que se dé en la historia, la probable condición de "máscara" (del capitalismo, de la sociedad atomizada, de la burguesía ascendente) que las formas canónicas de la democracia pueden poseer. Y, aunque en algún pasaje parezca intuirlo, también tiende a desco­nocer la' realidad del "poder latente" que tras el funcionamiento democrático se agazapa y la limi­tación efectiva,, y a veces cl?morosa, de las garan­tlas y derechos que ese funcionamiento, teórica­mente, propicia. Dicho esto, parece ocioso observar que en ningu·na página, de las muchas que escribió, aflora la noción de la "ambigüedad" y el "condi­cionamiento" de su efectivo ejercicio en un medio cultural y socio-económico dado, ·aunque pudiera observarse que esta noción ha sido perfilada de consuno entre el marxismo, el enfoque "realista" de la sociología y el pensamiento historicista de inclinación tradicional. Lo mismo puede rezar -aunque tampoco aparece en Frugoni- con la no­ción de lo "contraproducente" que w1a idealidad de positivo valor universal, si se la transplanrta a un medio dado, puede ser. Tampoco infirió el socia­lismo que Frugoni preconizaba, -lo que el alum­bramiento de conciencia de las colectividades sub­desarrolladas les ha permitido comprobar en su propio .pasado y en su misma dolorosa actualidad. La noción de la multiplicidad de partidos políticos, por ejemplo, fragmentando la unidad auténtica del querer popular, la "libertad ·de prensa" tal como es disfrutada por los seCtores ol,igárquicos y extra­naciona1es son hoy temas capitales de la especu­lación política que el pensamiento _frugoniano (pese a su previsible irrigación por el realismé marxista) no parece considerar importantes.

Esto rige "no sólo para las formas institucio-

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nales concretas de la democracia tradicional.-' no sólo para toda la cosmovlsión liberal-radical (cuyo carácter universa:, incondicinado ya se observó

f.l en él) sino aun para pos~ciones doctrinarias que, ~ .. !como el librecambismo, resultan hoy, de acuerdo [ a un parecer casi unánime, lo inverso a todo lo

.1

¡ recomendable para el crecim~ento efectivo de una 1 nación per:férica. Tampoco esto parece haberse im­

·J' puesto en el horizonte intelectual de Frugoni si se 1. leen sus calurosos elogios a Juan B. Justo y a 1¡ haber sido éste capaz de imponer el librecambio l, comercial en los congresos socialistas de Europa ¡f ante la divertida estupefacción de los propios corre­'· liglonarios de los países industriales.

Tal esquema ideológico, inserto cálidamente en las contingencias de la historia contemporánea, llevó a Frugoni, lejos de las posturas neutralistas de muchos marxistas de 1914 y 1939, a abrazar con auténtico entusiasmo la "causa aliada" en las dús guerras mundlales. Sálvo algunas atenuaciones: se­ñalar, por ejemplo, el carácter transitorio del .fascismo frente a la índole permanente de los imperialismos económicos y poiíticos que nos me­diatizan, .el tono emocional de sus discursos y adhe­siones en nada difiere del de otros sectores muy ajenos a su posición doctrinal; aquí, todavía, su soci-alismo humanista consiguió llevarle a pensar que, si las interrupciones de la efectividad de la democracia no se negOcian, la lucha contra la ser­vidumbre colon:al debía suspenderse por esos años o, por lo menos, atenuarse hasta la innocuidad.

De "tono emocional" se habló. Y ello es sobre­manera decisivo, porque se toca aquí una de las claves de su personalidad y una de las razones del amplio, simpático eco que ella ha tenido en hombres de varias generaciones que estaban sideralmente lejos de cualquier socialismo. Afectivamente, mu­cho más que al áspero, despadiado realismo del marxismo, Frugoni se inscribe en la cosmovisión, la ideologia del liberalismo democrático, radical, laico, racionalista, europeo, intelectual, del siglo XIX. Sus valores más entrañab·es son la Frater­nidad ilimitable, cuyo genio cantó, la Idea, la Jusw ticia, la Igualdad, la Libertad; sus visiones más ¡ cálidas, las de las Muchedumbres y el Futuro; sus tendencias más hondas, la postura antidictatorial

· · y la hostilidad al Poder; su anatema más autén­tico, al Despotismo; sus invocaciones más natura-les, a la Democracia, al Espíritu Humano, a la Hu~

manidad, a la Dignidad Humana. Su franco1'ília exaltada, aunque común en su generación, se ex­plica por ello, lo mismo que su devoción a Gari­baldi, a quien en Los Himnos le explicó: hoy se te insulta con feroz constancia/ porque nunca mediste la d:stancia/ cuando hay que luchar por la Jusiic:a. Coherente por igual con todo lo anterior es su hostilidad a las "formas sociales" a los aspectos ceremoniales de la vida y aun a todo lo que en un juiclo utilitario y raclona1 pueda ser considerado en la historia de incómoda supervivencia, anacró~ nica forma, fórmula arcaica, ceremonia absurda, según juzga en su librito sobre el Laborismo mu­chas instituciones británicas: la actitud que tal len­guaje revela contrasta abruptamente con la indife­renc·.a, veteada de nostalgia y jo displicencia que sue e ser la postura casi universal con que hoy se juzgan tales residuos. Coherentes son también el antimilitar:smo y sobre todo el anticlericalismo, que le hizo apoyar la Lección de México este aspecto fun­damental de la Revolución de 1910 y en La sensibi­lidad americana volverse con verdadera obses:ón a un· gongorismo neo-católico cuyos peligros le parecían muy graves y su amenaza inminente. Y to9.avía en 1944, en viaje a la U.R.S.S., a: pasar por Egipto, tejía urgidas reflexlones sobre la índole de las religiones como factores de disgregación nacional, rivalidad humana y estancam:ento sociaL

Todo lo anterior lleva a caracterizar el socialis­mo de Frugoni como el clásico socialismo que en las primeras décadas del siglo se dió en América con relativa abundancia: intelectual, universitario, doctoral, democrático, racionalista, economista, uni­versalista, pacífico, culto, urbano. . . Los adjetivos son suficientemente identif:cadores. También lo es la admiración incondicionada, la _afirmación de su calid:f<l de modelos de los líderes socialistas euro~ peos. fueran ellos Labriola o Turatti, Vandervelde o Blum, Ernest Bevin o Cripps, y sobre todo, Jean Jaures, del que cantó que hizo de la tribuna/ la cátedra sagrada de la Revolución. Similar ha sido tamb:én la actitud de Frugoni ante los dirigentes! soclal:stas argentinos más importantes (sobre todo la trinidad Justo, Repetto, Palacios), de cuya apro- ·, bación y solidaridad siempre pareció expectante ' y con cuya línea, casi invariablemente, se consustan- ?¡ ció. En este cordial transporte de identificación \1, con quienes, más acá o más allá del océano sentia \( afines, Frugoni parece haber sido totalmente aieno f¡

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a la noc1on de los lazos, imponderables pero deci­sivos que entre los socialismos europeos y los

! 1 Estados respectivos (con todo el lastre de la polí­tica de Poder) existieron y existen. También (y podría darse por descontado) a la tesis del "so­borno del proletariado" de las naciones imperiales y a sus fundamentales consecuencias.

Este no tener en cuenta la ambigüedad de las ideologías -inc1uso la del propio socialismo- en las potencias imperialistas; su última inspiración en erl democratismo romántico y universalista; otros. rasgos que ·enseguida se traerán a colación; el carácter esencialmente inmigratorio que el re­clutamiento de su partido asumiría, su propia ac­titud ante lo criollo, el enfoque europeísta de su fuerza pplítica lo llevaron, lógica y mancomuna­damente, a ~-~?.!!2~~e;s_.Q~IJJ~~O§~~_Qf_ar _li!~~::,­tancia que el nacion_l!.hsmo, lá fuerza ere u_na -"per­sonanaa:a-nac10ñar' (CfísCi:itiOie-err·sr...:.~ro-psTco­~~~ --érecrr~~aSl:Ní~~~:~ .. asuminan eñeSta segun~guerra mundi_al:--Bn flagrante 1 1 en a --ey-·~-80 de esta selección, :producto de otra generac10n socia­lista, se estampa, es notoria la escasa significación que el pensamiento de Frugoni concede a aquellas fuerzas como factores eficacísimos en la lucha con­tra la humillación y la servidumbre colonia1: un texto, incluso, de 1941 lo muestra ajeno a la pre­visión del peso que en la India, ese nacionalismo tendría en la descomposición del más potente im­·perio colonial de la historia. De esta manera, siem~ pre que en sus páginas se mencionan tradición o entidad nacionales, es trañsparente que ve en ellas las trabas que pueden signi-ficar a la deseada ma­leabilidad de las sociedades pero nunca, en cambio, su potencia defensiva contra toda mediatización, su :poder de vertebración y de protesta contra la aceptación resignada del infradesarroHo y la mar­ginalidad. Puede decirse, para cerrar esta obser­vación, que J:la sicM&-~.l~~clis,!JnguJE_.;~~~Ln~:­.~@~®~~ni~'ª-4§.J.il~~ncias E;~.mayores _ ___y_gJ, __ nac1_on~~~.ª-1~~ ._munQQ . ..$~~ ;gue lleyó a FI_.ugonLa-tgLJ?.~~: tw_-{1... Y, en forñí8.'Siñillar, ·cabría aptlntar los efectos de concebir las "tradicion'es" nacionales (la costra de la tradición, los intereses creados, el tradiciona~ lismo nacional que es mejor que no exista entre nosotros) impostadas exclusivamente del contenido

l

clasista, duro, militar que es sólo uno de sUs ava­tares posibles ..

Podría decirse, empero (y hay numerosos pa­sajes para abonarlo), que eventualmente reconoció la importancia temporal de los ingredientes nacio­nales y anticOloniales respecto al de la lucha de clases; podría recordarse que encomió el naciona­lismo sano de Alfredo L. Palacios, caracterizado para él, tanto por la postura defensiva como por una legítima efusión sentimental, romántica, histo­ricista. Lo sustancial de su actitud, sin embargo, es el rechazo del nacionalismo estrecho y furioso 1

la adhesión a un humanitarismo sin fronteras co­nexo con la afirmación del carácter esencialmente "cosmopolita", "internacional" de América (dos términos, que con el d'e "universal", también, ten­dió a confundir en su adhesión). El cosmopolitismo de América, -"melting pot", formada por mil apor­tes, continente en el que todo (hasta el caballo) es extranjero y donde el término "autóctono" casi no tiene sentido, ámbi-to espacial en el que todo lo universal tiene hogar y resonancia-, le llevaron asi a su característica conciliación del localismo humanista como lema de la labor cultural ameri­cana, mixtura o imbricación de internacionalismo y criollismo, en el que tendería a sentirse (y con él sus productos poéticos posteriores a 1925) progra­máticamente cómodo.

Aceptando, como se apuntaba, la noción de "clase", se prom,mcia contra el espíritu clasista es­trecho y sostiene que la lucha de clases se conti­núa (hay que pesar el término) en una apacigua­dora tregua o en la transacción.

Su anticomunismo (aun rastreable en el libro

l. perspicaz y cordial hacia la socied.ad soviética y el ( país ruso que es La esfinge roja) se babia acen­

' !' · tu a do tras ese Pacto germano-soviético de 1939 ~ ,' que cambió el rumbo de tantas conductas políticas.

( Pero no se enfeudan a la pura contingencia inter-nacional las razones de tal rechazo. Unas razones entre las que se alínean su disidencia de la táctica revolucionaria y su fe evolucionista, su adhesión (sin retaceos ni relativismos) a la democracia p-o'­lítica liberal, su repulsa al totalitarismo y a la dictadura burocrática estatal sin libertades polí­ticas y civiles, su decidida marginalidad a toda dogmatización de la doctrina marxista. Sólo a todo este rol básico, debe sumarse entonces el impacto emocional del convenio de no-agresión de 1939¡

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aun dos años tras este eventO, supuso que Hitler abrazaría el comunismo puesto que en la Alemania posterior a 1933 no exi..."ltía más propiedad ni más capital que el del Estado.

Las circunstancias del 9d0 decidirían que el socialismo que promovió Frugoni, así como el que se originó en la Argentina en condiciones muy siffii­lares, resultara inicial y prácticamente confinado a los núcleos obreros inmigrator:os ~llegados a nuestra tierra con una previa conciencia de clase~ y al ambiente de la ciudad-capital en que esos núcleos, en proporción abrumadora, se afincaron. Todo el pensamiento de Frugoni muestra acen­tuada simpatía por esos contingentes, cuya positi­vidad, reiteradamente, destacó. "Socialismo por­tuario" se le llamó después, con intención peyora­tiva, a su semejante argentino, un socialismo que por largo tiempo tendría que contentarse con otear desde la factoría costera ~con curiosidad, con desprec~o. con hostilidad, con nostalgia, con piedad entreveradas~ el 'thinterland" hosco, ajeno, casi impenetrable, que más allá se extendía. La cues­tión de la "ajenidad" del socialismo, subrayada tempranamente por sus adversario.:; y que alguno -de sus textos, aquí recogido, explana, el tema de su "extranjerismo" preocupó también a Frugoni. Como en ese texto se ve, su argumentación puede reducirse a dos puntos: 1) de que "todo" en Am~­rica es "extranjero"; 2) de que al responder a neces:dades "universales", también aquí (o allá) el socialismo puede encontrar su ámbito de desarrollo. .!!EER§_;}tl~ .!:.ttGQ!_lQ.fgr-::-·IC.JLlQJ.ll!fl, m~~-2-<llªdiJ::!_f!_t~lg"ª~~. en musual_ . .fl.!U.Ci.on_ de Críticos) __ qlJe no eOncipe su ,i!l?Yún!ffi(O"P.QJ~lifó:sJt~t~J:~<sUSC!_t_~~-jJDr~']i.jiiiJ~ J) ~!.~a~iª=-"~~C2EQQ.J2_ªr~e--_ij_~~j-~.!:Á9.-ª--ta::ytt~~ida~ ~~:UJl~-\l~IgJ;'Jt __ q.~~-~JJ.Q¿) ____ ~ m~o ·-t:n:~r.:ª'~-tl}!:g -~ac~Jt-ª~~-: ~ aut_g¡:Jzª_t:;lJi:=»-ºI.._~!la ~eJg~críQ~ ·A este proposito, y aunque las razónes---nel Jtaliano no fueran dema­siado contundentes, puede ser ilustrativo recorrer ia famosa polémica de 1909 entre Enrien Ferri y Juan B. Justo (con quien Frugoni apareció pos­teriOrmente identificándose en forma total).

Con esta conciencia inicial de una cierta en­quistación, resulta coherente el sello educador, cí­vico, moralizador con que el socialismo tendería aquí a presentarse y que Frugoni, entre otros, contribuyó a imprimir. En la perspectiva de los años, es muy visible que creyó hondamente en la efectividad de la persistencia de esta labor (en la

1 l 1

1

1

que incluso el juego y los deportes fUeron juzgados, ccñudamcnte, como frivolidades diversionistas), en el seguro crecimiento de las densidades de desinte~ rés personal, responsabilidad y lucidez con que el pueblo (y sobre todo la colectividad electora) acos~ tumbraba a conducirse.

l,; Sobre esta esperanza, Frugoni organizó un !~,\ 1 partido hom*ogéneo, muy perfilado ideológicamente, !!¡\ cuidadoso de la austera conducta de sus afiliados, (J misiona~ y docente, fundado en las ideas e intereses ll de clase considerados legítimos, respetuoso de las

\\\ reglas de la democracia política. Pudie,~_~q).g¡.~ )

1

: ~yQ.,J:!~.J-~_t¿:o~j;lón_,.,_d.e__~E.®~=--_,flg.!LgD~Um...: ,{

1 ·~_--Iftq.29§JJos ~Y~-.J!b~]~_.---Q~_s~mLaban c~!L-Jrrl

\~ ·progreso _.é.Qco indefi.ni~no pr~l_er0nlal.f.J!.~9-Jlª

\

1'cr1s1s -mor~o-~if~ue, cOTI.la ·Uis~wción , ~pa-trlriión:o l1eredo_:::C~ T~ ten].lS¡,

\1 ·~y(ábihaad~ITlQ!:ales ras.!onar~~ ¡: "Socillies vería . eT"."JiGoC§ª-.~--· vece~_!')~

~ ~-ª-@lideS étíc()::!~ect~.e c!!X.Q_uVo~~ mento, tan aTegremen'f~ se_~·-Pero aun re~ SUl"fit'ifiei10SdfSCUtilné QUe eSta téntativa de ra-

1~ cionalización y moralización del electorado tampoco

~¡ previó el fenómeno de la "sociedad de masas" ni

la formidable fuerza simpl_ificadora y puerilizadora \ de sus "rnass media", de los instrumentos téc­

nicos de propaganda y coacción psicológica. Ni de

l que esta fuerza, as:mismo, estaría (en propot"éón . abrumadora) en poses:ón de aquellos que más se

sentirían amenazados_ en sus privilegios por un in~

1·~ cremento sustancial de ese voto desinteresado, ra~

cional, informado, fiel a confesab ·es intereses gene~

\

rales que aquella empresa propugnaba. Y todavía, \\ para sumar a tantas cosas salteadas, no contó con 1! la reacción, casi siempre displicente, a veces burlona \ que el tono (·inevitablemente superior y esporádi~

¡'(:: camente pedante) de esta tentativa de moraliza­ll ción tendería a suscitar en anchos sectores de po­¡11 tencial electorado.

Tal vez no sea todavía la hora para apreciar en qué medida tal estilo político contribuyó a me­jorar las costumbres cívicas nacionales pero (al margen de una polém:ca muy viva en estos días), parece indudable que él fortaleció las tendencia..:: a constituir una agrupación política relativamente enclaustrada en sí m:sma, ombliguísticamente su­ficiente, puritanamente desabrida a todo contacto con los impuros y aun ·con los distintos, nutrida en buena parte por personas que hacían de su voto

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un testimonio de su conciencia limpia, de sus bue­'nos deseos, de su superioridad mehtal pero -tam­bién- muy conscientes de la inefectividad inme­

. diata de sus voluntades, postergando para un futuro -convenientemente reculado, ·hasta e1 que nada nuevo acaeceria adversamente, en el que ningún Contexto atentaría contra el crecimiento milimé­trico, pero :inexorable- toda posilil'e encarnaciór: histórica de los ideales profesados, toda eventual irrupción. en e1 medio de las fuerzas decisivas entre las que el Poder -y su tremendo impa.cto en el destino de los hombres- se juega.

Lógico es entonces ese desdén hacia la "política criolla", siempie nombrada peyorativamente en páginas de Frugoni como indigna, subalterna, sensual, frívo-la, marcada por el fra,ude, la corrup­ción, la demagogia y la venalidad, caracterizada . por la vaguedad y la heterogeneig.ad ideo1ógicas, por la explotación de los intereses personales más ilegítimos, por el "espíritu de apuesta", la inmo­ra'lidad, el caudillaje y las viejas idolatrías, el fanatismO, el tradicionalismo irracional. . . Ante tan persistente vena de dicterios; siempre antité­ticainente dispuesta a correr cuando propugnaba su propio estilo cívico, el juicio se encuentra em­barazado para distinguir entre lo que puede valer como rechazo de las efectivas taras de la política denostada y la retracción ante toda factual "polí­tica", sin adjetivos, en cuanto técnica de conduc­ción de hombres, en cuanto manejo de intereses, de pasiones y de fuerzas. Y digase, ·de nuevo, como espectadores comprometidos en lo que se expone, que el fracaso de las vías que idearon para salir de todo este cuadro táctico los militantes socialis­tas de la última promoción no altera la realidad de tan evidente r embarazante ambigüedad.

Universalista, intele"Ctualista, doctrinario, ge­nérico, no suscitado sino meramente facultado (se decía) por la realidad nacion'al e hispanoameri­cana el socialismo de Frugoni las contempla con sendmiento& que se mueven entre la piedad y la denigración, la conmiseración y el desprecio. Esto se hace más patente con todo el sector de nuestro mundo extra-urbano y una cuidadosa tabula'ción de términos ----'qUe aquí no puede realizarse- lo confirmaría. Pero ese rebrotar de expresiones como las ignorantes multitudes criollas, ·los bárbaros ado­radores de- la rutina, la plebe gaucha, el prole­tariado ignorante y sumiso y muchas otras seme-

jantes es suficientemenfu' ílustrativa de hasta qué· punto es .fiel aquí Frugoni -sin el menor barrunto de otro orbe de valores- a su perspectiva intelec­tualista, dinamista, individualista, racion~lista, inma­nentista ... , a su mentalidad, en suma, de socia­lista liberal, de alta clase media, intelectual, "mo­derno". Ciertos trazos profundos de la psicología criolla (término que, deeí'a, usa peyorativamente), ciertos ingredientes, tal vez puramente normativos, pero muy actuantes, de un cierto "arquetipo na­cional" de vigencia borrosa pero muy tenaz, es inevitable así que se le escapen y entre ellos todos los que giran en torno a la intuición y la fe, todos los atinentes a la "conformidad" y a la contempla­ción, todos los que tienen que ver con el valor de fidelidad y relación personalizada, todos los que se imantan hacia la necesidad de tJt,scendencia y de absoluto .

Servando Cuadro (justamente un hombre en quien la vivencia de ellos fue tan poderosa) ha señalado que su celebrado poema sobre La Décima (en Los Himnos) no rectifica esta alegada inco­municación, esta ajenidad y, en verdad, si se exa­mina su texto sólo se encontrarán en él alusi'J­nes a las guerras de la Revolución y pasajes sen­timentales y e-vocativos. Puede parecer minucia excesiva señalar que, hablando de Artigas, men­cione a la quinta línea al gran Jaurés pero nn lo es segurarriente observar que el mismo tema del ca­bailo, muy reiterado en su poesía y en su oratoria sea, tal vez más que una muestra forzada de uru­guayjsmo, una demostración de que lo que parece más criollo sea rotundamente europeo. ·

En geneÍ-al, tanto sus ideas sobre el pasado como sobre el presente están impostadas por tal actitud. Esto no quiere decir, es natural, que en la int-eligencia cálida y sensible que Frugoni es, no se hallen presentes los temas cardinales de la rea­lidad continental: el imperialiSmo, '€1 latifundio, las oligarquías venales y rapaces. Son, sin embargo, las expresiones políticas más típicas (pero también, a veces, más equívocas) de lo hispanoamericano las q.ue han atraído su condenación con más fuerza: el militarismo, el totalitarismo nativo, la tradicio­nal dictadura criolla, .esa especie de facismo 'a.meR ricano sin doctrina, de instinto cerril y .concupis­cencia seilvática y sus múltiples avatares.

Si, a todo lo ancho, se examina el sentido de la obra ensayística y política de Frugoni, parecería

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que el verbo "empenachar" -úsese sin el menor matiz peyorativo·.......- fuera el que lo cifrara mejor. Em­penachar de justicia social y generosidad huma­nitaria las duras estructuras del liberalismo y la democracia política Capitalista; empenachar de "idealidad" el marxismo y, más genéricamente, el orbe de lo económico, lo material, lo positivo. Como lb dijo alguna vez, no cree que el ideal smo liberal sea incompatible con una poHtica realiSta y econo­mista Y, en verdad, lo más hondo de su esfuerzo 'Podría diagnosticarse en un acortar d:stancias entre las dos grandes vigencias de sus años de formac):)n: el idealismo cultural de la generación rodoniana y el insuTgente, áspero realismo ecOnómico que las contrad:cciones del Viejo Mundo comenzaban a ins­taurar. En esto se emparenta Frugoni con otros im-

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portantes autores del 900 uruguayo y con Rodó, Rey-1:'es y Figari en ese reservar la última instancia (el

\ "ideal", el primero; la "voluntad de conciencia", el segundo; la tarea "ideadora", el tercero) a una idealidad que los tres concebían distinta pero con-vergían en colocar sobre fundamento positivo, bio­lógico, material. Y si a Rodó -que también fue su maestro, además de prologu'sta- se le compara, sus soluciones tienen el mismo aire conciliador, ecléctico, optimista, integrador, ya enfrente las anti­nomias de democracia y selección humanista, ya las de internacionau'smo y localismo, ya las de cosmopolitismo y autenticidad, ya las de determi­nismo e·conómico y responsabilidad moral.

No puede dejarse de observar (cerrando esta noticia demasiado larga) que al darle al socia­lismo este carácter democrático-liberal y doctri­narip, al dejarle al futuro lejano, a la educación, el cumplimiento de "los sueños de justicia", el so­cialismo, o más concretamente Frugoni, no cortó sus vínculos con el sector culto, doctoral, de los ¡políticos del régimen social uruguayo, que vieron en él una figura díscola, original, inconfortab1emente idealista en ocasiones y excesivamente agresiva e!ll otras, pero últimamente confiable y respetable y capaz de completar, en térm~nos de gran dignidad y aptitud de diálogo, el panorama político nacio­nal. Si a esto se agrega que el socialismo que Frugoni representa ejerció la central de su im~ pacto sobre los medios obreros y los sectores de la pequeña burguesía dominados por ·el batllismo (en forma similar a Cómo el socialismo argentino actuó entre aquellos de dominante fidelidad ra-

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di cal): si esto se agrega, es factible comprender el permanente encomio que (sobre todo con poste~ rioridad a 1933), la personalidad de Frugoni ha s!do objeto por algunos periódicos muy representativos del Rég.men uruguayo. Un encom'o que convirtió una figura política partldal:-':a (los otros aspectos de su personalidad no lo requerían) en figura po­lítica nacional. No debería tomarse por inadmisible dureza sino estricta objetividad la reflexión de que si ~a efectividad -Y ¿por qué no?- la peligro­sidad. de una persona o una causa se mide por_ la hostilidad que- desp~ertan en aquellos sectores ame­nazados por ellas en sus intereses, no es una corro­boración favorable de la eficacia de la acción de Frugoni la devoción (contrástense ese tono y el irrwreso a las referencias a algún qtro autor d.e._ esta selecc~ón) despertada por su flgttra entre lo~ voceros de esas fuerzas. •

Dicho esto, destácase que ello va s:n mengua de la adhesión que puede ganar la rara dignidad de su conducta cívica, del interés que .despierta su condición de testigo elocuente, límpido, de todas las dramáticas contradicciones que en torno a su pen­samiento· se ha creído del caso examinar.

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ll [Lo material, lo lo espiritual]

, . economico y

Las manifestaciones y relaciones económicas -factor' histórico fundamental____: son { ... ) los procedimientos y actividades por los cuales los .iniembros de una sociedad producen sus medios de vida; procedimientos y actividades en cuya génesis figura naturalmente el espiritu de acuerdo con una preexistente contextura humana, cerebral o mental, que no es toda obra del simple influjo económico. No debe_ confundirse, por tanto, lo material con lo económico, ni en tal confusión incurren Marx y Engels al denominar materialismo histó­rico a su aplicación a la historia del materialismo dialéctico. El tér­mino materialismo adquiere en esa teoría su verdadero sentido, o mejor, se aclara todo el sentido de ese término cuando se le contra~ pone al idealismo de la filosofía alemana. Nadie sostiene que todos los hechos económicos sean de un carácter exclusivamente físico o material, por más que las relaciones económicas tengan un contenido utilitario. El sociólogo Ward afirmaba con razón { ... ) que la econo­mía es algo exclusivamente intelectual, racional, reflexiva y supone un alto grado de inteligencia, de industria, de previsión. Por su parte Roberty afirmaba que si bien el acto económico es el más simple de los actos sociales, en cambio el hecho económico es uno de los fenómenos más complejos de la sociedad,

Por eso tiene mucha razón Seligman cuando dice en un libro por todos conocido: "Si por materialismo entendemos una negación del poder de las fuerzas espirituales de la humanidad, la interpreta~ ción económica de la historia no es materialista. Pero si por interpre­~ación económica entendemos que las mismas fuerzas éticas son esen­cialmente sociales en su origen y están ampliamente condicionadas en su esfera actual de acción por las relaciones económicas de la sociedad, no hay un antagonismo real entre la vida económica y la vida ética" ( ... )

Y .también está en lo cierto De Greef { ... ) cuando dice que "lo

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no es sólo el orden de la producción y del consumo_ consi-. de una manera abstracta y exclusiva, porque tal orden se

refiere a los hombres, los cuales no son sólo seres de vida fi_siológic~, sinO de' alma o psiquis, que se refleja con todas sus compleJaS cuah~: darles en todas las manifestaciones de la vida".

Pero no se puede acusar a Marx de haberlo olvidado. Ni se- le debe creer adscripto a la abstracción del homus economicus de los' economistas clásicos.

El hombre integral no desaparece, sin duda, de la visión histórica de quien escribe lo siguiente: "La técnica en sus progresos ~onstantes tevela la actitud vital del hombre frente a la naturaleza, al rgual·que· el ploccso inmediato de la producción, _de las condiciones· colectivas: de ésta y de las representaciones intelectuales que de ella se· derivan'\'

Ni puede entenderlo tampoco de otro modo quien diCe ~u e_ "fa~ formas d~ producción corresponden. a un grado de desarrollo -~~ los hombres y de sus energías económicas''-. Estas energías económicas de. los hombres cuya transformación engendra necesariamente una. trans.; formación ~n aquellas formas, no son por cierto ajenas; a la intéli­gep_cia, a la voluntad, al espíritu y a la sensibilidad del hombre, en-. una palabra, _a la psiquis, comO ·diría de Greef.

Lo que hay es que ~1 papel del espíritu Y. ·de la men~.e ·humana no aparece en es.a parte dCI su doctrina como el de un, d~rector aut~norrio ~ ele esas evoluciones históricas, sino como el de un elemento que l!lfluye. por vía generalmente impremeditada, de fines imprevistos, sobre _la. evo~. lución de la vida social, la cual _sigue caminos impuestos P?r el resorte in_terno de sus propias fuerzas productoras y de los confhctos. en que, estas se van encontrando con las formas eco~ómicas, jurídic<}S y so_-, ciales preexistentes. El hombre actúa en el plano de_lQs hech,os}!.co.~ó-: micos obligado por sus necesidades y por las necesidades eq:m6m1cas, de la sociedad; en ese plano acumula fuerzas materiales de pr<?d,ucci~n; inventa procedimientos técnicos; descubre energías propulsoras; aphca su inteligencia al hallazgo de nuevos. métodos de trabajo; organiza la: producción según los principios que mejor responden a sus . intere&C$. o a las nuevas exigencias colectivas, He ahí que sip. proponérse~o, va. haciendo la historia, no sólo la historia industrial o econórni~a, -~i1_1o; toda la historia, porque va disponiendo, acumulando o movie!].dO los, elementos que constituyen la _ estru.ctura básica sobre ~a cual, se le­vantan los otros pisos. del edificio social y de la cual de~e~de, asim~smo¡ en último análisis, la atmósfera de la conciencia socml. El. _hombre: obra como un agente de fuerzas sociales e históricas que se ·.refl.ejan en su conciencia, que lo moldean bajo su presión inesquivable:; _pero: es un rodaje del progreso o de la reacción, que se .agita en 1~· zona, grande o pequeña, de su- vida, mayido. l).O solamente por ap,eíi:to~ gro-.

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seros, sino a- ·rrie'ni.tdo pOr ·nobles ·y elevados sentimientos. Y cuando cont~ ibuy.c de alguna m;:mcra a modificar mUcho o poco las condiciones del. 'núcleó' central de la sociedad, del modo de producción y de cam­bio· a traVés· dé los medios de producir y cambiar, con el aporte de su trabajo o de su iniciativa inteligente o de su hallazgo genial, pone 1¡:~. manq: sobre el- mecanismo que hace marchar desde el fondo de la vida. sOcial la historia humana, aunque no pueda advertir la reper­cusión de su acto más allá del 1 educido espacio de intereses o nece­sid<ides en que él se produce para sumarse por encima de ese espacio ffiismo a infinitos impulsos o ademanes análogos. No cabe, pues_ al rhenos pOr ahora, hablar de una acción autónoma del espíritu humano s_Obre el escenario de la historia, para regir su curso, desde una altura Óiímpica que lo coloca por encima de influjos extraños, dominando a las fuerzas materiales de la vida social en vez de ser dominado -y áun más- que dominado- creado en gran parte por ellas. . Comprendo lo desagradable que esta manera de ver resulta a

quienes entienden que se afecta la dignidad humana cuando no se le ieconoce al hombre una perfecta autonomía e independencia en el mundo social, que existe por él y pa~a él. La sociedad humana es CoSa· del hombre y para el hombre, ¿cómo no ha de ser él, con su voluntad, con su inteligencia, con su conciencia quien la organice según aspiraciones y designios intrínsecos, que sean también cosa suya. origi­nalmente- -suya? ¿Cómo admitir que fuerzas extrañas a la conciencia del hombre, no siendo la de D.os, le impongan su norma, labren cauce a sus acciones y le marquen ineluctablcmente su destino? Esa Concepción, pa1 cce, a simple vista, humillante. Desde luego, más humilla la intervención de una voluntad sobrenatural que la del factor .ecOnómico, que es una creación, una prolongación del hombre mismo. Y no solamente del homus economicus sino también de la ciencia espe­Culativa -y del ingenio desinteresado. Yo diría, que en todo caso más apropiado sería calificarla de humilde. Cuando más, abate el falso Orgullo del hombre, aunque no precisamente del hombre sino más bien dicho del individuo humano, corno antes lo habían abatido las tCO;fa-s científicas que lo sacaron del centro del universo para obli­garlo a entrar en las filas del reino animal y hacerlo compartir con lbs seres irracionales ascendencias oscuras. Como lo abatiera el deter­rriinismo positivista que le negó la libertad filosófica de decisión y de iridifercncia. Como lo abate la hipótesis biológica que hace del harn­bi·e y de la sensación ti ófica, el primer eslabón del concimiento y de 13. inteligencia humana.

Al- ~enOs el materialisino histórico trae una compensación. Apea a] hérOe individual de su_ pedestal de magnífico forjador supremo y espontáneO de los acontecimientos históricos; pero en cambio eleva á:'la: fUnción de colaborador más o menos eficiente en la obra de

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·caminos al paso de la hUmanidad o de impulsarla en alguná dfrécción de su vida, al modesto, al obscuro, al insignificante ciuda~ dano que· gana el pan de cada día con _el sudor de su frente ~omo •parte. integrante de la enorme masa trabaJadora y como. ~al contnbuye a poner en movimiento la pesada r~cda de la produccwn,. -tras ~e la cual marcha toda la vida de la sociedad, aun en sus mamfestacwnes más brillantes e ideales. Este es- el hondo sentido democrático de esta teoría. Y de aquí m ranca sin duda el elemento dinámico que la inte~ gra, en cuanto quiere ser no sólo una explicación de la historia, sino asimismo una incitación a realizarla,

''Ensayos sobre Marxismo", págs. 78-86.

12 [América y Europa]

La guerra mundial ha acentuado en el espíritu de las generaciones americanas una ambición de autonomía culturál que obedece al horror inf~ndido por la trágica evidencia de los errores de Europa, nuestra madre y tutora intelectual. El caos sangriento nos puso frente a la comprobación horrenda de los extravíos de una civilización bajo cuyos signos y ascendientes ha ido surgiendo la de estas sociedades americanas_ hijas suyas y, más que discípulas, remedos balbucientes. Fue como si el maestro revelara de golpe su inferioridad mo: al y mental ante el alumno. El prestigio de su superioridad civil, de se­rena cordura y sólida sabiduría que se reforzaba para el concepto de las generaciones de nuestro continente con el aire despectivo y burlón que Europa dedicaba al comentario de nuestras pendencias políticaS y de nuestra accidentada vida institucional, se derrumbaba -con estré­pito. Y se hundía luego muchas brazadas bajo tierra ante ~1 ejemplo poco edificante de las situaciones de fuerza y oprobio enseñoreadas de viejas naciones europeas y ante la exaltación difundida de una mentalidad pública dominada por los peo:es prejuicios y las más torpes supersticiones. Se- vió clara entonces la necesidad de no incurrir en los vicios de pensamiento y de pasión que enceguecen a los pueblos del viejo mundo. Comprendimos que debíamos defendernos del influjo de cie11os contagios mentales y de ciertas imitaciones funestas. Hoy vemos bien que no todo lo que Europa da de sí puede sernas apro~ vechable. Esto es, por otra parte, lo que nos enseñan grandes espí­ritus europeos que se han asomado a abarcar en toda su angustiosa

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enorinidad la :ibei'nición contemporánea de Europa. "Se ha temido a Europa -esáibe Coudenhove-Kalergi- hoy se la compadece". <Paul- Valery en "La Crisis del Espíritu"; Demangeon en "La Deca­d.encia' de Eúropa", y el mismo Spengler en su tan mentada "Deca­denda··de Occidente", nos muestran males ·de Europa de que Europa 'Conseguirá· corarse- -tengo fe en ello- pero de cuya contaminación ·debe cuidarse el continente americano o cuyo advenimiento debe ··eVitar eludiendo adquirirlos en el curso natural de su crecimiento ·histórico. La selección de los frutos de Europa se impone a nuestro criterio, y torpeza grande sería no apartar- lo bueno de lo malo, para rechazar lo que ha de sernos nocivo y recoger lo que ha de sernas vital y a veces salvador. Digo salvador porque todavía de allá ha de venirnos -"quand meme" !- la lección necesaria. El discer­nimiento que ha de guiar nuestros pasos no puede confundirse con un engreimiento capaz de hacernos creer superiores a Europa por­que podemos señalarle gravisimos defectos. Nosotros también. los tenemos, sin haber llegado a la cumbre donde ella asienta su planta de siglos. Y ante males que entre nosotros amenazan tomar cuerpo y transformarse en crónicos -como aquellas rivalidades nacionalis­ta~ de que he hablado~ son todavía soluciones sUgeridas por el genio de Europa las que nos hacen falta para combatir y eliminar .esos males: la visión de una política .de democracia social, una so­ciedad de naciones, un internacionalismo de pueblos, tendencias que .allá pugnan por incorporarse a los hechos en una pugna obstinada contra fuerzas tremendas y oscuras cuyo imperio se siente vacilar

.. Y. crugir por todas partes. Y el deber de América consiste, precisa~ mente, en asociarse a aquellas tendencias; en recoger el soplo de renov.ación que las anima para no reproducir el IÚundo viejo con sus viejas enfer'medades. América debe ser el filtro de Em:opa. Debe ,europeizarse sin europeizarse demasiado. "Si nuestra América no ha de ser sino una prolongación de Europa -vuelvo a citar a Henrí­quez Ureña-, si lo único que haCemos es ofrecer suelo nuevo a la explotación del hombre por el hombre (y por desgracia esa es hasta ahora nuestra única. realidad), si no nos decidimos a que ésta sea la tierra de promisión para la humanidad cansada de buscarla en todos los climas, no tendremos justificación" (La Patria de la Jus-. ticia). Tenemos la ventaja de no sentirnos atados por la tradición. ·Esto nos permitiría movernos con desenvoltura hacia todos los hori­zontes. El pasado, que en Europa es una fuerza histórica, una fatali­dad decisiva, en América se confunde con el presente. Es muy breve la perspectiva que nos queda a la espalda en relación con el infinito de· posibilidades que se tiende ante nuestros ojos. Siglos de civili­zación, de gloria, de grandeza) de tempestades y de luchas forman

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el pasado de Europa y se yerguen en su memoria y en su espiritu como númenes poderosos. Nuestro destino no arraiga tanto ·en el pasado. Nos debemos mucho más al porvenir, El futuro .tiene más ascendiente so"Qre nuestra vida que la vida pretérita. Por eso en Europa "l'esprit de suite", el sentido de continuidad, la norma de conservación, rigen todo el desenvolvimiento de la existencia indivi~ dual y cOlectiva. En América tiene más fuerza el sentimiento del porvenir, el anhelo de abrir horizontes, el afán de lo nuevo. Es tan poco todavia lo que le debemos al pasado, que toda nuestra fe des­cansa en lo porvenir. Nada vale nuestro recuerdo en comparación con nuestra esperanza.

He ahí una característica diferencia de posición espiritual que no debe ser. estéril para el arte. Este no puede mostrarse mudo para la eXpresión de ese distingo, sino que ha de condecir con esa postura tan a.merican~ de la men~alidad y del sentimiento, a no ser que por una mconceb1ble aberraciÓn se esfuerce en mantener su servilismo ante el modelo europeo hasta el punto de reflejar una naturaleza psiquica y mental radicalmente contraria a la nuestra ( •.. ).

Además, -y esto es cosa que pasa directamente a la creación artistica-, tiene razón el peruano Gálvez cuando dice que "en Eu~ ropa el instante es de estilización, mientras que en América es de ebullición fecunda, de actividad informe y creadora, de sacudimiento volcánico. En América no se ha cerrado aún el período épico". Fi~ nalmcnte, la confraternidad de las razas que aquí Cumple una misi6n histórica esencial para los destinos nacionales, es sentimiento que el americano alienta sin esfuerzo, porque vivimos cada vez más ·en. un ambiente de cosmopolitismo donde todas las diferencias étnicas con~ viven sin repelerse y tendiendo a armonizarse en la fusión creadOra de una raza futura. El sentimiento de solidaridad superracial y de internacionalismo surge, pues, como una emanación espontánea .y g_enuina del medio social y étnico del continente. Un sentimiento de estrecho nacionalismo y de rivalidades raciales es, entre nosotros cuando no instintiva reacción del criollo oprimido contra los explo~ tadores extranjeros, resabio contranatural heredado de quienes lle­gan de otras regiones con ese morbo virulento, y a menudo fruto venenoso de educaciones tendenciosas impartidas con torpes obje­tivos de política intern~. Pero nunca ha de ser impulso espontáneo y. congénito del corazón de estos pueblos abiertos a la compenetración de todos los pueblos de la tierra.

El fervor de hQspitalidad e internacionalismo ~s un clima sen­timental propio de paises cuyo destino es, por ·así decirlo, hospitala~ rio; y cuya suerte se apoya por entero en la solidaridad humana.

La disposición "humanista" es otro rasgo inherente a la men-

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ta1idad americana. De ésta _ya se ha dicho que se define por su amor al porvenir, su impulso de confraternidad universal y su posición internacionalista.

Y así definida e individualizada ha de entrar como un viento animador en la selva del arte continental.

"La Sensibilidad Americana" págs. 23·28.

13 [Sobre la a jenidad del socialismo]

Levantar en estas regiones la fábrica de una organización de los trabajadores para la lucha por el socialismo, no es, como se ha pretendido tantas veces, trasplantar una ideología europea para que aliente .con su exotismo de invernáculo entre los elementos naturales de- la vida criolla.

Desde luego, siempre me ha parecido pueril el reparo . opuesto por ciertos adversarios chauvinistas del socialismo a su cahdad de cosa· extranjera,- importada, que no habría podido, según ellos, nacer espontáneamente en estas tierras de América. ~arque el ~ocialismo en cuanto movimiento y acción de la clase trabajado: a hac1a la con~ quista de condiciones- sociales que respondan a las necesidades mate~ riales y morales del proletariado. si bien no fue por cierto invención a:rgentina ni americana, es efecto y producto natural, inevitable, de condiciones históricas que aquí existían y existen como en las sacie..; dades del viejo mundo. El movimiento socialista es un fenómeno correlativo al desanollo histórico de las sociedades capitalistas. Y cuando decimos que el doctor Justo es el padre del movimiento so~ rialista en la Argentina no decimos con ello que el socialismo de_ aquí ha salido armado de todas armas de su cabeza, como Miner:a en la cabeza de Júpiter; no negamos ni desconocemos que aun sm él hubiese surgido este movimiento, aunque más tarde y sin duda con menos fuerzas de expansión y un sentido menos profundo de las realidades ambientes. Recordemos, por de pronto, _que habla un -germen de organización en aquel grupo de trabajadores en su ma~ yoria o en su totalidad eXtranjeros, al cual se acercó Justo para transformarlo en plantel y punto de ar: anque del Partido Socialista. Había pues nacido el embrión del movimiento en el país antes que Justo 'se la~zase a la lucha por el socialismo. El germen. ideológico había venido de Europa en los libros y en el espíritu de los obreros alemanes ·e -italianos que integraban ese grupo; pero ese germen

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pudo desarrollarse porque aquí existían los elementOs Y· las mod~~ lidades sociales que, como factor de realizac_i_oncs necesariaS a la suerte del pueblo obrero daban su razón de ser a su materialización en actos y la reclamaban y a los destinos de la nación. El doctor Justo, que conocia a fondo el ideario y el método socialista, encon--­tró en esos asalariados los prime: os auxiliares para una obra que él tuvo la gloria de llevar a cabo y que sin él no hubiese podido r_ea~ lizarse ( ... ) .

En c.uanto a la doctrina y al ideario, sus elementos fundamen~ tales el socialismo argentino no los halló, seguramente, en los libros nacionales ni pudo pretender haberlos creado, y de esto se ha querido hacer un argumento para desprestigiarlo tildándolo de fenómeno arti~

ficial y manifestación de reflejo. ¡Como si los principios esenciales de la filosofía política en que se nutrieron los autores de la nacio~ nalidad no hubieran sido cosa ap1endida en los textos y en los ejem· plos de afuera! ¡Como si la Revolución de Mayo no fuese hija de la Revolución Americana del Norte y de la Revolución Francesa! ¡Como si las instituciones republicanas, los códigos políticos y civiles, las reformas educacionales, las normas administrativas en estas naciones de América no fuesen copia ~a veces mala copia- de lo que en otras partes se ha hecho o se ha legislado! ¡Como si la organización económica y Social de estos países no fuese una prolongación de la: europea, con sus injusticias, sus iniquidades y sus defectos, ante los cuales la faz e itica del socialismo como idea y la faz positiva del socialismo como acción hallan la misma razón de ser que en los paises donde por primera vez una y otra se unieron en síntesis fecunda de pensamiento y acción ( ... ) .

Por otra parte, si la doctrina y la teoría al principio vinieron de afuera, como de afuera, después de todo, nos vino la civilización y nOs vino la cultu: a, ello no basta a viciarlas de exotismo, porque no ~s exótico lo que aquí encuentra atmósfera apropiada, lo que aquí viene a satisfacer necesidades naturales, lo que aquí se naturaliza aclima~ tándose e incorporándose como elemento indispensable a la existencia nacional. Nada es más argentino, más rioplatense más americano, que el caballo, ese atributo vivo de la personalidad del gaucho ( ... .). Y el caballo no es hijo de América. Es extranjero. Fue imponado por los españoles; lo que no impidió que haya tenido y tenga en los des~

tinos de nuestras nacionalidades y en todos los azares de nuestra vida colectiva, tanto en la paz como en la guerra, una misión impar~ tantísima de factor de patria y de riqueza, un papel histórico de sím. bolo de la libertad y herramienta viva en las manos del . paisanaje.

.. Finalmente, la misma población humana de estas naciones cos~

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mopolitas; esa .que pulula por nuestras ciudades, llena nuestros talle­res, labra nuestros campos, cuida nuestros ganados, recoge nuestras cosechas, .. ha venido y viene de otras regiones; y hasta los mismos que tenemos por aborígenes acaso vinieron de otro continente, pues la ciencia no se ha puesto de acuerdo todavía sobre si el indio ameri­cano es autóctono o no lo es,

Así también el socialismo halla aquí zonas que no sólo necesitan imperiosamente sino que le ofrecen un campo de acción casi virgen donde puede abrir anchos camin'os en todas las direcciones de su idea­lidad y su previsión, Aquí encuentra un continente donde la afluencia de los pueblos del mundo y la fusión de las razas, le promete una tierra fértil y laborable para su siemPra de sentimientos e ideas inter­nacionalistas; donde la ausencia de ancestrales prejuicios étnicos deja relativamente libre el espacio al verbo de confraternidad. Un continente donde algunas fuentes naturales de riqueza no han caído todavía en manos de un capitalismo privado que esté formidablemente pertrechado en los fueros de su explotación. Aquí llega a tiempo para someter el desenvolvimiento de las fuerzas creadoras de un mundo económico en formación a normas y leyes reguladoras, inspiradas en un espíritu de humanidad y justicia. Aquí puede presidir con su mirada vigilante, que ampara por un lado la suerte de los trabajadores y por otro el patri­monio material y moral de la nación, el proceso de desarrollo de una Sociedad donde las potencias económicas bien y sabiamente condu­cidas podrían expandirse sin producir estragos, fecundando sin arra­sar, para que el capitalismo cumpliese s:u misión histórica- pero que la cumpliese en lo que ella tiene de necesario y en la forma menos perjudicial a la condición de sus servidores.

''Juan B. Justo" (1928) en "El Libro de los Elogios" págs. 149-152.

14 - Intereses preponderantes

Dos clases hay cuyos intereses predominan sobre los de todas: la de los ganaderos latifundistas y la burocrática. Los primeros te­nían completamente a su servicio y no dejaban de' valerse asimismo de otros partidos más. El nacionalismo de una y otra rama -herre­riSta -e independiente- y el riverismo, estuvieron siempre prontos a defender o respetar los intereses y privilegios de esa empinada po­tencia social. A las otras fracciones políticas de la burguesía, incluso el

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batllismo que hoy se llaina ¡'neto", cuando no las dominaba, las -paralizaba en su acción frente a tales privilegios1 y las desviaba hacia caminos de política económica que, como el proteccionismo adua. •nero, si bien no conviene a los intereses de las industrias de exporta­ción, ofrecen a estos latifundistas de la ganadería una ventaja: la de buscar la solución del problema industrial y demográfico· por vías que no son las de una modificación a fondo de las formas de la propiedad rural.

La segunda, que en cierto grado y sentido integra como un sector autónomo, las clases media y alta, en cuyos elementos se forma ha .adquiridO' en el Uruguay personería de mucha prestancia e influ:ncia en los destinos nacionales,

UBICACION SOCIAL DE LA BUROCRACIA

Daniel Halevy estudiaba en un artículo reciente el predominio de la burocracia en el juego de los diversos sectores sociales. El escri­tor francés observa un fenómeno que desde tiempo venimos seña· landa en nuestro país, habiéndolO puntualizado insistentemente en artículos y discursos. La burocracia ha llegado a ser en algunos países la clase gobernante activa. No es ya un sector de la burguesía que tiene a su cargo los servicios públicos por ser en el- Estado agente o instrUmento de la burguesía o de la oligarquía burguesa dueña del poder. Es un apéndice que, por obra de las transformaciones del Estado mismo, ha concluído por transformarse en órgano con vida real y propia. Y en vez de ser un simple instrumento ejecutor de una voluntad social ajena, aparece dotado de una voluntad social, desde que tiene intereses específicos y puede hacerlos valer.

Ello impera a favor de la unidad de esos intereses; frente a la diversidad de intereses sociales dentro mismo de cada clase. En un régime~ de sufragio universal, su crecimiento le concede prepon· deranc1a forzosa en la voluntad de la ciudadanía, y los partidos con· cluyen por sentirse prisioneros de esa masa electoral que puede rolar de una borda a la otra según la inclinación del barco, darles o quitarles a los bandos políticos el triunfo electoral según contem¡:ilen o no sus aspiraciones. Así hemos visto a las fracciones burguesas rivalizar en congraciarse con los funcionarios, civiles o militares, ro­deándolos de prebendas jubilatorias o votándoles adelantos o agui­naldos, .además de sueldos aplastantes para el erario público. Los nacionalistas de I-Ierrera y los riveristas proy.ectaron las actuales planillas de sueldos militares, con el . aditamento de un generoso régimen de jubilaciones que dió lugar a los mayores escándalos

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Récién ·Cuando fueron muy grandes las dificultades financieras y muy- alarmante el desequilibrio presupuesta!, en una situación de parálisis económica que no permitia esperarlo todO del impuesto, se decidierori a cercenar los altos sueldos y las altas jubilaciones. Pero ·pese- a ·la heroica resolución de no llenar las vacantes, el burocra­tismo· ·fue- creciendo en plena crisis y tal vez a consecuencia de la crisis.

EL SUFRAGIO Y EL BUROCRATISMO

Las ·viejas oligarquías bajo las cuales el resorte del sufragio popular no funciona, pues las elecciones son sólo un simulacro para consagrar a los que se designan desde la altma, no necesitan para defender sus privilegios de un tan grande ejército de funcipnarios.

Bajo el régimen del sufragio efectivo, los partidos que gobiernan suelen sentirse inclinados a buscar apoyo en la burocracia. Y la buroc1 ada rige entonces los destinos del país, al paso que absorbe _una porción cada vez más grande de sus recursos.

En el Uruguay el número de empleados públicos es de 51.802, .que insumen anualmente $ 43.642.405. Apresurémonos a reconocer que muchos de ·ellos son maestros -cuya utilidad nadie discute- -Y obreros de los organismos industriales, cuya función en _la economía _ nacional _es dé positiva imp01 tancia _ y cuya existencia en el país acusa un real adelanto en la evolución histórica del estado.

· Pero abundan asimismo en esa suma los que son peso muerto, . carga inútil sobre el erario y las espaldas del pueblo- contribuyente. Ahí está el fruto de_ una política poco previsora que hasta había inv-entado para justificarse, la doctrina de que en aquella república la multiplicación desatentada de oficinas supe~fluas y empleados innecesarios cumplían la misión igualitaria de provocar una mejor distribución de la riqueza privada. Eso lo decía en pleno. parlamento Juli_o María Sosa, líder entonces del batllismo y luego fundador de la fracción "sosista", Y lo decía a pesar de que el presupuesto se costeaba, y se siguió costeando, con un 70% de impuestos al trabajo y a los consumos popular es.

REMEDIOS PEORES QUE LA ENFERMEDAD

¿Cómo salir 'de esa norma? ¿Aboliendo la democracia? Este suele ser el consejo de los que han visto surgir, en el régimen del sufragio libre, frente a sus privilegios capitalistas; los burocráticos, a Veces en tren de concunencia inamistosa y hasta excluyente·.

Los terratenientes y capitalistas creen quedar a sah:o de con-

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tribuciones gravosas, poniendo coto al desarroUo del burocratisrrlO, sobre todo cuando ·su cultivo intensivo con miras electorales ha de­terminado una política de estatismo industl ial que estorba al capi­talismo privado. Muchos de ellos piensan que ese freno sólo. puede ponerlo una dictadura o una oligarquía, cuya estabilidad no dependa del sufragio sino de la fuerza armada. Y en verdad que así tal vez nos libraríamos del- pesado fardo de una burocracia en gran parte parasitaria, pero caemos en las garras de fuerzas sociales ferozmente priv:lcgialistas. Puede pensarse en un régimen antidemocrático que ponga a raya a todas las clases y levante el Estado sobre los ape­titos de los unos mientras defiende a la sociedad de los avances de los otros. Este no ha de ser, desde luego, el. implantado en el Uru­guay. Porque quienes lo han traido representan un contubernio for­midable de fuerzas capitalistas y de las fue~zas burocráticas. En su sello la burocracia. quiéralo p no, vuelve a la antigua posición de servidora politica de la clase capitalista como dependiente de un Estado que se ha vuelto a ,su vez instrumento servil del capitalismo ..

Mucho más valía, por cierto, lo que se ha perdido. Y esto deben meditarlo quienes esperan de los gobiernos de facto la corrección de los males y desv.iaciones de la democracia política. La fuerza_ hay que pagarla y cuesta cara.

"La Revolución del Machete", págs. 162-167 .

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Eduardo. Dieste (1882-1954)

En la tercera y cuarta década de este siglo, Eduardo Dieste ejerció entre nosotros -uno de los pocos magisterios vivos que por aquel· tiempo ope~ xaron y que _tendió, por obra de fervorosos discípu~ los, a organizarse casi institucionalmente: fueron la JjAsociación Teseo'' (1925p1930) y las posterio~

.. res "Reuniones de Estudio" que animó sobre todo J Esther de Cáceres y alcanzó a pub1ic~r algunos ( Jibros. La autora de 11 Los Cielos" ha sido, sin. ;':: duda, la más persistente continuadora de Dieste ;!,~ y el eco principal de su memoria (1} Pero también V deben mencionarse junto a ella, en el pequeño

,- t grupo de los veinte, a Justino Zavala Muniz, a \~ Fernando Pereda, a Giselda Zani, a Adolfo Pastoi' ~ y-aun a otros.

La prédica que suscitó tal atención, sus ideas implícitas, aunaban de muy singular manera las ¡posturas del -llamado "novecentismo'' español pos­terior a la primera guerra mundial y su brío revolucionario en los dominios del arte, su adhesión simpática a los "ismos'' (fueran cubismo, dadaísmo, surrealismo o creacionismo) más irreverentes, su repudio a lo académico, rutinario, realista y repre­sentativo, su voluntad de una ·expresión artística adecuada a una época dominada por los nuevos meteoros de la velocidad y la mecánica. Eugenio D'Ors, al que siempre hay que referirse entre las .fuentes de las ideas de Dieste, fue el pontífice inte-

, Uectual de esta corriente que igualmente reflejaron entre nosotros, y en su hova, Alberto Lasplaces Y

(1) Véase artícu!os en "El País", del 19 de agosto de 1954, "El Bien Público", del 2 de setiem­bre de 1955 -y en "Entregas de la Licorne", n9 4, 1954.

Alberto Zum Felde. Como D'Ors, como cierta etapa de Torres García, este noVecentismo lleva inviscerado la apetencia a un "clasicismo nuevo" afirmándose -sobre- más que negando fluencia' historia, impulsos románticos, diversidadÉ!S, postu~ laudo, con cierto complacido énfasis, lb "solar" lo "mediterráned', lo "latino", la realidad de una "tra­dición viva" y una clara proclividad platónica o platonizante. También, y como en las corrientes francesas afines, este novecentismo que Dieste en­carnó por estas tierras, se daba cercano a una postura cristiana, a un cato-licismo de acento in­t~lectual, libre de beatería y de gazmoñería, sen­tldo, sobre todo, como afirmación de espirituali~

l,' dad, misterio y trascendencia. Jacques Maritain

era por aquellos años el prestigio más firme en tal dirección y su nombre debe ser sumado al de D'Ors para deslindar el terreno en que Dleste se

~.i j movía. Algunas trazas confesas de su pensamiento: fl "ontologista", "ésencialista", "metafísico", ciertos

sustantivos que vuelven reiteradamente a sus jui~ cios: unidad, cualidad, número traslucen el fun~ damento con que, en el pensamiento tradicional, 1a posición de Dieste se dotó. Y agréguese todavia, como, última vuelta de tuerca de sus ideas, una despierta filiación liberal, repub:icana, regiona­lista ~en su versión española- que Dieste vertió en nuestro medio por un Batllismo en cierto modo paradójico, si se atiende al contexto de su entera posición espiritual.

Desde estos supuestos es que -se suscitó hacia los años veinte el empeño de Dieste y el grupo "Teseo" por el conocimiento de las nuevas corrien­tes de arte y su práctica uruguaya, muy intensa en lo que se refiere especialmente a la pintura. Resulta previsible indicar que si Dieste profesaba una cuidadosa atención a lo nacional y a su lite~ ratura aspiraba a una expresión de tipo universa­lista, no muy lejana al gauchaje cósmico de Ipu­che y desprendida decisivamente del sentimenta­lismo, el ·criollismo y la pasión local.

Igualmente podríH señalársele como un tes·ti­monio (a medio camino entre Alberto Nin Frías y Emir Rodríguez Monegal) del interés por las literaturas anglosajonas (Hardy y Chesterton le atrajeron especialmente) y un hábil ·cultor del diálogo, como forma literari,a, en el que sabía ser más inteligible y ameno que en sus modos habi­tuales de comunicación.

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Comparada Ía suya con la de la mayor parte de los escritores uruguayos, Dleste vivió una exis­tencia relativamente errabunda, si se atiende a

.jque nacido en el país, se educó en Ga'icia, vo~vló

;¡.al Uruguay en 1912, fue director del Liceo de

. - :¡Cerro Largo y, cónsul desde 1927, pas~ el resto ,-r_.- 1/ .. de sus días en Inglaterra, Estados Un~dos (Los

--- \Angeles) y Chile, donde murió. Esto, y su pro­pensión a reeditar sus textos, modlf.i:cándolos, va­riando su títu'o, redistrlbuyéndo os. imputándolos a los dos nítidos "alter egos" del Dr. Syntax Y el Buscón hacen extremadamente difícil una biblio­grafía ~abal del autor. Sus primeros ~ibros. fueron ' 1EI poder de la Gracia" (s.f.) y "Leyendas de la Música" (Madrid, 1911). Tentativas novelescas im­portaron las -de la serie de "Buscón" en una pri­mera versión editada por Bertani (s.f.) y una se­gunda en Buenos Aires y 1942 por Emecé. Igual­mente Dieste exp oró sus poslbilidades de drama­turgo "Los místicos", (Montevideo, 1915), ''El Vie­jo" (1920), 11 La ilusión", 11Castidad",. HPromes~ del Viejo y la niña", ''Farsas de _l~ual" (anu~cmdas en 1927), etc. Sus obras dramabcas, recog1das en ''Buscón poeta y su teatro" (Madrid, 1933) y "Teatro del Buscón" (Buenos Aires, 1947), mues­tran una intrincada influencia del cine y de Val e Inclán, pero tamb"én desgraciadamen~e las más gravosas de Linares Rivas, de la comedia burg'-:1-esa españo:a y, pese a Zum Felde, que las ha elog.ado cálidamente, bien pueden cons:derarse irrepr~~en­tables (aunque no, por cierto, por su compleJidad o riqueza); fas situaciones casi siempre son absur­das y los personajes inexistentes salvo ciertos mo­mentos (muy pocos) de diá"ogo eficaz y directo. La obra ensayística del hispano-uruguayo se inte­gra con 1'Teseo: discusión estética y ejemplos" (Montevideo, 1923), ''Teseo: crítica de arte" (1925), ''Teseo: crítica literaria" (Montevideo, 1930), ''Te­seo 1: los problemas literar:os" (Buenos Aires, 1937 y Montevideo, 1938), "Tese o 11 :. los problemas del arte" (Buenos Aires, ¿1938?) y a.gunos estu­dios pubHcados en revistas.

Es· común a todas las páginas de Eduardo Dieste .una gran fineza de observaciones y de atis­bos, profundos, originales, fundados en _una cul­tura sólida nacidos de unos (como decm Carlos Martínez Moreno de Rodolfo Fonseca Muñoz) in­tereses distinguidos, muy a menudo inesperados. Pero es comúil a ellas también, que no se sepa

nunca con prec1s10n a dónde esas observaciones, y· atisbos apuntan, común que el discurso sea tan I3.xo, su dirección tan invisible que termine por desconcertar y hasta derrotar al más bien inten­cionado. La construcción s:ntáctica y el lenguaje son tan confusos, a veces tan caótica la ideación, que a largos trechos la :ectura se haCe penosa y sólo se pisa en ella, temática, esporádicamente. Es entonces, aunque de modo virtualmente aforístico, que se advierte que se está ante alguien que sabe pensar. En algunas oportunidades esta especie de D'Ors en borrador podía ser difícil de tolerar; en otras, capaz de decir con una gracia b:en evi­dente y como errática, muy atractiva. Es de jus­tic:a, sin embargo, observar que es "muy de· la época" esta oscuridad, también común a Oribe y a Basso Maglio, qué nace de una expresión que podría llamarse "distraída", de un saltearse -poé~ ticamente---- los nexos del rctzonam!ento y de unas imágenes que no tienen nada de funcionales y con­tribuyen a desorientar más aún al ya desorientado.

! CUando se habla de Eduardo -Dieste es impo~

sible ais_arlo de su cálido clan familiar (Eladio, . Enrique, Rafael) esparcido por el mundo con cen-1 tros tan aparentemente disonantes como la ciudad de Artigas, Inglaterra, Buenos Aires y la villa de Rianjo en la ría gaLega de Arosa. Innumerables dedicatorias, críticas, referencias, podrían probar que era su familia la que Dieste consideraba su primera y más importante lectora. Y probable­mente (pues no lo conocimos) participaba de esa conmixión, encantadora en algunos de los suyos, de remotismo y de realismo, de ingenuidad y de gallega cazurrería. En sus mismas páginas se codean h1 candidez y la penetración, un cierto irremediable aire funambulesco y un gusto por la p~cardía (su "Buscón" lo atest:gua) y su radicales notas de disponibllldad y libertad.

En "La· base folklórica del conocimiento" se sostiene -sin subrayarlo demasiado- que las transformaciones de la visión cientif~ca del mundo no alteran el fundamento secular (comunitario, participado), el patrimonio constante de evidencias acumuladas por .a "sabiduría" sobre el hombre y la vida. Marca una línea de resistencia a "lo mo~ derno" que se retrazará bastante y podría v:ncu­larse muy bien al texto n9 76 de esta selección. "Teatro. y· Novela'' forma parte de una ambiciosa

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{y creo que.- no cumplida) investigación sobre las "leyes morfológicas" de ambos géneros y de la poesía. Tratando de poner en claro las bases psi­cológicas· de su estructura, parece incontrovertible que, con todas sus asperezas, el texto "se mueve en un plano más profundo que aquel en que se expidieron los más celebrados críticos de su tiem­po. Y en ambos fragmentos, -ciertas originalidades te~it;to:ógicas: "f~lk.lórica", en el primero, por tradiClOnal, humamstica, secular, sabia, "táctico", en el- segundo, por funcional, ·Contribuyen a la difi­cultad, muy relativa en ellos, de su lectura.

15 - Base folklórica del conocimiento

Existen dos grandes corrientes de sabiduría en el mundo: el saber popular, graciosamente comunicado a todos, como si tomara de la naturaleza ejemplo de florecer; y el saber académico, trasmi­tido a los menos por iniciación y a los más autoritariamente. No se trata de hacer un paralelo peyorativ'o, sino de esto, en que radica el mal: un paralelismo que hasta hoy ha hecho imposible la unidad del conocimiento humano y, por ende, de toda armonía moral.

La corriente folklórica del conocimiento se ha mantenido siem­pre fiel a su principio de acatamiento a la realidad previa. Ve por los ojos del cuerpo y del alma, y expresa 'verdades integraleS: adora y canta. Se determina por imperativo vital y se transmite por vía de amor; se produce y se reproduce orgánicamente y por linajes. La corriente académica, pronto se aleja del principio de realidad previa, y más cada vez piérdese en el circulo vicioso de sus teorías abstrac­tas. Bien están las ciencias, pero han de reconocer este principio, si quieren ser algo más que la ceniza de un sueño: si existía ya en el tiempo más antiguo una realidad previa, con sus órdenes de gracia, de acción y devoción; una realidad previa que no ha sido creada por el cerebro del hombre, antes bien, compr·endc a este mismo cerebro; una realidad previa en que hoy vivimos los mortales: hom­bres, plantas y animalitos de Dios; esta realidad previa no estará edificada en la nada de la mentira o con herramientas de ignorancia.

Que una verdad tan sencilla no produzca un reconocimiento ine­vitable, depende de la observación del progreso en la historia hu­mana, que parece incompatible con el principio de una asistencia espiritual suprema. Esta falsa idea del progreso, y el dolor del hom­bre, no entendido, hacen que olvide la realidad previa en que su propio ser vive; sólo por un momento recobra este sentido primario, si encima de su cabeza truena la voz incontestable del Eterno: ¿Dón­de estabas tú cuando fundaba la tierra y la suspendía en el aire, y de amor hacía vivir las criaturas?

·Reanudado el sentimiento de la realidad previa, cabe conside-

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rar porqrié nuestra idea de progreso es falsa o incompleta. ¿No es asombrOso que la maravilla de los cantos homéricos (suma de saber popular),- que hoy se celebra en todas las partes del glob .... , haya podidO florecer en medio de la algarabía olímpica, de horizontes Conocidos infratolomcicos? ¿No asombra también que esta limitación fuese precedida de la noción sideral cierta de Aristarco de Samas y de los antiguos pitagóricos? Si esto parece incomprensible por lejano, podemos hacer la misma pregunta en el centro de nuestros días: la delicadeza del arte y de la poesía en nuestra época, la altura alcanzada por el pensamiento filosófico y científico, la épica de un nuevo orden social que ahora sacude a las naciones de Europa y siega J:?illares de vidas, toda esta realidad palpable parecía sólida­lllCnte soportada en la realidad física de cuya ley fundamental se había adueñado la ciencia; y esta ley de gravitación de Newton, ~sta Carta Magna de la natm aleza, ha quedado en ruinas de sueños y de números, abatida por Einstein. ¿Se ha derrumbado con ella la ley de nuestros ojos, que exaltan la gracia del mundo, dirigen la novela, de nuestros pies y el trabajo de nuestras manos, conciertan el amor fecundo y consthuyen real y verdaderamente la vida y Sus variados órdenes? Evidentemente, no. El acatamiento de esta realidad previa, fuente del saber popular, como principio insustituible en la organización del pensamiento teórico, es inevitable. , ¿Cuál sería, pues, el sentido del progreso? El pensador mun­dano suele terciar ton l.a justificación de cada hecho por- su época. ~ero. ni la verdad ni la honrada cortesía pueden aceptar falsas justi­ficaciOnes; y no puede menos de encontrarse funambulesco a un señor que diga frente a un rosal: "¡Lástima que no sea un pino!"; o frente fl un cervatillo; "¡Lástima que no sea un elefante!".

No se puede aceptar esa justificación por la época, si viene a dar en condescendencia; obliga o no con todo el rigor de su cante~ nido. Formular vaga y más o menos cortesmente el respeto a las creaciones del espíritu, un respeto inc1édulo no es una solución respetable de un problema filosófico tan grave que busca esclarecer la dignidad del destino del hombre. Cada época, en efecto, esconde en su seno la razón perfecta de sus manifestaciones. Pero ésta ha de entenderse como una ecuación rigurosa de verdad y de realidad. Cada ciclo histórico es una criatura de Dios, real, verdadera, insu­

. perable, como las demás criaturas: el cervatillo, timido como una niña:; el cardo solitario de los arenales; y el magnánimo elefante que lleva el peso de la tierra encima de su misterio insondable.

·-Y eS que la mente del hombre está construida con la misma perfecCión que sus ojos, y dispuesta para ver y ordenar la vida con la misma certidumbre en un radio natural generosísimo. Hagamos

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·cuenta de lo que caracteriza un buen pensamiento, y veremos que es. algo _que -no modifica el organismo natural, sino que-atañe a_ 13¡

, plenitud--de su ejercicio; este carácter de pensamiento superior, se l!ama:- atención. Y así, los inventos más reputados tienen siempre una cláve muy sencilla; y una demostlación matemática verdadera y elegante no termina mientras no encuentra la forma intuitiva ele su presentimiento. Un esquema de Goethe autoriza este proceso: 1'Toda visión se hace contemplación, de aqúí viene a reflexión y ésta pro­JJJ.Ueve un Universo por asociación; así, cada vez que miramos aten­tamente ya teorizamos el mundo". Nótese que el último término: reitera el plimero, recoge en 'el círculo atento de la mirada inicial tOdas las fugas musicales y novelescas del despliegue teórico. Eh éste plano de seguridad, que es el de la vida estética, se despliegan las creaciones morales de la historia, y la reiteración secular de Jos t;r:oqucles eternos fundé la sangre helada de la duda, como si al fin de cada día de años, después del canto múltiple del espíritu se oyese Ia: voz paterna del Génesis: y vió Dios que era bueno,

Si los instrumentos auxiliares del sabio son creados por la triente y pór y para los ojos, no pueden merecer más crédito las leyes Y realidades que por su medio, descubra que la que ¡al cerrar los ojos! previó en la atención re-cóndita de su alma. Puede, pues, afirmars<: que· el hombre y -toda c1 iatufa de Dios está naturalmente dotada para el acierto y cumplimiento de sus fines. Si no fuese asi ¿habríamos de esperar en pasmo que la ciencia resolviese todos los_ pÍ-oble.mas que plantea la vida, y de los que depende la vida misma? · ·

El saber natural, como tOdo saber, tiene un desarrollo crítico; y lo verdadero hace olvidar lo en-óneo. Cuando un verso, una obr(l de arte, una creencia, una aspiración cordial persiste en la estimaci6rl de los espíritus atentos, es porque es verdadera. Dios impulsa loS ríos de folklore que llevan la sangre espiritual a cada uno de los pueblos del mundo y nada es _más emocionante que la- evidencia­de este pensamiento: todas las criaturas están dotadas del sCntimiento de la realidad de sus afecciones. De otro modo no existirían. Y existen, gracias sean dadas a Dios.

"Tese o - Los problemas literarios", págs. 79-82.

16 - Teatro y Novela Releída tu carta en contestación a la mía sobre Forma Teatral

p·ara dar cabida a las dos en. el volumen de Cuestiones Literarias, v'eo con una alegría de púgil que no es más que una paráfrasis del

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problem~. No- es completa, lo reconozco, mi teoría; es más bien hecho de conciencia notado en ocasión de escribir. Porque no se trata de extensión así como así; de un artificio que sostenga la vir­tud del drama el tiempo neCesariO para que se figure en el aire y en· la- imaginación del espectador. La extensión, dices bien, debe ser cualitativa: el poema, el cuento, el drama es vara florida en que la vara y la flor valen lo mismo. Por eso hay problema. Nace de la dificultad de espaciar las flores y las hojas alrededor del tallo que el impulso de florecimiento escila casi en el aire, impulso ajeno a la idea de sostén y de enlace necesario, y éste sin duda es el designio y la gracia de los ojos des.cuidados que ven la flor y olvidan la vara en que se abre. Puestos a considerar la relación secundaria del tallo, vémosle tan ufano de florecer que ya nos parece primero que la flor, como una persona es antes que su palabra gentilísima.

Si es verdad, el defecto de extensión es más tolerable que su abundancia inerte. Por aquí se ve mejor la importancia del problema si ayudamos con ejemplos. La trilogía de Schiller, Wallenstein, no habria pasado de cinco actos arrebatada esta figura en la mirada de Shakespeare. Con todo, en Hamlet ha percibido el públicO un efec­to en desacuerdo con la d-ignidad de la tragedia, y es la demasía de muertes con que termina. El poeta engrosó de tal manera las aguas de la fuente, a tantas vidas hubo de extender la turbonada que sólo podían caer en tumulto al mar del fin, como en esos compases fina­les de una sinfonía' que reíteran la gravedad de lo abarcado con acentos de clamor gesticulante; es uri desenlace orquestal que no mo­lestaría si un drama pudiese verse con los ojos cerrados. A veces, la extensión dramática, sin llegar a ser de artificio inferior tampoco, i-claja la tensión propia del género en cuanto a tiempo musical y síntesis figurativa. De este modo entran algunas obras de Bernard Shaw (Back to Methuselah), no en la novela, sino en lo novelesco. La manera de Kaiser, de un efectista desarrollo cinético, escoge como escenario el imponderable de la imaginación intima que proyecta fuera de la órbita de la dificultad o de la ley: flor sin vara, flor del aire. No se hagan ilusiones los que buscan libertad por la innova­ción, pues, con vara o sin ella, no es fácil dar flor sino después de crecer en espiritu y sentir alguna urgencia de manifestarlo sea o no en teatro de ley. Por no reparar en medios, don Miguel de Una­muflo convertía el teatro en la simple explosión dialogal de un monólogo. Estos ilustres malos ejemplos úi anulan ni cumplen la función específica del teatro.

Naturalmente, la necesidad de extensión crea un problema en cada génerO que quiera cumplir su ley pm· el camino del menor es­fuerzo en.la forma que lo hace la naturaleza: pájaros que a-11dan en

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el aire peées que andan en el mar, y criaturas que andan en tierra firme. 'En úna palabra, ley de menor esfuerzo es realizar de lá ma~ nera más- fácil los designios más difíciles; así resulta un, prodigio de eStilo un aeroplano (más pesado que el aire) o un aerostato {más ligero o más pesado que el aire); y un barco ('lo contrario del agua); y una rueda (material e inmaterial a un tiempo), que por ~on­tacto en un punto sucesivo corre la extensión muerta del cammo;

Hay un género que suele invadir el dominio de los demás, Y esto indica a las claras que ha perdido el propio. Es la novela. Las cosas que no pueden resolver a gusto de uno por medio de holgadas definiciones como se dice de la novela si todo le es permitido. Al burlar la l~y del menor esfuerzo, un género pierde en poder cuanto más invade la jurisdicción de los demás géneros.

La proporción espacial de un tema tiene m~~ho que ver con l_a actitud del autor en dos sentidos: en el de domm10 Y en el de posi­ción Tomemos tres novelistas bien colocados en la propiedad del gén~ro, y observemos sus diferencias o _cisuras por don~c se ha des­prendido la justeza liberal de su orgamsmo: Balzac, D1ckens y .Do'3-toycwsky. Todos parten de este viejo principio, más que d_c .hloso.­fía, de novela: el hombre es la medida de todas las cosas. D1stmguen de sí las cosas de la vida y las miden o no las miden al narrarlas, logrando una calidad y alcance que está de acuerdo con su rr:e­dida, o una ordenación de materia prima que aprovecha una- postenor formación literaria. En Balzac la figuración tiene una calidad de distancia, que impresiona como la turbulencia del flujo histórico. La medida sentimental une el suceder histórico, en Dickcns. Dosto­yewsky sustituye la mirada del informador p~r la del psicó~og_o, Y sin dejar la ficción histórica imprime a las ftguras un J?Ov1m1ento de intimidad tan poderoso que los lectores quedan preswnados en los resortes de su propia conducta o fuero interno. Mie'ntras· Balzac y Dickens proporcionaban fuertes o dulces emociones al lector, que permanece ajeno a la acción de la histor~a,. J?ostoyews~y _les hace participar en ella por comunidad de prmCiplOs constitutivos que marcan a la acción de todos los hombres una trayectoria inevitable, casi siempre funesta en este mundo. Cabe mejorar en sensibilidad Y dufeza plástica el plan de los dos primeros novelistas, y asi lo hizo Tomás Hardy. Su obra maestra. The Major of Casterbridge, es de una riqueza equivalente a varias juntas de Balzac y Dickens; podría alimentar la pantalla varias noches, con sostenido interés de huma­nidad y de arte; y ¡cosa curiosa! cualquier novela de Balzac o de Dickens, en su fogoso desorden o exceso de ternura se sobreponen al recuerdo. Esto parece depender de la demasiada objetividad mor~l, que Produce más curiosidad que simpatía: con obras de Pío Barop,

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pásá.:· lo rn.isrn(). La: soltura de desarrollo en Balzac, favorece la per­ri}anencia -visÚal de las figuras, trazadas, como las de Hardy, con un gran.· dom'inio del corazón humano- que estrujan impasiblemente~. Eeio )as figuras de Hardy y su acción quedan como encerradas en c.~mr·artimentos cuyos vínculos de familia y de comarca y otros cen­t~os distributivos de la atención, muy pertinaces. no logran su reintegración emocional, y convierten los ojos a estudio de topografía njoral, o, si se prefiere, de historia; parece haberse propuesto corre­gir Iá superficialidad de la· figuración de Dickens, serie de dibujos ahimados de carácter (lively sketchs} Conservando el mismo plan verosímil de historia, o sea, el folletin; condensó la novela de Dickens y dio en historia, que no es novela. La historia no es novela porque deja· sin rehacer las figuras y el ritmo retardado de las narraciones prirciales. La n'ovela histórica tampoco podría entenderse de una manera que no fuese novela. La atmósfera suelta, una especie de fOndo elocuente que llena el espacio general de una y del conjunto­de Q.Ovelas formado ·en la Comedia Humana favorece el tráfa*go dis­thlto de las 'figuras, valoradas en compases y armonizaciones de espa­cio musical instantáneo. no descriptivo. Las novelas de Conrad (.léase The Typhoon) son modelos de figuración plural, que ni requiere la memoria del lector para mantener las presencias unidas a la acción, de una gran intensidad dramática y en la que no se descuidan pormenores de significado estratégico. Con el mismo do­minio de dibujo_ en profundidad y entereza y por tanto, con riqueza (que no se opone a la síntesis, ni ésta significa reducción) ha po­blado Gogol sus nar-raciones magistrales, de las que alguna, por fuerza de aquella virtud, alcanza el plano épico. La preocupación psicológica de Stendhal, o la moral de Tolstoy, o la afectiva de Chejov ni congeló ni evaporó el cuerpo de las apariciones personales, que hacep de la novela y del drama un medio efusivo de comuni­cación humana, y no de abstracta especulación estética o moral reves­tida de artístico lenguaje.

Flaubert, D'Annunzio, Rudyard Kipling, aunque enamorados co­nocedores de la gracia divina de las figuras, y quizá por esto mismo, las .paralizaron,- convirtiendo la narración de encendido mosaico de _palabras, de una- riqueza prodigiosa, que si no la necesitó Dante ¡:í_úa la suya pocinática menos conviene al narrador de vida profana, El lenguaje llano que depura la tradición popular e imita la astu­c'iá 'de los grandes poetas no es tan llano como parece: de una vez puede revelarse, diciendo que es lenguaje táctico. Una palabra bien elegida concilia tantas intenciones de la figura que no necesita más

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¡ para_ vehirse encima con la elasticidad de lo _presente a- la vOz· de un conjuro; y muchas palab:as o- sugestiones élegidas- '-detieneü Su­libertad en el muro de un alto relieve que, asimismo, es de -irial, concepto plástico ( ... )

Con lenguaje táctico llanísimo consigue Dostoyewsky el efecto figura} de tin modo más intenso que Balzac, haciendo salir los per­sonajes de la conciencia del kctor; como si dijéramos que ha ele­gido· los personajes de sus novelas entre los mismos lectores. Asegu­iada por este procedimiento audaz la determinación psicológica de las figuras toman éstas un espacio tan natul'al que se expande con el mismo flujo de la conciencia lectora. ¿Puede alterarse un plan tan admirable? Lo alteran artistas de primer orden en nuestro tiempo it~vadiendo con su medida el campo natural de las apariciones exte­riores en forma que no hacen más que medirse a si mismos. Todavía es un resultado legítimo quedar cOn la medida en el, ·aire ·en un trágico abandono de las criaturas inconmensurables; gran calidad de tea'tro en las novelas de Unamuno (léase Abel Sánchez) de las que Pirandello tomó su técnica; y es la clave del Quijote. Lo ilegítimo es la sustitución de las cosas por dialéctica imaginativa del ·poeta, del novelista o del dramaturgo. Si el pájaro se hace de aire, ya no es prodigio que vuele; si la rueda se desata en la _razón de la circun­ferencia al diámetro, pierde figura ·y deja de cumplir su función, cuya unidad era un ,milagro; ahora corre aplastada en la soledad del camino. Tal sistema de novelar ni siquiera es aplicable al proceso interior del poeta, cuanto más en función general debe desembara­zarse de sí mismo, excepto en la medida, y traer al plano de la aten­ción la figura auténtica y desconce1tante de Ia- realidad histórica. En este sentido, el Retrato de un adolescente de James Joyce, que si es autobiografía no lo parece, es más novela que su Ulises, que quiere ser una hist<Oria universal del hombre figurada a favor de esencias finísimas de madurez y de la propia entraña~ con el moví~ miento musical de un sueño lúcido.

Recuérdese la calidad de emoción distinta que se obtiene de la lectura de El Doble de Dostoycwsky. En esta corta novela, de am­plia resonancia, se penetra en mundo tan irreal como el de la locura, propicio al juego de interferencias pláSticas y metamOrfosis que más podrían seducir a una imaginación cubista_ y -queda uno sorprendido de la nitidez de dibujo con que se ramifican y contraponen Jos -hechos y las formas duplicados en la conciencia especular del protagonista. Él escritor desaparece. Ni un -comentario, ni una referencia qu~ acl.are los laberintos de refracción del obseso. Este habla inmediata~

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fll:~nte, y _nos introduce en el poliedro de su extravío en el que pron_to acabamos por seguir los ejes y relaciones de una perfecta y noble geometría eri desacuerdo alucinante y doloroso con la vida exterior, la cual parece una pesadilla. Ahora bien, esta novela modelo pudo ser e:rigendrada por introspección; esto no le hace para que su emo­ción radique en el sentimiento de realidad extedor, dura, repetida, que ·rodea la conciencia de suyo ensimismada, fantasmal, de cada hom­bre. Dígase- de paso que abierta desde adentro, como una semilla, la figura se hace sola; algo más decisivo, el autor no cierra sus pla­nos, ni el lector tampoco; y la figura es personalísima e indeleble. De igual modo, y sin apelar al dcsdoblarriiento cubista, se abre con toda libertad y mistedo superior al de la indeterminación, el juego rítmico de la forma en una figura plástica y recibe del aire y de las miradas una piel luminosa y viva en cada momento. La figura poética o escultórica crea un espacio de la misma calidad en el espíritu en que mora o es acogida.

Por sacudimiento de la unidad interior del alma, y creando un suceso real de arte muestra Calderón de la Barca el misterio de la existencia o auto sacramental llamado La Vida es Sueño. El gran poeta no se propuso enseñar que la vida era un sueño humano, sino el misterio de que lo pareciese; y deja claro este misterio, es decir, lo hace visible por contraste de realidades. Nunca se abrió en el espacio físico una rosa espiritual de hojas más encendidas, que se pueden contar como las estrellas: que no se pueden contar. ~orque una flor se tiene en la mano y no ·se deja ver hoja por hoja, como si estuviese a rodar velozmente. ¡Qué grandeza espiritual tiene alta la jerarquía del hombre, ya viva en palacio de príncipes o despierte llevado entre peñas donde ha de recibir lección nueva en águila y en espíritu de león! ¡Suma gracia del poeta une el estado miserable de naturaleza en que despierta el príncipe y el ¡>revio de boato que le hizo perder la pujanza de su alma, por medio de un hijo de oro luciendo en la confusión de la memoria: un rastro lejano d~ mujer, criatura tan gentil que no pudo haber nacido del vaivén irreal del sueño, certifica la continuidad de la existencia fuera y dentro de su corazón!

Son dos direcciones contrarias de la imaginación: la que tiende a despertar y la que tiende a soñar. No emprende una u otra el espiritu voluntariamente, sino por contagio interior de los modos ésp_eculativos o por contagio exterior de una realidad a que hayan desCendido en bastante grado esos modos racionales de imaginación; la realidad de ciudades modernas) de un tráfa*go denso y, por fuerza,

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musicalmente ordenado; d~ una organizacwn policial, numerosa _y eficaz, que sugiere aventuras de pícaros pero que, de hecho; las im­pide; parques hermosos, en que los enamorados no pueden arrancar una flor o deScansar a la sombra de un árbol sin el permiso de un canelillo; en que para sentir la emoción de la naturaleza y las con­fortables novelas de familia, basta con matar la última hora de la tarde en la mistica oscuridad de una sala de cine; digo asi) por­que antes iba uno al templo en busca de una hora solitaria y de hacerse callado las grandes preguntas.

"Teseo. Los problemas literarios", págs. 206-213.

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Dardo Regules (1887-1961)

Como el autor que le sigue, Dardo Regules po~ dría ser considerado el arquetipo del intelectual de vocación devorado por la política. El térm'.no "devorado" -entiéndase bien- no tiene aquí ma­tiz conmiserativo: aunque (por lo menos en los mejores) el ejercicio político tenía en su tiempo un halo de honor y sobriedad, aunque no se hu­biera convertido en la profesión jugosís·:ma que es hoy, la notoriedad que ella :e aseguró sobrepasa sin duda en mucho la que pudiera haberle confe­rido e"l ejercicio de -la mejor docencia o la actividad filosófica más signircativa. Con todo, hay que la~ mentarlo, porque Regu ·es fue, seguramente, uno de los ·uruguayos de su tiempo mejor dotados para la exposición y la inquisición de las ideas, para la consideración de su operancia en la realidad soc:al, para una percepción más lúcida, en suma, de .las cosas del espíritu y de los afanes de los hombres que lo portan.

Sus textos, .dispersos 1a mayoría, algunos reu~ nidos en libros ocasionales (uLos rumbos de la Segunda Enseñanza'', 1918, HJdealidades Universita~ rias", 1924, ''La lucha por la justicia y por el derecho", 1949) s:.túan la habitual materia po ítica, jurídica o pedagógica en un plano de claridad inte~ 'lectiva, de eficaz vertebración, que no tiene nada de habitual en nuestra vida pública.

En Regules se reunieron tantas lineas ideoló­gicas y tantos intereses, que toda su personalidad intelectual se hace inconfundible con la de cual­quier constelación que, con esas líneas, esos :inte­reses, pudiera constru:rse. Porque recapitúlese: un portavoz de la Reforma Universitaria en un tono que pudiera llamarse técn~co, moderado, no-mesiá­nico, dirección que es explicable si se atiende al hecho de que Regules había alcanzado la treintena

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cuando la -ReformR advino -Y _actuar- entOnces como dirigente, docel).te y profe_sional,- en la Facultad de Derecho. Tendió Regules con tOdo- a darle al moviw miento un conten:do spcial, nacional, cu:turalista, supra-profesional y puede marcarse, incluso la di­ferencia entre esta intención y el espumoso idea­lismo que dió el tono a los congresos de principios de siglo ·(Montevideo, Buenos Aires y Lima) y a la "Asociación de Estudiantes de Montevideo" en .la que Regules, en su primeríslma juventud, supo ya destacarse. Pero, sígase con la recapitulación: tamb:én un político articulado de cultura y pen­samiento, jefe de fila en una generac~ón que los contó del volumen de Gustavo Gallinal, Lorenzo Carnelli (1887-1960), Juan Antonio Buero (1888-1950), Martín Etchegoyen (1892), Pablo M. Mi­nelli (1893-1941), Juan José Carbajal Victo rica (1895-1962) y Justino Zavala Muniz (1898). Y asi­mismo un discípu o de _Rodó-y un "arieHsta" confeso, editor, incluso, de la primera tirada de "Motivos de Proteo" y prologuista y discutidO compilador de ''Ultimas Motivos de Proteo" (1932). Revisar su rodon:smo fue para Regules tarea inexcusable de muchos momentos de su vida y mio de su varios balances tal vez pudiera condensarse en las dos frases de una entreVista en la ''-É:rcilla" chilena (17 de noviembre de 1944): Rodó no dió soluciones porque lo que quiso hacer fue potenciar, elevar personalidades. Pero todavía fue Regules el más notorio representante· (por lo menos desde 1935 x hasta su muerte) de la militanc:a política e ideo­lógica del catolicismo en E!l país y un hito muy importante en-. una tradición que parte de Larra­ñaga, Zorrilla, Bauzá y So1er (para nombrar a los más considerables). En- esa tradición se inscribió Regules más que en ninguna -otra pero inflexio­nándola decisivamente en lo que será su rasgo· distintivo respecto -por ejemplo- a la Argentina: su direcc:ón demo:iberal, su civilismo, su voluntad de diálogo, su querencia de entendimientos con las fuerzas no _véligiosas en el cuadro de una "sociedad pluralista" lly orgullosa de serlo. Podría encontrarse en esta actitud la confesión tácita de la condición minor~ria del catolicismo en el- país y de la nece­sidad,. de "garantías". En verdad, esta exigencia de garantías y tutelas para una intrabada actividad apostólica es una de las tónicas de su actitud _polí­tica, además de ser común a todos ·:os políticos de su postura. Parece, en cambio, muy singularmente

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sUya la correlativa enconada hostHidad a toda jus­tificación religiosa de la violencia y- aun del mero autoritarismo políticos, a todo medio coactivo y estatal para imponer vigencias n ominalmente cris­tianas, a toda identificación de las exige~cias de su

,. Fe con una estructura temporal determmada. Tal

l actitud debe bastante al pensamiento c~~ólico _fran­cés de las -entre-dos-guerras pero tambien tema en

0:: su persona mucho .de temperamental y casi de vis­ceral; su prestigio explica (con otros factores) que entre los sectores católicos uruguayos haya sido mucho más débil y menos significativa que en otros lugares de Hispanoamérica el entusiasmo integrista despertado por la rebelión española de 1936 y otros movimientos corolarios o similares.

De las corrientes -de Ja filosofía cristiana Regu­les adhirió, ·especialmente, a todo ~lo que tendiera a afirmar la reaUdad ontológica del Ser, 'la obje­tividad y la trascendencia de un sistema axiológico y de su ética correspondiente, Ja posibíUdad de 1la indagación metafísica <Contra las manquedades de una "razón quebrada", la postulación de unos firmes patrones de ·conducta,_ de un 'Claro "sentido de la vida" y de la convivencia. Tndo esto no quiere .decir, seguramente, que tuviera un sentido pragmático o puramente intelectual de su religión: ·pasa simple­mente que en un inte-lectual son las razones intelec~ tuales de la adhes'ión las que mejor se ponen de relieve. '

Con estas creencias-, tentó superar los planteas ·~1 ideológkos de Rodó y Vaz Ferreira que fueron los ~ maestros de su juventud, la vaporosidad del "idea­f lismo" ,deJ primero, -el relativismo escéptico de su ~ noción de "tolerancia", la ausencia de "fines" par;; 1t la sociedad y para el hombre. En Vaz le preocupo f: más que nada el agnosticismo ontológico y la debí:... 1:1 Hdad de la fundamentación de Jos valores en crite­.'. rios sociales o racionales, o culturales, o ex;pe­i! .. riencia:les. En alguna página suya -tal la que s-irve \¡·· de prólogo a los 11·Estudios Constitucionales" de Pablo ,:. B~anco Acevedo -se señala lo muy consciente que ll estuvo Regules de la insustancialidad del humanismo l~\ liberal de su generación y su convicción de que sería

l; tdturado entre el realismo materialista inspirado en Marx y el realismo trascendente de línea aristotélico-

J

t.omista. Volver entonces a las fuentes clásicas y. estudiarlas a fondo se hizo así para Regules el programa propio y ajeno de buena parte de su

, existencia; pudo pensar después, como Vaz Fe-

! rreira, que la vida no le dejó, una vida, sin embar­go, que llegó a permitirle ver que la antítesis tritu-

l·,.i radora era más rica, má'S compleja y ta·l menos antitética de lo que él había -creído.

En esos últimos años (desde la Guerra de 1939-1945) Regules tendió a centrar su visión .de la política mundial y americana -en un dualismo bas­tér.J.te esquemático de democracia y totalitarismo, de respeto a la persona humana y vio~ación de sus fueros. Esa visión puede ·condensarse en un texto relativamente breve de 1957.

No hay torres de marfil en esta coyuntura his­tórica. 'La inteligencia tiene un solo deber: salvar al hombre y salvar la verdad. Y la verdad y el hom­bre están amenazados hoy en todas partes y a todas horas. Nos toca vivir un siglo histórico durante el cual no _hay opciones cómodas, ni refugios áulicos, s.no opciones radica~es. La milicia es la tarea diaria. Nadie puede ser neutral ni ajeno al p-rofundo pulso del mundo. La neutralidad, en concepto de Rui Barboza, es un comienzo de complicidad. No hay más que un solo tema y un solo combate: el hom­bre como asiento. de una libertad y de una vocación. Y a salvarlo debe tender toda tarea y toda espe­ranza. La religión, la ciencia-, el derecho, el arte, son las armas imprescindibles de la filosofía y de la salvación del hombre, en cuanto sean universa­lidad y fuerza vital.

Me llena de sobresaltos la perspectiva histórica que enfrenta nuestra vida. Dos enormes impactos, de fuerza y gravitación desconocida, aparecen sobre nuestro horizonte: la incorporación de mil quinientos millones de hombres inesperados que toman pre­sencia en la civilización y el progreso atómico hasta producir el delirio de la técnica, concentrando el pla-neta en el hueco de la mano. Frente a este doble empuje avasallador queda un solo deber: salvar la libertad del hombre, de cada hombre de carne y hueso para su doble vocación temporal e inmortal. Para ese apostolado sólo queda una reserva en el mundo: América·. Continente libre de oposiciones raciales, espirituales O· históricas, y rotundamente cerrado a la impaciencia de los armamentismos prematuros. (Revista Nacional - N" 191, pág. 17).

El pasaje, no carente de ·cierto énfasis. es suma.: mente nítido. Las consecuencias también -lo son. En esos años, el arielista de la juventud hizo con­fianza en los Estados Unidos y en su política Iatino­america:na. Puede creerse (sin credulidad) que esa

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·. =_.cOnfianza era en él, más que otra cosa, esperanza

~- --:-limpia esperanza- en una conducta distinta; que

mida teiüa del sello pueril, o, sobornado o encana­" llado de otras "confianzas". Pensaba, en suma, con _ la línea Haya-Figueres-Muñoz Marin-Betancourt que

la unidad de "~as cuatro Américas" (nórdica, medi-terránea, atlántica y pacífica) debía fundarse en la realidad y no en promesas y verborragia, en un panamericanismo de pueblos y no en un paname­ricanismo de gobiernos. Tampoco, como lo revela algún documento de su ú timo tiempo e1Revista Nacional", nQ 199, uEI Plata", del 5 de febrero de 1959) su fe en la O.E.A. -estaba cerrada a la con­ciencia de su inoperancia (aunque parecía estarlo, en cambio, a la de su pe:igrosa y eventual operancia).

Desde la postguerra se entregó así, con pasión, al proceso jurídico de~ panamericanismo, presidiendo 'la delegación uruguaya a la IX Conferencia Pan­americana de Bogotá, recogiendo sus textos en ''La lucha por la Justicia y por el De'recho". Regules puso una fe difícil de comprender (sobre todo en hombre de su talento y autenticidad) en 2a preci­sión de las fórmu~as legales de ese panamerica­nismo, como si ellas se pudieran independizar y abstraer de su calidad de ser la mera fachada ideo­gica-técnica de un proceso histórico-político que

· como arielista había enfrentado. Pero especialmente jle preocupó todo lo atinente con los "derechos hu­I manos" a lo que, coherente con su formación nor­A'mativista y antihistoricista veía como abs'olutos in­·f condicionados, aislados ("desideologizados") de ~as

"t clases y sectores sociales que eventualmente los .·enarbolan ·como un eficaz ensalmo contra todo cam­

bio histórico amenazador. ·l.' Como ocurría invariablemente en él, Regu"es \l defendió estas posiciones pro-occidentales con ra­

r1- zones, sino siempre firmes, siempre brlllantes .. Apo­. yándose, muy cerca suyo, en las similares de Zorri­,, lla de San Martín (''Las Américas", etc),_ vinculado

a grandes intereses extranjeros, con intensa actua­. ción· en el Instituto Uruguayo de Derecho Interna­cional, puede ser visto en este últ:mo período de su vida como una de las piezas maestras del sector político-doctoral de esa intrincación de solidarida­des y actitudes que tejen nuestro establishment. Pero nunca, se puede afirmar tajantemente, podría tachársele de esa puntual rac:ona:ización de las prop!as conveniencias con que los sectores alto­burgueses, dotados de cierta articulación ideoló-

'il

gica, hacen lo posible por confirmar los asertos del marxismo que detestan. Por el contrario, se le vió siempre libre y como un poco despegado, capaz de objet1vidad (en todo lo que la ''objetividad11 es posible), con una insatisfacción, fácilmente af:o~ rabie, de todos los cuadros e~ que s-e sostenia. Y agréguese, todavía, que su dignidad, su sencillez republicana, su curiosidad intelectual permanente 1e ponían tan lejos del grueso de los elencos poli~ ticos de hoy como si hubiera vivido en los tiempos del Gobernador Viana o de la Guerra Grande.

Su drama intelectual -reprimido pero real­se agudizó por esos años y asumió la figura de una tensión entre su posibilidad de comprender el ape­tito de re~igiosidad, de solidaridad, de objetividad de los valores que mueve las revoluciones y su temperamento, indesarraigablemente liberal. Así lo planteó en un texto sobre Como conciliar la verdad con la libertadd y la tolerancia, de ejem¡far claridad.

En el proceso de la cultura -comprendo que este planteamiento es excesivamente esquemático­andamos, a veces, por siglos, a barquinazos. La verdad o la libertad adquieren la ferocidad de las ideas puras según el lenguaje de Maritain, y este hombre imperfecto de carne y hueso que trae aden­tro de la visión de Dios, o lo adora o lo sustituye, haciendo de la verdad o de la libertad valores con~ tradictorios, opuestos, en lfnea de batalla, y a veces, dominadores y tiránicos. Al fin el combate fatiga, y entra en la cultura el ciclo escéptico o materia­lista (uso las palabras en el sentido que todos entienden) y el hombre no tiene fe en ninguna tabla de valores ni vive ni muere por la verdad o por la libertad. Hemos asistido en lo que corre del siglo a los dos procesos. Mi generación de 1910 enfrentó, en nuestra juventud, el mundo feliz, escép~ tico, seguro y probablemente ciego del final de la era victoriana -de la ciencia transformada en cien­tificismo, de la paz convertida en tutela paternal de imperialismos raciales y económicos- auxilia­dos por una política sagaz, por una diplomacia inte­ligente y elegante; y de la juventud encendida por los diálogos de la torre de marfil como si estuvié­ramos en la aurora del mundo. La Libertad era el don de los dioses, ya que no el don de Dios. Y aquella misma generación enfrenta al cabo de dos · guerras mundiales, y al través de ellas, un mundo desgarrado, que busca entre violencias y fatigas-, La Verdad, también como don de los dioses, ya que

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no-- o·Omo don de Dios. Los· dioses son la raza' _el EStado, la clase social, el sindicato el pJ•oletari~dO . ' - ' , que VIenen, en nombre- de su ·verdad, a ejercer la dictadura· del mundo .

. ¿Cómo con_ciliar la verdad con la libertad y con la tolerancia? ¿Nos resignaremos a sacrificar u!l valor a.l otro? ... La libertad, ¿será el patrimo­mo exclusivo de los que no han lle_Qado a ninguna verdad fundamental, por ho haber encontrado la relación vital entre ·Ja inteligencia y el ser? La ver­dad, l poseerá a las almas hasta la obsesión de sacrificar la libertad? - (REVISTA NACIONAL n' 159, págs. 466-467). '

Las páginas recogidas en esta selección son bastante. ~nteriores a esta etapa de su vida. No pue­den calificarse, en manera alguna de Uteraria~ men.te impecables y llevan· las huen'as, tal vez de~ masrado frescas, de la improvisación oratoria Por­que, indíquese, ni aun en Ias ocasiones d~ ffiás compromiso, Regules se auxHiaba con nota o so­porte alguno. Hombre de ideas muy perfiladas, y muy hecho a la exposición pedagógica, estaba dotado <:on todos esos dones (gesto, -timbre, presencia, ca~ l1dez comunicativa, sintaxis- nítida, fluencia) que hacen ese tipo pevdido que es el' "gran oradOr". ~so es lo que era, más que el más ·facilón y frute­Cible que es un ~'orador impresionante".

Los temas del texto fueron elaborados por Re­gules en otras ocasiones, caso del ya citado prólogo a los 4'Estudios" de Pablo Blanco Acevedo (1939). Eran un asunto predilecto de su meditación los rasgos generacionales de su promoción, que él llamó d~ 1910 aunque su fecha de iniciación general pu­dler:a retrasars-e ~ tanto (véase Introducción, III). C<!-s1 todas !las !me~s fundamentales de su pensa­n;nen~o-: su conc1en~1a d~l fenómeno :social, su expe­nencl~ de unfl: Umvers1dad huérfana de ideales y valores, su achtud ante los magisterios de Vaz Fe­r~eir!'l. Y _de ~odó, ,los rasgos ,de su "ontologismo" :fllosofiCo estan p-lena y coherentemente ensambla­dos en él 1

; ' 1 ! J.

1

17 - El ideal de cultura de la g~nera­ción anterior a la guerra.·

Est~s páginas ·no son una síntesis. Son sin;tpkmen~e _ uri ü~:stirvonio expreSo~ ~sin personería-, un punto de vista estricta- y ·_exclusiva­m-ente ---personal.- Puede nuestra generación ser ( .. :) cm:no yO la veo, __ o_ puede ser todo lo Contrario. La describo como yO la he visto,_ Y C-omo yo la he vivido. Estas páginas son, p-ties, ·sÓlo tin tes-timbnio. ·

-vamos al tema. P afirma'ción. Creo que· entre -1900' y ·1914 hubo "en ·nu_estrO país una juventud con sentido de" _generaCi\ó;n. Para localizarla inCjor la evoco al través de sus muertos: Héttor _Miranda, Washiilgton -Beltriin, Justino Jiménez de Aréchaga, Sántin -C. Rossi, Billtasar Brum, Pedro Escuder Núñez, Pablo BlinCo Acevedo, _Jul_io Lerena Joanicó. E;> particular que en dos paiSes dé Artiérica, y pitalelamente, aparecieron juventudes que teriían también_ sentido de generición. En Méjico, con AlfOnso ReyCs, AntOnjo Ca_so y José Vascóncélüs,- que- por 1905 SG .reunían para. hacer una-· edición me­jicanq de- Ariel, Y "recibíán alborozados la- aUtoriZación de Rodó con aquellas palabnis: Ariel les peitenecc' a Vds.:_.: En· Perú,: Con los Gúda Calder6n, José de la Riva Aguero; LUiS Fráná:O. Cisneros, Víctor Andrés Belaunde, los Miró Quesada, José Galvez~-· Juan 'Bau-· tista···'de ·La\raJlC ... - ·- - · · ·

Esto supuesto ~-cuál era el ideal- de cultura de aquella genetación?-14 respuesta:· Aquella generación no tuvo más -ideal que·: la ,cul~

tura. A ello debió su estilo, su brillo. . . y su fracaso. 2~· respuesta·: Aquella· genetación tuvo la cultUra por .ideal_, por·

el ansia de tener algún ideal, y no 'encontró otros ide~les más vita­leS;· Íii-- ·-en el pan·orarna intelectual del país, ni entre -los elementos de· su· foríhacióh.

Bien. ¿Qué ~ue; en concreto, ese_ ideal de cultura con~---el que aspiramos a diferenciar a aquella generación?. . . No podría enten­dé'r Ia · .rcsp_uesta si. no_ diera dos datos previos: el clima y los -maestros de_ .esa· generación. c-.: D((sde 1-u:cgo,. ,------para integrar 1J.Uestro ideal- d_e cultura,. ¿q_:ué nos

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dió la -Universidád?-.. , Nos dió todo lo que tenía. Pero, -yo pre­gunto-, ¿tenía algo que dar la Universidad?. . . Lo que tenfa, lo dió. Nos dió la lección y la experiencia de nuestra libertad, en el seno de sus_ dogmas, - gracias a lQs cuales pudimos decir siempre, y podemos decir hoy lo que sentimos y lo que pensamos de la propia Universidad. Y lo que siento y lo que pienso, lo afirmo con el más grande amor a esta Casa donde he pasado toda mi vida y donde he recorrido todos sus sitios: el banco de estudiante, la cátedra del profesor, y el sillón dCI Consejero.

Vuelvo a preguntar: ¿tenía algo para dar la Universidad en el orden vital de nuestra vida intelectual y espiritual? ... En el orden de las esencias vitales, -orden religioso y filosófico, y sOcial y artís­ti'co, categorías esenciales por las cuales se vive, y a veces se muere­la' Universidad era el vacío total. Enfrentamos la hora del dogmatis~ rjlo experimental y del encierro profesionalista.

Como ya lo -he dicho, el clima de cultura correspondía al más definido positivismo. Spencer, -un poco empequeñecido el mismo Spcncer al través de una docencia prevenida contra toda filosofía del ser- estaba en su total señorío. Y el materialismo histórico emR ¡:i€zaba a- establecer sus definiciones ineludibles en el orden social.

La Universidad, -y al través de la Universidad, la clase diri~ gente del país- no conocia otras directivas. El espiritualismo, en raizado en el idealismo alemán de Justino Jiménez de Aréchaga, -el padre-----, era la última voz de una filosofía de valores que se oia en la Universidad. Y maestros, alumnos, planes y libros tendieron, con una espontánea disciplina, a un positivismo incondicionado, que negó tpdo el orden religioso y toda posibilidad metafisica, que redujo el derecho y el arte a un común y exclusivo denominador histórico, y que dió a las ciencias sociales y biológicas el dominio final de la vida humana.

Todos nos formamos en el más cerrado experimentalismo, e intelectualmente no pudimos ser otra cosa.

Ausencia total de filosofía, sustituida por la experiencia bioló­gica en la que se soportaba el últlmo esfuerzo de optimismo cienti­ficista,. -irracionalidad, o por lo menos, indemostrabilidad de toda categoría religiosa-, incapacidad total de nuestra inteligencia para la intelección metafísica, -y a falta de toda posición filosófica vital-, la Universidad orientaba exclusivamente hacia sus fines pro­fesioná.les utilitarios. Era el baldío total, para la integración' de un ideal- de cultura,

Eu- este· baldío, aparecieron, entre otros, dos maestros: José E. Rodó y Carlos Vaz Ferreira. ¿Qué nos dieron esos dos maestros? ...

·Voy· a--hacer una síntesis realmente cruel, pero el tiempo no

deja sitio para otra -cosa, y a un- auditorio' de calidad;. el eSquema.· te auxilia la comprensión total del problema. . Vaz Ferreira, a mi juicio, nos dejó tres directivas concretas: 1. Quiso establecer el orden de la cultura, restaurando la dignidad de la filosofía. 2. Afirmó, ---,..dentro de una Universidad que había cerrado las soluciones con un experimentalismo· incondicionado-, que los problemas del espíritu y los de la finalidad de la vida eran problemas abiertos, que podían ser examinados por el lado de las soluciones extra experimentables. 3. Hizo un esfuerzo por situar el orden del conocimiento en una razón depurada de preconceptos ver~ bales y de falacias.

Rodó, por su parte, nos dió dos conceptos esenciales: 1. La VO·

cación, como centro de una valoración de las cosas del espíritu. 2. Una teoría de la tolerancia, a la que dió el vigor inmediato de su limpia experiencia personal.

Esto es todo lo que tuvimos: Una Universidad que nos asfixiaba con su experimentalismo, y con su profesionalismo, -y unos maes­tros que empezaban a romper la costra, -horadando hacia arriba-, con los primeros movimientos por una nueva libertad de pensamiento.

¿Qué fue, entonces y en concreto, lo que venimos llamando un ideal de cultura? .... Fue, desde luego, un refugio de liberación de nosotros mismos, hacia la valoración, -por sobre profesionalismos, y biologismos, y nivelaciones materiales,- de nuestro propio yo, que Rodó- revelaba, cuando empezaba su Ariel con aquella frase: Sed los conscientes poseedores de esa fuerza inmortal que lleváis dentro de vosotros mismos.

La cultura no tuvo, para aquella generación, ningún valor onto­lógico, ni filosófico. Los problemas que los profesores alemanes, y aun rusos, están planteando sobre el contenido de la cultura, y su discriminación frente a la civilización, no preocuparon rca1mente 1•

nuestro espíritu. El ideal de cultura fue, a mi juicio, una afirmación¡ de nuestra vocación intelectual, con fines superiores al afán profesio-1 nalista, y definida esa. vocación hacia dos objetivos: el predominio del espirito como valor, y la tolerancia como instrumento de convi- 1 vencía ideológica y social. Es decir, -que nuestro ideal podría estar' en la primer etapa, que Maritain atribuye a la evolución de la cul .. tura. cuando describe, con un penetrante análisis los tres momentos dominantes: el período clásico, el período burgués o de opt1m1smo racionalista, y el período de quebrantamiento revolucionario.

El ideal culturalista no limitó en nosotros ninguna posibilidad espiritual, -pero la formación experimental nos ataba a la tierra. Y por la combinación de nuestra nivelación experimental y de nuestra ansia intelectual, -el ideal de cultura resultó históricamente un

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·ideario -·de :tori'e: de ·-miufif. La verdad ·de hoy:. es que-· la- ·cultuta -como expresión de una- vocación espiritual afinada-, ha sido des--bOrdada: ·por"túdos .. lados: por el lado religioso, por el lado filosófico, por· el ladb sbcial y por el propio lado artístiCo,

l. _.En el_·orden- religioso, el ideal culturalista no pudo pasar 'de

· -Una doi'ádil- neutralidad, -sin hacer ni hombre con fe, ni hombres , S~ fe. Y áurique no· prohibió ni inspiró la convicción religioSa, pro-

1'

.. ·,,.,. ~dujo' hombres sin el problema intel~ctual de la fe'. Yo he señalado, -~esde otros trabajos,- esta contradicCión- interna ·de muChos y· esta inutilación de ottbs: ·La contradicción 'de una juventud ·cipiritllal­mentc r~ligiosa, e int.electualmente experimental, y la mutilación

11- que- -represen-ta, .para tantos espíritus vivir indiferentes a un proble­

ma, y- 'desde luego, a un trabajo que el hombre viene realizando intelrduahncnte- día por día, y desde hace diez mil años.

~n el_ orden filosófico, nos apremia hoy la filosofía-- del ser, en el-- sent~do" ,analógico 'que lo definía Aristóteles, realidad simple, previa --y cterta, que está revelada con sólo pensar, y que es la base de todo conocimiento, si no queremos -dejar sin sentido a la ·razón, suprimir el principio de contradicción, y- volver· la verdad definiti­vamente. inaccesible, reduciendo al hombre a no ser más- -que un niño ciego, trágicamente heroico.

E~ -el orden social, ~los hechos nos empujan. La vida, ___;_ya- que ·no qmeró decir la verdad-, no está en el diálogo de la- torre; sino en el tu~ulto de la calle. Y mi~ntras se afinan- las vocaciones para un ministeriO del espíritu· y de la tolerancia, hay también que dár pan y justicia al hambriento y al postergado, y no mañana, sino ·ho}r, y no a cúalqliier. hora', sin antes de que baje el sOL

El ideal culturalis.ta es hoy, una parte mínima de nuestra vida y no uha ' antO!cha encendida a la· intemperie. Nuestro experimen­talismo- .y_ nUestro escepticismo nos falsearo'n la historia. En cada hombre de hOy pugnan tres humanidades sup~tas( eCT~bre ~_val, e~ hombré de la Réforma··y-~el.hombr·;-~cfCl~­·~to. E~it~~.~--g~Iót-que-rr~~OLa/-i.ffia'"' forma

l~i~~;if?.~~~:X:~~-~-ª-Sni~S-~.!~~---~lfiE@~ ~-.T~9.o__cstá __ y!,_y_g_,_:_e_n_"_l::-~Qll0~~!l:cm __ ~~-:r.g~~~· Y en _lútea _ de 2_atalla. _ Nuestro escepticismo logró poñer, _ sobre '~feróChlád-dé

· liit'S'la:eUs puras'', una armoniosa pacificación, que dió- su fuerza, su brillo, y hasta su. belleza a la torre de marfil. Alli nos llegó la noche, -discutiendo.,., _Y al volver el día, vemos que- los problemas y las ·soluciones desbordan 1a torre por los cuatro hodzontes, _sobre todo hacia arriba y. hacia abajo, hacia arriba con enormes empujes vitales de conciencia ·pura .para actualizar lo sobrenatural, y hacia abajo

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con inaplazables sacudidas de la multitud, que pide su sitio en la ciudad temporal.

Aquella generación, a p_esar de todo, ha. dejado la torre y ha 11 bajado a la calle. Pero no tiene sentido su lenguaje. \¡~

En~r~__§ ___ gfllirr~~~ón ~Dt~rior__!l-~-~~IF_'!"-Y-~p~ste!:.ior .. .bfi.J: una ~g!:Q!-.9-.!.__cció~- ( ... ) Pero entre_ esa_ g:~.:Q~-ª~iQ.lJ ... P-º/3t_e:ri.or·. y ___ 1<!-_actllal,

,-~y__!!!l_a....JJJJ2!..l!!:~. ¿Será aSir:-:--: -El"" Problema es muy -~-~~rl¡)'i~j~·-y·-;:o hene respuestas simples. No pretendo darla, sino sugerir con una ' consideraci.~n el término de esta página. La rup!ll-E~LJ~.O!l:~l~~-~-<?.n. que ~~ -~g~nerac!9n ~~es de la guer~us~~!L~ti.~_0pjQ,__~~Jiifi[: ~

ge~~ l. nstrumeñtaT.~ta de diale.éc~t~ic_:aY~ .. y .. }_§_g. ~~ .... ;. r. s.-~-.--~.u .... ·.-.. ~:;.c ..... ~n ... t~.~-.!-~.·.r;:. 2 ... ' ¡' r· _a m1 JUlClO, le desluc!~~~n Oe ~B:_.Ea,~LJ.!l~.l~_-}~Z~~--~1 ,\ Vk .. ~n y_de Sll bataHá,~ill1entras que la generaclóii ;11•

-~~ia~J~;~a~~~ ~~~!-~~~-dJ~~~-!j[r~~n~=~~~!~Yf '¡ . Estamos en lo más p~d~- dcictraiT:ia-·aefñOIT;:bfé:-·~:~ ,

En el principio está la Acción, dijo Goethe. No ( ... ) . En el principio está el Verbo, ha dicho el Evangelio. He ahi toda la batalla d(/: la historia. Partícula mínima) frágil, imperceptible en el tiempo, quebradiza por el manojo de nuestras dudas, aquella generación sir­vió- los fueros de la Inteligencia, y esa es)_ por sobre todos sus eclip­ses, su reivindicación, porque en el principio no está la Acción. En el principio está el Verbo ...

"Cinco Discursos sobre Nuestro Tiempo", págs. 15~24.

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Gustavo Gallina! (1889-1951)

Diputado, constituyente, senador, negociador económico, consejero nacional cuando las institu­ciones eran derribadas. en 1933, Gustavo Gallina! fue tamb:én, como Regules, un escritor nato absorw ·bido por la po_ítica y sus luchas, un estudioso, un hombre estrecha y hasta dramáticamente constrew ñido por su circunstancia. Como Regules, igual­mente marca la orientación esencialmente liberal y conciliatoria del catolicismo de su generación, con l"a nota diferencial, en él, de su permanencia den­tro del bando tradicional nacionalista y de una correlativa mayor impregnación en las pasiones candentes, virtualmente irraclonalizables, de la po­lítica nuestra. Como Regu:es, creció bajo el magis­terio rodoniano y aun algunos (Montero Bustamante lo testimonió} vieron en él al heredero de Rodó que tras 1917 se buscó afanosamente. Como Regu­les, dejó constancia de su tránsito por el arielismo y su f1nal salida de él, de su insatisfacción por su remotismo e insustancialidad: son tres piez-as va­.Iiosas de nuestra historia espiritual las que inte­gran la conferencia de 1917 ("Rodó", 1918), ''El alma de Rodó" ("La Pluma", n 01 3, 1927} y .. Sobre los Ultimas Motivos de Proteo" ("La Nación" de Buenos Aires, 25 de junio de 1933). Como Regules, todavía, también Gallina! fue un notable orador, dotado de ciertos rasgos peculiares de nobleza de tono, de amplitud periódica, de desgarbada elegan­cia, que no se han visto después equivalidos.

Pero Gallina! (y aquí concluyen las semejan­zas} guardó un equilibrio entre el escribir y el hablar que no se dió en el autor que le antecede, cuya obra édita es, casi toda el'a, un registro de su activid•ad oratoria. De su en tantos puntos simi­lar, en cambio, puede sostenerse que fue uno de ·los escrütores más dotados de su hempo; puede se-

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ñalars& que la frase ondulosa y la· sintaxis impe-­cable heredadas de Rodó atenúan su distanci-a y su monotonía con una calidez, una energía que so:ieron siempre faltar en su maestro.

Firmemente estuvieron nrientados los intereses de Gallina! en cuanto escritor; la mayor parte de ellos convergió hacia la critica y la historiografía literaria y cultural de-l país. A esos intereses per­tenecen sus dos libros más conocidos: ''Crítica y Arte" (1920} y ~'Letras uruguayas" (1928), sus tra­bajos sobre José Enrique Rodó, "El Parnaso Orien­tal" de Lira, Francisco Acuña de Figueroa, Barto­lomé Hidalgo y Francisco Bauzá, sus estudios so­bre "Los Bienes de la Iglesia" (1911), "Dardo Es­trada", "La constit1,.1ción de 1812 en Montevideo" y otros más que forman su contribución a la "Re~ vista del Instituto Histórico y Geográfico del Uru~ guay", a cuyos primeros números (su mejor época) aportó generosamente.

También tentó Gallinal el cuento, el d~álogo, la estampa, el relato de viajes en "Tierra Española" (Barcelona, 1914) y "Hermano Lobo" (1928). Hay en esos libros páginas- 'que aún podrían interes'ar y que señalarían la supervivencia de algunos de los mejores trazos de la prosa modernista. Y agréguese todavía, para redondear este balance, que Gallina! no fue uno de esos políticos (que los hay) llegados desde la actividad cu~tural pero con una proclividad casi vergonzante a olvidar su primera vocación. Por el contrario, a su trabajo parlamentario se' debieron, entre otras disposiciones, la Ley de Be<;as que lleva su nombre y la creación, después tan mal-trecha, del "Archivo Artigas". f .

Hacia los ú~timos años de su vida, el golpe de estado, que lo arrojó. al destierro y la pobreza, la guerra y revolución de España, la Guerra Mundial nQ 2 ·y el pacto nazi-soviético que la antecedió fue­ron para él, hombre generalmente sereno, una re­vulsión emocional e- intelectual que, cuando hubo de- retomar el ejercicio de la enseñanza (ya lo había practicado en su juventud}, toda su persona trasuntaba.

Desvanecióse, por ejemplo, de sus escritos, cier-to hispanismo tradicionalista que rezuman sus pri­meros libros y sólo pareció atraer~e entonces, en la { cultura peninsular, el drama de una conciencia liberal, la de Larra (1938). El político de derecha que- Ga]inal había sido estudió con curiosidad y simpatía los "Acuerdos Matignon11 y otras institu-

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clones laborales oreadas en Francia por el Frente Popular (~<Ensayos", 1937, n~' 15).

El texto de "El Uruguay hacia la dictadura" (.1938) _ que aquí se selecciona. no es ·cabalmente representativo de es_te momento de su vida pero señala bien, entre otras cosas, su conocimiento directo_, ya de actor o de testigo cercanísimo, de 11os sucesos de 1933. Esto se infere fehacientemente a través de ·las muchas alusiones, hoy prácticamente indescifi'Iables, pero hay también en esas páginas una capacidad .de generalizar que amplía su signi­·ficación a mucho más de ser nuevo diagnóstico de 1os males espirituales del Régimen de Marzo, y le hacen redondear la figura del golpe de fuerza -con­servador, "reordenador"- tan frecuente en el ám­bito hispano-américano. Podría señalar un reticente, en eHas, el testimonio de un mundo todavía apacible que_ importa el tono de dramática desmesura con que se enjuicia ese episodio.

También el dualismo, estrictamente político de "dictadura--democracia" -como par antitético- po­dTía ser desventajosamente subraY1ado, así como la carencia de toda re}ativización, de todo condi­cionamiento histórico-económico de la cuestión. Pero cabría apuntar asinÍismo, inversamente, que el libra ~y este pasaje- han nacido de una autén­tica, insobornable experiencia humana y que ellos importan (probablemente) una de las últiinas ex-

~ presiones, directas, válidas, que el liberalismo clá-

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sico tuvo en nuestro .país en Ia generación que advino entre 1910 y 1920. Una de -las últimas, antes de que -las guerras-caliente.s y frías ach1abacanaran las ideas y las importar-an ya hechas· desde las gran­des :máquinas mundiales masificadoras de Ja opi­

.f nión pública. · "Nomenclatura urbana" es_ en puridad un Har-

tículo", un buen articulo muy a:-ep!"esentativo de su fonna y modo hacia los años en que fue compuesto. Es visible -en él la técnica (rodoniana entre otras) de iniciarse por lo general para ir después cerrando la mira so-bre_ el asunto que se quiere tratar. Alienta ·en sus páginas una suerte_ de "emoción montevi­deana" que posee cierta tenue, pero firme tr1adición en nuestras letras. Junto con el tema de la opo­sición de campo y ciudad y la afirmación de la últi·ma como co:igante espiritual del país, opePa -en "Nomenclatura urbana" la co-nvicción optimista, casi unive;rsal hacia 1920 y hoy relativamente perdida, .-en. :l'a vigenc~a de una tradición __ nacional de sello

liberal, integradora (superadora en la acepcmn en que lo había marcado Herrera en ''La tierra cha­rrúa") del significado de los dos partidos tradicio­nales; una tradición U e na de respetuosas cautelas y fáciles perdones para los monumenta:es errores de cada uno de los históricos bandos. Claro es, sin embargo, que GaHinal no va al fondo del asunto y esta reticencia y aun esta superficialidad puede ser un signo del tono político de su tiempo. Nada se dice sobre -las fuerzas que han modelado nuestra caótica nomenclatm~a, sob:i-e cierta ·concepción im­positiva de nuestra historia que ha dedicado ave­nidas y calles céntricas a los más notorios fallidos de nuestro siglo pasado¡ nada sObre la burla~que esa nomenclatura importa a toda firme .. jerarquía del mérito; nada sobre el presentismo, -la novelería, el móVi·l político rninúscu~o e inmediato de muchas denominaciones¡ nada sobre la escandalosa ingr<i­

-titud hacia constructores y pioneros con que los nombres se disciernen y se varían; nada sobre la antiestética" ligereza con que se han borrado los pocos -·nombres hermosos (pienso en ''Bel':a Vista'~, pienso €ll "Beqltleló"-... ) que esa --nomencl~atura contení·{l.

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13 - "Nomenclatura urbana"

Hacía muchos años que los montevideanos asistíamos entre pro­testas más o menos tibias o vehementes, pero siempre vanas, a la des­trucción de la nomenclatura de la ciudad. Surge ahora del municipio la iniciativa oportunísima de restaurar en su integridad el plan ra­cional, el excelente plan al que se ajustaba esa nomenclatura y que fue concebido por el Dr. AndréS Lamas.

Los nombres de las calles, tanto como sus aspectos materiales, constituyen la fisonomía de una ciudad. El extranjero, que por vez primera pisa su suelo, lee en las lápidas callejeras los presuntos nom­bres máximos y representativos del país; los repiten antes de aprender a leer los niños; son ostentados en carteles y rótulos; vuelan de boca en boca; alcanzan la más extensa y popular de las consagraciones. La nomenclatura de una ciudad capital debe resumir y condensar la historia del pueblo que preside; sus episodios más característicos, sus estadistas más insignes, sus más altos hombres de pensamiento y de acción. Abreviada en esas placas de esmalte o de bronce se ofrece al viandante una lección de historia y de geografia. La nomenclatura es una obra delicada y difícil. Una exclusión inmerecida nos tienta a la reparación. Un nombre indigno ofende y subleva nuestros senti~ mientas ciudadanos. Cuando vemos, una y otra vez, que con liviandad irreflexiva se remueven nombres que juzgamos bien puestos para ofrendar los sitios que ocuparon en homenajes efímeros, pensamos en un pueblo sin idea del valor de sus consagraciones. Medimos la dis­tancia que hay de una colectividad de ciudadanos a una muchedumbre desarraigada y fenicia, a una multitud sin ayer, aglutinada en un mer­cado populoso y proficuo. Esa ausencia de afectos profundos y dura~

: cleros es lo que distingue a la plebe amorfa y parasitaria de las gran­des urbes, en cuyo tipo humano discierne el pensador alemán al pro­tagonista de la decadencia fatal de la cultura de Occidente, al "hombre puramente atenido a los hechos, hombre sin tradición que se presenta en masas informes y fluctuantes'.'.

La ciudad que necesitamos crear en nuestras patrias americanas

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debe ser plasmadora de la nación. Centralizando, dando cima a nuestra civilización, debe recoger y canalizar el fluir de las energías difusas en el territorio. Asi fue en el período de gestación. Enhiesta en la ri~ bera del rio, enclavada en un inmenso campo de soledad, dió al territorio un corazón y un alma para que sintiese y pensase. Por ella una rica vaquería, la linda estancia de que habló Dorrego, fue pueblo y ascendió a la nación. Ciudad y campo (hay mucho de verdad en la concepción de Sarmiento) fueron enemigos, y luchando se com~ pletaron y fundieron en uno. Disoci_ados son, de un lado 1 la rudeza primitiva; del otro, la civilización descastada. La ciudad impuso a los institutos originarios las normas civiles. Debe continuar decantando y filtrando la cultura universal para fecundar con ella los campos se­dientos. No lo haría si abdicase totalmente de su carácter nativo, per­diendo su poder de asimilación. En lo alto de la urbe, sobre la confusión de techumbres y azoteas, tenues, sutilísimas antenas recogen la vibración espiritual del 01be.

"La ciudad, escribió un poeta ciudadano de nuestro tiempo, el exquisito Juan Maragall, es la síntesis de la pati'ia. Es la casa "payral" adonde acuden las más lejanas comarcas que sienten que su alma está en ella". Preocupémonos, si es así verdad, -de que nuestra ciudad lleve estampados en su fisonomía los ragos del pueblo que preside. Que el extraño que cruce sus calles no pueda mal pensar al vetlas que llega a un pueblo sin alma. Que el hombre que acude desde re~ motos rincones del territorio reconozca aquella ciudad por suya; que al .entrar en ella le diga el corazón que entra en la casa solariega de su estirpe.

Data de 1845 la nomenclatura monteVideana. En mayo, en el ani­verSario de la revolución, publicó "El Nacional" el plan que Andrés Lamas, jefe de policía, elevó al ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, don Santiago Vázquez. Fueron borrados, con los antiguos nombres, las huellas de la vida colonial. El sello de la existencia del viejo Montevideo, claustral, apacible, dulce en. su limitación de hori~ wntes, se desvaneció con los nombres del santoral español. La calle San Gabriel, la calle San Carlos1 la calle San José se llamaron Sarandí, Rincón, Guaraní. . . Una época nueva estampó sus cifras en el blasón edilicio. Sarmiento, que cruzó por Montevideo varios meses después, en enero de 1846, con el alma tensa como un arco pronto a disparar la flecha contra la "barbarie" obsesora, anotó con júbilo la mutación, en la carta a Vicente Fidel López, impresa en el tomo de "Viajes". '~Un -día habrá de levantarse el sitio de Montevideo y cuando los anti­guos propietarios del suelo, los nacidos en la ciudad regresen ¡qué cambio, Dios mío! Yo me pongo en lugar de uno de aquellos pros-­criptas de su propia casa y siento todas sus penas y su malestar. Quiere

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llá1rtar::a~.-eSta ·-calle ·San- Pedl·o; a ·aquella:- otra· Sim · Gristóbali- pm·o·· el pa.sallte a<quieri 'pteguhta no conoce· tales nombres, que- han sido ·bo'~· FiadoS :por_. la:. mano· SOlicita del progreso: para éedet sU lugar· a los­n'orilbí:''eS ¡?;uár-iníeS' de -la _-historia ·oriental" .. -. Así continúa_ en ·:Sri libro piritorlisCoi-·· de PfOSa abundante y descosida; Mudó con. éste ·_y otros oarribios.·_eLsemblanú': de la ciudad; que surgió remozada·_de ·aquel-_caos enlginático· de la- Guerra Grande. -~: -.. La:- -nomen2Iatura .de l.ah'las es una :obra maestra-- de: tino y. de: di~úeci6n; Parte en dos la ciudad ~la mteva y -la vieja,----,,· la: línea de lós; niui'os ya desmanteladds y la Ciudadela.- -La Ciudadela perman·eció. tOdavía en pie :muchos años en el -eorázÓn- de .-la- ciudad --renOvada, trócádá en· mCrcádd la. plaza dé armas anchurosa, en la .que se agol-­paban· comercios de .. toda laya cuyos dueños. ensordecían: a:-" los .tran­seuntCs pregonandO las mercancías. Fue demolida- mucho·s años' des-' pilés: Alberto Gómez Ruano,- un eStudioso :mod·esto ·_y "-·por·~ vario.s· conceptos meritorio, que acaba de morir, tailó en madera -Una- h:er-'' llosa e interesante reproducclóri en pequeño de la .Ciudadela~-- que hoy_ adorna una sala del Museo PedagógicO. -La- calle S<irandi_ se· tiende· sobre el dorso de 1a cuchilla en la ciudad vieja,. desde ·el mar ~·hasta:· el emplazamiento de la Ciudadela. A uno y otro lado se sUceden ~los nt)mbre? de los fastqs patrios. En la· extrema saliente de la península rtrcintevideana, donde estuvo el· poblado inicial, agrúpanse -los- .-nom-_' btes ·remotos de la conquista y de la era colonial. Luego, m_ás --cén~ trkos; nombtt;!s de- episodios, casi todós guerreros, de la Reconquista, de_ la patria vieja, de-- la revolución de independencia de 1825.--'Lá calle Sarandí, consagrada a la batalla salvadora de 18,25,: es·· la cCntrál .de la ·vieji-~ciudad-.- Se-- abre y eitsancha sigüieildo_ la-- cumbre de Iá· cuchilla, al penetrar en la Ciudad- nueva, -fo'rmandó la avenida 18 .. de Julio, fecha ·de.- la jura de .la ·constitución: ·el guerrear de la independencia se corona con 1a organización instituciOnaL En _la citi:­dad riueva se escalonan nombres .de- .combates, Como Mercedes y-San José,- o nombres .de accidentes geográficos· y .grandes ~íos del territorió. ES-':-o.na concCpción .bien ajUstada, un plan delineado· ·con ·.precisión· y. acierto. .. -

·No- hubo _.espacio ·para ninguna consagiaciófi- personal- dC.- pei_.soml viva: entonces. Apenas· algunos nombres de descul;nido'res y.fúndidores o personalidades _de ·Ia vida .colonial ya rriuertas desde .. hacía ·muchos

· afios_: Pérez Castellano, el- patricio de 1808; Maciel;: el. filá.titro'po. Vivían' :aun .m:uchos: hombres civiles y sOldados 'de· la- .-Independenci-a; A1g:Unos: eran· camaradas de lucha de Lamas en lás trincheras de- ~la

Defensa- o ~n los Cónsejos. de Gobierno, Otros Se manteníán aparta­dos- de las.-.contie'ndas- ·civiles; _entre ellqs próceres tan auténtico~- cüm~' Lartaiíhga:, a. quien ·Lamas_ podía juzgar: y que eiego--_y. enfermo era

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vi~culo ,-de. umon éritre los bandos- ~n pugna 1 que·- al ffi:orir: ·éi-·:rivalii_· zarían-·'en. el fervor '-de los homenajes. La ·regla· ·¡-mpElrsomii--no fue ~¡r?gad~~-- '~_Me he abstenído de tocat los nombreS_ ·de .lós ·con'tem_i?o~' rancos· .rlustres y de sucesos que ·cteben , espera!'" su sancióíl- en· -b opin_ió~; tranquila .e ilustr~da· de ·Jos venideros. Cuarido 'desapatezcán las pasiOnes y los mtercses que ha creado la revolución, pára dar cam:,' po a loS fallos severos e imparciales de la historia,· Montevideo -'tendfá múchi:t;; y- .?ell~s calles que ofrecer a los nombrCs de' los guerreros,: d_e Jos mag~st:ados, de los -hombres públicos". Esta lección de pruden­cia no fue- rmJtada más tarde. Hemos visto prodigarse, ·Jas consagracio~ nes prematuras, nacidas de arranques de sentimentalismo las consa .. graciones pasionales que 'honran a figuras rcciCntemente d~saparecidas a las que· falta perspectiva histórica, y aun las consagraciones a:du.: latorias.

Las "correéCiones y enmiendas que sin orden ni concierto sufrió la nomenclatura de Lamas, fueron desa·certadas, acaso- sln una sola ex~eptión. Asombra pensar que hayan prosperado" muchas de-. esas rectificaciones, destruyendo un plan armónico. . · · Fué borrado, supo:Ogo que por falaces razones _de laicismo, el ~ombre de Santa Teresa, que no recordaba a la-- dOctora de Avila, sm? a ~a doble y memorable victoria que el- comandante Leonardo Olivera obtuvo en 1825 ·eri el Fuerte fronterizo de ese nombre Fueron desclaVadas las chapaS- de -la calle Cerro, que rememoraba el brillante ataque comandado por Oribe en- 1826 contra las fuerzas imperiales.­~~ 1845, cuando la calle fue así bautizada, mandaba Oribe el Ejército sltmdor de Montevideo, de cuya defensa era Lamas personaje conspicuo; E!l ésta, como en otras denominaciones, un criterio sereno primó a pesar' de la crudeza- de los tiempos y de' las pasiones de los autores.

.Fueron. mudadas .calles como Daymán, Queguay y Aútpey, sus.: ümbvos tip1cos que dtcen de cosas indígenas del terruño melodiosos il<;>ínbres'_ guaraníes de caudalosoS e· históricos ríoS patrio~. El doctor ~anías h~bía ,enhilado uha. hermosa s'erie: Cuareim, Yi, lbicuy, Uru­guay, -Y aguaron ... Esa- sene fue torpemente deshecha. En· varios casos' éJ ye'rro _se dobló con imperdonables herejías- históricas.

. Daymán fue desterrado a ~n lejano·-subu~bio; se puso ell su lugar J ult~ Herrera y O bes. No opino movido por sentimientos de adVer-' si.ém· a- la memoria de aquel ciudadanO. ConOcí al doctor Herrera en sus años postreros. Vivía en una enoriné soledad; sobreVivía a la ruina total. de sil prestigio politico. Solo, y maduro para-la muerte, imponía respeto, Al verlo cruzar· las calles· de Montevideo, ·se adivinaba la pO­breza de sU: vida: misetia· sobrellevada ·con -al ti ve?; señoril. Más de una: vez--lo ·Vi- en un ttanvia-de -las afueras, lleva-ndo en las manos_ nn. rama de' flóies; -:diaria ofrenda de ·Un arrtor romántico hasta ·la. muerte;

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Tuvo- por aquellos años un arranque en el que gastó sus últimos arres-: tos de fuchador; quiso resucitar su "Heraldo" y pa:a esa campaña, casi póstuma - tentó afilar de nuevo su antes temtblc pluma; fue como un ho~bre· que en un combate de ahora blandiera una vieja partesana_ o-xidada. Hay finales de vidas humanas, ~e vidas intensas. que supieron de los halagos del poder y de ~a glona, ~~tya co~t~m­plación produce en el alma un ~stado parecido al de ~atharsts o purificación de pasiones secundanas que serenaba los ámmos de los espectadores en el desenlace de la tragedia antigua. Así, la vida de Julio Herrera y Ob~s c~ando de~linaba hacia la sombra. morta~ en niedio de un vasto stlenc10 pensativo. Aquel hombre, de fma cahdad intelectual y social, babia entrado ya en esa zona de penumbra en la que se sumergen al día siguiente de su muerte -una muerte que puede anticiparse a la desaparición física- los qu.e han. sido po~e­rosos; r~surgirá más tarde a la luz esclarecedora e mmóvtl de la_ hts­toria. Pronuncie ella la sentencia_ sobre el político y sobre la época de q1.1e fue una de las personalidades representativas. Entretanto, pienso que el homenaje de los suyos no es excesivo, dada la jerarquía espiri­tual del prócer. Si quisiera descender a la crítica personal pensaría en otras calles de cuyos nombres no quiero acordarme. Censuro en este caso el poco tino en la elección del sitio.

Errores nacidos de incomprensión, errores que dimanaban de estre­chez de perspectiva, fueron poco a poco rompiendo la armonía de] plan de Lamas. Obedecía esta nomenclatura a una concepción hist~ rica y nacional. Las rectificaciones posteriores, como muchas denom1~ naciones incluidas en la parte novísima de la ciudad, derivan de cri­terios ahistóricos y cosmopolitas. Ahistóricos, propios de espíritus limi­tados a la visión del presente. Cosmopolitas, en el mal sentido de la palabra, que tiene otros excelentes; cosmopolitas por la ligereza con que acceden al sacrificio de lo propio, aun sin que lo justifique razón alguna superior, por indiferencia o ignorancia. Lo actual, qu; tal vez será pasajero, no tiene sistemáticamente derecho a desaloJar a lo antiguo, que acaso, por _permanente, seguirá siendo actual, cuando lo que constituye la novedad palpitante de hoy se haya esfumado en el tiempo. Los que viven sólo en la hora presente fueron con lento tra­bajo de zapa minando la armonía integral del plan. Desfiguraron asi algo de la fisonomía histórica de Montevideo con modificaciones determinadas por el azar de iniciativas desordenadas.

La restauración de ese plan devolverá a nuestra nomenclatura céntriCa algunos nombres muy típicos, evocadores y sugestivos. Acep­tar.ia _yo, si no fuese acicate para nuevos retoques, que se adoptase un nombre que encajaría con precisión en el conjunto. La calle "Cá­maras"· fue llamada asi en honor de la· Asamblea Legislativa del

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'J, Estado, que ha tenido su sede durante casi un siglo de vida _ con_stitli­_cional en el edificio del Cabildo colonial en ella situado. Muy pl-onto se inaugurará el nuevo y suntuosísimo Palacio Legislativo .. "Calle del Cabildo" sería el nombre adecuado para la calle Cámaras, donde se ostenta el viejo edificio de grises sillares, simple y austera silueta, una de las joyas tradicionales del país. Calle del Cabildo en recuerdo de la Junta de 1808, episodio capital de nuestra evolución histórica.

No faltarán sitios dignos para los nombres que será preciso remo­ver al reintegrar la nomenclatura urbana: nuevas calles, avenidas y paseos. Habrá también sitios adecuados que recuerden episodios y nombreS; omitidos por Lamas, particularmente los civiles de la revo­lución, y para aquellos otros posteriores que merezcan tal honra. Ningún homenaje nacional o internacional será derogado ni disminuido.

Patrocinada por concejales de los dos partidos tradicionales triunfará la idea de restauración de la nomenclatura. Es ·seguro qu; han de correr muchos años antes de que el cambio de perspectiva histórica, imponga rectificaciones de importancia en el panorama ideal que el1a evoca. 1924. "Letras urugrwyas"~ págs. 285·295.

19 - lDemocracia y Dictadura]

Mucha agua ha corrido bajo los puentes después de aquella no­che· de Abril de 1933, En 1935,_ fui de nuevo al destierro. Pero antes, en los calabozos de investigaciones, lóbregos y estrechos como nichos sep~lcrales, supe, si otros elementos de juicio no poseyera, cuanto P,abm avanzado la obra del régimen. El redu~to de los derechos y lib~rtades individuales fue allanado violentamente, fue arrasado. Ni hogar donde no entraran los sicarios; ni correspondencia que no ~~y~ran y revisaran; ni palabra íntima que no trataran de captar; 11:1 JUeces, muchas veces, para asegurar a los presos la tutela de la ~ey; ni libertad de imprenta o de reunión, sino a ratos y precarios; ni integridad fisica,_ siquiera, para algunos de los que el régimen

,sepultó, por días interminables, en sus mazmorras. El país regresó bruscamente hacia etapas del pasado que parecían superadas· para siempre. El co.rtejo de los gobiernos de fuerza es siempre el mismo.

La democracia es, por excelencia, un régimen de dignidad J¡u­m(!.n.a. El valor humano se cotiza más alto que ninguno. El ciuda~ qano es la creación magistral de la civilización de occidente; nu-_

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tfidá:: por·,·r"aíceS dáSlcas; Y- Cristia"nas: pÍenitiid :de· -hum·ana jerarquía, >titUlar ·de .derechos· irlaliehablés. Rico o pobre, puede permitirse· =el ;bdtáiiico ___ orgúllO de la personalidad. En lo ·alto o en lo bajó ·de la ·escalá.'·-Social: posee -un -patrimonio moral- del _que no _ puede despÜ­:jar1o·-H:iJoder· público. Aún condenado, tiene el amparo del éódigo "que-lo castiga. Lo más funesto de- la dictatorial empresa fue. la ten­tativa de-'herir ·al país de invalidez cívica. La democracia padecC males y cono'ce ·corrupciones;· son leves, frente a las demoliciones

·sistemáticas -de las dictaduras en el orden m01·al. Muchas veces· ·he ·-recordado _Ja anécdota ·que cuenta Heller en su libro "Europa· Y- el fascismo".- Pasa en Italia. Un académico concluye de dictar'- una conferencia :.exaltando--la .obri internacional· del. fascismo; .. alr dejar el aula, en' ,conversación privada, le oye el autor confesar espon­t_áheatilentc_ que sus opinipnes verdaderas, pero íntimas, se apartan ~diametralmente de. las que en público acaba de- profesar. -"No existe ningún ."país de_ la tierra en el que tantos hombres digan, sin necd­'sid_ád, ·de_ .~reguntarles_; que ~;een_ todo .lo contrario de- lo que· públi­camente d1cen y escnben ...

; .. ,

El interés recluta adeptos para todos los regímenes. Pero no hay época como la del poder absoluto, para permitir aquilatar los hombres y los caracteres. Legiones de hombres hay que obran con independencia y total decoro cívico dentro de un sistema de garant~as No están tallados en la madera de los· héroes. La dictadura· nuestra forjó una senÚricia que es su obra maeStra, firrrle y ~ollcisa c,:~ill'a leyenda de medalla: "amansarse para vivir". Tres palabr_as, ~n las que está _acuña~ su doctrina, -que. es la de todas -lás- diCta_l:lur;:ts. Acaso--más que- stts agentes ac~ivos las sostienen los hombres_ mansos -que se -dejan·-confiscar· en silencio los titulas de la ciudadanía. ¿Erah v·erdadetamen_te:: _Ciudadanos muchos de esos ·qUe vimos -pasar po_r h~estro -lado devorando sus propios pensamientos, temerosoS acasO d:e qÚe se los·:-leyerati en Ias- frentes? La dictadura e's la hor.a· de lÜs qUe'· callan·; de -los que callari por Íniedo y -por Haqú.ezá de carácte~, ·~o· por_.' aqUella refinada- modalidad de espiritUal pudor qi.i.c iri~pi_ró a ;Rodó' página exquisita.- L~_ ho'ra de- los que sC_'-Cricogeri "de 4ombr0s 'POr' -í:ndi~efeilcias o pOr egoísmo. -'La hora: del interés al'erta- · y>qel adorméci,do ~ civiSmo. No hay independencia ·sin castigo ni genufle­xión-~Siri pre~io._ Está; en lo- bajO, el zafio logrero; ejeinp~ar de.-Ij:t fauna pOlítica· que ·no interesa. Se adjudica a Vaz Ferfeiri esta definición del régimen viejo;- no se sabía a quien adular. CriandO se itdu_ió,."de-_nuevo ·un mandatario armado de la suma- del -_p6der -

""'!- aderriá:s Jas extraordinarias al alcance de la ·mano para· cl-día"--que ·se: levantara. d-e- mal humd'r un· presidente rodeado de soldados,

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tras lln~ espesa :verj_a , 1~corno :flores de primav~ra V9lvi(lron -fl,. brotar el' ·serv.ilismq, la; d(;':lación._ y la cortesal!--Ía. De no sé cvales rincones sa1i~r_on: -a relucir, en -las -columnas de cierta prensa los- floripondios de Ja·_-literatura palaciega de. hace medio siglo, expandiéndo_se con trüpic<il Jozanía. En. ella se pudierpn ver, retratados,. Jos _ Qjos del feÜche-,supremo, para que. el pueblo leyera la _tierna cxpre.si_ón de sus miradas; y las -manos todopode"osas. Pero .. ésto es lo más :-absurdo y lo· rp~nos peligroso. Hay otros peligros más insinuante.$.

El ,veneno más sutil se llama "apoliticismo". El--apolítico es un hombre .al que no interesan los derechos ni .las libertades ajenas.- Los SUyos, tampo~o, sino en la medida en que_ repercuten_-.dir'ectarnente sobre sus intereses materiales. A los que ·se desintére_sa,biJ.;n. _de_ lm¡. ne­go-cios públicos los gri_egos los llamaban "idiotas". Hp.y;, quie.n.es d"e: esta, despreoCupación hacen un timbre de excelencia. Entr:c-- soh:n~.$alto· Y­sObresalto)· la _dictadura c;onseguía abrir períodos- de tnuJ,quili_dad ¡:nás o menos duraderos .. Entonces soltaba pregones ,par,a. ~nunci_a.i. 41. ~9do~ los vientos que el país había ingresado en la norma,1idad.- 8('1-¡nejaba ese. orden, a_ .la travesía por .zonas asfixiantes de· calma cíyica, .El país parecía amodorrado, en una pesada siesta .. S.e ·respi:r;aba- un· ambiente. UniverSal de ,conformismo .. Sólo en voz baja cundía la- pr.otesta, co­barde. _,dijérase .que a( fin, el gobierno absoluto. había ~;onsumado -el último .atentado.,- tal como· Marañón lo temió en -_la -Españ·a_, de_ Primó de R.iv~ra~ habia- ·perpetradO- -la mUerte. del espíritU ciudadano: de -la$ ge~tes; .. Y.:.el·apolítico· .Se ·ah:aba a la categoría de persbn<!-je _:reinante, No suplicaba adhesiones para el gobierno; aconsejaba. tan só.lo ·m~su_ra y reflexión. No comprometerse, era su consigna. Si la protesta uni­versita:ria n9 se acallaba, como sabía que la universidad no to_leraría le :_ai::onSejase_-apúyar 'ál- régimen, se limitaba· a-<-predicár~e iio inter­Vepii' en. política; sll_'misióil'es técn_icá, cultural. Sin perjUidio de tra­bfljar a' la soidina ·por la int-ervención. Inútil pregUntad e -qué- cultura podía ser esa, indifei'cnte: a lOs destinos soéiales.- Os tespohderf<i" que l'a· política es-- sucia, cenagoSa. No hay que manchar de· barro la tOga.

Aspiraba a ¡a' "p<Ú:ificación. ·espiritual'_1 dd país.· ~aZ S~ii" jus'ticia; bh1Cn sólÓ ba,sado- en,.la coacción: los _más bajos niVeles de -la depre-· sióti ·nl.or<il a que puCde llegar u·na socíedad. Extinción :de'·t6d6 f~r­Vor; trÍlierte de tod.i Haina:. La· virulenta _propa:gailda de~ag9gic3. que pr_ec;eq.ió __ el golpe de·e~tado prcpa!ó e_l. _terreno. NirÍ~n P:r~st_igib q~edó ~p'te_r'amellte ilesp bajo lüs-)Uegos Cruzados de J<:J. -~alumllia. ,~os _ultra 'ConSer'va'dores -del Comité de Vigilanciá -~~pnóniica étjbr~erori' de denuestos a los políticos y a la actividad 'pOlítica·. ·corrTenú~S extre.: mist{ls de izquierda_ coincidieron en el desprecio- a la ''democracia indi­viduali~ÍÍl" y a las· ''libertarle~ buri~csas" ~ ' Creyeron que nó -valía Iá pena defenderlas; que era mejor táctica la de entregarlas desman.:

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teladas a la of~nsí~a· dic,tatoriaL- Pusieron unos y otros sobre el interés político e't -interés gremial. Para el apolitico obrero o burgués no existe otro pr-oblema que el de su salario o de su renta. Allanaron asi el Camino a la dictadura que primero les usurpó sus derechos, y, des­pUés les gravó también loS salarios y les mermó las rentas con pesados impuestos. Entonces, comenzaron a germinar las protestas en el se­creto de las conciencias ·apolíticas.

Y lós apoliticos, como los resignados, pulularon en numerosas va­riedades. Hubieron técnicos que limitaron su cooperación con el go­bierno, verbalmente, a las actividades de su especialidad y se creyeron exentos de responsabilidad: el arreglo del pais no les incumbía. Y casos penosos, por la capacidad intelectual de sus protagonistas; aquel, por ejemplo, que nos dijo en la calle su horror por los procedimientos del gobierno de fuerza y nos hizo oir una elegía sobre )as ruinas del civismo nacional: al oirle pensábamos que él ocupaba una tribuna de vasta resonancia, desde la cual nada decia al país, con su elocuencia, de todo aquello, pasando sin una protesta dicha en voz alta por uno de los más trágicos períodos de la vida cívica, _para salir luego, rumbo . aJ procerato del silencio .. ,

Estaban los semiletrados, convencidos de que la democracia está en bancarrota. Los deportistas frenéticos, que no piensan en nada. Los deslumbrados por el ·brillo falaz de las dictaduras. Los . que pro­fesan el culto de la fuerza y del éxito. Y la multitud de lo~ que no se interesan, ni saben. Alguno llegó a Buenos Aires que ignoraba que allí hubiese desterrados.

Dictadura es materialismo, derrota de los valores espirituales, sa­crificio de los bienes intangibles cuya posesión reviste de dignidad y de decoro la existencia individual y colectiva. La anécdota popul~r italiana resume el pensamiento con prosaica claridad, Sorprendido Mussolini por un niño, en la mesa familiar, con la pregunta: "¿Duce, qué es fascismo?", contesta; "Come y calla". La anécdota no dice que al final, se reducen también las raciones de víveres ... Dictadura es

·materialismo: glorificación de la fuerza contra el derecho, exaltación del éxito, auge de los arribismos más desmoralizadores. Arriba, jac­tancia o teatralidad; abajo, adulación o silencio; insinceridad en todas partes. Un pueblo no pasa por un régimen así sin que le quede un S~dimento malsano: no en vano se cultivan con esmero durante años' los· gérrilenes más nocivos.

"El Uruguay hacia la Dictadura", págs. 19-25.

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Alberto Zum Felde (1839)

Nació en Babia Blanca y vivió la tipica juven­tud intelectual del 900: bohemia, poesía, dandysmo ostentoso, grandes posturas provocativas. Fueron sus años (que ha evocado Manuel de Castro) de "Aurelio del Hebrón", de periodismo pueblerino en Maldonado, de las tentativas teatrales: Lulu Mar­bat,_ El Derrumbe, del desafiante discurso en Ja tumba de Julio Herrera y Reissig (1910) .

Se asentó después en el articu:ismo y el :estu­dio; publicó "Doml!S A Urea" (1919), dirigió "La Pluma" en su primera época -agosto de 1927 a setiembre de 1930- aunque desde 1928 sólo 1a: constancia -de su dirección aparec-e en 1la revista, en cuyo primer número estampó Zum Felde, ro­tunda, certeramente, la disidencia americana a las pretensiones de ''La Gaceta Literaria" de Madrid de hacer pasar por aLí el meridiano intelectual de América.

No son fáciles de separar, daro está, la per­sonalidad crítica de este escritor y su obra ensa­yística. Como crítico, tarea _que aquí dejo al mar­gen, Zum Felde llevó a su madurez una fuilción que tenía sus precedelltes en el_-_ sig'o pasado (La­mas, Bauzá, Melián Lafinur, Desteffanis), en la que se ejercieron más tarde Rodó, Barret, y Pérez Petit y que cultivaron entre .Ja promoción de sus contemporáneos, a veces con acierto, Gustavo Ga­llina!, D1este, Falcao Espalter y A:berto Lasplaces.

Desde 1918 a 1930, en sus artículos de ' 1EI Día" y ' 1EI Ideal", Zum Felde renovó sustancia:mente el juicio que sobre la literatura uruguaya ·pasada y presente ~acostumbraba formularse. En esa reno­vación puso dotes muy singulares (por lo menos entre nosotros) de penetración comprensiva, estric­tez de valoración, capacidad expositiva, vd:untario ceñirse a la obra o al autor. En ucritica de la lite-

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r~tura uruguaya" (M9ntevideo, 1921), en "Proceso Intelectual del Uruguay" (Montevideo, 1930 y Bue­nOs Aires, 1941), en "La. literatura del Uruguay" (Buenos Aires, 1939) y en el ~esumen prepru::ad_o para la Editoria'l Jackson (abrevmturas las dos ulti­mas, más bien mortecina-:;, del u Proceso"), en su antología ''lndice de la Poes~a uruguaya contem­poránea" (Santiago de <:;h,i~e, 19?5), Zum Felde rompió con lá dudosa trad¡cwn ·nacwnal, y. aun sud­ameriC-ana de 11\ina crítica inhibida .en su plena fun­ción por· Consideraciones de va'.Iiidad tradicional, por la· inflación patriotera, política y localist8:, por vinculaciones familiares y de dase, por la piedad sentirbellta.J, por ambiciones descolo.,cadas. (con Ju­lio Herrera y Obes pergeñando sohte Chau.cer, con Melián Lafinur divagando sobre ' 1 l..,.as muJeres de Shakes¡l'eare" ... ). DeSdeñó .. ~unque pese ~ su ejem­

. plo 'sigu,ieran viviendo, la cnt1ea, de .~ortesm y la ~el bombo mutuo, la crítica d~ glosa (cOmo la muy bmda de Rodó sobre Darío), la de resúmenes de obras Y digresión incontrolada, a lo Ro}l:lo y la monografía de tiPo pedagógico, valiosa pero limJtada,, de "Lau­xar"'. Su estrictez, que a véces se ade~~o hasta l.a abierta agresividad, no siempre fue, sen~tle?e, eqUI­tativa, 'y aun podría <registrarse ~endenciOsidad po-

. lítica en algunas valoraciones (pro"~ánchez,_ .cont~a Rodó) no separable seguramente de su mllltancm _en el Batllismo y de su trabajo-regular en su prensa en aquella tercera dfcada del ·siglo. También se le ha objetado (Gregario WeinbeTg en 11Comenta­ri(l11 Buenos Aires, n~' 15 -y el que· esto escribe en 11 M~rcha'·', n~' 791) lo que a1gún)ng:és Uamaba the cult of inaccuracy ( Groussac reco~daba la ex­PresiÓn). La propensión frecuente-· y viciosa ~1 t~a­bucamic:mto de títulos,. nombres, fechas, atr:IbUCIO­nes, afea muchas págill'as meritorias del crítico uruguayo. Toda exactitud en el dato parece ser tehida por Zuffi F·elde como virt11d negligib':e y, pese -a lqs -señaJ:amientos, sus últimos textos no lo muestran curado de esta penosa •tendencia.

· No puede negarse, ron· tpdo, que fue él quien _)hasta la aparición d-e Emir R.Qdriguez Mone­gal-:--- puso a la critica uruguaya' sobre sus pies, -e'l más capaz a· un tiempo de ver lo que en un escritor importa y qué escritores importan, el que

-·más' se acercó a una posible; y debatible, "objeti-vidad'' ·;el que más coincide {rriérito relativo pero efectiv~ al fin) cOn las valoraciones críticas -que

sin duda_ influyó--:- de )as: generaci~iles posteriores. Si- esto cabe afirmar ·de Ua- -constélación del upro­ceso" y sus vadantes, más- discuti'Qle- es, en cam­bio,. el logro de los 'dos- yolúmenes del \ 11 lndice Crítico de la •Literatura hispanoamericana", publi­cado en México (i1La Ensayística"- (I), 1954 ·y 11La Narrativa" (II), 1959). Los P:roblemas metodoló-. gicos, Jras exigencias de información y de lectura que implican, el -campo d-em.a.,siado vasto de la literatura continental, .no -es probablemente un crí­tico del tipo de Zum F€ilde el mejor dotado para enfrentarlos y la tarea fomentó (sobre todo en u La: _ Ensayfstica") algunas de -las peligrosas faci­lidades que le acechan y qu¡3: en ~1 área más mo­:desta- d-e ·la Qiteratura uruguaya amortiguaban sus

. efectos. Saliendo de su actividad más especializada,

hay que apuntar. que. todo el pensamiento de Zum Felde se filia en cierto momento de su formación intelectUal, que bien pudiera coincidir con el "no­vecentismo" (véase noticia sobre Eduardo Dieste). Fueron sus postul•ados cardina!les: intuicionismo, fucionalismo, vitalismO!, descubrimiento del sub­consciente, a~án de eX'perimentación estética, de­voción, por un "hoy" -espumoso y huidizo, los que él vertiera en una serie de conferencias recogidas en '1Estética del Novecientos" (Buenos Aires, 1927).

Un poco más allá, sin embargo, de ·este "nove­centismo", lo que completa el esquema de su per­sonaüdad intelectual es la ·acción de los relentes, de Ias vigencias ambientales (m;ís que la cabal re­viviscencia. ·del proceso) sobre '1a ·crisis del Ocho­cientos" y de · sus voceados trazos (naturalismo cientista detenninismo' materiaJ.ismo, positivismo, .fe en el'--progreSo auto~ático, etc.). Sobre il1as afir­maciones antitéticas: libertad, personalidad, espi­rtualidad "restauración metafísica", afán por su­·perar _el 'racionalismo se compagina en. Zum Feld'e una "filosofía de la cultura", -casNlero filosófico en ·el que Ardao (11 La til(fsofía en el Uruguay en el siglo XX") con razón lo_ coloca si es que como fii:ósofo Oo. que dudo vehementemente) puede ser considerado. Los grandes nombres que el ensayista maneja en aquel -vistoso lib~o (Spengler, James, Freud Von Uekhull, Einstein, B-ergson) bien pueden ser , c~nsiderados sus pensadores- formativos, sin olvidar a Nietzche, de quien afirma:ra no hace mucho que fue su principal nutrición (en 11 EI País", 26 de agosto de 1962).

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Bien o marl fundamenta,da, esta filosofía de la cultura funcionó ·en Zum Felde con eficacia verte­·bradora y aún podría afirmarse respecto a ella que su etapa católica, marcada por el libro de su con· versión, no es más que una acentuación, y una última consecuencia de sus principios.

Crítica y ensayo (es decir, la obra casi entera) están vertidos en el autor del ''Proceso Intelectual" en un -inconfundible tono afirmativo, apodíctico, incoerciblemente dogmático, un "estilo altivo", si cabe el término, un sí es no es mosqueteril, hecho de juicios conclusivos, de aseveraciones rotundas. Difícil es hallar en sus textos matizaciones, dudas, reservas, interrogaciones. Las que Vaz Ferreira 11lamaba "falacias de falsa precisión" imperan en ellos, desdeñando toda esa fiaena de sutiles ajusteS a través de los cuales el pensamiento necesariamente onduloso, cauto, busca ser fiel a la densidad últi­mamente inconceptuable de lo real. Porque, pam­dójicamente, el empeñoso postulador deal realismo antidogmático que Zum Felde ha sido (es la mé­dula del alegato de su ('Ocaso") resulta siempre una mentalidad teorizadora, esquemática, más gustosa de arrogantes aristas que de veraces asimetrías, más inc4inada ·a ·las grandes síntesis y a los con­trastes maniqueos que a l'as modestas observacio­nes, matizadas y penetrantes.

No puedo dejar de relacionar con esta vo­luntad de altura el lenguaje de Zum Felde y su gusto por la sustitución de los vocab(os ·aplicables a las realidades en beneficio de los que expresan su manejo científico, por los términos abstractos, por todo el arsenal · fi-losófico, por los sonoros esdrújulos. SUs lectores deben afrontar un conti­nuado detonar de fenomenalidad, esencialidad e historicidad, de sociológico, dogmático, dialéctico, exegético, teorético y pragmático, todo un rol de palabras que ofician como bien situados timbalazos en sus oberturas doctrinales.

Porque, como Rodó, es Zum Felde un gran or­questador de ideas generales, ·especialmente de aque­.Uas que versan sobre los problemas americanos y de las que giran en torno a lo que, en la Intro­ducción, con minucia acaso excesiva, recapitulamos como "deontología del intt/ectual y la cultura", Los temas (que también manejara José G. Antuña en "El Nuevo Acento", 1935) de "presentismo" y .. tra­dición", de "arraigo" y "desarraigo", de ''lo ame­ricano" y Hlo ·europeo", de "dependencia" y Heman-

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cipación'~, de "universaHsmo" y 01localismoh de "imi­tación'~ y "originalidad", los ingi'edientes y las in .. fluencias de la cultura americana, la "crisis de los valores'~, la quiebra del positivismo, son el ámbito en que se ha movido en forma tan reiterada que casi podría marcarse una obsesión si se recorre lo que va desde "El Huanakauri" 1917) hasta "El proble­ma de la cultura americana" (Buenos Aires, 1943), pasando por su nombrada ''Estética del Novecientos".

Es ajeno al plan de esta anto:ogía el material de "Proceso Histórico del Uruguay" (Montevideo, 1919, reeditado en 1941 y 1943 con el titulo de "Evolución histórica del Uruguay" y -vuelto a editar durante 1963 con el rótulo primitivo. Precedido por un temprano ensayo: "El Uruguay en el con­cepto sociológico" (1911), el "Proceso histórico" ha -constituido el rubro más fuerte en la extendida Teputación de Zuro Felde. En él probab~emente por primera vez, y en forma sistemática, se sos­layó una historiografía de "acontecimientos", parti­daria, mediatizada sin remedio, y se acometió, con exactitud -se diría •que con adivinación sor­prendente para la masa de evidencias utilizada­un enfoque histórico radicalmente distinto. Fue no a los ''invariantes" pero sí a los fenómenos estruc­turales, bás:Lcos, dul"ahles, de natura~eza econó­mica, social, cultural, política, al perfil de los gran- · des períodos de nuestro pasado que apuntó la cons­trucción de Zum Fe:de que, si tenia en verdad precedentes en cada una de sus partes, nunca se había emprendido con la ambición abarcadora con que él levantó la suy•a. Resultó un libro ilumina­dor este que llamó esquema de sociologfa uru­guaya aunque, en puridad no sea tal cosa, pues no han constituido nunca el fuerte del autor los deslin­des metodológicos. Su talento rapsódica, de carácter generalizador es inclinado a moverse en esos planos un poco vagarosos (o que él cree tales), del tipo de la "filosofía de la historia" el de la "sociología", que es su preferido. Esa clase de perspectivas le per­mite poder brincar a menudo sobre · un material empírico trabajoso de recorrer, aunque aceptemos que no es fácil ni unívoco el deslinde de historia y sociología y pueden tener algo de la última esos "cortes" transversales en el flujo temporal y esa atención a lo típico en detrimento de lo singular, só~o convocado a titulo de ejemplo. Aunque, contra lo que afirma Zum Felde en la introducción de la última tirada, mucho ha cambiado en la historio-

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--· · graiia ·nacional- y en la posición de su libro en ella, aun eS -ertcortüable su· planteo, hoy superado en ca(la uno de sus elementos pero _s:n un sucesor de

· redondez similar. ACcedido a la vida intelectual bajo el estilo

disconforme y cas-i revolucionario de la intelectua­'lidad del 900, Zum Felde adhirió después al Bat­Uismo, en ese movimiento al que ya . se ha aludido (Introducción, JII) y sus primeros libros reflejan las valoraciones de ese radicalismo populista que Batll:e logró atraer junto a si Prescindente más tarde de toda afinidad política, Director de la Bi­blioteca N3.cional, so:itario y distante, es por ello interesante, -aunque demasiado atípico en su :pro­ducción, ~~El ocaso de la democracia11

, publicado en SanUago de Chile en 1939 y precedido :por una serie de -~rtículos en el diario ~·uruguay''. Aleccionado por la crisis de las instituciones representativas y por la quiebra de la ideo;ogía liberal, Zum Fel-de compuso este li-bro que, -en el mismo tono afirma­tivo de sus_ otras obva:s, opone, .como explicación de ese ocaso, el carácter teórico; esquemático, aprio­rístico, racional de la democracia frEtnte a los valo­res de Ja experiencia, la práctica, la realidad, los móviles extra-racionales de la conducta individual y social. Es sobre ellos que el autor pos•tula se rea­lice Ja invención. de nuevas .estructuras capaces de salvar la inspiración humanística de las instituc~ones políticas occidentales. El -libro, en ·todo, y -pese a sus fallas, es seguramente el .texto más interesante de _la ola 1antiliberal 1que, si bien con menos inten­sidad que en la Argentina, tUvo alguna significación en el Uruguay de esos años. Más tarde, en plena guerra ("La Mañana", 15 de setiembre de 1942), sos­tuvo Zum Felde sin desdecirse que sólo sería el momento de la ,paz la hora de lOs "reajustes" y las "rectificaciones" de Ia democracia.

Oscilan entre el ensayo y el teatro impopular, y confesadamente irrepresentable, ~os diálogos "Al­ción". (1934) y ~'Aula Magna o la Sibyla y el Filó­sofo" (1937). F'odría discubtse la confianza del autor en su capacidad de animar las ideas con el consejo dramático de la vida y aun sostenerse que su énfasis abrumador perjudica el llano inte-

. rés intelectual · que puedan Poseer. De cualquier manera, e1 segundo que esgrime el contraste entre la razón dialéctica y el _espíritu religioso teologal, que pQstula _la subordinación. de lo histórico-temporal,

. la accwn inmediata, Io eConómiCo· 'y lo polítiCo al espíritu y a la contemplación, nb· sólo subraYa la indudable orientación del pensamiento de Zum Felde: anuncia también el libro que le seguiría veintidós rañoS miís tarde. _. ,

Sí este, "Cristo y NoSotros" (Montevideo, 1959) es obra más ensayística que narrativa, ello obedece a 'la circunstancia de que lo que pudo -y dígase sin retace-Os- lo que debió ser la hístoria cálida, ínti­ma y siempre interesante de- una conversión reli­gio"sa · se -convirtió en una tentativa -púdica, hay que reconocerlo- de_ fundamentar impersonalmente cualquier adhesión a la Iglesia. Ya existí-a en nues­tra bibliografía el libro, "Historia de mi conversión al catolicismo" pub(icado en 1929 por un olvidado escritor hispan~;..uruguayo, Luis Bertrán. Zum Fe-lde emprendió, sin suficiente bagaje -intele~ual lo que en puridad es --hoy tarea para un eqmpo de espe-

. cialistas esto es, argume-ntar su ~pertenencia a ·la Fe con ~na variedad _de razones de ·índole cosmo~ó­gica, antropológica, ontológica, escriturística. Esta apologética . ......:.modestos apuntes ·le ,Uama el aut?r ell involuntaria autocrítica- .puede resultar mas fresca más cercana al 1€dor moderno que las ttádicÍonalmente fatigadas; no deja- de ser lamen­table -el esque-mati~mo -de_ manual de muchos razo­namientos Y la agresividad esporádica del tono. Abundan en las- páginas de "Cristo y nosotros" las acusaciones de locUras, dislates, desvaríos, falacias y ligereza de -sesos a- los objetores de la ortodoxia y especialmente a la -exegética racionalista y es -posible que tales acritudes, aun explicables ante ciertas u.tüpótesis" escrituristicas, impliquen un des­conocimiento de la dificultad de toda convicción re-ilgiosa para ese hombre- de hoy Q.ue ha sido ma­

. sivamente niodeGado por el naturalismo científico y la oracionalización. Así volatiliza- Zutn Felde lo que suby'acentemente ~Y testimonia:lm~nte- importa en sU libro: el desajuste de un ser·-huniano a la inma­nencia social-, su hambre- de sobreVivirse y tras­cender, la. legitimidad de una experienCia espiritual no condicionada.

Los textos e-legidos· muestran algunas de las · características i.J.ue se han apUntado.

EÍ1 "La ironfa de nuestro coloniaje intelectual" se ·afirma que el patriotismo· nada .tiene que ver con la cultura, tajante aseveración que deja fuera de foco todo'·el-caudaloso movimiento cultural del na­cionalismO 'romántico- d.el siglo XIX y buena parte

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-del. esfuerzo ·intelectual del mundo sub-desarro­Uado en- nuestra centuria, buscando fundar en los propios hontanares de cada pueblo las formas es­pirituales acordes a la recupera-ción integral de cada comunidad. El texto, sin imputar nada a .factores o fuerzas económicas o politicas concretas expresa el profundo malestar de la intelectualidad hispanoamericana más libre por la mediatización intelectual y ·el correlato imperialista ~mediato o inmediato- que :lo acompaña. Pero también pa­rece demasiado elusivo hablar de lo europeo cuando se está diagnosticando una situación que es el re­sultado, o por lo menos la herencia, de un "status" no cultural sino primordialmente económico y polí­tico, organizado y beneficiado por Francia o In­glaterra en el siglo pasado y por los Estados Uni­dos en el actual.

Excepción, si bien no única, a la corriente "arie:ista" de nuestros escritores del 900, Zurn Felde no cree que los Estados Unidos sean un peligro para nuestra "personalidad cultural' por el simple hecho de que no la tenernos y porque para tenerla tendría América Latina que emanciparse de Europa y vencer los dos -enemigos: el naciona­lismo y la Hispanidad.

Cabe preguntarse en qué empíreo supone Zum FeJ:de que planea- la cultura para aceptar como pensable que una potencia (los Estados Unidos en este caso) pueden mediatizar y deformar todos los elementos de una colectividad y no tocar su personalidad cultural". También si cree que esta (siempre hipotética) "personalidad cultural" tiene que estar compuesta por ingredientes absoluta­mente incomunicables para que no valga 1a pena evitar su corrupción. Entendiendo al nacionalismo en un sentido puramente localista y defensivo -afirma que darle amplitud continental sería di­·solverlo en oratoria~ no previó la tendencia a la "supernacionalización del naciona:isrno" que es hoy el hecho universal y prornisorio de las áreas colo­niales pero que ya estaba lúcidamente postulado por americanos del tipo de Rodó y Vasconcelos. A la Hispanidad, "El Problema de la cultura- ame· rican a", escrito en 1942, le dió un peso despropor­'cionado a su real importancia: nunca pasó en casi todas partes de nuclear pequeños grupos con poca significación política e inte~ectual. "Nosotros y los norteamericanos" trata un tema -clásico de la ensa-

yística hispanoamericana: el contraste de dos tipos de sociedad y formas de civilización. Es posible· ver en este texto de Zum Felde un enfoque generaliza­dor que se acerca mucho, con todas las divergencias de sentido, al "Ariel" rodoniano y está, inversa­mente, en aguda contraposición con .}as visiones di­rectas, del tipo de "Del Plata al Niágara", de Grou­ss-ac o "La ciudad de nadie'', de Arturo Uslar Pietri. El fragmento, basado entonces en un esquema de tipo cultural y psico~ógico-social, de carácter está­tico, no demuestra, precisamente, un conocimiento muy cabal de la cultura norteamericana. Todas sus afirmaciones sobre ella ya circulaban hacia el 900, pero la del rasgo ético-pragmático de su filosofía sino inexacta, es una generalización peligrosa, corno lo son sus nociones de utilitario y utilidad moral. También parece conocer poco los caracteres ~muy complejos- de -la religiosidad norteamericana, la crítica interna suscitada por esa misma cultura y -el carácter teocrático y clasista de esa sociedad co­lonial estadounidense tan idealizada por nuestros li­berales del 800. Su concepción de una civilización sobre una base asociacionista, como conmixión de "ingredientes" psico-sociales, deja en este caso a oscuras lo que mejor puede caracterizar el moderno "modo de ser" norteamericano y su contraste con nosotros: la industrialización y sus efectos; 11a in­fluencia imperialista; la sociedad de masas; las pau:.. tas sociales- del capitalismo monopolista. Es una bri­llante generalización aque[a en que se engloba bajo la abstracción de lo práctico, los imperativos del desarrollo y la tecnificación que son hoy con­-signas universales y no algo que tengamos que re~ chazar o aceptar en función de hostilidad o simpa­tía histórica hacia los Es·tados Unidos.

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.20 - La influencia hispana y la francesa

( ... ) esta América ha fluctuado entre dos influencias históricas 'predorriinantes: ·1a española y la- francesa. La influencia española vié­r;rele de la propia sangre, . es-_ un atávismo racial- que arraiga en ta ¡;:p_op_?ya: de la conquista, se nutre en ·¡a formación sOlariega del colo­.;fliajc, Y- se man~iene a _través de la einancipacíón política de la Me­.tJ;Óp_olj,_ por la presencia viva y peÍm-::lnellte del idioma. Todos los elementos tradicionales que nos_ constit-uyen son de entronque hispá­nico, aún ·allí donde un poderoso factor territorial indígena aparece comó primer sedimento racial. Nuestro éspafiólismo .es una determi­~an_te h~stóricá. · Esp-~~oles por nUestro origeh, por "imestra herencia :tle: c~raderes y de te:qdencias, por- el inedia· tradicionil en que fuimos ·cdu~ados, __ por la lengua que nos fue trasmitida, españoles de América, J?.ada nbs separaría, en -espíritU, de- los españoles , de España, si la in_,fluenc.üt intelectual de Francia- no se hubiera- intérpuesto desde los _dí~s _ precurso-res de la Emancipación, determiml.tÍdo sentimientos y tendencias en contrapo"sición a_ los· _hereditarios.- Por la influencia fran~ éesa dejamoS- de _·ser eSpañoles· diferenciándonos en gran parte de los Colonizadores. La misma -revolución' de la 'independencia es debida en inuchb cil inf.lujo francés sobre la· mentalidad 'de· -loS americanos.' La ideología revoh:rcia'riaria:' de· ·Rousseau ·y- de la· Eildclopedia es un factor principalísimo en la descomposición de la sociedad col¿nial. El verbo encendido de la Convención está en boca de todos los tribunos patricios, desde Bolívar, en el trópico, hasta Alvear y Monteagudo en el Plata. : Los escritos, proclamas y alegatos, de generales y de publicistas,

están plagados de galicismos. Al- "corromperse" el espíritu espciñol de los criollos por la acción de las ideas francesas, se corrompía igual­mente el idioma por la sugestión literaria del libro francés: Bolívar esCribe Un 'francés traducido y Moreno trasunta el tono forense de los galos. Poco- más tarde, en los umbrales de la organización política, cuando aún nos debatíamos en la barbarie de 1os fermentos autócto­nos,- el Romanticis1Ílo1 venido aquí desde Francia, en las galeras em~

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pavesadas ·de Chateaubriand y de Lamartine, -emancipó -Ja literatura anlericana del seco clasicismo español, aprendido en los claustros de las úniversidades coloniales.

Eliminando este poderosísimo factor frahcés, las nacionalidades aniericanas surgidas del coloniaje hUbieran continuado siendo sim~ ples trozos de España independientes. Aquél fue, pues, el primer fac_tor que '"diferenció,' a América de España, emancipándola intelectual:. mel).tC de 1a' _Metrópoli colonizador~.

Fianc'ia es así, intelectualment.e, madre de esta América; como ~s¡iaña- lo b · carnalmente. Nuestra subconciencia ha sido españOla; p·e;rO --nuestra· intelecto es francés. Si españoles son los caracteres coÍl­génito's de· m)estros pueblos, fnincesas son las 'ideas innovadoras, en ·pug:na' casi siempte_ con aquéllos, Todo lo que es orgánica,· at_ávico, impp_lsivo en :nuestros· pueblos, es español, porque es heredado; todo lO que~ es· ad4_uit:ido,- cultivado, raciomll,- es francés. Y así COlllO en el I~difid-b.o )uchcill- frecuentemente la impulsión orgánica con-la norm~ 'radoiia-1;--en .. ·las· pueblos americanos ·la cultura-franCesa ha estado en conflicto con los caracteres hereditarios. En cierto modo lo están ·aún. _ Est:e _-C~nfÜcto-' e~_ ~isible así 'en las· he.cho.s histórico~ de las colec­

tivid_a.de·s_'tonio en la n1odalidad de los hoÍnbres representativos. C~mpó dé _luCha· ?ntre ambas' tendencias, a menudO los personajes de nuest1.:a 'hístQria:: hablan cómo franceses- y obran ·como españoles.- Bolívar, . e1 persohttjé_.má~ representativo-- de esta Arnéric"a, en la_ época de hi El!1:<'mcTpacióri~ es -fra'ncés por su retórica, pero 'por su carácter ~ ¡)i-ofurtdamente español. No suficientemente poderosa para inhibir Ia encarnadura congénitá; la óiltU-ra intelectUal deja paso, en b. aCcióri-, a las tendencias heredadas. E1 individualismo aventurero del- conquis~ úldól_. hiSpario, ·rea'parece· ·en los pÜlítlcos y en lOs caudillos. El amor a la plástica ampulosa, la sugestión imaginativa y verba_l, primando sobre la actividad positiva y ordenada, el despego hacia el oficio ma~ terial y la tendencia a las profesiones hidalgas, a_un a condición de pobreza, son cualidades inherentes a los s_udamericanos de cepa ibé­rica. El fiero "honor" del teatro calderoniano, la antigua sober}?ia del hidalgo, permanecen en el hispanoamericano actual, casi inálte­rables, como en tiempos de las coriquistas y de los virreyes. La lite~ ·ra.tú:r~ galante fraw~esa ·. nó ha· corimovido el fondo de c;elosa mono~ ¡?;amia, ·p,atriar(:al que :flJ~ blasón del- hogar sol~riego. Y no obstante· e1 ~-'Pi-Ogte~_o'~-' y el cosmopolitismo, .los viajeros que llegan de otros paí~ ses,"·nos enCue;ntrB.n bastánte españoles todavía. ·

· --Endci ·social, 'podemo-s considerar que, todos los fenómenos que c'Qrtesp-óndcn .. - a la- realidad autóctona: el caudillismo, los levanta:. mieiitoS armados, la: anarquía . política; la. incuria ·administrativa, la ttiüUa· ·--ótiosa; correspOnden a nuestra herencia hispana: Son vicios de

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incubación- _colonial', que predominan tanto más, cuanto menos las in­fluencias inmigratorias ,han modificado las disposiciones tradicionales, siendo de. ello testimonio fehaciente la diferencia que se acusa entre la tórrida Venezuela, recostada al Caribe, y la Argentina, de emboca­dura platense. En dialéctica oposición1 el doctrinarismo constitucional¡ el civilismo urbano, el liberalismo de la ''élite" docta, corresponden a-la influencia directa -de la cultura francesa, no sólo por lo que ésta

." tiene de propio, sino también por su función de trasmisora universal. ' _ Roto- el vínculo tutelar de la Colonia, España, dejó de obrar

sobre riosotros desde fuera, quedándonos sólo los elementos imperio­sos que de ella ya teníamos en la sangre. Y fue, desde entonces, la cultura francesa, la influencia permanente que obró desde fuera sobre nuest~a vida autónoma. Después de la explosión emancipadora, inde­pendientes ya nuestros paises, esa influencia no dejó de actuar sobre el desenvolvimiento cultural, ni un solo instante. El pensamiento francés y la literatura francesa, han moldeado la conciencia de nuestras "élites"- directivas a través de la evolución política e intelectual del siglo XIX.

Demasiado abstracto y oscuro el pensamiento alemán -fuente ori?inaria ~e casi toda_ la filosofía occidental moderna- para las men­tahda~es hispanoamericanas, no disciplinadas en el estudio filosófico; dem~smdo seco y frío el positivismo inglés, para el temperamento apasiOnado e imaginativo de nuestra raza· sólo el idealismo raciona­lista de los fran~eses,- desde Rousseau hasta- Benjamín Constant, y desde Edgard Qmn~t hasta Renán, dominó la intelectualidad hispanp­americana, conformandola a la manera francesa,

"Es.tética del Novecientos" págs. 180--186.

21 - Política y Literatura

. Pero es, sobre todo, el pensamiento politico franc.:és, lo que influye e mflama la cultura de nuestros pueblos. Pueblo eminentemente poli­tico y literario -pues la filosofía francesa está en general orient~da hacia la política-, ha hecho de la elOcuencia su forma d~ expresión típica, .así en la politica como en las letras. El idealismo político tiende a manifestarse, necesariamente, en la forma de la elocuencia, cuyo objeto es. exaltar los sentimientos populares. Los grandes principios ideales en que se apoya, expresados en las sacramentales palabras:

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Libertad Derecho, ·Igualdad, Justicia, requieren la exaltación del­v:erbo tribunicio y el énfasis retórico del "gran estilo". Así, la grandi­locuencia retórica domina en la literatura politica de nuestra Amé­rica desde los dias de la emancipación hasta el presente. Los parla­me~tos de estos países hap. sid~ un trasunto de la elocuencia parla­mentaria francesa. La palabra VIbrante y empavesada de Gambeta_ ha hallado un eco en cada una -de las asambleas latinoamericanas. Nues­tros tribunos políticos -y aquí no se concebía, hasta hace poco, que un buell politito no fuera un gran tribuno, tanto más capa~ en s':l~ gobierno -cuanto más elocuen~e en sus di~cursos- se han e~forz~~o siempre- por aprestar su estilo y su actitud al modelo tnbumc10 francés. - Correlativamente al influjo de esta filosofia politica; la literatura francesa ha ejercido asimismo un absoluto imperio durante todo el siglo XIX, sobre la cultura de estos paises.· · .

,_. Cierto es que la literatura franCesa ha sido, .durante. el_ pasado siglo la ·más múltiple y brillante, entre todas, ~ab~endo eJerc1d.o una hegemonía casi mundial. Los tres grandes movimie?tos ht.eranos ~e su -siglo: el Romanticismo, el Realismo y el Modermsmo, s1 no tuvie­ron acaso su origen en Francia misma, pues, respecto, por lo menos, al :Roman~icismo, sábese ya vulgarmente que su,- origen es alemán­tJ.Ivieron en Francia la gran nodriza y tutora, habiéndoles dado. ella· su e~plendor y su uniVersalidad. . · -- No es un hecho singular que Hispanoamérica -mundo· adoles-­

c,ente- dominada por la influencia literaria de Francia, ·siguiéndola éD. su evolución fuera como un satélite, puesto que en mayor o menor grade) siñtieron' su influencia y siguieron sus movimientos,_ nacionali­dades de tan fuerte carácter e ilustie tradicióll como Italia y como ~spaña misma. _ . . · Cierto también que esa evolución literaria de Francia no_ e~ un

fenómenO esporitáneamerite francés, .siDo que responde ~ ~u ve~ ~1 eStadO intelectual del mundo, determmado por otr(;l.s corrientes histo­iícas· Y filosóficas, t3.les como el cientificismO y-el pesimismo -¿e fu~te alemana ...:.......ya que el uno .. provien-e de la "izquierda hegeliana" Y el otro se apoya en "El Mundo como Voluntad y como Representa­ción".;_ determinantes a ·su vez del naturalismo en la novela,- Y de~ decade~tismo en la lírica; pero, preciso es reconocer que ha-··sido. -en F-fancia --crisol de la intelectualidad europea, f~.l cual convergen. Y en el cual se funden las corrientes diversas- donde esas tendenciaS se han manifestado en escuelas literarias, definiéndose en formas estéticas.

Mas:· esa -influencia francesa -que en la mayoría: de las naciones europeas' hubo de adaptarse al carácter y a la tradición nacional, pre-

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sbitandú·-'-JOrmas- 'difereridada~- 'en HiSÍJárioarlÍérica --materia asaz (?landa·-:y- 'máteahi.e. 'éotnb la mentalidad 'del adolescénte----" fue_ do'nii.:. mit_Ite-~ de utl· riwdó exclusivo, nO conformándos-e ·al genio nacional; sino, <:tl" Cáritrai'iO, Cónforri1ándüla al modo francés. · ·· _ . · R~6táhi;iéa·s: pri~ero, ·naturáli.Stas .después~ deq1dentes ·.más tarde,: siefi.lpre-:·~e Ven en la mayoría·_ d'e los es.~~itores -a~erica:qqs el trasunt(),: 4~_Hugo, -de_ Zola o de Yerlaine~ En lo.s .m_ás originaies d~_los .escritores; 1~: .. ll).<}teri'a nacional que _em-ple_an dá ·carácter :~:qnericano a la obra -;-ri.O~ ·a.bstante ser, también, st~.s moldes netamente. franceses- pero, en. lf(- riulyoría, carent~ de todo valar· propio,. forffi:a .y materia son reflejo· de Francia.

Completando esa acción cultural --en- tr_ipie aspecto~ la ínstruc4

ción universitaria .está toda planeada y servida por el texto francés.: En ciencias naturales, como. ert Historia; como_ en Medicina,· como en Jurisprudencia, todo método y todo criterio Uev:an la marca del Liceo y del Instituto francés. Como- efecto de ello, el idioma se va sem'.. brando de galicismos, y mientras en la clase· inculta se forma ·el. "argot" criollo.- con res:ibios. g¡1uchescos y barbarismos de inmigración, en la clase· culta, universitaria y mundana, ·se adopta, conjuntamente con la· postura, el giro francés. Cuanto más "afranCesado" se ·es, se es: tanto más culto y "distillguido". Hasta hace mu'y pocos años, por lo menos; pues, ahora se nota ya una marcada cóffiente ·¿e re3.cción · amerieanista. ·

No_ está de inás anotar que, en gran parte, ha C.ontribuido a esa eJ!:clusi\rid~d- de la influencia· gálica, la decadencia intelectuai de Es.4

paña durante el siglo XIX, donde las letras y las. ciencias yacieron eti una crisis correla.tiva a su postración política. Secas, al parecer, laS fuentes de la riqueza tradicionalt .la intelectualidad española vegetaba en la niediocridad burguesa o ·se agitaba en ·el remedo extranjero .. Tanto que, finalmente; fuéle de la propi3. América afrancesada el mo~ vimiento de renovación "modernista", siendo Rubén Dado, heráldo fp~.ncoamericallo, qUien llevó a la Península el estandarte reVolucio4

nario de París. En estos últimoS años, el renacimiento literario producido en

España -del que son ~epresentantes sus actuales escritores- ha de~ t((rrriinado, en parte, .un acercamiento entre -aquelfa -y ·Ja intelectuali-­d3.d americana, conqUistando las letras hispanas ·cierta zona de influen4

da- deiltro deL dominio espiritUal francés.

"Estética d_el Novecientos", .. págs. 186-191

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fluctúa: deSde-los días· de la ·Emanci'¡)ación, eritre dos- fuériás' i pltr~a~' doras: la interna o hereditaria, de origen español, y la e:xctCtna-.-ó\ cllltural,--·de- prOCedencia ·fra-iiC:esa.· · --- ·

Cualquiera de ambas, actuando de modo exclusivo o predomi­nante, hada de estos paises simples Colonias espirituales de UI_IO u otra, colectividades en cuyos caracteres y normas se vieran reflepdas y reproducidas las ÍlQrmas y caracteres de la Francia o la Hispania, poi modo- que pudiera llamársenos, seg~n el caso,: "f:raf¡ce¡,;es ~~ América" o "españoles del Nuevo Mundo",) ·

Tal es la aspiración de ambas ilustres_ madres, en sp e'irtPeño por cultivar en nosotros sus propias modalidades, combatiendo el influjo de las modalidades distintas. _Elogian en España a los -intelectuales­híspánistás de estas· tierras dicielldo: )es muy castizo, es' muy.·de':Oues­tta :raza. Y en Francia, se elogia a aqUellos otros" en quienes ·prima -la­irifluencia gáliCa, -diciendo: es un hijo de nuestra cultura, tiene '-el espíritu ·latinoi es mu'y francés:·· ·

Gálicos e:: hiSpanista-s· Obran' 'en -el sentido de identificatnós ·con la uÍla o· la:- otra de las rivales, combatiéridose ·mutuamente :y: C01abo'4

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randa con' la mís~a 'illtelectualidad- de aquellas naciones para det~t..' mfnar riuestra· c·aracterización''Como eSpañoH~s--·o conid fra·néeSéS. 'Ré'~· pudian los hispaniStas todo "afrancesaniiento" como cosa espúrea,--que· desvirtúa el genio de nuestra ·ca·sta y- el señorío de- ·-nuestro' origen. "Afrancesado" es mote de ,extranjerismo :y menosprecia·_ para'-;los -his¡;: panistas de América, como lo es en la propia· España; y ··es,por.:enOs tenida como _grave defecto la influencia ·fatal que· el idioma de- Racipe­ha .Cjercido sobre. el lellguaje y el estilo de gran parte de la' literatura hispanoamericana: ·J?.n oposición, . los "afranc'esados"- Cultivan 1 :fervoro": samente el "galicismo", así .en- el idioma como en ·las· costUmbres, y,t volviendo la espalda a .toda tradición de origen .. y -de ·casta, ·dirigen• sus- miradas. hacia Lutecia, aclamándola metrópoli espiritual· .de- n.ues"'. tia. continente. Según éStos·, Arllérica debe ser ~oldeada ·por .el :genio "latino''.; ~-que- es decir, _el-- genio :"francés". _Según, aquéllos~ Atn~ri<;:a dCbe _deSarrollar-· su.s· ·caracteres hereditarios, encarnando. el- .espíritu de- . la. ~ispania ·:progenitora.-: Aqué.Hos y éstos, pue.!!, ,ope;r:~_I):~ CQQ1Q,

agen'tes de sUs_ ijifluenciaS contrar·ias, frente·.-a ._las. c:~a.les .. hemoS;_Qe ponernos -para._c_onsiderarlas -desde el pun~o. _de_ vist,a_ de nue.str.a.·~_u_t-o,.:.. nomia cultural.· .,,,~: ·.¡_: ¡ _(~· :

···Porque· _ _,es. 'evide~te_ que t:il·'destino .. d.é ~ste conjunto:_de;-Jl~_Cioila­lidades.·que--llarnamOs- Hispá-Qo·améJJica,., ·o,. coril.Q "quieÍ'en.: :Jos ga\li~i_~ta§;!

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A~éfiCa Lati~a, rio. puede ser la reproducción ni la continuación de la vida- de otras nacionalidades, sino la gestación de una vida propia, qué Pued~, en sus·-orígenes y en sus elementos, participar del carácter 4~-:las-,: g~qitoras, pero que se irá d~fe:enciando de aq;téllas, e~ ':'irtud de--factores esPeciales, hasta constltmr una personalidad defm1da y

"Estética del Novecientos'', págs. 191-194

23 -' El paralogismo universalista de la Democracia

El punto mismo de partida del dogma politico de la democracia es un. sofisma. No exis-te en la realidad histórica un orden politico teórjco. _d~ :validez universal, al que deban ajustarse, tal como lo pre· tcnde el Derecho constitucional democrático, todas las naciones del wu_ndo,_ C!-lalesquiera que sean sus caracteres propios y sus circuns~ tánoia.s, P,articulares. La sola concepción de esta doctrina y su formu­lación __ 9ogmática acusan su origen racionalista abstracto, ajeno a tqda vivencia_ histórica, y opuesto a la naturaleza empírica de las c:¡osas.:

·-,_El orden politico de un país no puede ser, y no .es l)unca, rea,l­mente, el resultado de la aplicación de una fórmula de Derecho cons­titudonal, elaborado en los textos, Y, sin embargo, esta aberración es_ la norma de las Asambleas Constituyentes de las Repúblicas.

Los Constituyentes de todas partes, imbuídos de una pretendida ciencia jurídica de valores dogmáticos universales y casi absolutos, de fórmulas de rigidez matemática, que se resuelven en el montaje de un· mecanismo legal, perfectamente ficticio, proceden por entero al margen ·de toda morfología viva, de toda relatividad práctica, des­cartando lo que debía ser, precisamente, la hase positiva de sU cri­terio, los .factores de la realidad humana, con los cuales operan.

TodOs sus· elementos son abstractos, es decir, no son elementos, sino- fórmulas, y en consecuencia, la Constitución Política que ela­

'bOra:n:--es un· producto meramente racional) que aplican con carácter Í':JlpósitiVo.: al cuerpo social, como si éste fuera un ente de razón y no un hecho vivo, de compleja funcionalidad propia.

· ,,. ·Es- como· si Se pretendiera encajar un cuerpo de determina~a fornia- y '·movimientos, dentro de un molde estrecho de forma conven-

cional, especie de instrumentO de tortura,. que le priv~ría-· de' ll:!, .. _vid~ _ si no hallara inmediatamente -y pcr necesidad, del- irtstinto· ,natural...:....: el· medio de burlar sus- imposiciones absurdas, aparentando. canfor:..: fiarse a ellas.

El divorcio permanente entre el Hecho y el Derecho -origen. de todo mal- provoca esta situación de anormalidad, esa ficción jurídica_ en que viven -en mayor o menor grado- las repúblicas. Y será asi mientras el Derecho político siga siendo, como lo ha sido hasta hoy, desde hace más de un siglo, una concepción abstracta.

Es necesario poner de acuerdo el Hecho y el Derecho. Todo ré~ gimen de Estado tiene que ser una resultante, pragmáticamente estruc­turada de las condiciones mismas de la realidad social viviente. El mejor) régimen de gobierno para un país, .no es aquél que- se halle más de acuerdo con las normas puramente racionales del Derecho abs­tracto, sino aquél que más eficientemente responda a las condiciones de la realidad concreta.

"El Ocaso de la Democracia'~, ¡}ágs. 48-49

24 - Ironía de nuestro coloniaje intelectual

América es hoy, para el que busque comprender el sentido de su realidad y el devenir oculto en la oscuridad de sus formas, un -conti­nente por descubrir, donde el· pie del explorador no halla ruta tra­zada ·ni morada de abrigo el viajerO, Hay que abrirse por sí mismo -los caminos orientándose en medio de lo confuso y de lo indefinido. Todo c~ncepto válido ha de ser elaborado por el propio juicio; y decimos válido, porque sólo lo son aquellos -conceptos cate.góricamente originales, no las meras aplicaciones de fórmulas ap~end1d~s .en tex­tos. de aulas, a una especie de fenómenos cuyo lenguaJe es d1stmto.

No diremos _que en esta inquisición tan ·dura y sin brillo, los libros no sirven para nada; sirven sí, pero su utilización instrumental es de disciplina mucho más ardua y de mayor cautela que esa efec­tista glosa de lo leído a que estamos demasiado habituados _en esta América,

No es esto desdeñar el saber adquirido, sino . valorizarlo en su justa función. El saber es, en este plano, un instrumento valioso del discernimiento, pero a condición- de haber sido íntimamente apro-

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p'hido~: Io!•qUe_. e~ Inlly· otra· cosa. que lar·mera: uiiliZadón· didáctica) qtie~·. es:·; to·;"·üsual -entre: la gente -universitaria del- continente. Pues la -cultura se.· !(:onvierte· en -~'categoría -del ser" -t-según _la feliz- y difun­dida' expresión de Max- Scheler- dejando la apariencia formal del simpl~:'saber,-:fibresco,· cuando es 'el· espíritu del saber 'y. no hl- letra lo,'que-se'-ha hecho. conciencia en nosotros, cuando es el- substractum de la· .cultura .intelectual y- no sus fórmulas, lo_ que. llev-amos .en nues­tro . .'· propiO ·. int~lecto, como una facultad. La cultUra.-. intelectual, el saber, tiene que· tranSformars·e en virtud _mental propia, del mismO . m.odo.'CJ.l.le_ Jos alime_ntos se transforman en sangre; y la sangre en .espfritu, ·Pero esto ocurre muy raramente en nuestra América, cuy~ intelectualidad común . se vanagloria ingenuamente de la exhibición .d'e :su ·:sab.er libresco y se decora con el lujo rastacuero .de las citas. Así; pues,-.¿cómo poder enfrentar este __ problema nuestro, amer_icano, ~on..Wl . .-criteri'o auténtico?

Lo general en nuestra intelectualidad andante,-.-es enjuiciar .el heCho·' .ainel'icano con- criterio- europeO, que es decir, en este caso, con criterio libresco. Nuestros juicios, o más exactamente, nuestro pre­juicios sobre América y sobre nosotros mismos, son, a lo sumo, los de un profesor de Europa, no de América. Porque el hombre de Amé­rica -el hombre antes que el profesor- no existe aún como entidad consciente; .eXiste subconscientemente, como hecho -humano, pero no en el plano' -de las definiciones intelectivas.

La americanidad que hay en el hombre- de América ~america­nidad de hecho- no ha alcanzado todavía conciencia de si misma como para poder definirse intelectualmente. El hombre real de Amé­rica '.anO.a .-conio so'námbulo;· y su i:onc~·erlcia .inte,lectual dci vigilia es algo: pestizo,-. ajeno. Intelectualmente. ·extranjero: en .el .país de: su pro­piaJ· realidad) todo lo· .ve tras las ·gafas de· su cultura 1ibresca. El ·hom­br'e'--~culto americano -y --el". intelectual 'en -_grado máximo-. -_es 'un c:0lonó;· no uri natiVo; .lo cual no le impide,: por otra parte, ser _también t)l.uy. patriota;: perO el . patriotismo .nada tiene que ver -con la cultu·va. De ·ahí·:lo· .que .llamamos·-nuestro coloniaje.·Cultural.

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, D~spfend·erse de la· letra de los teXtos·; __ emánciparse de las fórmu..; las -(}((la:· soc-iología y de Ia· retórica,- libertarse "de tOda- teorética -uni.:. Vebitá:ria-,: afrontar nuestra propia realidad eón un sentido lúcido, di­f.ecto,:--desntido, tal la- empresa difícil ·y ·nc~esaria ·que toda conciencia debe tumplir ·en sí misma~ y- previamente, para empezár a estar en Mnñi'ciones de americanidad intelectual._ Y ·tal el metabolismo que la cultura intelectual europea debe experimentar en esta América, paril que::ella: sea un factor verdaderamente apto,• en :el prQceso .de 'aj3tua­liZación :del _ente potencial. ·e· ·:Hasta· ahora, nuestra cultura -aunque esto: de nuestra; ya- .. 10

advertimos, sea· sólo una licencia' lógica-::- :ha· sido --mi ·fenóínen·o de pura extraversión: de la conciencia. Hemos vivido de lo, qÚe· acontece _(uera, ávidamente distraídos en el _espectáculo del mundo. -El ·acon .. tecer Europeo -el de antes y el de ahora- nos ha preocupado absorM bentemente. Hemos estado. pendientes de la vida transatlántica, ·como si fuéramos todos colonos de estas tierras, cuya nostalgia se vuelvé constantemente a la patria de origen. Y en verdad,- ésta es, si se exa­mina a fondo, la posición espiritual del sudamericano culto. Nuestra patria espiritual est;% en Europa, no en América. ·Tal el desarraigo _paradoja! de nuestro Yo .

Mas, al fin de cuentas, ¿es que no existe una razón para ello? La realidad no se rige por razones de la razón, ya. lo sabemos. Su -existencia misma es -SU razón de ser, todo lo' que existe está .impliá­tamente explicado, aunque parezca absurdo, y aun cuando, no por :ello estemos en que todo lo real es racional, ni viceversa. El. inma­nentismo · hegeliano ha encerrado a la conciencia occidental contem­~poránea en el -círculo vicioso de su dialéctica. Pero, además, en nuestro caso, una razón existe.

Si, nuestra patria espiritual está en Europa; no en Europa ·como expresión geográfica, sino histórica. La histot ia de Europa, de Gre~ cia ·a nuestros días, es la historia del espíritu humano, que· ha venido Viajando desde su antigüedad hasta 'nOsotros, los americanos, los últi­mamente nacidos a la historia. La historia de Europa es la de 13. cultura- occidental~ y por-- tanto; -la riuestra hasta hoy, de nuestra genealogia.

Pero, si· allá está la historia de nuestra genealogía, aqui, ·en Amé­rica, está la historia de nuestro devenir, la de nuestra progenitura. Y por tanto, el punto de mira nuestro está ·en América. Tenemos que mirar con ojos americanos a Europa -y no a América ·con ojos europeos- y valorizar.' SU- historia en funciÓn de nuestro porvenir. Esta es la etapa de nuestra conciencia y de n_uestra entidad que ahora comienza.

¿Quién niega la universalidad del proceso histórico de la cultura humana, y el valor universal de la entidad '"hombre" a través de la diversidad de sus épocas y de_ sus módos? ¿Puede el espíritu humano renUnciar a la universalidad ·de su historia, para restringirse en nacio­nalismos ni actualidades? Torpeza seria suponerlo. La historia uni­Versal es nuestra historia humana; pero el; hombre -americano· ha de .encarar esa universalidad ~e su .histpria, en _el tjern.po. y en el espacio, ::eon -el criterio y la. meQida de su- propio devenir histórico. Amética es, .:rara nosotros, _el mirador. d.e -nue.stra perspectiva, el meridiano de l}~estras y<J,loracion:es, el centro de con,vergencia de tpdos los caminos .de ¡~ Historia.

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Toda pos1c10n rilental del hombre americano que no sea egocén~ trica- es-: falsa;, entendido que este ego es el de su americanidad uni~ versal no el de su territorialidad nacionalista. Y es en el sentido de ·esta posición mental categorizante, que decimos que la historia uni:. versal es una· especie de introducción general_ a nuestro propio devenir histórico.

Pero en rigor, en el terreno del método, ya no se trataría preci~ samente- de una introducción, sino de un antecedente cuyos elementoS Se van actualizando y valorizando en la medida que se relacionan con nuestra propia formación. Aquello que se vincula más directa~ ·mente con nuestra realidad viva -la doble realidad material y espi~ ritual de nuestro ser histórico- es lo que se halla en el primer plano de nuestro interés. Nos hemos movido, girado, en torno de los hechos políticos o intelectuales de la historia del mundo; en adelante, esos hechos habrán de moverse -les haremos mover, girar- en torno de Questra propia posición._ La diferencia de visión, y en consecuencia, d~ valoración, es fundamental. No es lo mismo ser el eje que l~ circunferencia. Nuestra conciencia ha sido cirqmferencial; su eje estaba en Europa. De hoy más, el eje histórico deberá estar aqui; y la circunferencia será el mundo: urbe et orbi. . La. personalidad de un pueblo puede medirse por la posición en _que a si mismo se halla con respecto al- mundo. Nosotros .!!eguimos esta~do, con respecto a Europa, en po~ición colonial No te11emos capi~ talida<f_, _c~recemos __ de so}Jeranía. Nos s~ntimos formando_ parte del conjunto de la civilización occidental, pe~o en forma tan secundaria, _supeditada y __ menesterosa, que sólo nos atrevemos a adoptar.. coú culto reverente, los valores de producción standard que nos llegan de los céntros de ultramar. -Pensamos con las cabezas de los pr_ofesores europeos.

~'El problema de la cultura americana", págs. 29-33.

25 - Nosotros y los Norteamericanos

Nos hemos referido al utilitarismo de los Estados Unidos, en el plano· de su cultura; y conviene aclarar -porque los buenos entende~ dores son los menos-- que no lo hacemos en la vulgar acepción del ·término, equivalente a simple materialismo mercantil, sino en su sentido filosófico más noble, que lo tiene; y consiste, como sabemos, en encarar toda actividad humana desde el punto de mira de su uti~

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lización práctica, pero no sólo material Sirio también-. moral;- quiz3.s moral principalmente y en definitiva, pues que Úll sentido está ligado históriéamente al espíritu del protestantismo que, en su fondo es esencialmente moral y en los Estados Unidos tiene especiai- tr'adición puritana. Asi, por ejemplo~ vemos como la enseñanza de la FilosOfia-,·, en sus libros y en sus aulas, tiende a asumir carácter eminentemente pragmático, es decir, que se reSuelve en normas de ética.

Algo de este sentido pragmático, utilitario en su acepción supe .. rior, no vendría mal adquirirlo, a los latino-americanos, aunque, -el principio de utilidad, esencialmente moral, que es el de ellos, y el principio de espiritualidad, esencialmente estético, que es el nuestro, no lleguen a poder confundirse jamás. Pero nuestro destino es buscar­nos; pofque en el Hombre, los contrarios no se excluyen, 'se comple­mentan, en procura final del tipo paradigmático.

Cada simiente histórica ha dado su árbol distinto. La coloniza­Ción protestante del Norte y la colonización católica del Sur, definen nuestras virtudes y nuestros defectos. Pero riadie puede ser como el otro, dejando de ser lo que él es. Una inyección de eriergética yanqui, unas gotas de su optimismo pragmático -pero nada más que unas gotas .. ,.,...-- contrarrestarían un poco, lo Suficiente, el mal de nuestra inacción; un poco de nuestro pathos sudamericano, daría sabor más profundo al vaso de su optimismo, demasiado simplista, quizás (al mé-nos, para nuestro gusto). Si; un poco -¡pero nada más que un poco!- de nuestra sensibilidad latino-americana, infundida derto "estremecimiento" espiritual que falta a su objetividad harto primaria.

Waldo Frank asegura que lo que falta a sus coterráneos es reli~ gión; -¿Religión? En verdad, su pueblo es mucho más religioso que el nuestro. Nosotros creemos que lo que les falta- a los yanquis es sensi­bilidad, imaginación. El pueblo norteamericano se nos aparece como ~1 men9s estético de la tierra; una inyección del virus poético que nos apesta, a nosotros los sudamericanos, ¡cuán conveniente les seria!

Aqui _nos tienta una apasionante inquisición, acerca de si esa falta de sentido- trágico, del. norteamericano, tiene algo que ver con el desarrollo abrumador del maquinismo, de la técnica, o si su pode~ roso positivismo pragmático -antítesis de poesía- no _estaba ya im~ plícito. en el escueto püritanismo de los f.undadores de la Nueva In~ glaterra ... Pero es tema muy complejo de por sí, y nos alejaría demasiado de nueStro objeto. Dejémoslo para otro· Ensayo, -si Dios nos da tiempo y ánimo- y volvamos al· punto de este capitulo.

Hasta el momento de anotar estas observaciones, no ha habido, todavía, en realidad, _ese intercambio de influencias, ese comercio de cualidades. Nuestras relaciones de cultura con los Estados Unidos han sido Unilaterales. La América del Sur está siendo influenciada fuerte~

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mente popJa- ,A_¡pética- del' Norte,-en- todo cuanto resp.ecta·.fl los 6nler ne~ _de la _vid¡:t_ práctica} aunque en, modo ~asi puramente. postizo, es decir~ q\le se-4an tomado_las--formas- ya- dadas, los. re~p_ltados, pero no _se han_ ashnilado las_ ·virtudes- _creadoras de esas·. fo·rmas, las disciplinas que_. producen ·esos, resultados. P.or lo c;_tial volvemos a lo mismo: a que esa yaflquización exteJ;"na, no -es un producto de nuestfa propia capa­cidad de hacer, imprhniendo a las formas la expresión de la persona­lidad. _X· el género de influel}cia saludable a que nos referíamos, nó (:onsiste en· esé trasplante y esa imitación, que sólo nos extranjeriza más ~ún éri Jas apariencias, sin agregar ninguna cú3.Iidad -activa_ a nUestra Vida intrínseca; consiste Por lo contrario, en aquella disciplina de edu­Cación que nos permita adquirir las facUltades de orden práctico de que car-ecemos, capa.citándf:!DOS para elaborar, in~ependientemente, nuestro propio progreso positivo.

-En cambio, es evidente que los ya_nquis no han tomado _hasta hoy ~p._(lujo alguno de nosotro:s. Son demasiado _qrgtillosos de si p-1ismos, '!f están demasiado en lo ¡myo, par-a creer que podamos d,arles algq p1ás qu~ nuestro~ productos-. extractivos; _su_ poderío económico y sq. prógreso t.é_c_nico· les impiden--Ver- en .nosotros, todavía. tan_ atrasados ,en ese plano,_ otra cosa qlle mercados;_ par:a sus _productos ___ y _cal!lpo propicio par~ Sl,IS ~m presas. En el mejor _de _los_ casos, no_s. ven ~o~~ países integr_~ntes ele la unidad intefnaci9n~l panam~ricana,, en la ,ctial los Estados __ _Dnidos,_ por_ la .gravitación _-inevitable-- d,e -su _pote:n­,cialidad, ejérce~ la -hegern.o_nia.

Forzoso. es .empero, reconocer, que el género de. cu'alidades qu'é­los americanos_ d_el Norte tendrían _que adquirir .de -los del Sur, es de mucha· más difícil asimilación que las contrarias~ las que_ nosotrOs lOs del Sur, tenemos .. que tomar de los deL Norte; porque su· índole es- mucho más sutil; más de la intuici6n, -más del espíritu, -tendd:a :que operar en planO más piófundo de·. la- conCiencia {-y ·aún '_de- la sllbconciencia )·; y -pcir -tanto; .requetiria'- -el faCtor dramátiCO de alguna crisis de su. vida, q-ue -suscitara- en· ·ellos-la ansiedad de esa otra- cosa nuestra~ aSí 'como' "nosotros sentimos d.I-amáticamente la· necesidad ·_de lo _suyo.

En definitiva, _c-reémos' que esa Cualidad qe lo espiritual, esa 'sensibilid&d estética:, __ ese pathos nuestro, no podría ser 'adquirido ~comO _riOSotros pOdemos, sí, ildqüirir lo práctico, _por. esfuerzo y disciplina de.voluntad...;·_ pues no pertenece al reino de la pedagogía. ~ ·lo sumo· :p_odría_ Sér _ _despertada, estimulada; nuestr_as influencias, u :C?tr~s _-influencias, las éuropeas mismas, latinas, por eje~plo, podrían f)~_rár.' Como- fermentos; sobre su ·propia personalidad, pue~--_tal~s esen;­"c_ias. tien~p. _qu~ _ -_~star ya- en_ la -.naturaleza de _l~s -_ipd_iv~~uos _ y de ~os

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pueblos; pues si no están, si fueran sólo efecto superficial d-e· suge3-

tión, carecerían de todo valor y toda autenticidad. ~- ·. Por ahora, es muy claro que ellos no sienten la necesidad de

otra cosa, tal como la nuestra, y que su interés intelectual por la América Latina no trasciende el plano práctico de una illtensificación de la política panamericanista.

Ellos, para nosotros, maestros de energía; nosotros, para ellos, maestros de sensibilidad; ¡cómo nos completaríamos, aunque no llegáramos a completarnos nunca! Porque los contrarios no se fun­den, pero se· buscan siempre1 se influencia'n recíprocamente, y en algo se equilibran. Siempre la cualidad intrínseca que les define predomi11~rá en la cultura ele cada tipo~ El _Norte será siempre más pragmático __ y·_ ~ás potente ·que _nosotros; nosotros_ seremos siempre Inás imaginativos y más- intelectuales que ellos, Y de que sea así ~.legrémonos, _sin vanidad; ¡)orque si aquello. del Norie. es muy nece­$ario. -y debemos esforzaroos en adquir¡rlo, ,has~a cierto punto- esto, nuestro,-· nos ·es más caro aún, y no renunciariamos a ello ni por todo el--poderío fde Manhattab; r: _ Y qüe --ello :pueda llega-r a ocurrir, depeilde- también, en cierto ín:odo·- ~ c;le nQSotros, de nuestra actitud. Porque si ~os quedamos en po_sici6n dé- humildes aprendices de- lo suyo,. y noS -súpeditamos a sus :ilortrias y a sus- formas, en todo, remin'Ciando al ·valor y a la sobe­ranía . de' aquello _que es ~u estro_ -como .. si ellos pudieran ser nues­tros modelos en todo,- y no, únicamente en lo suyo, como es lo cierto --,-nos desvalorizaríamos _._en_ lo qlle somos, y en vez ·de despertar su respeto ·y -su-- interés por -lO nuestro, nutriríamos Su ·orgullosa ego la~ tria de poterita:dos. Y -así hariamo~ un doble mal, a ellos y a nosotros. Lo cj:t~a1_' es;_ pues, que- llos récot]-Ozcamos y áprtivechemos mutua­mente- __ cqÍnO .inaestros, en lo que verdaderamente somos, sin renuncia P,e nuestiaS __ _propias cualidades-- y- manteniendo la dignidad de nues­tras difer~~-cias.

"El problema de la cultura: americaoo", págs. 114-IU.

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Antonio M. Grompone (1393)

Característica del pensamiento de Grompone es la concepción sociocéntrica de los prob~emas, la operancla del medio social y sus reclamos como criterio decisorio, el enfoque intelectual pragmá.: tico (y práctico), dinamista, realista, empírico, de todas las cuestiones. Discípulo (y. muy agradecido) que fue de sus cursos de filosofía y filosofía. d~l derecho, este introductor recuerda, sobrenadando toda memorización concreta (y cree que es, por ello, el significado mayor de su. enSeñanza) su hos':" tilidad a la~ grandes arquitecturas especulativS:s, su negación a todo· transpersonaUsmo, a todo mO~ nismo, a toda absolutización ·que anegue· y aUi.t. mediatice la realidad de un. mundo tejido . por :ló múltip-le y lo singular, pero que "anegue" o "mediatice", especialmente, esa singularidad -más valiosa que ninguna otra que es la persOnalidad del hombre. Esto teza, en particular, con la· orlen:" tacjón hegeliana y_ con la _axiología pero tanibÍéri con cualquier pensamiento· que hipostasíe "entes" que no son el ser humano concreto y su humani~ zadora actividad, que no siga las-· inflexiones: ·de ":os cambios", de la dinámica temporal, que tienda a subsumirla en . esquemas -Y -:-Soóre todo, que sea equívoco en sus inevitables consecuencias político­sociales. Porque Grompone siente con una especial acuid~d la responsabilidad del pensamiento respecto a la vida- y la ambigüedad de las inferencias que de él puedan extraerse.

Una ~dagación estilística de los textos suyos rastrearía, incluso, en ciertos brevísimos fonemas que en ellos aparecen obsesivamente, las líneas Car­dinales de su esti o mental. En _la forma verbal, por ejemplo, seguida de gerundio, vería la seña de su percepción buidísima del cambio, en el "se" y el ·~lo" las de un advertir similar de las ·fuerzas

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impersonales de lo histórico, de las vigencias-socia­les, a veces indefinidas, que impostan los destinos, de los hombres.

Más allá de esto, su desvego por todos los rótulos hace a Grompone difícil de encasiLar en ningún bando filosófico individuali.zado pero es, pro­bablemente (como ya se anotaba) con el pragmatis­mo norteamericano, y sobre todo C(!n James y can· Dewey, con quien, tiene más contactos. También -completaría su perfil intelectual, una plena y en ocasiones, entusiasta, aCeptación .de su tiempo y sus problemas, lo que le distinguiría, de paso, de-l general trascendentalismo de algunas posiciones filosóficas coetáneas. A Vaz Ferreira le acerca su proc~ividad a pensar sobre lo Concreto o, como lo decía en el sólido estudio que a V az dedicó con motivo de su muerte (uAnales del Instituto de Pro­fesores", N 9 3, 1958), también es aplicable a él el gusto por el enfoque de los. pro!;>lemas y la proyec~ ción de cada ide~ en _ 1~ realidad contra un pensa­miento norteado por la_ ~dhesión a doctrinas o la ,adhesión a _principios establecidos.

Con todo, opera- en la mentalidad de Grompone cierta constelación de va:ores últimos (por más que el término' pudieta · chocar le): son el hombre "de carne-y hueso", sus apetencias -de felicidad, bienes­tar, afirmación personal, libertad. Es esta línea humanista, liberal, sí, pero muy precavida la que puede -marcar su única disidencia seria con los me­teoros de su época y de otras: las fórmulas, las em­presas suprapersonales_ que sacrifican los antedichos valores -y en especial _el de la libertad, el de la felicidad'---:- a la grandeza cuantitativa de realiza­ciones social~s que sólo quedarán a la larga -ha usado en ocasiones la imagen de las Pirámides­Como timbi-e del estéril orgullo de las .castas diri­gentes.

Toda esta orientació'n es estrictamente corre.:. lativa (podría anotarse) Con la personalidad, muy definida, de Su portador, Un filósOfo nunca desde­ñoso . de las contingencias de la acción, de las resiS­tencias de lo real. Director de Comercio Exterior -a 1os veintisiete años, industrial, directivo del Frigo­rífico Nacional, abogado activo, decano de la Fa­cultad de Derecho, fundador y director del Instituto de Profesores (1949), Grompone representa una excepción en el estLo vital de nuestros filósofos timbrado- generalmente de una radical ajenid-ad a lo práctico. Profesol;' de filosofía (ha sido autor de

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:, ·: · ·· -··· -un-.teXto ·.de--i"MetafisiCa" ~(1919, '.2t ·edic. 1934) muy · ~-'· _, úSádó·¡ docente dé--- Pedagogía ('.'Conferencias pe~

dagóg:c~s", 1927); catedrátiCO de Filosofía del De~ ''.;J~ .. "·.- ·! - ·_ réChó ·.· ("FHOsolia ·_de las RevOluciones Sociales", e:; 1932), su teri:l.a,- tal veZ- predilecto, sigue siendo el de

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ht int-eracciónde'la cultura_Y lo socla'l y, aun más, esp~cíflcamerité, l_a-- so~iOlogí_á:' · de ·_Í$. educación. A ese_--interés _resporiclen sus __ do~r liPros seguramente n~uls- cOJ:wciC!-os: "'Problf:más .. SocialeS de la Ense ..

-fianza Secundaria". (Buénos--Aites,_ 1947) y ""Univer--sidad Óficial y Universidad- viVa'~ .(México, 1953). "Ped-agogía Univer_si_taria'•; -Montevideo 1963), com .. plet-a . y ~lmill¡a esta serie:::.:

-Por· esta razón, y aunque no es materia perti­nente ·a, esta selección,. Grompone bien puede ser una de las -figuras fundamentales de nuestro pen_ ..

- samiento -pedagógico, al · qüe también han contri:. buido otros universitarios y __ escritores (Eugenio Petit _Muñozí · Lincoln Machado Rlbas, José Pedro

· !Segundo, _Eduaroo- de Slilterain Herrera, Mario Cassinoni, Clemente Estable, JU:io ·Castro, Emilio Zum Felde_· y -otros). -Es-ta·· dedicación al análisis de la ens·eñanz8. 'cUbre los· tres cicloS pero es espe­cialme:nte interesante .el) la media y en la supe-rior posterior a la Reforma, cuyos postulados Grom· pone S~stuvo, expuso· Y reVisó con _eficacia y lim~ pidez de intención que no todOs reconocieron debida· mente, en "Universidad of_icial y Universidad viva".

Su interés- por· el contorno ·social en planos de menor grado de abstracción; que aquél en que for­zosaménte se des'arro~la- su· uFilosofía de las Revo­luCiones -SOciales"· -Y también --al primero que se

- nombrai·á, ~su filiB.ción- política- le· dictó dos tra .. ·bajoS que -abrieron en ·-su- hora el camino de un ·exanJ.en cabal. "La Ideología de Batlle" es uno, ap~reddo, en .1!:)38 _ell · forma -de Prólqgo a una selec­:ción d,e esbr:itos puPli.cad,a por Maximino García y reedítado -ert-1962. El otro _versa-. sobre "Las Clases triedias eó el UruguaY" y. form'a párte del vo~umen ""Materiales ,para ·:el estud:o_ :a e_-~~- clclse media en la AméÍ-.i_Ca_ Latina" (Washington ·n.c., 1950) y fue

·asimismo rep~blicoido en Montevideo en 1963. El teXto S,el~ccionaQ.o aQuí de 9rompone repre­

senta .en lo posib~e una vertiente ensayística, que no es· ni mucho .menos lo dominante ·de su obra. Por~

· , :'. quejes·- el .suyo lin pensamiento orgap.izado sobre un

l objete{ de- conocimiento, eón un curso· de. pensár- de impostación científica. Sin embargo, casi todas sus páginas portan la siempre esencial nota ensayística de lo intuitivamente interdisciplinario, del apego al pensamiento libre y propio, del desdén por cohones­tarse y apoyarse en impresionantes autoridades y lecturas reales (o supuestas).

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26 - lRevolución y Organización]

El pensamiento humano, para existir, requiere algo que deba eliminar. Y es lo más cómico que la majestad del pensamiento sólo tenga valoi para la lucha. Tomad un diálogo de Platón: Sócrates debe terier siempre un contradictor o una idea contradictoria para efcct';lar el duelo que es todo diálogo platónico. Sin Eutífrón, sin Gorgms, sin Alcibíades, el pensamiento platónico no tendría razón de ser, y aun mismo cuando expOne puntos de vista· sin diálogos, hay siempre algo que debe corregirse, ampliarse o eliminarse." Eso es, por lo demás, el símbolo de toda actitud humana, espiritual o de otra índole. Dos hombres, espalda contra espalda, se apoyan mu­tuamente, pero para sostenerse deben hacer el esfuerzo como si uno quisiera eliminar al otro; suprimid a uno de ellos y el compañero ste viene abajo.

Por eso existe lo contradictorio aparente en todo período histórico de cualquier naturaleza que sea, y, por e~o también, la renovación social es una acción contra algo.

Fuera del movimiento aparente que es una transformación brus­ca, las revoluciones sociales son la continuación de una época ante­rior, y se Vinculan también al pasado.

Tanto en la revolución soeial como en las formaciones sociales qJ.Ie la precedieron, predominan las mismas' características.

No es una cUestión de lucha de clases que tengan diferenCias qu~ defender: de ull lado los nobles y- del o~ro los plebeyos, por aqui los burgueses, y por allí los proletarios. El noble tuvo en sus siervos también sus defensores y el siervo pudo tener nobles que creyeran en su justicia. Es un doble sentido de la vida que se va determinando por energías contradictorias.

La vida social se transforma por ese juego de actividades opues­tf!.S: los revolucionarios que tienden a transformar lo existente, a romper la organización, a destruir las instituciones del pasado, por­que_- ven. en ellas las fuentes de las desigualdades o de las injusticias; y los conservadores que defienden la organización y las instituciones

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. 1 púrque tienen con ellas jueg() normal de la vida mentas de crisis.

la seguridad y la calma·., _-Esa , h1cha es el social· que se e:Xac~rba y estalla en los mo-.

Cuando los descontentos han :idquirido la posibilidad de éxito llega el derrumbe de la organización y parece que todo naufraga defi~ nitivamente en una destrucción de privilegios y derechos. Esto da también aparentemente la impresión de haberse aniquilado para siempre las desigualdades y la organización no fundamentada en el espíritu de justicia triunfante.

Res.ulta suficiente un momento de calma en las agi_taciones de una soc1edad para que lentamente se vaya creando la organización que· significa la seguridad o la esperanza de que se consolidará el estado en que se vive, de que eso mismo podrá trasmitirse, de que lo actual va formando trabajosamente el porvenir y los hombres defienden lo existente organizado, como una posibilidad de prever el porvenir. Porque se teme siempre lo inesperado. La incertidum­bre, la angustia y el desasosiego que ponen en ejercicio todas nues~ tras actividades, desgastan también nuestras energías, y, al final; se espera y se desea la tranquilidad y la confianza. Vida miserable n vida _fastuosa, pero se quiere poder contar con el mínimun que se tiene ahora. La organización es, asi, el resultado fatal de ese co-m­plo_t de todos los hombres para conquist:ir la segUridad, y las insti~ tuciones sociales se van creando con vistas a esa estabilización. ¿Qué tiene de extraño, pues, que haya surgido de acuerdo con lo que la wentalidad de cada época requiere y que en el mismo m'omento en: que hace crisis una revolución se prepare la organizacióh que ha de-anular su obra? : . ~1 hombre que defiende la propiedad como un derecho sagrado

e mv10lable, es el hermano de aquel otro que mantenía la reverencia a lo religioso por _neCesidades sociales. En un mismo· plano se van colocando el defensor del derecho divino de los reyes y el del valor' de Ja politica de partidos. El prestigio de las instituciones no se &preci~ por .:la eficacia de las mismos, sino por la c~nvicción que provocan de que deben. existir. El que defiende la monarquía ¿es acaso partid_ario del rey raquítico, del rey jugador, del bOrracho ~.~entado e~-- un tron.o ~- Existe el respeto por la institución en s!, por <!-lgo que hcne prest1g10 porque d~spierta el sentimiento de seguridad1

de orden, de _ tranquilidad o de propia o;mveniencia. . La organización se ha .creado con un fin dado: no ha sido

~ólo. u~ m~?io para obtener segurida.d! bienestar para el hombre; pero l_a I:r;:tsh_tucwn_ que la crea va adqmnendo valor por si misma y se, la considera, ya, como un fin en sí, prescindiendo· del objeto que la c.re? Y. Qe los resultados que se consiguen con ella. J)e este modo

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Va ·p·esaD.aot sO"bte 1a·s- 1có'nciénGias ·sin: ·q:ue te~pohda a ellas. -El detedío e·s;:ásí:- I sít~ f.lb.L.'es··_ obten·e~:-lá-c·rea:lización de ü.n- ·:principió de· jüstida:~ pero si ese derecho se convierte en una fórmula tirana,-- ctiya·-· apli<.: c-aCi6n_:- e inter-pretación se 'hace_._' con prescindencia· de._ la-_ justicia, el derecho·- ha .. perdido ya su única· función y pertenece· Sólo al· domipió de una.:técnita apartada de la vida social. ·'··';Se Olvida a menudo- la distinción fundamental· entre la_ posicióri Ófidal,: diremos,-- del hombre y sú estado· de espírüu -dentro de ·una

·organización. Este homQre hace muchas veces· la defensa de esas ins-:. tituciones, ... ya · como.:una :hipócrita defensa de sí :mismo, .o' como un m'edio. :de:: alcallzaf __ ventajas y así, siendo en espíritu enemigo de su ética, defiende .y ensalza· la . religiói_l, b demo'cfacia, la' justicia:. -exte~ rioriz.adas ·pOr_ .-las instituciones existentes. Las instituciones sociales no tienen, -pues, valor·en-.sí-.mismas sino simplemente un valor simbólico~ Debaj_o de esC:.Símbolo está la realidad social con· todas sus ·miserias: la ··justicia 'cubriendo desigualdades, el desinterés ·políti~o para ocul .. tar apetitos, .el · huinanismo presentado como arriar _puro de la . 'in te~ ligeilciá :y ~Qstenido por los que no son capaces··.de -pensar libremente. ~ :_,': Es ié1afo q'ue _-ese valor sirÍlbólico, dií-íamüs, tiene· laS 'mismas ca..­hiderístiCa:s <iUe lo ·que_ \iierie·de fuera hacia adeútm del individuo; efí:l~cíi' __ -· q'Ue ·éste·_ p-odrá·, utilizar pero solamente adaptándose· a ello, Y:- ~(lefOÍ'tpándo-_- _sU -inQiVidualidad en ese ajuste,· c'omp :: ocUrre ~On t~da:.JnfhH~ncia --de "lO SociaL Es comO el' lenguaje- qti:é; llOs cil;>liga>~ ácoinodá-r_ riUéstfo$ -estados de_ conciencia, absolutamente personales Y úí;icOs, -·a -~fi!Oldes yá he~hospar'á que los· demáS DOs comprendan, ·<) Cóm():Ja .. : 16gica que ·haCe· -de nUestra 'conciellciil. , con movimientO continuado como torrente, al decir de William J aines~ un esquero~ qUe·:--$irve·.-'para despertar conviCciones· ex'ternas. Por eso mismo, el

· pi"estigio·-y el -valor de las instituciones sociales~dependen de 'la roen;. talidad del· Inedio donde se van · nianteniendo. Tiene -que -existir .Una nnisa· que Crea en ·ellas, que confíe en -ellas o que suponga que -ellas tienen valor y .fuerza para ·mantenerSe. Es' que, en el fondo, ·aún du9-andó de. su jUsticia, todos tiemblan por su desa-parición, pelo cu~ndo caen se produce una sensación de alivio, pues, en realidad, no'_: se ha j:liod\lcido . ninguna catástrofe. ·

~l hómbfe qué ~ba a prófanar al ídolo, se aproximó con temor auflqüe :·aparentemente -lo :dominara Su audacia. En el momento mismO de derribarlo hUbo en él una angustia terrible por lo· que iba a ocu~ rrii-, púo,. después, una vez .:el ídolo en el suelo, todo su miedo se transfotmó e'n · exaltación iConoclasta y fue poca- su energía para~ hace)' --estallar su . furia. El temor había desaparecido y ·el desast!'é nO ··se. produjo. · · · · 1.:

. Cada vez--. que una institudón social se transforma, existe por

uha parte el impulso de quienes deseáÍl la ·transf0rmad61). .. ·y · qu.~ violentamente, apasiOnadamente, van· imponiendO la ··neCesidad de la reforma, y por la otra los conservadores que pasivamente al prin­cipio, apelando luego a tesis de defensa, a justificativos de -grandeS principios, combaten esa reforma, vislumbran la ·-catástrofé, tiem~ blan por los cimientos de esa construcción a cuya sombra viven confiados o en la que se han incrustado de tal modo que llegan a creerse imprescindibles para su sostén y no· quieren desaparecer con el armatoste. ¿No- hemos ,.visto, acaso, defend~r asi los sagrados prin­cipios de la familia ante· el temor ·del diVorcio, o los inmortales ci­mientos del patriotismo ante una acción anti-tradicionalista, anti­g_uer,~era, _.anti-I_Uilit~rista~ ¿J>:Jo -.~e i~voca1_1 las n~c;sidades, de la 4emN;:l acm en el repar~o '·-de pues~os entre- los- pohticos? · . Vista~-de Jejas parece que .u.na lucha como la de patricios y ple­

beyos-_ tuviera ~n loS-_ ¡Jlti~os- un'a c_abeza que hubiera ido dirigiendo conquista :a. conCp:tisÍa; todo- fue sin embargo el resultado de dos im;onsciencias_:. la de.los_ que pedían' y amenazaban y la de los que iban háciendo· concesiones· como- inedia de .conservar algo momentá­nea:mertú~. ¿No es· ésta}'-· acaso, la obra de todas·· las transformaciones pqlídcas .'que ·ha originado la- d-éinocracia actual?

El ·miedo inspiia a· .los .de ai"riba conceSio:ftes qu-e servirán, supo­(leí(ellos, para 'ffianteller_. la· csitu?-c}ón: polítiCa; :perO el_ miedo es terri­bl~ consejero· y el ~álclJlo de .19~ h,ombres sale caSi siempre errado.

"Filosofía de las Revoluciones Sociales", págs. 10-14.

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Emilio Oribe (1893)

El pensamiento ensayístioo de Oribe no se dispersa en demasiados puntos: las condiciones Y posibilidades de la meditación metafísica¡ la ince­sante indagación sobre el ser de la poesía, y -la Pos· tulación_ de una especie de -ella, rica de intuiciones .eidéticas; los grandes "temas eternos":· Tiempo, Muerte,_ Inmortalidad; los contactos entre el pen­sanüento _y la Vida no-.estarían lejos de ag9tar la nórohm._ Pero aun podría apuntarse que tódos ellos son variedades de_ Una "teoría ·cte la inte~igencia"·, 'sólo éorolarios, desP1iegues :de ese "Nous"- que, según sU libro más conocidO, no es la inteligenCia; no= es el· espiritu:tampbeo·.- Es una categoría. -Supe­rior a ambos: se alimenta de esas fuentes y del amó:r: ·pór ·encima ... de. ·eS;ta . ·suma, hállase [éste] constituyendo una categoría integral, pues siempre les agrega algo más, como pasa con todas las sín­tesis de la vida psicológica. Y, en el mismo pasaje retoca: La Inteligencia de que a menudo se habla aqui, proviene del "Nous" helénico de Anaxágoras, se vincula con las ideas platónicas, se purifica en Aristóteles, la escolástica, asciende sobre el mis­ticismo plotiniana, avanza en los tiempos, circula en Descartes y en Hegel, y se diversifica, disper­sándose en algunos hombres de hoy.

En su obra sobre la filosofía uruguaya de este siglo, Arturo Ardao ha indagado su sistemática ·impllíCita, situándolo entre loS filósofos de "·la Idea" y sosteniendo que en las antípodas de Rodó, Rey les o Vaz Ferreira, esta entidad se confunde en él con la misma Divinidad. Esto, agréguese, no ocurre sin una cierta reducción inmanentista de lo divino; a los efectos concretos de la vivencia, Idea, EsPíritu o Inteligencia no dejan de estar deno­tados siempre en Oribe por los rasgos de Razón, Discurso y Ser pensante.

- Pese a -el!o; y. -fúndameiltalmente·~, un plató.;._ nico, para el cual·-la realidad -Y 1~ historia 11yat? constituyen una caída: y_ At1J:érica ·y_ el mundo ex­traeuropeo una-caída más)rrerlli~ible. que. el resto. Un. dua:ismo -casi manique~ de Espíritu y Mundo es, así, la vertebració:n de un rpensami€-ntó nutrido en los presocráticos, Platón, Plotino, ·Des.:. cartes, el idealismo alemán, el racionalismo fran:. cés de los dos -últimos siglos y, también y má:s en el aire del· tiempo, Bendá, Bergson y Guyau,

. de quien afirmaba no hace mucho, que le acercó al problema . estético. Pero en Oribe, su contraste fundamental no es una antítesis yerta y Col)cep­tualizada sino, por el contrario, el comprensivo es­quema de un ·existencial combate de inteligenda y de acción, de pensamiento y de realidad, vivido hasta las heces de una vida intelectual ya dila.:. tada. Los entes puros del "logos" aparecen siem­pre en é'l, batidos por la temporalidad) el movimiento, el devenir, lo irracional, la nada, la vida, los éxtaM sis., ._ Esta -lucha, esta agonía entre el Nous y el ritmo oscuro y huidizo de las cosas es sentida -por Oribe con _ angustia pero también -con delicia: de ella en verdad, se alimentan lo más persomll de su meditación y casi toda Su poesía. La Tierra y el fluir hacia ·la muerte le atraen y le repelen a- la vez y vuelve a su p-rosa, en más de una oca­sión, el tema del Anti-Anteo que pierde_ fuerzas infinitas cuando toca suelo y también el horror cátaro a la carne, a la encarnación, a la paternir dad que desviri:iza. En una imagen reveladora de uno de sus libros confiesa "a fortiori" --que sólo recupera esas fuerzas cuando el suelo de contacto es una joven inteligencia. Pero Razón, Idea, Inte­ligencia, hay que agregar el matiz, no son, si cabe la paradoja, puramente "intelectua:es" ni "ideo­lógicasH, ni "racionales": son el ~~misterio", la intuición quienes la nutren, como los oleajes baten sus luminosos entes pero los sostienen también sobre el mar infinito. De cualquier manera, en la desa­~fiante inversión del adagio tradicional: pensar es necesario; vivir no es necesario se cifra todo lo que Oribe preconiza, quiere significar.

Situarlo en unas ciertas coordenadas relativa­mente precisas no es difícil. Heredero del cultu­ralismo de Rodó, lo impostó, sin embargo, de un cierto estilo y r.igor docentes y de una muy mayor jerarquía y universalidad de nutrición filosóficas. Tanto respecto a Rodó como a Vaz Ferreira, Oribe

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repres_enta, ·eininente"rrlénte, el -movimiento de "ir haéfa las ·fuente~" -el' r'emontarse, más allá de los filósúfds y· vulgarizadoreS" (franceses y anglosajo~ .

/ ries; primordialrilente)' del sigló XIX, a los autores que· fundaron e~ pensamiento clásico en metafísica,

-' lógi.C~ y moral. También en· estética, pero exhibiendo eli ·ella Oribe, ·mayor: élaboración ·propia; ya Las·

· places· einparenta:ba- ·tn;tS doctrinas con Figari y DieSte'; si ·a :los tres :s'úmáramo_s ·a Joaquín Torres García; se complet8.ría ·el cuarteto: de uruguayos

. que lía contribtiíd·o, de· alguni;J. ma:rlera, a la disci· 'p:ina conceptual de ·la belleza ·y el' :arte, los cuatro que han incurs~onado sólos, inventivamente aven~ tureros, ·poÍ' los sehderOS dE( su ái'ea.

JuntO a sus fuentes intelectuales ~y si se quiere· ser medianamente abj';lrcador- habría que m.encionar el prestigio, casi --inágico, no puramente intelectual, que ~ ciert~s· fig~ras, de linaje "apolí· neo", han_ejercido··sobre O~ibe. Leonardo y Goethe son seguramente -~o_s decha_dos más perfectos de esta atracción personalizada que para él posee un 'Cierto ideal de paz, ·de' universalidad. de domin:o interior; de· inteligencia . diamantina; de inmunidad a las contingencias· -J;listóiicas, de ·dificil serenidad. Porque es, evidentemerite, .el !prOtotipo clásico y -las riotas ;que alguna:_: vez le 'atribuía: ligereza, gra­Cia, claridad,· eqUilibiiO, medida; -el q.ue de modo más potente seduc€: ·a Oribe, el que ·inás imanta sus páglnas más ___ ambiciosas o. más _testimoniales.

Un tercio de siglo de labor. ensayística puede !Confirmar este bOceto·, indudablemente precario, de su t_ipO espititmq. Desde "POética y Plástica" (1930) a· "Treá ideales· ·estétiCos" (1958) los libros

,· comprendidos entre ·arriboS extremos ("Teoría del · -Nous" 1934), lá. ·illtróducCión_ a "Ei p~nsamiento vivo d~ -Rodó" (BUenos -Ait,es, 194;5),--''EI Mito y el Lo~ gps" (1945),~ "Tral;jcenden'cia-.·Y. platonismo en poe~ sfa '(1948);-'"La intuiC:iótí' eStéflca del 'tiempo" (1951), ''DinámiCa ·del ·Verbo" (1953), soli .cá.paces de mar~ car la fil'Iheza, la persistencia· excepcional de un pénsamiehto réiterá.tivaillente centrado sobre unas pocas· líneas fundarríentales · de interés. Ratifica-· ción- sorprendente de ·este ·r·asgo podría ser la de .señalar que Su: confé'feric'ia·· de Ginebra, "Algunos aspeCtos 'del PC:nSamiei"l:tci'· en' ·el Nuevo Mundo" e' E!" VíEljo y_ el Nuevo Mú'ndo", París, Unesco, 1956, ··págs. -292-322) eS el resultado, salvo .cuatro

, -brevísin'Íos ·p-asajeS· _(pág~. '293-294; 2'98-299; 311; 320-. ·322)" de una cuidadosa taracea:-'de'textos de "Teo~

rfa _;·del Nous", ,"El -Mito_- y ·eJ. ,_Lo_g_os", "Óináníica del V_erbo'.' _-y :a_ introducción a Rodó_.;· Oribe sé sintió cópmdo r~curriendo 'a _pé\gín;IS_ .cO_qiPuestas 'algunas dos décá.das antes .. para e&presar ... :~n ocasión rela· tivament~ eyo1emne, · Su pen~arr:ti~nto.

Aun dejando, como es previsible, su labor ·poé-. · ti.ca · al margen, . es necesario apun~~r que su culto de una poesía dl;l la. -inteligencia ~nida al sentido como' -hech,ur~ Suprema de la Imaginación poética, segúp expr_esiones de M_arcel de Corte acePtadas por Orib.e,- fue, .en el" curso _de loS años ahondando y ·clarificando sus propios d_esign~o_s. La aprecia· ción de sus frutos- (que ha estado muy sujeta a -contrqver~i&) no cabe en estas pl.\ginas, ya se decía, pero estas ·menciones s_on inexcti¡;>al:ü_es porque, sal­vo en la forma J)lás exterior- y visib~e, no siempre es. fácil distinguir su pro~a de su poesía, empa­r~ntadas )as_ dos, como lo es~án, en" la temática, el

·lenguaje, el procedimiento. Y aun podría señalarse , que, m,ient;r:as·· su poesía suele _caer. a menudo en _un -coneeptua.lislllo y prosaísmo penosos (no es tarea menuda embretar en formas rít;micas ideas de J;> otino,. __ Spinoza, Schelling 0 Whitehead) es tal vez en la prosa donde los dones, y las obsesiones de Oribe se expanden con más libertad, donde el intelectual andamiaje no pesa_ y sostiene, por el contrario, pasajes de inesperada, rotunda bel~eza.

Yendo más a una _raíz común, es : egítimo ano­tar que tanto poesía como prosa de_ Oribe se esca­pan poco de cierta línea. central, de cierta manera de _"reflexionar emo.cionado" .Jo.. '/.emoción intelec­tualizada") ante los _prodigios de.: la Inteligencia y del Ser. _Un gr~ve entusi9-smo .:de las Ideas, una como extática admiración por_ .:os g:r:andes· sistemas, las va,stas ~onstrucciones. _que la-. capacidad del hom­bre ha creado;., ese: ·es _el hilo _que -_~nhebra lo más característico. -.de .SlJ.~ obra, cüalqu~era sea la ver· tiente .. formal en ·que esa obra se ofrezca. Es un "estilo -del .pellsar"- ·en. el que _es rnás frecuente el "enunciar'!, ~on_·:un, velo esplendente de imágenes, que _,.el-- pens.amiento· coherente .. Qisc-qrsivo, combina­torio, afanoso .de nueva~ verdades> Como en los pre.socráticos· que tanto admii.:\;~ ·c;onviven en él así ,la poe~ía ·y la m~tafísicf!.,- pero a dif~fencia. de éstos1

-,parece-menosopenmte en '0r~be -la:.c;lesvelada inqui­. si~iól) -por, el s_er: de l,aS __ cosa~ .o el ~xistir de lo vi· _yiente _que_ esta c:asi ·inalterable actitud de diti-

. ·)iall).bQ ._de Jª -.~elle?-a, )as );dQ~s, · la- ,J¡tazón, la Inte­·1igenc!a-, · el ·_S_er;- el; ~píritlJ, '.-según_~ un prestigioso

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pénSalnieritO recibido -]as ha Ya formulado. .Más - eseri.cial es, así, en el "declarar" esas grandezas, en·coiniar esas -densidades, que el argumentar, el deliberar o el probar.

Por- medio de un manojo· de símbolos concu~ rrentes: la torre, el fuego, e·l puente, la antorcha, el diamante;- la isla, la luz, la- llama; oponiéndolo a otro en que se expide la fugacidad, el caos, la temporalidad: noches, mares, o-leajes, delirios, cié~ nagas, Oribe, ya sea en prosa o en poesía, en~ ciehde su pensamiento de emoción, de trascendencia, de- intransferible personalidad. En sus libros de prosa, y en especial en 11Teorfa del Nous" y uEI Mito y el Logos" (que también son los dos más esencial~ mente ensayísticos), el ciUtor ha vertido sus temas en cierto tipo de expresión poco preocupada de la comunicación, en cierto modo ensimismada y hasta distraída; una expresión en la que aparecen como inferiores o secundarias las calidades de precisión estructural y el buen soldar de todos los eslabones del razonamiento y en la que sólo resultará impor­tante el hallazgo de esas imágenes felices, esaS cla­ridades aforísticas que insurgen, a veces, en largos trechos arenosos y desvaídos. No es,- por eso, casual o caprichoso el culto de Oribe por el aforismo: puede decirse q,ue los más sustancial de Jo suyo es en e-l aforismo q.ue se cifra Pero también hay que obser­var que en este pensamiento grave, serio, ocasiona'l­mente solemne, se cruzan a veces lampos de una cierta penumbrosa socarrorrería, de un tenue hu­morismo que posee un encanto peculiar para los que saben sorprenderlo.

Este descuido de la estructura discursiva y de la continuidad temática es natural que le hayan llevado a lo que Cyril Connolly llamaba el l.bro informe, compuesto de heterogéneos materiales pero rico de sustancia y feliz de libertad, como lo son casi todos los suyos pero, especialmente, los dos recién mencionados y '1Poética y Plástica" y 11 Di­námica del Verbo". De más está decir, junto a esto, que la exposición puntual y la crítica concreta de un pensamiento ajeno no son los fuertes de Oribe y que sus numerosos trabajos sobre "pensadores estéticos" resultan seguramente inferiores a su labor

-propiamente personal. De ese sector histórico-cri­tico de su obra, tal vez lo más vivo continúe siendo 11 Poét ca y Plástica", aunque esté fuera de duda ·que ·la novedad, la frescura de los prestigios que en su ho-ra el libro impusiera (Vffi.éry y Góngora, De-

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bussy, · -Wórl'iriger;- WOlfilirt," ·spérigler .• -.) se halle hoy irremisiblemente marchita.· ·

Este remOto, · este ensimismadO. (y es una, de sus más ·vitaliza:doras paradojas") --suele expedirse en juiciOs de una excepcional agUdeza sobre el mundo real y aun sobre un ámbito americano y nacional que, salvo alguna excepción radiosa como "Rapsodia· Bárbara", parece tan lejano de su infe­r·és. Algunos de -esos juicios, incluso, resultan prác­ticamente imprevisibles en él, si se ati-ende al con­texto de su propio pensamiento. Menos originales son sus meditaciones sobre los- "peligros de la cul­tura" y las normas para su "defensa", caracterís­ticas· de la -cuarta y quinta décadas del siglo y la vasta ·corriente de alarma, congregación y com­promiso con que los intelectuales de Occidente res­pondi-eron a los meteoros del fascismo, la guerra, -el racismo y la boga de las "ortodoxias". Aunque esas meditaciones no detonen, ert. modo alguno, respecto a las de la "inte~ligentsia" liberal europea (y a las de un Thomas · Mann en especial), su im­portancia es inequívocamente menor que las q.ue pueden espigarse en los libros mayores de Oribe sobre las condiciones culturales d-e América y del Uruguay. Bajo el tono, entre despectivo y dolorido, con que el autor enjuicia nuestras realidades desde una exigente pauta intelectual y universalista, no es imposible encontrar en ellas Una ·conciencia muy viva de las características de una "cultura colonial" (con este rótulo se agrupan en esta selec­ción esos textos) o una noción muy cabal de las posibilidades de la cultura como sustento de una nacionalidad y de ésta como base imprescindible de~ pleno frutecer de aquélla (en páginas que aquí también se reúnen).

De los restantes textos seleccionados, el n"' 27 expide la importancia que los "temas eternos" del pensamiento religioso y metafísico han tenido en su obra y la manera variablemente lírica e imper­sonal que su manejo -en Oribe asume. En los pa­sajes titulados "En el torbellino de las fuerzas" podría rastrearse un repertorio muy amp:io de las dicotomíaS que acechan a un hombre de pensa­rpiento, fiel a la vez a un culto intemporal del Espíritu y sensible a las tremendas exigencias del contorno histórico en que le ha tocado moverse. '

1Poesía bárbara de América" es, en cierto modo, el envés de su programática de la poesia y la rei­vindicación de la suya frente a la boga de la que,

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.. efi~térrttinos·'deSantayana,- cabria calificar de 14bárba­ra•'. ne·bárb_ara:- esto es;- carente de-objetividad, ma­. .-} dJireZ, compasión, universalidad, poder de trascen-

der-;. densa, .haf;ta la asfixia,- (le terrenalidad, furia, :- paSión" y _finitud. _.Las indirectas a. N eruda, figura .-niáxima- .del tipo _literario.-- que Oribe enfrenta, son :bastante, visib-es, .aunque no lleguen a la virulen­_-cia: de_-ptros contradlctores-_<;lel chileno. Y en Ideal

. de---poema, (~ecién. _se decía) se plantea el intimo prospec:to .del poeta; _su aspiración a un canto pe-

. nEl:tr:ado de inteligencla, su adhesión a un tipo de po_ema: extenso, ·rico· de- símbol,os,_ complejo y estruc­

- jl,l_rado· que-- Oribe _admira ancQ.amente desde la '~Comrtu~dia'' ·y- "Las_ Soledades", hasta "La Jeune

-·Parque" de. _Valér,y, los- "Quartets'' de T. S. Eliot · ó la "An~~¡;¡se" de·: Sa~nt- Jphn _ Perse.

A ·propósito de varios _ de lo~_ textos elegidos, GPPViene_ -recordar que Oribe ha---marcado no hace muchp. _ (~n "El País" del_ 30 P.e. _octubre de 1962) ·su· desinterés :por_. los temas sociales y, ya, y a pro­pósito . d·e_ ','T:eoría del Nous", en la "Acción" de -Qujjano, -en_, 1935, Celia Mieres y Ofelia Machado

- "l3on.et· -pqlernizarpl,l sob:re, _-el sentido: y alcance de és_e_ d.espego _que, .explana¡;lo el proc;esO centra'! de su p~nsamiento, es fácjl ,_de' ratificar. -Pero aclárese tQ(lavia q:qe, encomiada- la "total¡tru;ia positividad" del- m1J,pP,Q __ gl:!.-- las ideas,. el serv¡:r a lo real, el vivir, ~imp1eme:nte,' asume- en _él 'un . .cariz dramático y e1 qeber :irr.emisi-ble de insertarse en lo histórico­_so~ial, .-se :_unilateraliza hacia la visiQn de una ínte-ligener~ ___ ,casi- _ipt~mp_oral, ese:qcialmente ''utópica"

:q!,Ie _se_.-:. "_i:rppone" despóticar:p_ente- ::¡obre cada so­ci_eda,d. ¡;liyer::¡ificada y;- aún ·(como :en el caso de

-la,- ~ltP. --cu~tur11 -,filosófica) se trasplanta casi por -eritero. No :Sólo :no .. "nace", entQnces, de lo real

- -_(reclamo _,q_ue, ·e11: verd<i_d, pudiera 'ser desmedido y - hasfil letaU ,sinO que ni siqujera -se "nutre" o se

"i'efi'aCta" erí la pasta · común dé- los hombres. -Agréguese a esto., que, .riegado. el: proceso posible de·_ eiiéarriacipri .del espíritu," -el "europeísmo" de su enfo'qu_e-. se hace patente, por más qUe haya en él, como· y·a se_>ohs'erVaba, 'fantOS atisbos del colonialis­mo· intelé-ctU[tl; de ~as .~oÍídi,cioneS __ de creación y co_nsumo, <fÍl~tural en- ~na .colectividad mediatizada.

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27 - .·[Tiempo, Muerte e Inmortalidad]

:Par_a_ hlJir d~l _t~m-~_L que 'inspira el aniquilamiento total, tenemos dó1> .pciúbilidades conocida·s. La supervivencia por las obras y las accio­neS; que eS en suma la inmortalidad en manos de los mortales cuyo conju~_to id~al forma la humapidad, La s~pervivencia carnal: el sobre­vivir~e-_·.por __ el cu~:rpo en la ·q~sCcndenda._ La _irimo~talidad en -~Í,_ la gel eSpí~itú_ i'~torruptible más allá.de;la cárne, 'respOnsable e intermi­n<olblemeh!e-col#inuado rec_onociéndos·~- cotilú s~r y vivi~ndo esa' ii1mot­talidad: __ 'Est.a su.perVive¡;Icia, ~u_ya: d~m9~traciÓJ1_-I,a· __ proporciona .. ~a l"?eVélacj_Qn __ religiosa __ en su prirtfera y· tercera f{lrmula · con· más feli~ cida_d que' 1<;!. :plzón fazonante,- asaltan_ y .dominan_ en los instantes del vivir. El pen~am.i~nto _ d_e sobrév·ivit _Se _alterna sin Cesa,r, como una,' cJ.de:ria d'e_ eslabOnes. finís_imoS,_ ·éort' la· idea de ser 'y __ de no sér.· O l_q ·que ,es· ,lo. ¡pistilo,_ ·se altejnari _Viven'ciá, supetvivenc1a y extinCión total y fwman _ _melodías_ -Y juegQS d4,3_ , fugas enfre _sí, con t_emas _do~ IPinantcs, __ NUestro pellsa.miento s~ for_fuula como un tema de los Cp,t~ .lYIW~ic~h:nC.~'té __ s_e_ llaman f!lgádoS~ __ La sul?c~viyend;;t carnal ha· sigo _la_ lnáS .-''d~~cuidada. pqr _nosotros. De m~ s,é ·que la h~ visto re­cién,'-dara _en el libro "La Ago11ía_ del Cristianismo"; de Unamuno. El .efep,_pló ___ dcl. Padre JaCintO, 'éstudiado por Unamullo, es ·una·. dé )9-s'_ más __ heroicas cóntribuciories_ a· e_ste asuntó, _y su

1 rpotiyaci~ri espanta. cori tanta· iritensidad Corilo el pCllsainiéntó de Pascal: He llegádo a pensar que aun desde el punto de Vista religioso y espiritualista, la actitud de engendrar· se. puede defender como ·la más gninde exal­tación dé-.la inmortalidad. Eludiehdo: el placer fisico, sobrepasandO la felicidad; dC ·sobrevivir-se _en · s·ereS, de. perpetuarSe en Carne y huesOs Y- :no extinguirse del todo,-.· está ·otró pensamiento-- que: es_ hondarriente m(stico. En :efecto,.- 'al irnos, dejando hombres- creados, en cada sef_. de éstos;- de· acuerdo con·-.el creacionismo::: espiritua:lista,- Í>iós i~funde .un ahna. Así: -es qu·e-.:ofrecerrlos nlodelos pf!ra que -,Dios. arroj-e: ·almas eti ellos. Almas-- dotadas- de inmortalidad- ·por. lo- tanto ... -¿No;·es-· es'to,·de un:a grand-iosiélad~· :~ncOnCebible? ¿HemoS ,-_:pensa-do :·alguna-- vez· seria-: rrléhte· en-:·.ello?--'De mqdo: ':que:_ la-· carne-,al -desear .. per-petuarse no Jo

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líáte- ·para:· g6zar-- -comó carne, Y verse reproducida después, sino que puéde ·hastá ólvida:rse -de est~s. placeres i;1!ensos y transitorios, _para condensarse· en un deseo m1st1co elevadlSlmo: el de proporcwnar barro- para' nído de espíritus eternos, creados por Dios y acompañantes ó ·súbditbs de El, en esta y en otra vida, por los siglos de los siglos. Colaborar -con Dios en crear eternidades! HOndo sentido encerrado en aparentes bajos quehaceres .disminuidos antes: gozar, obedecer al genio de la especie, amor hacia el cuerpo físico, amor del espíritu y a_tracciones que las reli?ione~ repudian;

. ' ' - , __ , '-'Teoría _del Nous'~, Págs. 46-47 .

Si no m~ lo _preguntan, lo sé; si quiero explicarlo, ~o lo ~é­

San Agustín-

-La .. rricditación -·sobr_e el _tiempo teriniria siempre en una pre­paración para- la supervivencia. Es imposible separar las. idea-s de suCesión, ContinUidad y duración, -de la idea -de sobrevivir de alguna l:ri3.rieia. Ii:tténtese pensar un tiempo que Sea una cosa pura, aunqu~· Sribjétivada u objetiVada, según se_ considere el elemento- empírico o la necesidad racional. No se hallará nada que haga pensar en el tjl;!_mpo n1ismo. Arinque se halle cOlmado de fenómenos o aunque s·e circunscriba _a U:n irreversible pasado, ese tiempo no es un tiempo 1_

s}no· una forina vacía que apaiece como l<J- niebla o la sombra de loS inismos fenómenos; en cambio 'el -tiempo adquiere realidad y plellitud· cuando. le asignamos- una atribución de supervivencia. M~s <;laro· aún: de una sUpávivencia completa. Las futuras permanencias Son las· qúe sostienen los aCeros, _Qesde· el _aire, como ocurre con cier­toS puentes; los aceros de _nuestros días y del transcurrir de. nues­tro cuerpo. La repugnancia de la razón para aceptar la 'idea -del ániquila111iento total, afirma su origen en el convencimiento qüc tenemos, por nuestra di~ria existencia, de las duraciones temporales:

-Pensemos cualquier tiempo -de los que pueden herir nuestra eúricisidad metafísica: el tierripo abstracto, el tiempo matemático, el ·subjetivo, el espacio tiempo... En todos ellos se halla implícitá la -obsesión de la supervivencia. El pasado jamás aparece como un verdadero tiempo;- al menos, debemoS reconoCerlo, estamos obliga­dos y= resignadamente lo hacemos1 a pensar siempre en una- colección de acontecimientos, en un algo que llamamOs tiempo nuestro; más­allá'_ de esta serie de fenómenos, otros posible-s infinitamente espesos están-·-llenando y enmascarando el cuadro del tiempo. -En el presente, loS ·suc_esos ma,rch_an sobre una línea de-_ tiempo, recta como el _filo

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de ·una espada, y· cortante, .aunque ~pl8:Stica: en- ·exti.-Cm_o; ~<ecJLa:<m"SJna suerte. Nunca tenemos- coriocimierito dire'ctó de este. último residuO. Siempre las cosas y -los sucesos nOs ocultan el' tie'mpo ·presellte.-_Dondé 'el -tiempo aparece real y puro es en ese futuro <iue--revélase el\· la: supervivencia. La idea de :supervivencia, además de. constituir .la tabla de- salvación metafisica en el naufragio de todo 10: que somost posee una naturaleza idéntica a la. idea de ·tiempo.

Donde buscamos un tiempo,· en la forma más concreta y abso'­luta, vemos que también- pr·evivimos una supervivencia. No terigo el deseo de mentar modos de sobrevivirse; ya sea en la luz religiosa o en medio de la noche metafísica o en la carne del conocimiento vulgar en todos los casos hay una supervivencia que convicn~ a la idea del tiempo de que hablo. La supervivencia no es encarada como un dato subjetivo. No. Aunque sea la supervivencia de todo lo demás que no sea yo, en una_ eliminación radical de la_ pcrso­~alidad; aunque sea en un programa de_ coexistencias, siempi~ es ilcanzable desentmñar esa supervivencia del algo o de los algos~ de los _in'Stantes cuantitativamente considerados -que me ayudán. a comprender, mucho más "que lO raciona1 o intuitivo lo que es ·esO que por :ffiedio del conceptO llamamos tiempo.

Por lo tanto, en las ~stér~leS _comprobaciones de -lo primitiva~ JTIC~te sucesivo_ e irreversible,_ nos he_mos sen~ido ahogados. Por eso, ~~ando !eímos en Fichte· que el tiempo "es una serie infinita ~ompucsta de partes-que se suceden", percibíamos en esas partes un algo escon., 4iér¡_dose_ .sqbre _ ef tiempo. _vaci? _y __ iw Un. tlemp~ auténtico; en_ ca m~ t>io, mejor. nos paiecería lo siguiente "el tiempo es_ una sede infinita compu~ta .c~.e partes que_ so~rCvivCn más 3llá del momento len· qUC estamos,.o sea -del presente". · - -. La.-i~~wrt_a,Üdadsírveme para que ~1 tiempo se me haga__inieÜgibl~; es como la _ caGería d.el · algo que·. se -:manifiesta- siell1pre h~id_izo y que h~~os visto que de ·pronto se- aqui~ta; llegó. el momentO- d~_ que no~ <_t poder'árarnos -de ese ·algo. _

Seguramcrlte las meditaciones antiguas sobre- el tiempo aludie., ron ·a _-otras dimensiones; aqUellas que: de: las ciencias matemáticas en lo .objetivo,. hasta Ja: misma psicología ei1 el polo opuesto _han servido. de base para- una ·especulación sobre .lo .temporal. . Más l-ejos de a_m­bos :destinos;. se acerca_ Uno _a la . idea de tiempo, cuando se .la reJa .. ciona intuitivamente o más allá- Y- después del discursQ con· esa particularidad 'de sobrevivirse; de no parecer en .absoluto, de nq extinguirse, que acqmpaña a la . humanidad. Y bien, siendo esto un hecho .inherente de la vida, a. la par. que un dato de.la ra-zón, no~ separable de la esencia_ misma _del.- hot!lbr-e, vemos que levánta inme-:

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NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (113)

diatáinerite.._._de:.·á.llí;"--·una. realidad que toma ____ cuerpo, que. -retrocede hastá .. el :_pr€:s'i:!rite>.y sé: desborda, haSta- el pasado: · asi se· geneta _la ide;:c ·ae .tempo~aligad .. El hambre de_ inmortalidad -propia_ del h_om-: bi'e;. fructifica-.-magníficamen_te· en e_so qu_c en la_ aventura empírica y eñ- el: pensar- ·metafisic_o _llamamos.-_Tiempo: fruta apetecible -que· mor­demos todos -lbs· dias sin darnos cue_nta_y cuyo ·valor infinito alcanzamos cuando~ sabemos que:· no podemos_·-_poseerla más.-

"El Mito y f!l {..ogos",. págs. 35-38

28 - Udeal de Poema]

Los ·poemas con_stnúdOs, los pe"nosó"S: oJiéios- de la· m'edida .y ·-r_i cálculo :·proporción --y ritmo, la: ingeniería·_ póética, constituYen (- .. ·, ) fentaCiones pod~ro-Sas _ en -si mismas. De a_M . que, desde'_ jó_ven,. ine a'trajerán ~ucredo,- 'Manrique_ Leopardi, Vigny,- Go-ethe y, rriás tarde; Poe,- Mallarmé, ·Valéry; Thoinpscin y, últimamerite, ·-Milosz,: Eliot --¿ Saipt John Perse. CoJ!fieso qu·e· ·la -dispersión formal- de lo poéticO me- cáütiva 'fugazmente- y: rile--desagrada -al -fin: a~o la ·poesía en el pOem·a Coffi-¡)lejo-:- que la -unidad· integral- del poema:;. con 'el ·mi"s'teriO y.1a emoción¡ pi-esente ampliOs ·contprnos- definidos, éoi:li.¡)atibl"es Cori 13 ·emoCión· y· la mU:siéalida'd de los detalles- y prOcedimientos.- -

He elegido· en CenáculoS, para ·explkarnie, algunoS ·poemas bf-e"­ves_ y 0-ttos extensos.- Reconozco: al mislno· tiempo qúec;lOs poemaS breves ·son susceptibles del--logro_ exacto de una exp"re:Sión ·en: el sentido de la profundidad y la armonía, hasta la condensación máS cirCunscrita- y_ ·pelfecta de lo poético. Pero considero conveni·ente de­telier"m€:- después· -_en aquéllOs · qüe se cumplen según cierta's propot"­ciohes _extensas;- -porque exigen, además de los. dones poéticos origi~ nales_ los esfuerzos de la construcción, de la simetría ·Y el desen1ace; la organización de la angustia.

A .los poemas de belleza libre prefiero los_ poemas de belleza adherente, 'en el sentido de la terniinología de Kant. Es indudable que el mejor argurilento en favor -del poema de es~e estilo eS ,·el

· poema .·mismo. La dil;llensión del· tiempo desaparece entonces ante e~ :·poderío·. de la realización cumplida. - ·: _El poema ·liri-co filosófico, argumenta por ·si .mismo, como la

antorcha .sobre el. pUente del tiempo. Su fracaso y· su olvido son más evjdentes e- ilevantables que en las Otras formas líricas.- SU -tr:iunfo es.- el reSultado de sabidurias_ y azares, muchas veces imposibles ·de

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preciar. -P€to: es: rotUndo.:· e irtag.Ot~ble=. --E~-'~CuefVQ>de·-Poe;._ el tebtel c'ele!}te,- de· Thorhpson. y El Cementerio ;·Marino de :Va:téry¡-i.valdtá:.ü si~mpre ___ en su sólida duración por si mismos, al margell d_e-- ios_-· só.:' ~?rtes -~arnales que los· prohijan, de las -1obras: póéticiai!"-cOritemporá~ ~~as ·y· d~_·_las .:intCr-pretaéione_s estrlct~s ó- -¡~aginái.;ias··qúé ha1i----ód.: g1nado; Otros- ejemplares -La Tieria~·Ba.Idí<i' de Eliot -el· AnábaSiS d¡e· Perse----'-----, son estables'-_for~as de una oscuddad r:.aYor, --de·-,U'ri de~!lrrollo arbitrario y _-libre; pero; sin embargO, Permaneceráii- ··a ~odo· de unida_des incdnfundi~les dentro de· la ·pnesía ·de· siempre: En. cualquier circt,tústahtia,. ofr-ecerá~ declive o eútrada .a- Jos e11ig~ ma~ .. y a los problemas del hombre_ eterno, desenmascarados_y ~Ufri; ~<_>_s .por~ el. hombr_e .de -hoy. ~esJ:landecen-.ljricaménte a pesar de las mareas filosóficas qUe los impregmin: Esta- poeSía 1-ealiza, en los pT~-: n_?~-_?-e~ ritmo, ~el leilguaje: y del pensamiento, conexiones y_ a_br€ivia­tur,~s __ín0e_nSas q"':le .son tftmbién particularidades íiltiinas· de ·¡a· a::rqui­t~c::~u~¡:t y del_~ i:I~sica. Pero de~ no lograrse una · conjuñción Cl.e opa .. sJciones .c?p.st~uc:t!V'!S, _e ·ideas-. general_~~ ~Xperiencias . de lit sensibi_-_ lid.ad_; ll)l;Ís __ ref~nada y_ maes_t:rías· técn!c_as, el __ ,poema_. se- incÍinará.- a Jl1l,Qrir_, -~rr:emisibletn:ente~ El _poema, entohces, cae __ -con_ todo ·e1 des-pojo· de su andamiaje en ·el_ más -espeso- olvido'. _ . , -::" _-- :Err cam~io) un-_ destino· imponderable -~ ~ichoSo acoge; sin, que; Ja~ás las generaciones -agoten ·sus colJtertidos misteriosos,, a- ciertos poet'ruis extensos, corrio aÍgU.nos 'dé"HOldeHin~ inconexOs a ·fuerza -de pliro's¡ o-La Siesta de un·-Faunó de--Mal.l:irriié"-0_ El CántiCo Espiritual de San Juan de la Cruz, por más distalltes que aparezcan el -uno del otro.

"L_ct /)jnií"(Uica . del Verbo" págs. ·201-203

29 - La Inteligencia y la Vida; el Intelectual y la Sociedad

La "y" puesta entre_ inteligencia y vida, Indica una relacióñ;' a ella,-- pues,. se dirigirán nuestras aclaraCiones. Sabido 'es que, si consideramos a la intelig~nci¡;¡_ como el modo de actuar de las ope:­raciones racionales con una base de principios- innatos, y a la vida simplemente como el "conjunto de operaciones y_ funciones de nu­trición, ·cre~imiento y destrucción", abrimos entre ambas un abismO

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tle j)raen Sllstancial.- La· teláción · entonces se reduce al prob1ema: del j::O~ocimiento: si la· primera, puede o no captar la esencia de la S('gtind.a. ·, · .

El -dogmitismo. ·resuelve afirmativamente el asunto, las otras doctiinaª ~{! niegan, quedando en el kantismo la vida dentro de lo ~oumenal. · __ Entre las soluciones negativas, la de Bergson al afir­Ji:ar que la. inteligencia se caracteriza por su natural incompren~ Si6n. de lá vida, ahonda esta distinción de lo intelectual y lo vital, í_)ara ir a buscar la solución _intuicionista, que resuelve el conoci­:írlieñto en una operación de simpatía intelectual por medio de la Cuar el sUjeto se compenetra -con el objeto. La inteligencia sólo áctúa en sUperficie, deteniendo y no penetrando la vida. Esta se entregará como una duración creadora en el acto del conocer in­tuitivo.

En otros planos, existe otra manera de solucionar la contra­posición entre la inteligencia y la vida y es la que, considerando a la primera como un sinónimo de racionalidad, le otorga eri sí una esencia espiritual, que al inismo tiempo es fuente de vida; de modo que se soluciona por la identificación de los opuestos, debida a dos principios coexistentes de forma y de materia, siendo en caso con .. · creto, nuestra alma forma y fuente de ·}a vida de nuestro agre..: gado corpóreo. Y, .por último, en más modernos desarrollos, debe­mos: mencionar especialmente la concepción de Ort~ga, quien re.;. suelve el_pr:oblema del comportamiento de la mzón frente -a la vidi considerando a ésta como un proceso histórico, en su doctrina no Pien divulgada de la ·razón vit~l..

:t-n un :segundo plano, la relación de la inteligencia y la vida puede resolverse como un problema moral. El conflicto no alude al problema del ser sino que se confina en los seres. En el hombre y su conducta.

La inteligencia proclama la necesidad de normas que se OPQ-:­nen a las: de la vida. Siempre el racionalismo· aparece, _aqtú, ale­jando el fluir de lo vital. Pero siempre la inteligencia puede r~­solverse como una manifestación favorable y moral de la misma vida. En las coñcepciones de Nietzsche, que una vez se expresó así:. "verdadero es solamente lo que estimula y alienta y _ refuerza h -vida", y de Guyau,- que lo contradice al ·describir los fines, ha~ éemos hallazgo de esa formulación. La vida como el fuego "neceSita· cOmunicarse y extenderse para existir", Guyau postulaba.- Pero ese eXistir no se .determinaba por medio de modificaciones dependien­tes- del azar· y conducentes al mal o al dolor, Sino que concluía en forrrias: que _satisfacen a la. misma inteligencia: simpatía, amor, ex,-

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pansión de la vida, la que en sus resultados,- pJ;ácticos algo inteligente. -

_ Del plano de la doctrina moral, podemos pasar· al de la Con­ducta práctica. Lo frecuente entonces es la separación de los firies: el de la inteligencia tiene un orden moral, el de la 'vida tiene_ otro. Esta última se desvaloriza ante la primera: casi se confunde ya. con la tendencia y el instinto, y se presenta traída por la. ética la anti­nomia de la razón y el instinto. Pero esta distinción está- implícita en la apreciación de los actos humanos. Decimos: .la vida ofrece tales goces, la fuerza determina su acción aliada_ de la vida, en tal senti­do, mientras que la inteligencia ordena lo contrario, se resiste a reconocer esa corriente que asciende y la invade ... _

Y eso, en lo grande y lo pequeño nuestro, y en lo social y lo individual. Y muchas veces al día, en que un deber nos detiene frente a un interés o a un placer ... . ·• ... ·, ......................... .

La tercera interpretación es mucho menos concreta que las dos anteriores... Consiste en entender por inteligencia el conjunto de operaciones racionales y agregarle los resultados de la creación in­telectual y artística. Tenemos asi una inteligencia flotante, y se trata de ver qué relaciones mantiene con la vida. Pero también la vida sufre la misma dispersión. La vida, pasa a ser la vida de los hombres, la vida de éstos en la sociedad, en una época determinada ... Entonces el problema es más bien el siguiente: las relaciones del intelectual, del escritor, del artista con la vida del pueblo que lo rodea... El significado del problema es de orden muy complejo; involucra lo intelectual, lo histórico, lo estético, lo social. Así se les rep-rocha á algunos escritores: no están con la vida de su tiempo. O puede hacerse de esto un mérito, si el escritor se adelanta a su época. La inteligencia puede modificar esa vida, adaptarla y· hast"a _crearla. Y puede, por el contrario, sufrirla, inferiorizarse por ella, perder su originalidad por concederle una parti!3ipación excesiva. A esto puede agregarse un sentido religioso: elevando la inteligencia a una categoría de valor eterno, la relación se expresa en la senten~ cia "Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César". Una simple suplantación de términos explica el simil.

Planteado el tema de otro modo, las distinciones aparecen en _e$te orden. ¿De qué inteligencia se habla? ¿De la del filósofo, de la del poeta, novelista, autor plástico? En cada caso caben grados de actitudes frente a la vida. Tomemos dos ejemplos: el del filósoio y el ,del escritor en general. . El filósofo puede aislarse de la vida de su tiempo: su obra, por

su propio valor y no por la intención del autor, actuará sobre la_ vida.

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la explicará, M hará fuente misma de vida ... Tipo DescB.rtes: efrante en las guerras de su tiempo, se aisla en Holanda, escribe al margen de los sucesos de su época, pero su pensamiento establece las leyes dél métódo científico, la distinción de. la substancia externa y la p~nsa~te, y· Se cOnv_ierte en la fuente . que origina el . pensat;Ii~nto científicO ·hasta_· el siglo XIX, y las mismas consecuencias practicas cÍé ese conOCer ·provienen de alli ... El pensamiento, en un transcurso de tres Siglos se hace vida, se resuelve en mecánica, se transforma en téCnica y hasta el fin se 'levanta ésta contra el mismo pensamiento.

Hoy no nos asombramos de que se le reproche, a Bergsoil lo t¡Ue se llama su- ausencia de comprensión de la vida cont'emporánea. El mismo ·filósofo díjole a Gilbert Maire, que no se sentía bien seguro de conocer lo que son las agrupaciones sindicales. No puede hablar de ellas ... Esto asombra un poco, Pero conociendo el pensa­miento de Bergson y bien determinada s.u influencia de hace más de_ tr_einta años .en_ todo .el.orden .del .pensamiento, .nadie podría .re­procharle con justicia, su no conexión con la vida. Esto nos conduce a afirmar que la relación de la inteligencia del filósofo con la vida de los hombres de su época es un problema que depende del pro~ fundo- valor original que posea la doctrina que se sustenta.

Pasemos al otro ejemplo. En cuanto al escritor, al intelectual, siempre que apresuremos un esquema, y pensemos después en lo que se refiere con nuestro medio suda·mericano, creemos que siem:­pre debe tener una vinculación con la vida de su tiempo: su inteli­gencia debe estar al servicio de su ideal artístico, debe obedecer al ritmo de su voluntad creadora, pero debe conver-sirse en ~1 elemento de defensa de los hombres de su tiempo y de su país, que sufren ignorancia, opresión o miseria. Si no tiene el don de crear para las masas explotadas ni tiene la facilidad natural para expresar el do~ , ' Ior y la desesperanza de los que sufren, debe con las otras energms que constituyen la unidad de su ser, defender y elevar con todo valor a los oprimidos y enfrentarse con toda resolución ante todos los dés:.. potas que signifiquen fuentes de guerras, opresiones y tiranias. Y para esto los planos de acción son innumerables. Están al alcance de todo el que quiera ver. En cualquiera de los planos, nos hallamos con el hecho común de que la inteligencia que intenta relacionarse 'con la vida, desde un punto de vista cognoscitivo, operante o creador, es sobrepasada inmensamente poi ésta.

La vida, en un orden extensivo, sobrepasa la órbita de la inte~ Hgencia en el acto de su comprensión, y aunque se agudice el modo de operar de la última, el momento de contacto de la inteligencia y de la Vida en lo filosófico, lo moral y lo artístico_ será sólo como

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tlÍlá línea· que determina él- cruCe 'de I'Ccalidades qú.e"-di~eig~n ap~~: rias se las cree unidas~

Así, sólo se logrará en lo a:rtistico durante el an~lisis :d~·la obra de un escritor un sector de la influencia vital; aquél- en que _incide la sensibilidad o la intuición, y ordena la inteligencia,- y: -capta -una­realidad parcializada en el tiempo y en espacios empíricos: drama, poesía, línea, novela. Aunque esa parcialidad sea limitadisima, con todo, puede convertirse en una creación artística eterna,_ , ·

"El Mito y el Logos", págs. 133-138.

30 - El idealismo . pragmático de Estados Unidos

Del conocimiento directo de varias universidades americanas, buscando en ellas la organización de la enseñanza humanista y, en ésta, en modo especial, lo que se vincula con la especulación filosó­fica, notamos detalles_ que nos conducen a lo siguiente: la filosofía de ese pais nuevo, insiste en mantenerse dentro de la línea clásica que va desde los griegos hasta Sócrates, eri el sentido de qu~ está destinada a influir directamente en la comunidad. Esta participación de .la enseñanza filosófica en el orden de la ciudad, se busca afano­samente en los círculos que hemos conocido. Goza desde luego, de alcurnia, disciplina, métodos y amplitud. Todos los convencimientos humanos se le vinculan; en especial lo que concierne a lo ético, lo religioso, lo artístico, lo político y los problemas sociales.

Los programas. de la·s · distintas universidades están destinados a imprimirle a la filosofía una intervención decisiva en la conducta del hombre en el cauce de la comunidad.

Esto es un concepto hondamente americano; pero también re­pite un modo de filosofar que fue distintivo de los griegOs. Las di­ferencias pueden ser rriuchas._ Por ejemplo, la intervención del filó· sólo americano es más bien indirecta. Actúa, como ocurrió con Des­cartes, por medio de su obra, de su enseñanza, de su ejemplo en la universidad, pero no participa como elemento dirigente en la ~c­ción gubernativa ni en los cargos directivos de la militancia pública de loS partidos. Pero, en, e1 recinto mismo de la sabiduría claustral, y en la ciudad que se moldea en torno a las colmenas inmensas de

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los. doctos--y ·en· _la remota ciudad de las fábricas o· de los negocios, repercute· en majror o menor grado, la irradiación de las doctrinaS filoS6Hüas~· Más que en Europa, cualquiera que visite Columbia, Yale d Harvard, nota la versación casi sacra que se tiene por los grandes filósofOs ·del país. Más patente es ésta en la l_ocalidad donde se cum­plió--la- enseanza de los mismos, En Harvard, por ejemplo, se man­tiene inalterable la profunda admiración por James, Royce, Santa­Yana, Palmer; en lo que fue el ayer inmediato, y se consagra un respeto muy intenso por los maestros de hoy, como Perry, Lewis y Hocking entre otros.

Se observará que eso ocurre en cuanto el filósofo de un país adquiere renombre muy considerable o mundial. Sí, pero en lo que hemos visto no se espera que tan magnifico destino se presente. El enlace doctrinario se establece en los principios de la elaboración y formulación doctrinaria, de su enseñanza, comunicación y critica. Los cuatro. más grandes ejemplQs filosóficos de Estado Unidos·: Emer­son, James, Dewey y Santayana, int~rvienen con toda vivacidad en el pensamiento de las clases políticas, docentes, culturales y socia­les, en una instancia tal, que se les hace formar cuerpo con el me­canis'mo-.de la enorme nac:/ln. Sus obras fundamentales, que tratan de problemas que interesan exclusivamente a los que especulan filo­sóficamente sobre el ser, la substancia, o el universo, están acompa­ñadas por una multitud de obras, articulas, intervenciones directas y otros actos, que pertenecen al fuero común, al gobierno de la · cul­tura O de la cosa politica. Pero más allá de c1los, una numerosa Congregación de profesores, herederos de la sabiduria de los maes­tros citados, ampliadores y comentadores y· críticos, mantienen cons­ümtemcntc establecida la influencia inicial con el medio cultural circundante.·

En tal sentido, el pensamiento puro se ha convertido _en una incitación permanente hacia la acción inmediata. En lo que podría­~os llamar una derivación hacia la filosofía práctica, o un entu­siasmo por las conciliaciones prematuras si se quiere, de antinomias Clásicas.

Siendo así, es preciso ahora desentrañar de qué modo ese fi­losofar, que tiende a cumplirse en acción, puede caracterizarse. S~ se_-le ni.ira en el conjunto del inmenso estado, diremos que conjun­~aniente coi:t la religión, el sentido democrático y las tradiciones, for­ma el_ elemento unificador de la heterogeneidad y la multiplicidad de las capas- superficiales y dominantes ante los observadores. Esa fi­lGsofíá enseña a plantearse los eternos problemas de la razón huni.a­na, ·pero se afirma eú. un universo múltiple y abierto, en una na-

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turaleza dinámica e incita a los jóvenes al saber, al riesgO, al heroís.;. mo de la voluntad, y al mismci arrojo y la aventUra, - ' ; - -. ·:

Desde Emerson y James, se asiste al nacer de -la fuente mística en el mismo manantial qu.e rodea la potencia del profeta_· d~l genio y del sabio. En pocos pueblos de la historia se exalta con tmta ener~ gía y constancia, a la individualidad. Y eso ocurre eri el seno .mismO de ciudades y campos y fábricas, que pugnan por su propia inerci~ material y por su inmensidad y perfección técnica, a borrar el pa­saje del individuo libre por la oscura tierra. La expresión que ser., viría para distinguir tocl.a esa influencia de la filosofía en la direc­ción presente y futura de los sucesos, lo que se desprende de un análisis de lo que son las Universidades americanas en su carácter de receptáculos del humanismo, del pensamiento y de la filosofía, estaría expresado, me parece, muy bien si le llamáramos así: un idealismo pragmático.

La política dominante en los últimos años, tiende tenazmente a robustecer el idealismo. Eso es indudable. En su aspecto pragmá­tico, esa dirección combate en lo posible toda política agresiva, de negociantes, de imperialistas y de calculadores del éxito. La nega .. ción de ello signifi.ca algo más que fórmulas teóricas y lucha, eu cambio, por no perecer en el inmenso abismo de las acciones regre~ sivas y avasalladoras.

Estas, a su vez, tienen su fuerza, sus templos, sus mismos feos dioses. No se _puede negar que subsisten, y que por momento, pare.: cen invencibles. Son viejas como d mundo, po 10 allí se han robus.: tecido en forma terrible.

Para triunfar en su actitud decidida contra ellas, el idealismó filosófico-político, ha tenido que hacerse pragmático, Una acci6n de los ideales en el curso de la historia, deberá sustituir a las realiza­ciones firmes y dominantes de la fuerza material, Este idealismo pragmático tiene sus crisis, sus vacilaciones, su esplendor. En la re­ciente prc-guerra pareció que era inconsistente y que iba a perecerj por nacimiento en su seno de ideales pacifistas y acomodaticios. Pero no fue así. Había hombres que se convirtieron en dirigentes y após..: toles, y que serán capaces de transformarse en héroes y mártires.

Conducida hoy por estos ejemplares humanos, la gran nación se convierte en propulsora de la guerra por la libertad del hombre y ásí~ como un Hércules mayor, se apresura a apoyar sus piernas al mismo t¡empo en Australia y en Africa del Norte, pasando sobre los más grandes océanos del 01 be, para luchar por la libertad del hom~ bre, en el trágico anochec~r de este segundo milenio cristiano. ·

"El Mito y el Logos", págs. 220·224.

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31 - [La poesía bárbara de América]

Eótre' ,ias for·m~s literarias heredadas por el occidente y desarro­lladas después en nuestras culturas, vino también la "hyhris" de los Í?;riégos. · .

1. . .

Se ··extendió abundantemente al amparo de las msu lClenCias históricas y de la personalidad egocéntrica de los escritores, carac­terizándOse por la desmesura, la oscuridad, la emotividad, el lirismo Sin vallas. Los monstruos más hermosos de las decadencias la apoya­ron.- La dialéctica de la hybris prosigue ganando los adeptos que ella se deVora,· junto eón los catecúmenos y" profetas que mezclan lo es­tético y lo social, lo esencial y_ lo bárbaro, sin discriminaci?n inteli­gible. En poesía, lo único que logra triunfar sobre la- hybns, dom~­nadora y feliz, es el Nous, el helado y vigoroso paladín, con su es­padón "de' _transparencias.

· · HaY ~el~a~. : . · sie~r~e ·~a·s hahri, ~o~~ habitic~lo~ de ·la. h)rhris; en. las cuales- el andar del hombre se arriesga en busca de frutos.

.-Está la ·selva de los sentidos, con la- invasora riqueza de los árboles del uniVerso;· está la selva interior donde nos sumergimos en el c~u­tiverio de la memoria, está la selva de los humanos, con , las CJU­

dades · y las artes; está la misteriosa selva· de los árboles- carnales y las raíces de los in.stint.os. Por último, para el poeta he ahi. que se ha ido •abriendo desde hace siglos, la selva abstracta con sus poten" tes árboles cargados de diáfanos números y.· sonidos con númenes _e ideas. Es la selva de los riláS agudos caminos, pero el poema_ por allí se arriesga al fin, entre el boscaje de la etemidad más viva.

"Trascendencia y platonismo en poesía", págs. 88-89.

·Después de los refinamientos del modernismo, la poesía del con­tinente ha vuelto a caer en lo que Santayana ha denominado poesía bárbara; Existe la- barbarie poética post-simbolista, como existió la barbarie romántica y naturalista. Como islotes de jardines arrastra­dos -por uná inundación, flotan aún residuos de las perfecciones Y de la -pureza del modernismo en los· actuales poetas·. Existe una es­pecie de. barbarie refinadísima. No hay que confundirla c?n la em­briaguez: dionisiaca la cual siempre es una forma supenor de la inteligéncia poética aunque se oponga en esencia a lo apolíneo. Muy pocoS Creadores se ·han sustraído a las desviaciones de la actual poe-: sía' bárbaia; ·entre esos escasos y solitarios espíritus desearía marchar yo fiel al Nous, por los siglos de los siglos.

"La Dinámica del Verbo", págs. 19-20.

23Ó

Casi toda la poesía moderna_ española . e hispánoamericana~ está destinada a morir por su carencia d-e asUnto·, profundidad, plan, cótti­posición, y, más que todo por su servidumbre ante lo instantáneo, mágico, sensorial, descriptivo, y por su ineptitud p'ara Concebir, su­gerir grandes símbolos e ideas. Por ahora, aquélla es· el discipulado de la hybris.

¿Dónde se hallará en la poesía española de los últimos tiempos~ ejemplos dignos de eso que despectivamente algunos llaman inge'nie~ ría poética, argumento, asunto, alegoría, plan e intención, que ofrez­can milagros comparab1es a El Cuervo, de Poe, El Lebrel Cdeste, de Thompson y el Cementerio :Marino de Valéry.- Solamente en los sud­americanos ya muertos, Rubén Daría y Guillermo Valencia, y en algún otro que aún vive desconocidO por ahí, existen ejemplos por el estilo.

"La Dinámica del Verbo", pág. 41.

Se debe pensar que es necesaria· con urgencia una ¡)oesía de las ideas en Améris:a, que. r"eaccione contra los procesos de la p~esía de los· objetos, de los sentimientos y de lo que· ocuÍ're en el mundo ex­terno. Esa reacción debe preocuparse, en primer término, de ·salvar a: la poesía del vejamen de la realidad. Debe, pues, ser eiúin'ente­mente idealista. De igual suerte debe ser profunda, diSciplinada, or.o denada, trascendente y girar 'siempre en torno de una mística prag­mática.

La mística pragmática debe considerarse co~o constitúída por creencias bien firmes en ciertas formas de lo- Suprarreal: dioses, mitos, ideas platónkas, actos de fe cristiana, esencias poéticas, valores me­ttifísico:S, determillacionés irreales, ética· de la -·condí.tct'a y de la~ téc­nica, orgullo délfico y serenidad estoica ante el ·destino humanO; De esas creencias ·sustentadas en tales bases 'debe emartar una acción coherehte,- sin pausas, concretable en poemas de largo· alientO y fondO problemático, eh donde se hipostasien 'las más grandes preocupaciO­nes de la humanidad.

El gran defecto de las más hermosas poesías anteriores a nues­tro tiempo, en la América del Sur, es el carecer de Inteligencia, en sus r_asgos fugaces y divinos. La Inteligencia, como integrante fun­damental de la poesía, se reveló en el Norte a través de la obra de Edgar Allan Poe, Fúe el primero que tuvo el valor genial de

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introducir aquel elemento poético de valor infinito, en la lírica mo­derna, síll qhe' ésta se desviara de sus características esenciales.

Al Sur, le' háce falta la tortura de la Inteligencia, el fuego des­tructor-- y: generador, la armonía de aquel relámpago incorruptible que leVarite a los poetas al plano de Lucrecio, Dante, Goethe o Va.: léry.-· Se trata de que las ideas, las alegorías, el misterio de la inteli­gehci?t en sus contactos sacros con lo absoluto del existir y del co­nocer, penetren en la intimidad de la poesía sin que ésta deje ja­

más de ser lo que es. "La Dinámica del Verbo", págs. 92-93~

En la biblioteca hállansc al alcance de mi mano las obras de contenido perenne, las esencias inmóviles y vivas de la antigüedad, los manaderos humanistas. Me acerco a ellos: Píndaro Horacio, Vir­gilio, Dante, Racine, Fray Luis, Góngora. (Pero la América ·es otra cosa). Frente al jardín que da al mar levanto la mirada del azul­Verde, y la dirijo hacia las revistas que me llegaron hoy. Vienen los últimos o de ayer, poemas, prosas, ensayos: Algo de Joyce, de Eluard. de Valéry, _de Saint John Perse, de George ... Tal vez algún des­conocido. (Pero la América es otra cosa).

Campo. En este otoño, cerca de un río, ·las malezas y las som­bras vivientes, los últimos paisanos camperos, me hacen entrever leguas y leguas de llanuras. Un canto me revive a Santos Vega, a Martín Fierro, al gaucho, al indio, al llanero. . . Vidalitas, cantos aztecas, música de incas. Trópicos: lo inagotable de color y misterio. La excepcionalidad de una convivencia de belleza y mitos, todo muy pobre en ideas.

(Pero la América es otra cosa)-.

Yo tengo la más profunda fe en que una poesía emanada de lo alto de las ideas, se instale definitivamente entre nosotros. Es impo­sible sustraerse a la influencia lenta, clara, tenaz, de la fluidez de la lírica a base de formas concretas, de aéreas ideas estéticas, de relie~

ves definidos. La barbarie hoy por hoy, es dominante; por otro lado, la fragmentación lujosa del lirismo europeo; más allá, el naturalis~ mo poético que no se desvincula del paisaje y la anécdota, las inter­Jerenci<i.s de lo social que aún no ha encontrado ala para sus expre­siones artísticas, Pero no importa. La poesía de las claridades últi­inas, que es aquélla que a través de las llamas del ser vislumbra la perspicacia infinita de la inteligencia, dominará poco a poco en el ámbito de la América Latina.

"La Dinámica del Verbo", págs. 172-173.

~

' 1

32 - lUna cultura colonial]

Antes de hablar de la decadencia de Europa, los de aquí d~~ hemos detenernos: la decadencia de Europa somos nosotros.

"Teoría del Nous", pág. 216.

El Nous es lo diferenciador. Lo que hay antes de él siempre es confusión y caos. Hoy, América es el paraíso de lo-todo~junto. ,Después que América produzca y no mate, enaltezca y no aniquile a varios de sus hijos equivalentes a Aristóteles, Plotino, Santo To­más o Descartes, y cien más de igual. índice, reciéri 'entonces habrá empezado a existir. Un futuro historiador remotísimo, al referirse a estas épocas primitivas y anteriores a la apariCión de esas formas carnales del Nous. podrá decir, como el jónico meteco y divino: "En el principio, en aqud tiempo, todas las cosas estaban juntas". "Era el caos, cuna del hoy". "Estaban en lo-todo-junto".

"Teoría del Nous", pág. 62.

América, por ahrir'a, es el .continente de lo provisorio. Todo lá que se levanta aquí es de corta duración: las casas y los hombres; Si Europa ofrece el efecto de la cristalización, nosotros estamos en estado protoplasmático. No obstante, una de las superioridades nues~ tras sobre Europa, sería la facultad y la posibilidad que tenemos par'a construir ciudades en cualquier sitio, circunstancia y momento. Al europeo le es imposible, hoy por hoy, levantar una Ciudad entera .. mente nueva. Lo nuevo que se hiciere tendría que injertarse forzo­samente sobre las ruinas de las otras ciudades. y ya es sabido: una ruina no muere nunca, sigue mandando siempre. En cambio en Amé­rica, en cualquier playa, en cualquier llanura, tenemos la posibili~ dad de levantar ciudades e iniciar una civilización; si no lo hace­mos, es por nuestra incapacidad protoplasmática.

Si las ciudades europeas son Babeles coronadas de torres de mar­fil, las americanas son Babeles sin torres. Los movimientos allá, las reformas, los progresos, se incuban y se levantan en las torres y de allí se hacen descender. Europa es Sóc-rates, es Descartes, es Hegel es Pasteur ... , torres sobre los ¡~ueblos. Aquí, por ahora, todo se agita; m' hay torres de marfil, existen el desorden de lo protoplásmico, que sólo se afana por nutrirse y accionar, e impide el establecimiento de jerarquías de la inteligencia.

"Teoría del Nous", págs. 235-236

233

NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (119)

Todo el --caos suramericano se debe a que Europa penetró en estas tierras· únicamente por la acción. El pensamiento no ha venido, nada más. que-- en formas fragmentarias o inarticulares. l-Iemos creído que -teníamos_ pensamiento y sólo era -nuestra la técnica: el pensa­miento enfriado por la acción. El pensamiento puro se eVapora al pasar el Ecuador; sólo viene un vino malo embotellado en lenguajes antiguos: un vino muerto con algunas llamas del Nous.

"Teoría del Nous'', -p~g. 245.

Bergson, en una carta publicada en 1928, a raíz de la' distin­yión que se le hizo al acordársele el premio Nobel, dejó entrever algo que es discutible y hasta contradictorio con su doctrina, en. el sen~ tido de que olvida aquello de que el espíritu "siempre desborda lo corporal". En la referida carta señala el filósofo que el cuerpo de la humanidad iba creciendo sin cesar, debido en gran parte al des­arrollo de la ciencia aplicada y de la técnica, mientras el alma en éambio, pe~manecía infantil. No acompañaba con su Crecimiento paralelo los progresos del cuerpo. Acéptése o no, esa conclusión, con todo el valor que le da la autoridad de quien la emite; pero si eso lo dice desde Europa y en un siglo . de nunca vista especulación so­bre· la física atómica -y la matemática y la biologia, en dondé, casi todo es espír_itu, más· brutal debe ser el contraste en estos ambientes. Entre .nosotros, sí que es coristatable: la riqueza de la técnica, de los adelantos mecánicos, de todo lo que se denomina progreso material, abruma y se impone totalmente ante una inferioridad espiritual me­Ílos que infantil, y este desequilibrio _nos matará. No podemos sopor­tar la monstruosa desigualdad. Espiritualmente, apenas si ·poseemos un anuncio de resplandores o una película casi invisible, ·que , U e .. vamos como .un gironcito de escarcha vaCilando sobre el ala gigante de ún avión. Materialmente y sin merecerlo, poseemos y maneja­mos ·todo lo que crean los hombres europeos; sin poseer la cultura antigua y el espíritu adulto de aquélios y sin percibir ni remota­mente esta ausencia. "Teoría del Nous", págs. 261-262.

Cuando se experimenta la desilusión de no asistir a un apogeo de la inteligencia y a una actividad de las grandes ideas en la Amé­riCa del Sur, termina u_no por representars'e al continente co~o un ~onjunto de visceras constituyendo un cuerpo que terminará por S_er gobeniado por una razón y una voluntad extranjeras." "La his­t.oria cercana se _ asegurúá de que estas últimas se hagan p;:ttentes; po_r ahora ·no sabemos bien quienes son ... ¿Es seguro esto último?

"La Dinámica del Verbo"~ pág. 111.

23*

No hay eco para el espíritu;· .·hay moviiriientos.- Nuestra: menta:.. lidad infantil refleja los problemas de fondo; _rechizándolos. y. se incorpora, po¡; imitación, lo más fácil- ·de imitar: las muecas.: NueStra ri-mnera de resolver los problemas de hoy y del- destinO, pOr: ahora_¡ es una repetición servil de muecas provenientes del medio -social y político europeo.

"El Mito y el Logos", pág._ 13o

La característica del mulatO mental consiste en que aún en avanzada edad~ se entusiasma perdidamente, siempre de lo últimO que lee. Cree descubrir así por deslumbramientos exclusivistas, a los autores geniales de las artes antiguas o a las figuras históricas, colocándolos exageradamente por encima de los demás y siempre con negaciones fanáticas;

"Teoría del -Nous", pág. 68.

Existen culturas de diamante; inteligencias y sensibilidades. de diarllallie, ·que nO ·se dejar1: _penetrar náda más que por eÍnanaciónes de luz. Hay culturas vivas de b<irto, plásticas, que soportan todo: cae .en -.ellas un error, una verdad· y una mentira y- estos. tres ele­mentos se a·daptan. 'sill discernimiento. Y circulan y Se oiganizan -me­Jor Cuando .1~ cultura_ es ~e un barro in u y -blando, parecido á. .lo qu~ en _lenguaje. de laboratorios se llama un_ caldo _CUltural. En las cul..: turas de .diamante, ·las verdades científi~as- o filosófic<:~-S se incorp0r4n lentamente, diafanizá:q.dose. y trOcándose en luz. _La mistificación~-- ~ri tanto, reSbala .-sobre el' pulimentO y- no- penetra. pé· aiH·, -la. mistifi7 caciórí puede é<ier sobré las cultúras de barro y adáPtarse· muy· bien. Es __ muy_ dificil- que en.~ un ambiente cultural de la primera clase, caiga un errof grosero y· la penetre. Enseguida· es rechazado. En las culturas. blanduzcas caben todas las mentiras y _los errores _confun­diéndose con Ías verdadéS. Tíenen --un valor iJsua-1 que hi's- más insig­nes verdades, todo es niebla, nadie· está seguro de nada. El diamante de las primeras culturas está lleno, ·en cambÍo, de vida, -Irf'adia l<l vida, inunda y alimenta con ella- a los elementos que se le intor;; paran_ o se le aproximan. El diama~te es. vida y es_ espíritu. El barro de las otras culturas, es fecundo o estéril según el azar. Es fecundo pata crear nuevos sofismas, y es más bien estéril para las verdades eternas, de la misma manera que_ es opaco a la luz.

-"Teoría del--Nous"-,: págs: 208-209.

¿Nuestro continente es, políticamente, algo bastante repugnante? Tiranías, guerras, amenazas eXtr-añas, odios y nada más. Nos salva­remos sólo cuando __ pensemos; -dediquémonos al -_nous, suframos por

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NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (120)

él ·~/ en; él ~estaremos 'libres,. en cuanto expresemos originalidad, de los déspotas y dé los yanquis. Las ideas originales que tengamos fun­dirán én un 'instante- todo el hierro nuestro y el oro yanqui. Fuerá de -esto, lós demás eSfuerzos serán nulos y trágicos. La fue1za brutal deL CapitaliSmo _éxtranjero y de las tiranías miserables de estos países sólo- ·se~ venderá por medio del pensamiento. Creando pensamiento y rhás pensamierito, edificaremos la libertad de los futuros seres.

"El Viejo y el Nuevo Mundo", pág. 311.

33 - lEn el torbellino de la fuerzas]

a) LA REVOLUCION, EL INDIVIDUO, LA LIBERTAD Y LA MASA,

Los rusos de hoy no serán 'tal vez muy libr'es, pero son, de todos n1odos, libertadores. Hay hombres y pueblos que no son libres, perci son libertadores. Rousseau no era libre, ni siqtiiera de _sí mismO, porque siempre apareció como un ábúlico o un timido ante los de­más. En cambio ¡qué libertador! _También hay hombres y pueblos muy libres y que no son· libertadores; muy al contrario, son esclavi­Zantes y despóticos, como los guerreros, como Estados Unidos.

"Poética· y Plástica", págs. 115-116.

¿Las muchedumbres? No me interesan. A mi, por ahora, en en este mundo al menos, me está terriblemente prohibido salirme de mí' mismo. ¿Y cuando las muchedumbres sufren? Las muchedum­bres no sufren. Sufre el hombre solo, abandonado, el hombre Jesús, ei hombre Nietzche, el querido hermano del hos-pital.

En el arte, como en el dolor, los más hondo pertenece siempr'e a la individualidad.

"Poética y plástica'', pág. 110.

- La historia de los últimos tiempos presenta paradojas terribles: asf la sociedad capitalista, ·producto en gran parte del individualis­mo, pues la propiedad privada, lOs derechos individuales, la libre iniciativa Y .muchas realidades económicas y sociales por el estilo la sostienen, ha traído por .consecuencia este resultado espantoso: la

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anulación del individuo. El hoínbre no existé ·si no: es un valoZ. eco­nómico social; el individuo ha muerto pará. sobr.eVivir. una represen~ tación valorativa X, que se suma a otras X, y perece en la sociedad implacable. Piensen en la guerra europea, ¿qué era un hombre? Por su parte, el comunismo ruso que teóricamente presupone la subor­dinación del individuo a la masa, promete, al revés, una esperanza

.de nuevas individualidadeS, de nuevos seres renacientes, puros, libres, en una sociedad resucitada!

"Teoría del Nous", págs. 218.219.

No hay partido sin amo; es lo repugnante de pertenecer a las sectas. Estas presuponen la existencia de amos, no pueden concebirse sin él. Los amos políticos son simples fenómenos afectivos personifi~ cados y objetivados. A veces, ni eso.

"Teoría del Noui', pág. 29.

Creo que el individualismo creador es absolutamente necesario; los contactos con las agrupaciones de intelectuales constituyen algo epidérmico y circunstancial. La asistencia a cenáculos, academias o asociaciones, exige un imperioso llamado a la individualidad, que se agroga com nube de tormenta en la obra realizada o a escribirse, precisamente para definirla o diferenciarla del grupo y hasta para imponer las ideas o solucionar los problemas 1colectivos. La fecun,­dación de la inteligencia se realiza siempre en silencio y a distancia.

"El Mito y el Logos", págs. 110-111

Vigilar la individualidad es ya ir a diferenciar la inteligencia. Entre nosotros la noción- individual de ganado y de ovejas, no existe. Son reses, es decir, cosas. Se habla fuertemente de reses en nuestra aristocracia ganadera y se las confunde con valores. Reses, son- valo­res; enorme y brutal absurdo que subrepticiamente invade nuestro proceder político. Así como no se individualiza al ciudadano; no es un ser libre, un individuo, un valor. Es apenas un voto. Impura­mente predomina una sistematización así en nuestro medio: existe el latifundista de reses; y el demagogo, que es un analfabeto lati­fundista de votos. Y ese absurdo se acrecentará, mientras no se ani­quile el mal, cuya raíz se afirma en los hechos señalados: hay que individualizar y valorizar, diferenciando lo hom*ogéneo por medio de la inteligencia.

-"El Mito y el Logos", págs.· 162-163.

La naturaleza poética me ha dotado de una sensibilidad finísima: un asco de una sutilidad inenarrable, que me hace alejar indeclina-

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NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (121)

blerÍlente -de' las· instifuciories- o persOnas" que quiCréll tomarme cOmo medio -para sus propósitoS o fines, ya sean estos groserOs, individua-_ les: --o políticos.-· Me entra una repUgnancia esencial, de orden casi metafísico,- ·q:Ue me :inhibe, me aconseja, me alumbra y m·e impide cae:i.en-las redes_ que me tienden por más hábiles o fuertes que sean,

"La __ Diná1hica del Verbo", pág. 134;-

b) EL PECADO DE POSEER

La p~rsona humana se desarrollará plenamente el dia que, sin ~sfuerzo, -como algo naturalísimo; de la misma maneta que renun~_ ciftmos a apoderarnos de una estrella, comprendamos que no nos pertenece ningún objeto del unive!so, salvo -nuestro pobre cu~rpo ..

.. T~n~r ·a~o·r "a la pr¿piedad ~riv¿d~;. h~ nesto signo. de bajeza del- espíritu.

ahí el más sutil y fu-

.. T~d~- io. q~e· ~o~ci~r~e· a. 1~ ·p;opi~d~d. e~ ~n~ Íu~n~e ·d; i·n~o~ ralidad; a su alrededor se acumulan los hechos más repugnantes en­mascarados por las buenas costumbres. El creerse dueño de un , pedazo del universo es una grave inmoralidad, consentida por los hombres por pura conveniencia.

"E_l Mito y el. Logos", pág. 226~

Los latifundios no sólo constituyen un mal en si mismo por la miseria que acumulan a su alrededor, la tierra que inutilizan· al sus­traerla al cuidado _y al esfuerzo de los holnbres pobres y la igno­rancia y el egoíslno que desarrollan sus explotadores, sino que ·ade­más crean un estado social que alardea de poseer una mentalidad particular y coercitiva, y se proyecta sqmbríameme en la VlUct ;,tn~i­cultural de las ciudades. Como el gigantesco monumento de las co-:" lumnas hcrácleas apoyábase en los dos labios del canal límite del mundo, así el monstruo latifundio sus estériles patas afirma sobre la ciudad y el campo al mismo tiempo. En las ciudades, merced a las riquezas sustraídas de las bestias, se organiza la democracia bur­guesa tan singular de estas repúblicas, Abogados, políticos y ban­queros se . adiestran para defender los intereses del latifundio, y la

· vaca vendtda en el ca.mpo viene a ser oro en el banco, fino perfume o_ sedas en el carnerero, música en la ópera, sitial de diputado, ·bu­fete de renombre y hasta estilo arquitectónico. Las relaciones del poderosO, y las familias y los intereses inmediatos. constituyen ver­dadefas castas, con lujos y refinamientos exagerados, y hasta hay ciertos hogares con angélicas_ doncellas, que son como la flor de lis,

23.8

1 1~ espuma. Y hast~ la poesía del latifundio·.- Pero- ese pánorarha · cons::': tltuye la mfluencm, remota del mal y enmascara- una. gran miseria'; Para comprenderla yo habia ideado- una imagen maritima; Lo:{· ran; cheríos y poblachos que abundan en loS campos; en· algún--recodO de los latifundios, son como la rcsa:ca de éstos. Las grandes estan-· cias serían pedazos de marea, con serenas y espejadas aguas verdeS y a su alrededor se acumularían esos flotantes residuos sociales, cen­trifugados y comprimidos por las mareas cercanas, y fermentando sólo ignorancia y miseria. La imagen, pues de mar, de mareas y resaca presenta una triple validez: física, moral y estética. Con cierta perspectiva histórica prudencial, el hombre futuro tendrá que con­denar, llenando de oprobio este fenómeno de orden económico que nos _sorprende tanto· hoy; fenómeno que será percibido "así, con ese duahsmo rural y urbano, también determinante de dobles miserias, aprisionando toda espiritualidad y destello del Nous, para ahogarlo o !!n.torp~ce_rlq ~ntre_ las dos. tentacu.lares influencias señaladas. Hoy por hoy, hasta la misma ley, como la cinta métrica del agrimensor, ha sido hecha para medir los privilegios. Entre tanto, en his univer­sidade~ se forman los próximos defensores del latifundio neolatino; los que desde ya denotan su procedencia rica. Tal es ese tipo de estudiante con automóvil propio, ese joven fuerte y conservador, que es utilitario feroz y deportista a la vez, que se caracteriza por su escasa penetración filosófica o estética, sin ideales ni heroísmos, que se entrena diariamente para llegar a ser profesional y nada más.' Tipos prácticos como éste abundan. Son de indudable belleza a veces: genésico~ y bestiales ejemp~ares, reservas de los prejuicios y de la forma mtlagrosa de la espeCie,

"Teoría del Nous'', págs. 284-285~

e) PELIGROS Y EXIGENCIAS DE LA CONDICION DEL HOMBRE

Si hiciéramos olvido de. esa gran abstracción o clásica metáfora que es el hombre en su énfasis intemporal, para fijarnos con más claridad en las manifestaciones circunstanciales con que lo arropa la historia, tendríamos esas formas que a la mente suben y que van en declive desde el hombre racional puro, al hombr,e con fuego divi­no, al hombre fabricador de dioses y de espíritu, al hombre de car­ne y hueso, hasta el hombre sobresaliendo como una flor del hu­mus animal. . . Pero en este descenso, no es posible seguir las de­gradaciones hasta una atomización del hombre, o una divisibilidad de su concepto hasta el infinito.

' En el pensar.niento y en lo discursivo y; más aún, en lo real del

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NTOLOGI DEL ENSAYO - [PDF Document] (122)

.. mundo . tenemos q~e . _detenernos en una manifestación comprensible ql]e trascienda como. tiiiidad bien pensable y concreta. Tenemos que Qar forzo~amente con la especie de mónada, más o menos pura o degradada -que- conqcemos en nuestro contacto con el universo que nos toca. en suerte vivir y morir. Entonces el hombre se coagula al­r~dedoi- del pérsonaj~ central de las doctrinas naturalistas o pasa al protagonista de las doctrinas económicas, políticas, sociales y cultu-:­rales que llenan libros y universidades. Por último, nos sentimos más fiime cUando -le llamamos individuo, persona, personalidad; como se éstila hoy. Sea lo que sea, él representa un escalón sobre la natura­l~za y la misma vida. Un salto en el orden establecido, un quantmn posible de espiritualidad, de acción, de libertad, de cultura, de ética. Pues bien, ese individuo asi perfilado, y que hay que aprehcnderlq en todas las edades y situaciones, requiere un minimo de existencia­lidad, de permanencia en un mundo en que nace. Requiere bienestar.

... - ......................... . De ahi que se debe estudiar y solucionar el espectáculo depri­

mente que trasunta el vivir de las masas más necesitadas. Hay que articular esos seres humanos con la naturaleza y hay que hacerloS entrar en el engranaje ra<:ional del trabajo y de la cultura. Sin este mínimo, no tendremos hombre, ni hombres, Es imposible seguir ade­hmte sin atender y corregir la vigencia objetiva de la miseria humana.

"El Mito y el Logos", págs. 49-50.

El mesianismo hedOnista es una de las firmes ilusiones de la condición humana. Es una necesidad, tal vez, de origen trascendente, como muchas otras. Pero la miseria y el dolor existirán siempre. Son necesidades absolutas, como la metafísica y la religión. Siempre ha­brá pobres, enfermos, miserables y sus opuestos. Cuando no existiera la miseria por ignorancia o por injusticia y crueldad, existiria la miseria buscada, reflexiva, consciente, como la pregonada por los filósofos y ascetas a modo de un orgullo.

"La Dinámica del Verbo", págs. 158-159.

Es posible que se pueda creer en la emancipacwn económica del hombre moderno. Que se pueda hasta evitar que el hombre viva explotado por el hombre, cruel y directamente, como sucede en la beqcia- capitalista. Pero conviene constatar a qué precio se hace la libera-ción del oprimido y explotado por su congénere, pues podría ocurrir que haya una suplantación de explotación y esclavitud, y el

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1

_}lijo. de- Adán· sea .objeto de ~indicato, 'la corporición o el

se~vid_umb.re· _~i~dh:ecta;;_· --pot .. ,-parte_ monstruoso- EStado. · · _·. -.·

·•Ez .Mit~_-y_--el ·i'<>rs.~~;,~·~-~g~ 26.

34 - [Nacionalidad y Cultural

Es preciso algo más que grandes ideas para estabilizar en uni­. ficación fecunda a un continente tan vasto. Es preciso tal vez más ··-que ·acción y sacrificios. Es preciso que en el pueblo o en las natio­ne_s se .constituyan creencias efectivas, sólidas, arraigadas en la his­'toria, ·en los instintos y ·en la tierra y estructuradas por medio de geniales pensamientos o de acción gigante. Y más aún;_ esas creencias deben conformarse, a través de actitudes y de poderes sobrenatu­~ales, en mitos. Y así tiene razón Sorel. Mitos violentos y agresivos,

:c:Omo )os que menciona Gilbe-rt Murray, que sostengan en s_us hoJ11-hrOs los ir~eductibles ideales necesarios para la salvación posible. :•: .: .... •, ....... , .. _ . : .. ' .... •. ·: . ... · . :·

Demostrado está que, en los días de peligro y amenaza, es di­tkil que e.n el orden de lo colectivo humano, en lo qu~ _pertenece a

·la tierra y a las sobreestructuras espirituales y políticas,_ es muy di­fícil accionar y perdurar sin el vino a:r'diente de los mitos: actuantes, poderosos, absurdos si se quiere', pero salvadores y fecundos,

11El Mito y el Logos", págs. 207-208.

La politica también puede ser ahistórica, tanto en la te.oría .co­:rno en las realizaCiones. Es imposible- eludir las contradicciones fun­.damentales de la fUerza y de la ley racional. Cosa difícil es cons­truir la segunda, deriválldol<l: ·de conceptos metaempiricos y apoyados en el despotismo de los fuertes, como derivar de la primera los prin­cipios que rigen la vida espiritual de los pueblos de acuerdo con la ética y el d.erccho.

. .. El Mito y el Logos". pág. 146.

La complejidad del sentimiento. de patria, exige realidades tem­porales muy vivas en que afirmarse. No es comparable en el fenicio, ~n el beduino y en el griego, por ejemplo. Sin embargo, los pueblos ptieden simplificarse y ser considerados más o menos así. Lo pro­ductivo, lo errabundo y lo esencial, sq estructuran y coexisten en

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'ffiuchits naciones de hoy. Un elemento heroico y religioso; de exp:Ú­sión hebrea en la antigüedad, completaría este esquema, quedando _así . Gtiloial. Ahí están las realidades temporales que forman lo cár­'ll<').l'·y viviente del sentimiento de patria. Fuera de eso, es una idea marginal que actúa sin definido contorno, en nuestras actividades ¡N3.da más! Y cuanto más marginal sea, inás pura. Apenas se la coloca en un sitio focal, se deforma y sirve de pretexto para ambi­cwnes bastardas, e impuras. Se piensa en ella directamente para jus­tificar un acto de barbarie, de interés, de injusticia. Por lo demás, en las colectividades insignificantes, la patria es una máscara que qcvl~a todos los sentimientos más o menos rudimentarios y bárbaros d,e los_ hombres; si no es eso, es una abstracción inaprensible a,ll~, una. pseudo _idea, una mentira vital y mental, que no resiste al examCn de la razón- crítica sincera.

"El Mito y el Logotl', págs. 19.20

. La sensación de existencia que proporciona una cultura, se Concreta a veces, ·en imágenes sumamente simples. Una. de ella's, ~s curiosísima 'y consiste en arraigar la imagen física del país creador de cultura, a -la capa de corteza terrestre que lo sustenta. Fijese bien este detalle: la filosofía de la historia tiene una acción afirmante y fijadora: invita a cOncebir a la cultura no hundiéndose en· el tieinp9, _sino en la tierra. La historia presenta esta necesidad de verticalidatl

· hurtdida y profunda. Los países europeos están, en ese sentido, milé­nariamente afirmados en· la tierra. Dijérase que 'no pueden ser borra­dos p9r otros, y en, caso de concebir una confederación de naciones, se debe imaginarla como constituida por mónadas culturales, honda­mente afirmadas en lugares geográficos. Los países nuevos, los sin histOria y las colonias, impresionan como organizaciones políticas superficiales; mudables, sin esa convicción de fijeza inalterable qu·e transmiten los grandes antiguos pueblos. Apóyese ese razonar en imágenes y ejemplos y se confirmad. El hombre es realista: en lo é],ue ere~ más, es en aquell() que en su mundo externo se a·firma mejor sobre la tierra. El mismo afán de realidad se asocia al deS- , t~no de las ciudades: Roma, Bizancio, París. Están rozando el cen­tro de la tierra; no pueden ser borradas. Los elementos históricos son como ·pilones. arquitectónicos que desaparecen en el subsuelo; uÍl· Verd~dero pueblO, si tiene altura .y grandeza,. tiene tambiéri yarios pisos- ·Subterráneos, muy sólidos y ricos de vida y sus historiador·es 'operan eri descenSos, con la preocupación de los arqueólogos. Es indu­dable·· entonces, que un pueblo para ser tal, debe tratar de que Ja ideá- que él. provoqUe se vincule a una imagen telúrica de la· espede

citada. ¿Qué elementos entran ·en esa 'fíjacíón_ del- alrrra natci<>mtl. de un conjunto de individuos, familia o puebÍús?- Al prinéipio ·Y·:al sangre, sufrimiento, guerras. La sangre humana, al penetrar _en ]a· tierra, actúa como fermento aglutinante y afirmador,_ Después, las leyendas, las hazañas, -las tradiciones. Y al fin, la sangre y eL tiempo. ¿Será todo? Es posible que hasta la injusticia y la -miser-ia ·Y las tiranias, sean afirmativas en ese sentido. No obstante, lo.. más nete-r sario, es el pensamiento de ese· pueblo .. ,- Lo que fija más que. la sangre es el Nous, La razón, hundida en la tierr-a, precipita en ·gra.­nito y cuarzo. La sangre, por sí sola, daría una argamasa inerte; el humus oscuro y fecundo; lo que hace vivir y dignificar- esa sangre y esos huesos de hombres, es la ciencia, el arte, las leyes, .la idea de libertad y -la cr·eación filosófica que -ese pueblo pudo elevar. Eso no asciende y huye en los cielos; se precipita a la tierra y es el agudó hierro indestructible que se hunde y más resiste al tiempo y. a los hombres. La cultura húndese en la tierra: como rara quilla, navega hundida inmensamente; a través del granito y del ·tiempo. Recién asi, y en ott'O sentido del que asigna Worringer, se debe sustituir lo de Frobenius: "La cultura es la tierra que el hombre hace orgánica': por esta: "Es el Nous hecho tierra· y la tierra hecha Nous''. -

"Teoría del Nous'', págs. 251-253~

. El concepto de· nacionalidad tiene valor- cuando su significado se identifica eón el de existencia. El de ser. Se es como pueblo por la virtud de la raz.ón; sé es por el heroismo o la fuerza convertidos en razón. viva. Hay cierta pregunta que el hombre que integra' uná nación debe h¡:tcerse, .y hundida la frente ·entre los puños, fatigados de cavilaciones y ardientes de esperanzas las pupilas, tratar de res­ponder ,al término ·de la más sincera meditación. Esa pregunta de ciudadania. se equivale con aquélla más intensa de humanidad; de hombre integral. ¿Quién soy? -¿Qué es rer hombre? En este ·caso, la respuesta filosófica y humana debe encerrar la mayor sabiduría posible. Aunque no se halle respuesta definida, el formularla sincera y hondamente, significa enfrentar'se con el más amargo enigma. E~ planos más concretos, la interrogante de civilidad a que se alud~ al principio, debe ser ésta: ¿Qué es ser inglés? ¿Qué es ser francés, ruso, alemán, español? Cada célula integradora de estos estados,· debe fOrmularse, más de una vez, esa interrogante; es posible que en ciertos oscuros . días de turbulencias o de guerra, la pregunta adquiera una patética emoción que eclipse a la más alta preocupación del ser ·presente.- ¿Qué soy? ¿Qué es ser miembro- de tal pueblo? Surgen ante esta preocupación dos series de beligerancias: -internas y externas. La historia y el espíritu interno en lucha contra los más gigantescos

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~me~: vextf-áti].e.r?;~;··~- cuYas_ ·energías'· invásoras : siguinca-rbn ·e-¡_ anic¡u~:.. ,-.}~ffiientO('dei'Ta~s poiellciás' autóctOnas. Pero, 'al mismo· tiempo; en el lfontló ;-del-.. héiinbre qUe asiste- eri ·sí' a'- esa lücha se·.·leVanta un núcleo

¡ ;a~dié~te- _-f Vivo- de -f~erzas, u~n yo 'de extra:ordínaria r :directa pre:.. se~Cia;' qtie \~é-- define coíno una realidad·· difere~te -de . todas las exis~ ténH~s, 'Y' es capaz 'al mismo tiempo de resistir todos los ataques. Esta ·pregunta; aSí desnuda y terrible ·yo· me' la he formulado, ¿Qué- es ser.:SU.dtimericano? ¿Es igual que ser- europeo, asiático, inglés, espa­·ñ'ol? 1 ¿Es menos? ¿Es más? ¿Qué ellcuentro en mi' :cuando digo: ~oy:=·sudamericano? ¿Lo que encuentro en mí es equivalente, en lo 'ético; niatetial. ~istórico, filosófico, científico, a lo que ·halló en sí ·e¡ hebreo, el griego o el fenicio? Es indudable que debo confesar una g·ran _:infcribr'idad, una espantosa inferioridad. No somos casi . nada: tasi -hi léxistiinos. Es la gran verdad ('. ... )-_ Pues bien, dime tú que me

_:lées:: ¿Qué es ser Sudamericano? ¿Qué repres·entaCiollcs fundamentaleS . 'efC:rn·~-s .y humanas a la vez, responden en tu alma, -cuando te pre~ 'g_!Jrita:s eSo? Júr3.me sinceridad, ¿Notas, entonces, que en realidad existes?- ;:Tu·- existencia como tal, está subor:dina.d-a· al -valor· esencial (Iue~·Í'épt.esenta la comunidad a que perteneces. Deritro de la- :sabi­duría huffiana la cóffiafca que. es ·tu· ·cuna;-: muy-- ·poco sigriifica. Sólo vod.!~_._ser .. algo en lo¡s dominios del espíritu. Fuera- de esa eminente perspectiva, de esa evasión angustiosa, no significará absolutamente pad:;l. i!P-p_ortant,e. _Muy grave asu11to _ :~ste:, imagJna, _que nu_estro,. nuevo fn#nR-o· casi no. p~cde existir físicainé~te ·_por· si_ riüS:mo. No es . sufi~

,,;¡ientCq¡.epte fuerte ~amo para pers~stir p~r .s.~ :e.n _ ~ ~e( (Espinc:>sa) .. P-~~~: --~11. un ~quilibrio p~l~tico de liadones;, ~er~ t1_o ·se' afirm~ en urr~ .l;lutentl~a razon de estabthdad y de_ fuerza- nppenal. Cualqmer gran PPtd;~c.ia __ rto_s puede arrastrar o aniquilar ell . una- gu_erra . y ·nos arr~i~ ,uaf~a·.- cu.alquiyr combinación de millonarios yanqUis· el- dJa que. quí­-~ier~. ·_a~ecia pUdo ser en sí, Francia ~xiste en ·sí. ¿y nosotros? Nues~ ~ra, _'d~bilidad material es indefendible, Peró _restan otras maneras- de ~er. El .¡Sens~miento, el saber, el heroismo. de la razón, la sabiduría *le lai 'leyes,-- él eSplendor de las artes_ ... Esos vagos ·y concretos do~ ptiillp~ deber~n ser nuestras únicas realiQades. Pare-cería que estuyiése .. ;i_nOs-._oQligados a ser el conglomerado más criStiano y antirrealista de

·la . ti'er~a. : _. · ,. · "El Mito y el Logos", . págs.- 21·?S~

·_~a t*-rea de- t:i-ansplantar soluCione~ socialCS 'de afros países al · hUeSt:ro ~es rri:uy- insegura. Sólo c'orllo un·a a~ dacia es admisible, como ·tiri:--'cúrifia:dísirrio creer en el azar. Puede· ser hasta estéril y mortal. Jriiitrir···otras,' 'formas sin conocimiento profundizadD de la realidad .-ri.i:lteriOi' ·y' Cónseé:úérite, equivale a· un transplante en' el·· aire;· lo vivo

de la .doctrina_ muere én el' -ta:n)bio,: lo' que> 'pu_ed~- -apr~lVe,c~~·:t:S~-:·.€5; s·6lo un esquema.-. La democTa,cia .tiene que_:formarS~ -a:·-J;las~r--!l.~t __ pri~:~) CI-pws autóctonos y cuidado~_as verdades: foraster~s inCoi-po·radas-_ p<m medio de ciertas dosificaciones ,que re~liza el Nou.s. Lo _qC'll!o~;~qc_O..: es, en esencia, un tejido' vital; es vida misma. La de:riwcracia surge de la tierra_ y es :tietta que pocO' a poco va haciéndose ley y espirito.

"Teoría_ del Nous", págs. 2S0-281 . . La jnfáioridad-'obligatoda de la ·caute'Ia es una conseCt~~~dá .. __ d~

la penuria de la cultura y el ·pensamiento. En p_aíse:s mcndicarite~ 1

de ideas, los que se atrevan a pe):i.sar tienen,_ si son honestos, ·imp~ra~' tivamente que ser cautos y s_ubordinados. Deben razonar. teniendo e'ri c;uenta. lo que se piensa en el mundo de la crítica filosófica pr~pia· de otros medios superiores, Sólo ·así se atreven algunos hombres . a decir algo de los griegos o medioev~les y modernos. En cuanto alguno Se separa de esa actitud, inme'diatamentc se adivina li ip.sO~encf~: y la ignorancia. No existe. jamás aquella seguridad y riqueza: __ aquel aplomo valiente y lúcido de un Nietzche joven, por eje'mplo, al,' hablar de los griegos,. de los_ jónicos y_ de Sócrates: Cualquier pCnsad01~ o estudioso europeo puede ·colocarse así, de igual a igual ante los' grandes sistemas y -la actitud _admirativa o crítica es legítima_ siem­pre, como la póstura que ei adolescente Pascal adoptó en cierto mo­mento frente a Descartes __ ( ... ) . :f,n cambio, en los me;dios.- ,semi agrarios y sin_ cUltura estable, una afirmación cualqujera' __ ar)tci __ u11 genio de la vida o .del· arte, resuena a falso, origina_ desconHa,nZas; indica insolencia. ConScieótemerite los hombres de los mísérás- plle7

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blos en estudios 'superiores, deben .presentarse ante lo-s grande;S_- pro~-· hlemas f~losóficos y _sus ·expositores, con el sombrero en la manO~ Comd~ los honrados y antiguos peones de estancia.

"Teoría del Nous", págs. 225-226.

Li colorii:z;ación --española en América, a pesar de su r,igidez, su intransigencia- ·y centralismo, hallábase más próxima de la:· per­fección en organ¡zación política que el mosaico incoherente- qu~ <;ons~: tituímos después de la Indepedencia. En muchísimas determinaciones,1

y más concreto en .. -la política colonial' or'ganizada por E$paña, -a. pesar de su monarquismo y .su teocracia, aquel país colonizá.do e~, sus origenes por fenicios y griegos y romanos, supo colonizc;tr: máS, cerca del divino Nous orden_ador, que p_osotros. Por ejemplo, la, sub-~ división de América en virreinatos, fue un acto revelador de g'ran sabiduría- polítiq.. Y más ·sabi8.s aú11 fueron las limitaciones .nat~-. rales decretadas como normas de cada virreinato. Nuestr<;t pol~tiC~-

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continerital; -siehdb --'irrealiz'able en ·el_ siglo XX la forma unificadora de BoHvar, podría consistir e_n .dejarnos de heroicas republiquetas insignificahteS ·y- ·retornar- ·a la organización de fuertes confederacio­neS o naciones,· dentrc;> de los moldes de los antiguos- virreinatos.

"Teoría del Nous", págs. 282.

C~d3. vez me convenzo más de que nuestro país es un azar his­tórico. Como todos los azares históricos es irr'emediable, si no lo co­rfige la Inteligencia. Nuestro destino material consistirá en ser un estado Cada vez más insignificante, a medida qUe la potencialidad etonómica de los dos paíSes que nos rodean vaya siendo más grande­en el tiempo. No se puede prever la inconmensurable cantidad de posibilidades materiales y espirituales que encierran el Brasil y la Arge~tína. En cambio, sin la Inteligencia como característica esencial, lo nuestro será siempre pequeño, mísero, limitado .. Rousseau hablaba ya de las culturas inadecuadas: por ejemplo, intentar el desarrollo d~ una cultura de gran nación en una pequeña nación. Siendo la nuestra, una pequeña nación, es error terrible querer implantar aquí ~a cultura según el ritmo de las naciones grandes ...

''Teoría del Nous", págs. 286-287.

Para mí, el barro de nuestros caudillos es lo que Plotino llamó algo así como "la tiniebla", la tenebrosa "acción que está ahí", refi­riéndose a la materia. En detalles reales corrio en formas de novela o teatro, ese campesinaje guerrero, esa mezcla de barro hesiódico y fuego' prometeico, dado en terrones de nuestro campo, es "la tiniebla". No comprendo bien su grandeza, menos su decadencia; no veo por qué lamentar su descendimiento.

"El Mito y el Logos .. , pág. 121

Los dualismos parecen inevif;ables, aun trascendiendo de lo filo­sófico· puro, para referirse a lo histórico y social. Tenemos un dua­lismo aquí, que consiste en una ciudad que piensa y un campo que no piensa. Algo que piensa en la ciudad; algunos que piensan. Lo demás es extensión, posibilidad de algo; pero en fin, algo se afana o se propone pensar de algún modo. Lo que no piensa es latifundio, medio rural, riqueza primaria~ algo estúpida. Por momento más que no pensar parece proponers-e no pensa~. Y no es que no. intente algo; interitá la' acción, el interés, el progreso menudo, la incorporación de _l~s técnicas que originan lucros, explotaciones agrariás. Podríase, a veces, hasta ir hacia un dualismo que sería éste: una élite que

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piensa; una masa campesina que no piensa. ¿Cómo 'Soluci~nar ,e, conflicto? ,

"El Mito y el Logos", pág. 150-

Considero que en la Universidad se debe tender a realizar un modelo de convivencia racional y ordenada sobre el plano de la inteligencia libre; convivencia entre las dOctrinas, las autoridades, y los profesores y los estudiantes, de suerte que los últimos se· afirmen en las conquistas de sus aspiraciones, en la medida en que se cumple un acrecentamiento de los emporios perdurables de la misma insti­tución que los recibe e ilumina. Afirmé en otra circunstancia que la Universidad es, en cierta forma, actuante y representativa, la antigua razón socrática hecha piedra para enfrentarse con la naturaleza, 1a historia y el tiempo; pero debo agregar que por medio de las gene­raciones estudiantiles, las rígidas columnatas reciben el movimiento vital y creador que sostiene la leY orgánica de las aulas y hace que la sabiduría se transforme en vida creciente y el ilustre instituto educante se convierta en proceso de lo humano y se desarrolle hacia pOsibilidades cada vez más perfectas.

"El Mito y el Logos", págs. 227-228

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Clemente Estable (1894)

Como hombre de ciencia, histólogo,. discípulo notable de Santiago Ramón y Cajal, pr>opulsor del. "Instituto de Investigaciones Bio.lógicas", Clemente· ~stable es -bi~n Conocido en el país y en los círculos ·especializados del extranjero. En el Uruguay ha recibido. homenajes -públicos 1qUe éÍ pocos _ compa-:­-trlotas vivos se han tributado, .venciendo la _resis-.· téiciaS del trabajador de ga1b'inete, del · enclaus­rado en la obra irílpersónal del conocimiento aunque acaso saPedor que 'las honras individuales revierten eficazmente sobre las tareas, las empre­sas que, con pasión, ha fomentado. Pero, además de este aspecto -sin dJ.Ida el fundamental de su perso­nalidad- Estable es un teórico de indiscutible valor en psicología pedagógica y pedagogía de la investiga­ción, intereses hacia los que le han conducido su espe­cialidad científica y su primera, imborrada, forma­ción magisterial. En ·este aspecto de su :pensamiento se inscriben sus trabajos "En el reino de las voca­ciones" (1921 y 1923), "Psicología de la vocac:ón" (1942), "1Sobre las vocaciones" (194.,t) y otras pá­ginas que hubo de reunir con el título de "Temas pedagógicos".

Sin embargo, todavía es Estable -ocasional y pudorosamente- un ensayista cabal, de pensa­miento libre y :personal y expresión sabrosa y di­recta. En los textos de este sector de su obra se percibe un timbre en mucho similar al en parecer irrepetible de Carlos Vaz Ferreira. Y ello es así porque parecería común a ambos una esp-ecie de discúrrir en "estado naciente", crecido en ~a propia versión meditativa, algo desgarbado, casi taquigrá­:llico, y por eso, tan func~onalmente estricto como cálido. En esos textos se puede igualmente sor­prender una abierta predilección por la forma

axiomat'íca~c Y ;1a: -def- :•.(mariaamiertü/·:~. ''i: gua~ne,~te 11~1' > el ·esquema Pedag(Ygi-éO ·._:que~·: rt8 · té_me· numerales -y-.ordihales ·Citando' e:1os: soÍl para el nítido sentido··de ·Jo dicho;·

. TaleS son los.- ~'ásgps·: _;y·~-.-ias. virtudes- que exhib_en algunas de sus· 'piezas .oratotias más recor­dadas: el "D_iscurso· a la· juventud .uruguaYa", laS palabras de gracias pronunciadas ante el poder Legislativo (''Homenaje a Estable~•,_-_Cámara de Re­presentant~_s, 19.60) o el _·discurso· dé Nueva Delhi,

·recogido €n ."Revista N~qional" (n11 193). Muy gus­toso parece sentirse Estable en este tipo de e~o­cuencia ariélica, en _ estas· ."Profesiones de fe" de la~ga destilación vitaL P~ro también son muy abun~ dan tes a- lo largo de los años de Estable las páginas de ocasión menos solemne ·y más directamente en­sayísticas ·so_bre- hombr·es .de ciencia, sobre figuras nacionales -(Vaz_- ][erreira;· Oribe~· Montero Busta­tnante) · o en torno a fundamentales cuestiones de culturá-- americana. (caso ·del valioso: estudio "Defi­nición -de América_ Latina",' ~n_-- ''NUestro Tiempo", n 11 5, 1957, que-muy ventajosamente podría cotejarse con otroS textos re'cogid9s-~·en e~ta se'~ección).

_ Soll illsustituíbles- iocú_S· .es<;1s páginas para en­corpar la posible_ vigencia -d~. un pensamiento cul­turalista, de_ -raíz y ~ntonación ~ientíficas, humanista e indisimulablemente .optimista o (si se quiere otra tipificación), de-- ull "ídealísmO realista", vitalista y pragmatista, profesado con honda convicción y fiél a _las tendencias _más _profundas· de la filosofía implícita dé la inteligen:c:_:ia d.el _-PaíE¡ y de su tiempo.

La confianza en el valor regenerador y edu­cadqr de una ciencia· bien .. _.entendida se levanta, con cierta credulidad deliberada y_ .edificante, sobre la concienci!l bien evidente de sus peligrosas posibi­lidades. La Significación .de un humanismo mo­derno, al- mismo tiempo nutrido con las mejores tradiciones de OcCiQente Y: -de Oriente es una pauta muy fLrme de todo su -p~nsamiento, que incluye así los valores de trascedencia y el sentido "espíritu­céntrico"- (sino teocéntrico) · de las grandes cultu­ras de Asia. Pero Estable piensa en un huma­nismo universaJjzado por -medio de las ilimitadas posibilidades de la técnica y todo el re-pertorio conceptual e instrumental de la Modernidad. La fuerza de los ideales y valores ·que hagan a todos los hombres señores de sí mismos, la eficacia del

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·útimo y sustancial "realismo" que implica profesar­los (muy cerca en esto de_ Benvenuto), se une en Estable a un rotundo personalismo. En e-se perso­nalismo se conjugan, así, la esperanza en un es­fuerzo_ capaz de alzar al hombre sobre sus fatali­dades, límites y humillaciones pero, también, la convicción en lo necesario de una instancia final, en la. bondad de que, esto cumplido, se opere en él una apertura al amor, a la comunicación fraterna, total, con sus semejantes, con la naturaleza, con Dios. Ni "allendismo11 ni "aquendismo" puros, entonces, ni humanismo sin técnica ni técnica sin humanismo sino una radical, definida defensa de los dos tér­minos de ambas (posibles) antítesis.

Sobre tales supuestos está fundada en Estable su concepción de la democracia y su creer en la unidad del mundo y en la identidad de queren­cias de los_ hombres por encima de "ismos" y de fronteras. En este sentido es lógico que se haya identificado, casi desde su nacimiento en 1946, con la causa de U.N.E.S.C.O.: todas sus ideas le acercan a la filosofía cultural tácita que preside a esta institución internacional.

Tal sería, en grandes líneas, su ideario, la cos­movisión de quien Oribe ha afirmado que nada de lo divino del hombre le es extraño, pero cuyo meollo intelectual tal vez pudie-ra condensarse me­jor en la frase propia de que el conocimiento es menos que la ex.periencia y la experiencia menos que la realidad y la realidad no es todo ...

Este sector no puramente técnico de la obra de Estable -cabe anotar- podría asumir la re­presentación de un tipo de pensamiento del país que accede a la: reflexión ensayística y m:smo a la filosofía, desde la Iinea de formación médica y biológica. Sin agotar los nombres, recuérdense las agudas páginas del Dr. Augusto Turenne, el onduloso y bien escrito libro del Dr. Héctor Rossello (1883-1957), 41 La Emoción como imperativo" (1925), el planteo del Dr. Santín Carlos Rossi (1884-1936) €n 11 E·l criterio fisiológico" (1919), los textos más recientes del Dr. Vídor Soriano, 11 EI mesianismo biológico del macho" (1953), del recordado edu­cador Agustín Ferreiro, "La medicina, una noble profesión" (1958), del Dr. Héctor H. Muiños (1888), .. Imaginaciones y realidades" (1960), del Dr. Was­hington Buño,

El teXto seleccionado en este libro ·confirma

{como se ha -tratado habitualmente de _conseguir en él)- los trazos capitales de~ la ·personalidad- inte­lectual delineada; Podrá notarse en sus páginas la índole ensayística· del discurso, extremada en oca~ siones hasta lo errabundo y la. ausencia de transi­ciones, de conexiones visibles entre las partes. Tam­bién la postura arbitral y su constante conclusión optimista y conciliadora (de linaje rodoniano), apli­,cada aquí a los po'sibles -y efectivos- conflictos entre los "saberes" que importan las Ciencias, lá Religión, las Artes, la Filosofía. Pcirecería, en cam­•bio, de filiación vazferreiriana, la confianza con que contempla la influencia de los fenómenos de la masificación sobre la cultura y la atención, focalizada en este punto, al hecho de que ahora "todos" los hombres tengan acceso a ella. Una fi­losofía de apertura a la realidad, de auténtico liberalismo preside toda la exposición, capaz de integrar ese humanismo "aq.uendista" a que se hacía referencia -con las "grandes cuestiones" y el "prob~ema de Dios". Pero ellas se sitúan (es fácil verlo) como coronamiento, como etapa última a la que se llega una vez despejadas las urgencias, los constricciones más inmediatas. La clásica posi­ción antidogmática y relativista del pensamiento del novecientos es ·replanteada aquí con el cuid3.do de distinguir tal postura de una banal indiferencia y un escepticismo romo: hacia un sentido de la jerarquía y complementaridad dialéctica de las 1'verdades" es que .aguza Estable la solución de una viva y real antítesis. Se nota en todo el desa­rrollo la mentalidad,. las preocupaciones del hom­bre de ciencia, consciente de la validez y lo& recí­procos límites del razonamiento y la observación. Es en esta tesitura que el autor :plantea la cues~ tión del fideísmo y las ortodoxias: el punto de vista psicológico, empírico se impone sobre cual­quier otro. Igualmente· es visible en Estable la volulltad de relacionar las cuestiOnes pedagógicas, tantas veces reducidas a un puro tecnicismo ciego con un amplio reino cultural de "fines", minucio­samente fundados y dilucidados. Es a la luz de ellos que cierta versión transpersonal, no pura~ mente autonomista de la cultura asoma en el dis­curso: parece seguro que es desde tal versión que Estable juzga con notoria displicencia las persis~

tentes. místicas "refornústas" de la enseñanza (pri­maria en este caso), infalibles curalotodo que cada

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-~ ·~· :J?romocwn ·dé administradores idea :para su gloria . .. ,_-_:·Es_,qtie.:él_ autor,· se notará, .<biólogo al fin y no inge­<-~ riiero; .. :c·ree inás :en el "cre'cimiento." vital que en

_,-_-¡a:-.!.'fabricación"· de naturaleza mecánica. Vitalismo, idealismo· Y realismo se - cruzan-· :entonces como

·:.¡nextrieables . vetas de ·sostén_ .. filosófico. El tono, por último, es. -paternal e' íntimo y hay cierto tim­bré martiano- en algunos aforismos que esmaltan

_estas -páginas. El· texto, ·con el titulo HEsto no es un pr-óiQgo: •.• " hubo ·de- Servir en 1947 a una edi­ción de escritos pedagógicos de Estable proyectada por el Consejo Nacional ·de Enseñanza Primaria y Normal.

· . . :.··-

,35 - [Cultura y Educación] ( De . .las. dos_ 'tremendas desigualdades, __ la eConómica y la cultural, 'la .~egunda repercute. más que la primera en el destino de _este. ser qJJ_e, se llama a si mismo horoo sapiens y no. hamo economicus .•

La cultura. y hi originalidad, que es cultura inmanente, son lós _'más grandes p<i.trimoriios de una nación· -qúe maestros Y profesores __ tieÚen.: -e~ custodia. Elevar- la vida_.' de _todos en virtud -d~· aquélla .y ~Stiffiular y .de.sarrollar. la _ origi_llálidad en el reinp- de ló_s valores ,COnstituye _el máS sagrado ministfrio' de. la enseñanza. "'-~ éuandO se habla de preparar para 13. vida, pareCería <}ue la vipa es _algo _que va a sobrevenir. . . y a_ sobreverii'r co:inó tina lucha '~'e·:_;t+n' c,:Ü.erp9 eritre-·los_ cuerpos. Elltonces, el horno economicUs toma :~~-, d,e!ant'er~· al horno sápien.S y pretende guiar~o, sin caer en la :~~~_l}t_a _ d~_ .que no ~ay mejor _preparatorio para _la v~da, pa~a todas lJls forina:s 'de· vida humana; q~e- lo_ que· precisa~ent~? no es prepa­'IatbriO, sino ·esencia espiritual· de la vida misma y por tanto, valor 1Cll S_f:: '1~ :~ultur~. _ -· -- · . _.. - - _ · · . Es· la cultura lo mejor de la Humanidad, creada por sus me­j_oá~s , individuos,, con raices, _ _Horescimientcf y frutescencia en la vida ·de· los pueblos. Creación ·del __ hombre Y. ·creadora del hmpbre ... Se Ciltiende en qué y cómo. Es el hombre en direCción a lo eterno. Dui-a como el tiempo, a pesar de las decadencias.

Cierto es que· se ~ostiene, tras las lavas de las guerras, que ·la 'CUltura ha. fracasado; pero reparemos en_ que nluchisimo de la buena v_entura ·que gozamos antes y después de- la crisis, a ella se lá , debCmos, incluso 'el salir de las mismas crisis. La excepción ·rió deja ver la regla, por -más que se repita que la confirma. Lo que más suele fallarle al hombre, después de su quebranto moral, .es :lo que se cree más seguro: el sentido común. Reparemos también en· que millones y millones de niños y de jóvenes carecen de la oportunidad para el desarrollo de sus nativos dones espirituales . .Criando todos los bienes sean para tod_os en el mayor grado posible, el planeta que nos tocó en suerte estará verdaderamente iluminado. ·Y . un país no podrá considerarse del todo culto sólo por sus creado-

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res y la vida -espiritual intensa de los menos, mientras los demás· habitantes, .. a partir de la adolescencia, no conozcan relativamente bien obras:· maestras de Arte, Filosofía, Ciencias y Religión.

Fácil eS explicarse que el concepto de cultura no sea único. úcinípf adviert'e que comprende cuatro capas de la vida espiritual. La· definición más antigua sería la de Cicerón (cultura animi philo­sOphia est), que fue preferida durante mucho tiempo, sin ser, según Dempf, la más importante. Actualmente la más difundida estable(e

··.cómo esencia de la cultura la asimilación personal de- los v~loreS ·vi­gentes. Para Max Scheler sería una categoría del ser. La disparidad de- sentido, no lo olvidemos, aparece en el altiplano de cuyo nivel

-todas las doctrinas toinan perspectivas comunes· y: perspectivas pro-pias. No se define bien, pero se vive en su doblé existencia: concre~~ Y- de- vaga atmósfera de prestigio (nos· sentimos purificados y reve­rentes en el sobremundo de la cultura; las aberraciones no cuentan ffi·as que como tales aberraciones). Si el hombre no se salva con la Cul~ ·tura no _se salva con nada. Pronto hay que poner a las almas en creci-­miento en· comunión con todo lo grande y asegurarse luego que ningún hombre, cúalquiera sea su destino social, abandone el cultivO ~e su cerebro ( ... ) .

Muchas de las reformas pedagógiCas resultan, a la postre, estO: sustituir una- ru.tina por otra rutina:. . . Hay qUe superar la rutina y tamb~én la improVisaCión, con el conVencimiento 'de que no es éste el correctivo de aquélla. Uno de los niayores enemigos -del prog'reso en la enseñanza lo constituyeron quienes fácilmente reforman todo, superficializándolo todo. Y una de nuestras debilidades está 'eu reformar __ antes de formar y _entonces,- se deforma ló que de algún _modo ·iba formándose. . . En la vida sólo cuenta para siempre -lo que con ella avanza siempre. Más que reforma que por un lado todo lo niegue y por el otro todo lo acepte, la enseñanza requiere cons­tantes mejoramientos. Nada se cambia de golpe en la vida del espí­ritu. Y sin interior ¿qué es el exterior? Toda sana evoluC::Im va de dentro afuer~, de abajo arriba. He ahí una observación del filó_sofo Hoffding, que debe tenerse presente cuando se- trata de reformas.·

En definitiva, tres son los fines de la enseñanza: 19, favorecer

el désarrollo, en el orden de los valores, de lo dado en la naturaleza ~umana; 29, complementar la naturaleza; 39

, corregirla ... ¿Predominio- de las Ciencias, predominio de la Filosofía, pre­

dominio· de- las Artes, predominio de la Religión?. . . Todo crecerá purif.iéáridose recíprocamente más que ·obstaculizándose, aunque· la Historia-- a- veces; enseñe otra cosa~ Existe ahí lo que se muestra, lo-,·qúe :se· demuestra y lo que no se muestra ni demuestra. En unos prevalecerá el { espíritu científicoRfilosófico; en otros, el artístico o

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el religioso. Es ilusoria la completa absordón del todo -.pbr ·:iá> t>art<'· '< En la mayor diversidad de las tendencias prospera- la ho~bre y de _los pueblos: Quienes creen en u~r Ser· Supremo. po~rán sent~rsc super~ores a qmenes no creen; y qmenes no creen podrán .'>entlrse ~upenores a los que creen. Los primeros se corisiderai-áh poseedores de una sensibilidad, de una gracia, de un don, de uri-a intuición, de una revelación de que carecerían los segundos; y estos eStimarán que su razón es más fuerte, su mentalidad más recia, su crítica más exigente, su espíritu más libre. . . ¡Cuidémonos. de com­parar el todo por un aspecto o de comparar lo incomparable y de juzgar como superior o inferior lo diferente y nada más!

Volviendo a Sócrates, enseñó Arcecilas, 'eh la Academia de Platón que nada debe afirmarse dogmáticamente. Esta enseñanza nunca dejará ·de ser actual, porque siempre habrá afirmaciones dog~ máticas aun en los más antidogmáticos. Hay que distinguir en ellas

·Jo psicológico (grados de convicción) de lo lógico y real (grados de verdad). ·

Ignoramos si existen cuestiones que,· como lo creyera Pascal, Careciendo de pruebas es como no carecen de sentido; pero "no. se puede despertar antes que los ojos estén de regreso". . . Para cada uno. de nosotros no hay nada más verdadero que lo dado en la pro­pia experiencia y lo que no es real funciona mentalmente como' si fuera. Quien observe mal, aunque 'razone bien, incurrirá en errores, de igual_ modo que quien observe bien y razone mal.

. Cuando se razona bien y se observa mal, la Razón es defr<i.u~ dada por la observación y el razonar bien se convierte en la manera más eficaz de propagar y perpetuar el error; cuando se observa bien Y se razona mal, la· observación es defraudada por la -Razón, pero Pl ~al es ·menor, pues- el falso razonamiento no destruye los hechOs bien observados. Entonces, ·más que· propagarse un error, 'se retarda el. avance de una verdad.

W. James reacciOnó con profundo espíritu· filosófiCo contra ~1 ·olvido de la experiencia en interéS del sistema. Y Whitéhead reac­ciona con exceso cOntra el exceso de James, al sostener que la con­_centración del pensamiento en los simples hechos es la supremacía del desierto.· .. Y un notable pensador ruso, Chestov, se vuelve contra la Ciencia porque excluye los. hechos que no se repiten o desconoce la experiencia cuyO · testimonio sea el de uri solo individuo. -Siente antipatía por las ~'verdades con credenciales" y gran simpatía por todo lo singular. Arduo problema es el de la valoración gnoseológica de la singularidad. Pero la verdadera Ciencia de nini(tn modo niega lo que no es, ciencia. En el fondo, niega una sola cosa: lo que la niega.

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:.: -- :_H;a,y-; una·:: ·profU.rid"- · ~xigertcia de verdad _én_-Ja··vida. ~~l ,espír~til f-cQrno._·:d.e:.; realidad: objetiva, en ·Ja .vida cle la acción. _Siq.. embargo, ¡_:riqestra-:vida-- men_tal es más di'!- creencias y cer~ezas _que de ver_dad~~. rdui;las: Y·.:-Jn:obkmas; En una Ü).contenible. tendencia ~ absolutizar, rsobreviven.-. aquellos coJUo signos subjetivos de la, verdad, sin, serlo. r'La rríayorlá: se impacienta con la duda y ei __ silencio. y bu.sca res­!~pll_estas -categóricas. Parecería que se prefiriera, en e'stado semi­Tcoristierite,· ,uná i'lusión de seguridad al riesgo de convencerse de las _ilusiones. Se confunden, entonces, las creencia_s y las·. _cert~zas con- la ::concientia.de.la verdad-y de alguna manera son-sus equivalentes psi· cológicos y sus op1,1estos lógico.s. . Los mismos proble-ma_~ :no son igualmente ·problemas para todos , y, hay quienes __ -. encuentran soluciones que para otros no son solucione.s. .Eso Qcurrió, -Ocurre _y ocurrirá siempre, ¿Quién- es el que no com.­~Prende? -Siempre, el otro ... He ahí el resumen de muchas .polémicas. ;J?ero :¡:t tos.--h?mbrcs por te.mp~ramcnto pOlemistas· no.- _les hnportan los resultados. He ahi su historia, tan breve como- aquel resumen.

, _ Fácil ~s- ver el dogmatismo en los otros; difícil es- advertido en --sí mismo, __ Q]lien sienta la fuerza de una verdad estará psicblógiea­,ffiente pOseÍdo- por ella -Y la afirmará como -un dogma,_ Nadie pensar.á que eS _sincero quien diga póseer una verdad· absoluta y .no ex-peri­

_:mente .un _profundo- cambio psicológico a consecuencia de _ella. Cr_eer, ño creer o dudar tratándose. de nuestro destino, :Vale dedr, de lo qtie ,_más nos imp_orta, ·-apareja psicologías ·tan _ dis.tint~s, si· no es pura c~uperf-icialidad,. -que· tienen que acusarse de. u_~ I!loclo notable en la ,vid(!_ de .los ho.mbres .... El dogmatismo puede ser signo. de sinceridad ; ¡mn cuandO. no 10 sea .de ~a .verdad. · ! L.a tende'hcia al dogmatismo es inherente al espiritu humano -y , también la tendencia al libre pensamiento. Las dos -coexisten y_- alter­rrian en ··su, predominio. En el momento -en que s~ vive un_a pseudo­evidencia, en nada se distingue de una verdadera _e~idencia. Luego .... :luego. _es otra _psicologia y en las cuestiones .trascendentes -se·.~arece ~de la _experiencia de las dos psicologías. Unos transpOndrán la cautela dé Jo no· ti-ascendente a lo trascendente, sea .sin crítica, sea con 1:1 ]Crítica de: qu·e la experiencia: de lo intrascendente .de nada _vale para ,lo __ tr_as_écndente y la transposición pecaría de inadecu~da actitud .'mental. , ·

De las: dos teridencias, la dogmática y la del pensamiento libre, ·.la:·· primera más que la segunda es la que caracteriza al adulto en sus r.feladones ·con: el. _niño; Por la manera como responde a sus pregun­<tas _y por·l~s_constantes, imposiciones y procederes, se le va habituando ;_a un_ hefmétic_o dogmatismo. más bien que a una atmósfera _de- liber­tad y· de justa valoración. Somos poco leales a los ojos nuevos y

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asombrados del mno. Nos ct:ee_ todo y no :.se~tiir_tos _la ;graür~SPQil." sabilidad de lo que le hacemos creer. Por· otr<:t pa.rte, :al -no .. dar ·im:: portanci~ a lo que- dice el niño, olvidamos _que en él-nq _sóÍO-hal,JÍan los pocos años, sino también habla de Vida desde su_ pro.(undidad creadora, que no tiene edad y es más que la . ~xperieri.c_ia,- Mal;, malísima excusa es responder de cualquier modo arriparándoSe. en que el niño no entiende... En todos los casos, lo difícil 'hay que tratarlo como difícil, no como fácil, que sería falsearlo. · · ·

Un niño pregunta ¿existe Dios? ... Se reflexiona antes de con­testarle. El niño advierte las dificultades por el silencio. Se procura tener presente la experiencia integral y se le dice que su pregunta encierra problcinas que preocupan al. hombre desde hace siglos, que hay quienes destinaron lo mejor de su vida a esclarecerlos, que existen grandes obras en las cuales se trata de ellos; se le muestran algunas de esas obras y se leen algUnos pasajes; se le habla de la experiencia mística y que se descubre un sentimiento del misterio aun en los más escépticos, sentimiento sin expresión o expresado t'll

actitudes, símbo~os, imágenes, conceptos, dogmas o en formas diver­sas del Arte; se le advierte que acaso nadie pueda dar una respuesta definitiva para _otro en problemas de tal trascendencia, aun cuando se la diera para sí mismo, que hay quienes creen en Dios por simple revelación, como la de abrir los ojos y ver, que otros con igual conR vicción intuitiva lo niegan; se discurre sobre el valor de los hechos positivos y negativos, de la evidencia y de la ilusión de evidencia; se observa que unos aprenden a creer en Dios desde niños y otros, también desde niños, aprenden a no creer, que hay quienes llegan a la creencia 'por pruebas y_ quienes la resisten también por pruebas, que para algunos, una o pocas prueQas bastan, sin agregar nada a su convencimiento, todas las demás, y para otros, todas las prueR bas no prueban nada; se hace notar que hay quienes creen sin quer~r creer, quienes quieren creer y pueden y quienes quier:en creer y no pueden, que hay quienes dudan, con o sin alternancia de creencia v negación, que hay quienes primero niegan y luego creen por circun;R tancias vitales en parte conocidas y en mucho desconocidas, y al revé3, que hay quienes evolucionan de la creencia a la duda ... que no todos entienden lo mismo cuando se trata de Dios, que cuestiones de esta naturaleza deben ser repensadas a medida que crecemos en experiencia y cultura para vivirlas en los planos superiores del espíritu, mantenernos sinceros con nosotros mismos y con los demás y asi · la libre adhesión a una creencia prevalecerá sobre la creencia-hábito y de ese modo, no comprometiendo la libertad en creer, no creer o dudar, la ética de Ja

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creencia, de la' no· 'creencia y de la duda no pierde su alta significación; aún .. admitiendo que "el Bien sólo es absolutamente real en cuanto es portador de la vida eterna". La idea de eternidad y perfección de otra vida debe conducirnos a agregar y no a quitar valor a esta vida cuya realidad más precisa se encuentra todavía inmersa en el mayor de los misteriús, .......... · • • 1 • • •

"Esto no es un prólogo", en "Revista Nacional"' · n9 107, 1947, págs. 200.205.

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Servando Cuadro (1896-1953)

Hijo de pequeños ganaderos, de un origen po­lítico y emocional b:anco que en las -etapas re­cientes del socialismo uruguayo ha .tenido peso, bajo todos sus avataD~s ideológicos y quijotes.cas empresas, en Servando Cuadro alentó una radical fidelidad a su tierra, a los ·dictados de su sangre, a Ios modos y valores que había recibido. Militó en el socialismo desde 1916 a 1938, año este último en que fue expulsado a consecuencia de sus cho­ques personales con la dirección del partido, en el que llegó a ocupar, sin embargo, posiciones pe­riodísticas y políticas relativamente altas. De este período nació su único Ubro cabal: u Psicoanálisis profano del Dr. Emilio Frugoni" (Montevideo, 1940). Es el libro más embestidor que contra una figura política uruguaya se haya dirigido pero también, para el lector de hoy, resulta sólo, y a fin de cuentas, un recuento excesivamente largo de las rencillas de un partido menor, llevado a extremos de minucia que concluye por hacerlo fatigoso, exasperante. Por esos años, (ya el título de ese libro señalaba ese fervor), se interesó profunda­mente en el psicoanálisis, emp-leándolo, no sin al­guna ingenuidad, en sus mo(lestas tareas de cro­nista policial de "El Pars", en el que por varios años trabajó. A su muerte, permanecía -Y per­manece aún inédito- un ·largo e:llsayo psicoana­líticO sobre 41 EI Proceso" de Kafka.

Cabria decir que sólo tras su expulsión del socialismo fue que Cuadro se encontró a sí mismo y obedeció, desde entonces, a las líneas profundas de su carácter de "outsider", de montonero inte­lectual. En 1942, planeó la candidatura del Dr. Eu­genio Lagarmi:Ia como medio de salir de la situa­ción creada por la ruptura de la legalidad de marzo de 1933. Después de este fracaso es que

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Cuadro emprendió el camino de un fracaso mayor pero 1que puede que sea el que losalve del olvido: la· 1'Federación Hispanoamericana". En 1947, reu­nió, en los salones de "Marcha", un .pequeño núcleo de amigOs y. estudiantes y en el mismo semanario, el 27 de -febrero de 1948, inició la serie de "Los Trabajos y· los Dfas", que se -continuó (salvo algu­nas interrupciones) hasta el 14 de noviembre de 1952, cerca ya de su muerte. La ú:tima nota del conjunto se titula, premonitoriamente: ' 1Uitima mi~ rada a la realidad". Cuando esa mirada se apagó, el hecho pasó naturalmente desapercibido para casi todos y sólo "Marcha", el 6 de marzo de 1953 le dedicó· una necrología breve, pero certera, como suelen serlo las suyas. N. B., ·en·un·artículo sentido, perfiló su carácter y evocó su estampa física con sus lentes palom ta, su ·sombrero negro aludo, su traje azul y sus za·patos charolados. Ocho años más tarde, en 1961, Roberto Ares Pons recogería en libro la parte sustanCial .de su campaña de "Los Trabajos y los Dias"-· y fijaría, en· una hermosa y rotunda semb:anza, los. trazos de ·su obra y de su vida.

Una vida,. ésta de Cuadro,. ajetreada y oscura. Sin títulos universitarios, (só."o .un a'utodidacta, pero ordenado), ni fortuna, .ni vinCulaciqnes familiares, ni el· arte infalible del trepador. Por el contrario, una altivez señorial e incómoda, una autenticidad a flor de piel q.ue le i:rnpedía· todQ disimulo, un espíritu crítico que sabía de: las renuncias que im­porta toda "política~· .y, junto. a él, un espinazo que se ·las hacia imposibles.: Y .también una excen­tricidad -algunos hablaron de más- que le tor­naba· desconfiable al gremio infinito de los cautos y los· sensatos, un como visceral repertorio de ascos que le trababa incesantemente los píes, la niarcha de los planes ingenuos e ingeniosos, siem­

. pre- grandiosos que urdía sin cesar pára poder echar a la vida ·sus sueños. Porque el limpio, el insobor­

. nable, el varón sin alharacas que Cuadro era, sólo '(tal vez) una única coSa deseó en la vida: e] .tiiunfo. ·Al triunfo -aspiró y'· aUn seguramente a la clásica ~'gloria": n~ca a esa cosa sórdida, medi­ble y burguesa q.ue es el "éxito'~. ·Pero triunfó y

r, .gloria las quiso .mucho más: que· para él para ciertas icle€\s-emociones, para . algunos proYectos que fue­ron. alumbrándose en él, en el trajín de los años . Y Ja experiencia. Y todo, con. la nobleza natural

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', de saberse perte'neciendo a ·esa is:e~l~e,~ccti~íó~~n~0i~~~~f:~~C síble) de las almas bien he"chaS. Y esto, de be marcarse que sería en este "hombre de izquierda" "reduc~ tivista", la ·pasión antivalorativa, achabacanadora, que tantos han tendido a confundir con tal tem~ peramento político.

Pero, e'n suma, y también, wi hombre de segun~ da fila ·(en vida), emba!azoso para casi todos, gran cosechador de desenganos y porrazos.

Algún .contradictor (qUe podrá ser:o igualmente a estas apreciaciones), ha señalado el carácter "yoísta'' de su prOpaganda, bastante comprensible, por cierto, sj se piensa en una -personalidad gene~ ralmente incomprendida, y sola, perq, sintiéndose, al mismo tiempo portadora de un manojo de ideas y postulados en cuya salvadora operanCia creía. Cuadro era un desgarrado y aún un "desesperado", a la española, con toda esa riquísima connotación que en nuestro idionia tiene la pala;bra, tra-duciendo hondos veneros de temp: e personal y colectivo. Pero un "desesperado" valga la paradoja, lleno de fe y de esperanza, apasionado hasta el fre~ nesí y· tan perseguidor de espejismos 'que, lla~ mándose hombre potrt:co (y en verdad, hasta la médula, de cierto modo, lo era), no paraba en imaginar Soluciones y en inventar movimientos cuando nada más que consigO mismo, especie de Robinson, contaba. Tenía alma de conspirador, se ha dicho, y él mismo se trataba de ch:tlado. Pero un ser quijotesco, eso es lo que exacta~ente era.

En todo lo qú.e escribió, Cuadro es difuso, gá­rrulo (como Ruben Cotelo ha apuntado); sin em­bargo, leyéndolo a trozos, acercando el lente a su escritura, es imposible dejar .de concluir en que era dueño de un sabroso decir, siempre encendido, lleno de nervio y de afán por mover las almas, capaz de utilizar con rara eficacia vulgarismos y hasta lunfardismos, aunque no libre, desgraciada­mente, de cierto gusto (común a los autodidactas) por el término esotérico y pretencioso que, por suerte, no multiplica. Se consideraba un campa~ ñista y no 1,m escritor, pero una cosa, contra su creencia, no excluye la otra.

Esquematizado (esquematizado hasta su última articulación) el pensamiento maduro de Cuadro parte de la convicción raigal en la crisis .de· Occi­dente 'Y de la de todas las ·Correlativas estructuras

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políticas, económicas, culturales que lo han nor­mado. A medio camino entre Spengler y Bergson, esta creencia suya en el agotamiento de la "civili­zación moderna" nacía de lo que tan. evidente le resultaba: esto es, de la desaparición de'l "élan creador" que hace de toda cultura una asunción de la liber-tad frente· a las fuer-zas de la naturaleza y de la historia. Sucede así, que los dioses mayores de esa civilización norocc.idental (economismo, indivi­dualismo, mecanicismo, racionalismo) han caído y, en su lugar, ·una libertad que es pura "disponibilidad", una racionalización económica de la existencia sin otro fin que el "confort" (toda una pauta de valores cuya -expresión máxima son los Estados Unidos) han suscitado, con anchura y hondura universales, la angustia metafísica contemporánea, la desorien­tación vital, el vacío d€-1 hombre reducldo a Ser un átomo desolado, solitario, sombrío.

Sólo una:· cultura basada en e~ reconocimiento de la naturaleza religiosa del hombre podrá dar oído al anhelo místico de trascendencia, al apetito de reali:l'ación eri una gran causa supraindividual que de norte firme a la existencia, que nos integre en el dinamismo de una magna tarea y en el calor de una "comunidad".

Y ocurre, entonces, que desde nuestra con- -creta situación uruguaya, sudamericana, hispano­americana, integramos un núcleo de pueblos cuya inadaptación a esa civilización y cultura en . quiebra es orgánica; un héi.z de naciones cuya intolerabilidad a las categorías del econornismo predatorio del capitalismo, del racionalismo impositivo, del me­crmicismo social es tan históricamente incontrover­tible como promisoria hoy ante esa caducidad y esa decadencia. En suma: nuestro atraso se con­vierte en ventaja, nuestra :entitud en diligencia, nuestra esclerosis en plasticidad para nuevas es­tructuras. En el pliegue original de alma de lo his­pánico· está ·el secreto de nuestra feliz inadaptación a unos valores que nos eran congenialmente repu> sivos y está la posibilidad de desembocar de nues­tros males y humillaciones en- una colectividad creadora de bienes espirituales, q\].'e se dirija al hombre entero, que sea capaz de integrar dentro de sí la vivencia de lo cósmico (al modo taoísta), el dominio interior (a la manera yoga e ignaciana) y la utilización de las técnicas materiales occiden­tales, "modernas", contrapesadas en su eventual maleficio por la firme presencia de otros ingre-

dientes y (com~ ·en el .Japón) colectivo y tradicional.

Toda esta posibilidad fue ceñida ·Por Cuadro en el ideal y el prospecto de la Federación HiSpa­noamericana, valor cien y supremo, al 'que todo otro había de subordinarse. Pero la Federación Hispanoamericana recibe también su validez desde su convicción de que son sólo las grandes naciones, las magnas comunidades dueñas de su cultura y de su destino, las totalidades autoposesivas, las que saben ser dueñas de sí mismas antes de recibir nada, las que no se resignan a ser campos de inver­nada, quienes, para· bien o para mal1 eu'entan en la historia.

Como estaba lejos de ser un iluso, el cum­plimiento de la tarea hispanoamericana no se pre­sentabá a Cuadro con trazos de facilidad; realís­ticamente veía los inconvenientes de tan formida­ble empresa histórica, aunque pensaba que, por eso mismo, siendo la única atractiva, la única que importa realizar a Dios, todos los obstáculos debían ser superados. Para alcanzar esta Hispanoamé­rica como totalidad actuante, con una mística de su destino (terapéutica de la soledad y de la an­gustia) era necesario superar el marasmo y los ·complejos de minusvalia, dar a nuestros pueblos la triple conciencia de que la obra vale la pena, E.s posible y es el momento de ella. Partiendo, sin -embargo, de la convicción de que en lo material la situación era soportab~e (no se olvide los años y el país en que escribió), Cuadro se propuso una especie de psicotecnia que fuera capaz de alum­brar todas las posibilidades de lo heroico, lo viril, lo dinámico, lo señorial que en estos pueblos laten; planeaba la convocatoria de las posibilidades de "alegría creadora", trataba de convencer que era categoría superior a'l puro, mero placer. Pero así­mismo confiaba en el .poder de convicción que pueda tener el presentar "la otra alternativa", esto es: el irremisible, inescapable destino co11onial y ani­mal, la dicha zoológica de ser capangas económicoS, la angustia y e-1 hastío de una felicidad de capones gordos y. lustrosos. Y más todavía: el que todo eso no sea siquiera seguro, la condición proble­mática y efímera de esta beatitud en los establos de Circe dentro de esa d.lnámica terf'lible del impe­rialismo, que no perdona a los débiles, a los en­tregados.

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--cuadro. -concibió la corriente federacionista Como la "cuarta- tendencia" a mencionar tras :a "pro-rusa", la "pro-yanki" y la "pro-católica" que se disp-utan Hispanoamérica; le imaginó un reper­torio de tácticas: saberse condicionar y relativizar en circunstancias dadas (durante la Guerra Mun­dial el va~'or cien era vencer a. Hitler); luchar con­tra 1a balcanización y el divisionismo hispano ame­ricanos que el imperialisnio fomentó y aun pro­mueve; actuar de mala fe (sin confianzas ilusas, sin candideces, con apego implacable a nuestro propio crecimiento) entre los Estados Unidos y la U.R.S.S.; no dejarse aislar de ésta por el espíritu de cruzada y el "cipayismo" latinoamericanos; con­tribuir, por el contrario, a mantener la tensión entre las dos superpotencias como única coyuntura. histórica que posibilitará el alumbramiento de nues­tra propla fuerza.

La norma general de Cuadro (y uno de sus rasgos intelectuales de mayor originalidad entre todos los fervientes crédulos _de su tiempo) es cierto "latitudinarismo", un indiferentismo casi ra­dical ante toda adhesión cabal a ideologías, regí­menes o afinidades nacionales; un sólo importar­les, prestarles- un apoyo esencialmente táctico o -combatirlas, según favorezcan o contradigan ese valor cien de la Federación Hispanoamericana. Esto reza, y la lista es incompleta, con los Estados Unidos y la U.R.S.S., el capitalismo y el comu­nismo, la evolución y la revo-lución, la "religiosidad española', el fascismo y el peronismo.

Con ser esto cierto, la afirmación anterior de­jaría, sin el debido complemento, gravemente mu­tiladas y hasta falsificadas sus ideas. La posición de Cuadro no importó, ni mucho menos, un puro rel<itivismo, un posibilismo comodón y el firme proyecto que le movía era plenamente consciente de lo que le acercaba o alejaba de ta:es entidades, aunque -Y esto es lo típicamente "tercerista" suyo----­no se confundiera nunca estable, total, permanente­mente con ninpuna de ellas. Sobre cada una de esas potencias o "ismos", Cuadro tema un pensa­miento plenamente articulado, -cuyo acierto se po­drá discutir, pero que nunca soslaya.

De los Estados Unidos creía que eran la ex­presión de una cultura en crisis, el superlativo, sin contrapesos, de los caracteres mecanicistas, racio­nalistas y crudamente economistas engendrados por

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la Modernidad europea, ün :reQimie.nto ·deshUmani- , zado y uniformado, sin válido estilo de vida; inadap:­table a nuestro genio histórico y el rilayor obstáculÓ·, hoy por hoy, de ··su soñada Federación Hispano­americana. Con todo, trataba de mantener su neu­tralidad ante ellos y reconocía su oscura grandeza y su tener arrogancia vital y esperanzas.

:bel marxismo llegó, en esa etapa de su vida; a suponer que él expresa también (como los Esta­dos Unidos y el capitalismo) un "economismo" que ha caducado (no un impulso último, eterno, univer­_sal). Reiteró algunas de las críticas del "revisio­nismo" (su adopción de los métodos de ,las ciencias naturales) y postuló, -contra el marxismo simplifi­cado y dogmático, ~a apertura idealista, volunta­rista, anti~eterminista, rel.giosa, cuantitativa.

A la U .R. S.S. comunista la situó en términos muy similares a los de Estados Unidos y pensó tam­bién que, si no tienen un estilo vital válido y uni­versal, poseen la m:sma arrogancia vital y espe­ranzas que su gran contrincante mundial y que de la antítesis viva de ambos puede nacer la con­versión cualitativa de lo que en los dos es pura, meramente cantidad. Pero V·ió, sobre todo, en la U.R.S.S., el impulso religioso luchando contra

· los dogmas de un '-'economismo" agotado, :o que hacía, en sustancia, que la considerase colectividad más viviente y prometedora que su rival capita­'lista de Occidente.

Del socialismo, habló de su necesidad, su ca­rácter incompleto y su urgencia de apelar al hom­bre entero. Bastante cerca aquí del conductor indis­cutible de su partido ( dígase de paso que, en este punto, le separaron de él más que las ideas, el temperamento, las concepciones tácticas, la carna­dura criolla en él imborrab~e), completando sus opiniones sobre el marxismo, Cuadro propugnó un socialismo humanista y voluntarista y sostuvo, con énfasis casi obsesivo, la falencia de todo determi­nismo económico (privado de algún impulso "rej­gioso"} para promover un ideal de vida social que- dé energía explosiva al empeño de pasar de un régimen económico inaceptable a otro mejor y más humano.

Del Capitalismo, instrumento de un impulso fáustico, más que de un determinismo económico, afirmó ciue no es sólo reemplazable por la sociedad comunista -centralizada sino que puede serlo por

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un regrmen de 1'clase dirigerite"- despiadada y de tecnócratas absolutistas, como creía que la ·~socieM dad nazi" lo había sido. Y aun le importaron menos l<is- contradicciones de esta categorfa histórica pasa­jera (llegó a considerarlo, incluso, congruente y armonioso) que el atacar la naturaleza religiosa y trascendente del hombre, el ser inadaptable a lo~ pueb~os· hispánicos y portar el espíritu raciona­lista y economista que ,tanto en él como en su antagonista, veía incapaz hoy de engendrar ningún sistema social durable, vivible.

Al fascismo, en fin, lo juzgó más enfermedad que pecado1 una tentativa por escapar a la angustia y a la neurosis de- la Edad Técnica, un anhelo per­vertido de lo grande, un sintorna psico-social que es necesario atender si se quiere que no cobre desvastadora fuerza.

uLos Trabajos y los Días" hacen, constante re­ferencia a la ci:r:cunstancia y los ejemplos urugua­yos; nada tienen del enfoque abstracto, del sesgo de una genérica revisión (y revulsión) de ideas. Es en esta pendiente de su .pensamiento que Cua­dro se vió en el caso de reinterpretar en la direc­ción general de - la línea llamada urevisionista" 1

pero con planteos muy originales- el pasado rio­p:atense. Esto último puede afirmarse de su ver­sión de Rosas y el rosismo o de su teoría de nues­tros partidos tradicionales Caqui reproducida en parte). Muy lejos de la proclividad demoledora de cierto revisionismo, Cuadro llegó a un balance muy · alentador de todo lo que nuestra historia, vivo y pro­longable, contiene, tarea que fue facilitada en él por un generoso sentido extrapartidario de los valores nacionales y por una renuencia nata, visceral, a todo sectarismo.

También esa referencia Hyoísta" que en sus páginas se señalaba, arrastró a Cuadro a intrincar en ellas el recuento de su tan inventiva actuación política, con lo que nos dió la historia, muy ger­minal y sugestiva, del Uruguay de los últimos veinte años de su vida. Que ese recuento importa un texto inexcusable para el conocimiento del país político posterior a Marzo de 1933 podrían ser señas decir que su perspicacia ya previó en él, la irrup-, ción de-l ruralismo político de 1958 y la crisis de descomposición en que el nacionalismo herrerista entraría tras la muerte de su caudillo.· La desapa~ rición del ingrediente nacional, hispanoamericano y

antiimperialista que en ese. sector blarico léttía preo';;. cupaba intensamente- a la previsión de- las fuerzas que Cuadro pugnó por movilizar -y es presumible que el barrunto de lo que se. disiparía no dejó de ensombrecerlo.

Salvo en esta porción rioplatense1 interpreta­tiva, o memorial1 o premonitoria, en la que tan arduo sería encontrarle antecedentes, puede re­sultar fácil la critica de que lo sustancial de sus ideas sobre la crisis de la civilización de Occidente se alimentan de Spengler y de muchos pensadores cristianos. Que su concepción de la Federación Hispanoamer:cana es el remate de .una corriente caudalosísima del opensamiento latinoamericano, desde_ Bolívar a nuestros días. Que su idea de que el retraso del mundo marginal es un avance no sólo estaba en los críticos eslavos de la civilización 9ccidental sino que el mismo Gilberto Freyre la había formulado por estas tierras. Que sus re~ servas y rectificaciones al marxismo y al socia­lismo nada innovan, sustancialmente, respecto a la línea que va desde Georges Sorel a Henri De Man. Que la hipótesis del ~~fin de la modernidad" tenía ya en sus años una copiosa contribución (en­tre otras la de Ortega y la de Ber-diaeff) a las que .daría remate el ensayo de Guardini1 que Cua­dro no pudo conocer. Que sus dictámenes -tan esenciales a toda su argumentación~ sobre el ago~­tamiento irremediable del ~~racionalismo11 y el ~<eco­nomisrno'1 descansan mucho más .en su experiencia personal (y en un difuso descrédito ambiental) que en una reflexión .filosófica coherente y rigurosa. Aquellos objetores, sin embargo, con toda la razón q.ue seguramente tienen, deberían reconocer que esas fuentes notorias sólo alcanzan a destruir una originalidad teorética que, permanentemente, Cua­dro no aspiró a poseer; difícil es, en cambio, que con un mínimo de lealtad negaran que esas ideas aparecen en él tan entrañadas, tan consustanciadas con todo- su ser, -tan nacidas de su vivir- que el tópico más transitado parece remozarse y adqui~ rlr un poderoso significado.

Otras reservas, tal vez las más serias, pueden hacerse a esta -construcción ideológica. Que Cuadro piensa demasiado ~~por naciones" resulta una im­portante. Que su subestima de la capacidad de recuperación del capitalismo, razonable tal ·como éste aparecía al ~in de la Guerra Mundial1 no rati-

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fic'a sú -Videncia, casi profética en otras materias. Que su latitudinarismo, su virtual relativismo a ideologías --Y afinidades por tónico (por contrapun-

. tísticamente tónico) que pueda ser, implica el pe­ligro de que, al fin de cuentas, esa su Federación quedara flotando en un vacío_ de valores, de conte­nidos y de formas, ex-puesta a ser normada por algún "ismo" servicial, em¿nciado "ad hoc" que es en lo que, sin el firme apoyo de una tradición doctrinal situada por encima. de lo táctico, puede llegar a parar el inex-cusable deber de crear (ar­chivando recetas envejecidas) nuevas estructuras para una realidad nueva.

Y si en el rubro de los contenidos se está, re­sulta notorio que su focalizada atención en los factores de una dinámica espiritual se sitúa dema­siado lejos -"toto coelo"- del énfasis presente en las cuestiones del crecimiento económico, de los remedios de la intolerable miseria de medio mundo. Pero Cuadro no desconocía, en manera alguna, estas realidades que, simplemente dejó a otros (que siempre lo hicieron) subrayarlas. Y aun puede de­cirse qué1-las energías "religiosas" _que trataba de alumbrar son las únicas capaces de dar:e a un ver­dadero "desarrollo" posibilidades de efectividad, dirección segura y un "después" más "rico", más plenamente humano que -esa satisfacción beocia, carnal, de que hablaba a propósito de loS benefi­ciarios del imperialismo pero q.ue puede ser (tam­bién) el parto de los montes de W1 impulso eco­nómico vaciado de todo otro valor;

Y todavía podría objetarse hasta qué punto se mueve Cuadro ambiguamente en el linde de lo religioso y la religiosidad y, al mismo tiempo que descree (o más objetivamente, elude) de todas sus formas históricas, apela incesantemente a su eficacia potencial, cargando "de", y "sobre", esa religio­sidad, todas sus soluciones. Y también que su re­visionismo socialista es vago, nebuloso, poco fun­damentado y más una expresión de laS propias creencias que :Se sienten contradictorias con las versiones del socialismo y el marxismo corrientes que una leal, honda inquisición crítica para la que Cuadro, probablemente, no tenía el bagaje filosófico, económico e histórico requerido.

N o han faltado tampoco quienes señalaron ha:sta dónde lo acercan a ciertas corrientes doc­trinales del fascismo (y sUbrayaron por el~o su

peligro) .algunas de, sus ideas ·Y- tendenCiaS. fU:D.dá.:. mentales. Ese anhelo de vinculación y calor comu~ nitarios, por ejemplo. Esa- vaga .. · religiosidad últi­mamente temporal y moviliZable desde el plano de lo político. Y su antirracionalismo, _.-su culto . de lo .cviril", lo "dinámico", lo "señorial", "lo .cheroico", su desdén de todo moralismo polí.tico, su convicción de que los pueblos no confían en los santones, su fe en una acción impostada de estilo vital guerrero, su radiante esperanza en el destino- de los pueblos de jinetes. ·

Como Ares ya lo sostenía, es posi1Jle ver en tal incriminación la más .impresionarite pero la más infundada de todas y Yil, en su distinción entre el pecado Y la enferniedad del fascismo, adelantaba

. Cuadro ·la .clara- discriniinativ<i correcta. Aunque es claro, anótese, que para llegar a asentir a tal co­rrección, haya -que ir a Contrapelo de esa proclivi­dad moderna (que la crítiCa marxista representa eminentemente y en la- que Lukacs ha fundado -a¡gún l~br6 famoso) de juzgB:r toda formulación intelectual (Heidegger ha sido víctima predilecta de esta técl:lica), por_ Sl.lS corolarios posibles (por remotos -que ellos sean) de índole político-social. Puede pensarse, por el .contrario, _que la fructifi­cación de cualquier postulado es. variable, latísif!.lil_Y que muy pobre es. toda "ver-dad~'- -cuyas consecuen-­cias.- en uu ámbito dado, sean totalmente unívocas. La ambigüedad es ley del espíritu y de la ~ida y es- a la liberta-d, eil las. contingencias de la1 acción, a quien le corresponde evitar los resultados letales, las inferencias inhumanas. Y en el-caso más concreto del "Úscismo" de Cuadro_ todavía podría observarse que él sólo puede .ser- valedero para aquellos que ignoran que -todos lOs erroreS de nuestra época sOn, Cmno Chestefton 'lo_ decía .en- fórmula famosa, el resultado de- verdades- eÍlloquecidás. Enloquecidas y malignás ·se hacen- algunas yerdades cuando son desoíd-as. Y Cuadro quería que no lo fueran e hizo porque así Sucediese. ·

Mucho inás ·vulnerable -----:-'Y aquí termina este examen- puede resultar la fe de Cuadro en que el ·anhelo de una. -"verdad'',_ de una "visión cohe­rente" del mnndo tuviera salida. -En este punto, su confianza tiene se[o histórico y fecha dada: es la- _de la cuarta_ y- quinta década de este siglo .. _De __ las generacio;nes- que,-le -_sucedieron (por

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más qtie haya ·aquí que condensar . violentament~) cabe- decir· que comparten ese desden, ese repudio del ·cándido orgullo racionalista y autonomista que VetüB. de la pasada centuria Y aun de máS atrás. Más incrédulas, más desesperanzadas, más nega­tivás, en cambio, y iltu1 sabiendo el valor que aque­llas querencias tienen, piensan que el~as chocan con la realidad irremisible de la soledad del hombre, el sinsentido del mundo, el inesca.pable ser para la muerte. Aupque es cierto, resulta obvio seña­larlo, que no es este estado de espíritu, unánime y, aquí y allá, la esperanza trascendente y la espe­ranza temporal afirman, como hace tres lustros en este uruguayo, sus incontrovertibles fueros.

Pese a todas estas reservas, y a la distancia de una década, tras Ún silencio que lo ha madurado y pulido, Servando Cuadro aparece hoy comt? la figura más origina'l de la izquierda en el pa1s y el pensamiento tal vez más fértil que. el socia'lis­mo partidario produjo en sus cincuenta años de curso. Podría situársele con cierta certeza, di .. ciendo que es el-precursor de la "izquierda nacio­nal" y del nacionalismo social y popular o, más precisamente, el hombre en cuyo pensamiento se puede registrar con más nitidez, el paso desde las recetas genéricas del socialismo clásico y de pa-utas europeas -C:asista, economista, evolucionista- a nuevas formas de lucha, a nuevas consignas, a nue­vas realidades.

1En el orden de la acción internacional y como teorizante precursor de -un tercerlsmo cabal, de un neutralismo positivo, quienes (en los mejores sec­tores de Latinoamérica) se inspiraran en su ejem­plo podrían encontrar en los planteos de Cuadro el 'dechado de una postura activamente política pero, también, ahondada y vitalizada con ~~o un plano filosófico-cultural, sumario tpero vahdo y, sin duda, enriquecible. Un tercerismo imaginativo, dinámico, 'liberado de comp-lejos de resentimiento y de marginalidad, libre de los lastres de un abs­tencionismo pacato, de puritanismos estériles, d-e "repudios por simetría" y del envarado caminar guardando equidistancias. En el orden nacional, contra un socialismo racionalista, impotente y dul­zón,. con mentalidad de ·secta, y de secta asustada, con estatura y vocación municipal, Cuadro pro­pugnó un socialismo capaz de salir del parroquialis­mo .y de- navegar en la alta mar de la política, op-e-

l (

rando de factor catalítico por medio de iniciati~as y reordenaciones sorpresivas, ·capaz de pensar en grande, de insertarse en una tradición nacional dis­criminada y adherida en · sus ingredi'entes vivos, apto para dirigirse a todos los sectores y clases positivas del país en las que un mensaje atrac­tivo, ·contundente, veraz, pueda tener significado. En todo esto -Y ello seguramente ya estará a flor de labios de quien esto lea-. Cuadro resulta un evidente precursor del camino seguido -en- 1962 por el que fue su partido Y, aunque sus continua­dores no dejaron de prever (como, él parecía ha­cerlo en muchos de sus planes) los maliciosos la­berintos de la ley electoral y su -compulsivo apa­rato de embretamientos, es casi seguro que hú­biera participado -con ellos de la generosa confian­za en los móviles individuales del voto nacional. También es probable que hubiera compartido la cÍ'eencia de que, pese a los errores tácticos y a los fracasos contingentes que_ esa salida a mar abierto pudiera implicar, e1 otro camino (cuya asfixiante, consuetudinaria inefec:tivida:d le tocó vivir), sólo a .flanquear inocuamente U:n Régim-en, al parecer ina­movible, conducía.

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36 - [Alternativa de destinos]

"AMERICA PARA LA HUMANIDAD"

Para- expres<ir la diferencia cualitativa que existe -o debe exis­tir;_. entre "la América Hispana que nos destinan, con aquella que poderllo_!3 co:hstni~r con ·los mismoS materittles que _nos proporciona el lnomento' históriCo ( ;-.".) utilizaba el ejemplo de los "dos niños: el 111-l.ltihid.o, cpn __ abu,ndante :r~nta -vjtalicia, qu~ _puede vivir gordo, lus­trosO -·y stiáVe, -y ·d- ·entero-, ·que habría de_ correr. todos los riesgos del hombre, o de la hombredad -indusO ei de. illCidir en crimen por lujuria de sangre~ pero que conserva todas las posibilidades de rea­lizarse. Naturalmente con quien o quienes no haya logrado establecer la comunicación por medio de este ejemplo, no tengo posibilidades de entendimiento, por lo menos en la presente constelación temporal y hasta tanto nuevos sucesos y experiencias no- los coloquen en la aptitud psicológico-espiritual adecuada para captar las real~dades que a mí me afanan. A su vez, con quienes, habiendo entendido todo el alcance de la intención, opten por el destino dichoso del niño muti­lado, no tengo recursos, ni dialécticos ni retóricos, para mantener la conversación. Pues si bien, como aficionado a los problemas de psicología concreta, puedo, todavía 1 comprender esa actitud, en el plano histórico y político de esta campaña ( ... ) nos faltaría terreno común donde fincar la discusión. Tanto, también por ejemplo, como si intentara dcmostrale a una gallina clueca que es terriblemente aburrido pasarse el tiempo empollando huevos.

Más, se recordará que ( ... ) como a fin de evitar que sean mu­chOs los · ten~ados por ese "destino dichoso", en rápido recuento de las fuerzas y éondiciones históricas. que actúan, había demostrado que mientras la mutilación -la condición de colonias- será cosa segura_ y permanente, la "renta vitalicia" -dicha animal- será problemática y efímera.

1 '

DESTINO DE PUEBLOS DE JINETES ' Ciertamente no me calumnian quienes; de la Útilizaci6n del

ejemplo citado, infieran que sueño con el destino de un pueblo "sé­ñol.'ial", "de jinetes", segúil enjundiosamente define el soCiólogo Al~ frcdo Weber y según muy presumiblemente enseñaban Artigas y Bt>lívar, hombres de "a caballo". Igualmente, tampoco me calumnian q'.liene'l de la utilización de tal ejemplo infieran que la filosofía· que, tan in>cente como incoercible, informa o franjea mi actitud no reco~ nace 11ue el fin del humano afanarse sea la dicha, ni siquiera en aquella forma tan pulcra que proclamaba Renan, sintetizando la filoso~ia moral de su nación y de su época. Conquistar o. crear autén­ticas realidades espirituales, entiendo, efectivamente, que es el fin más alto (en esta etapa de nuestra cultura), y es esa la gran tarea y g}Qria que ensueño para nuestra futura gran nación hispanoame­ricaTla, En mi pensamiento. la conquista o creación de esas reali­dades espirituales ha de requerir seriedad y tensión; pero si excluye la supervaloración del placer, o mejor, de los placeres, importará en cambio, la alegría. Precisamente, la alegria de que se tiene un des­tino, de que se colabora en algo grande y de que se participa en algo verdaderament.e serio. En términos tajantes: la alegtía de saber qu~ se es algo más que una _vaca que puede creer o no, en Dios; y asi, por ejemplo, cuando Max Scheler dice que el hombre de la cultura occidental está en un callejón que no tiene otra salida que la conquista de realidades espirituales, yo entiendo que Max Scheler dice verdad y que es a Hispano América a quien, en primer tér­mino, se le pide u ofrece la palabra. Mas, en mi pensamiento, esa gran empresa espiritual no puede ni siquiera intentarse soslayando realidades materiales e históricas, sino que ha de hacerse alcanzando pleno señorio en aquellas -(tanto como él que, en la juventud, tene­mos sobre nuestros huesos), y encajándose, profunda y totalmente ( ... ) en las coyunturas y vaivenes de ésta; de ahi la insistencia tols­toyana con que cito a Marx, que es, pese a las fronteras con que lo han recargado los epígonos, el mejor. y más duro intérprete y expositor de· la dinámica de este ciclo histórico dominado por la estructura capitalista y "fáustica".

LA EXPRESION DE NUESTRA MANERA DE NO" SER

$. Lo que ha de entenderse por realidades espirituales no requiere definición urgente, y si me pareció útil no ocultar todo el conte­nido d~;i mi pensamiento fue al solo efecto de acreditar que, en él, si no se trata de c;lefender un destino zoológico, tampoco se. tenia como meta presenciar el final de una carrera de pulgas.

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Parejamente, Cuál será· el estilo vital de la gran nación Hispano­a,mericana habrá. de . decirlo sus propios hechos. Ahora, lo vitalmente '.t,1fgente. ~s p0.$ibilitar_la realización de esa gran nación hispanoame­ricana; S(:} . trata, de uria obra en que todos hacemos falta y podemos colaborar, desde ya, aunque más no sea ·que adoptando la actitud yjgilante ("hinchando el lomo") ante las sutilezas de la propaganda y del soborllo. Contestando a Monroe, o a los monroístas, para quie­nes la definición es "América para los americanos", Roque Sáenz .Peña lanzó su feliz definición de "América para la Humanidad"; pero, si el brillante oligar'ca argentino, muy dado a la elegancia de las formas, tenía en el pensaJ;niento algo más que una frase sonora y amable, ese para no importaría el ofrecimiento. de campos de inver:­nada y peones para tareas de braceros. Para darse, es necesario, primero, ser, exactamente, dueño y señor de si mismo; de lo con­trario se es arrastrado, sometido o utilizado para fines que no son Jos propios y que, incluso, no pueden ni siquiera ser comprendidos.

"Los trabajos y los días", págs. 31-33.

37 [Capitalismo y trascendencia]

No soy precisamente un erudito y no- es extraño que no haya tro­pezado nunca-- con la afirmación expresamente dada, de que. España y todos los pueblos que ella dotó de "pliegue original de alma" no sirvieron, no sirven y no servirán jamás para el capitalismo. Pero eso no quier decir que se trate de un pensamiento original. Está, concre­tamente, y aún en alaridos, en toda la obra de don Miguel de Una­muna y no falta en los mejores escritos politicos de José Ortega y Gasset. Lo que pasa es que, ciertas ideas, en determinadas épocas, ·con mejor fortuna, sólo alcanzan a ser "meras verdades" en tanto que, en otras, en cuanto alguien las lanza, se cargan inmediatamente de sangre ·y se convierten en "verdades de a puño" (de "a tanque" corresponderia decir ahora). En el apogeo del paganismo, aun en el momento romano, que ya, con respecto al griego, importaba un des­censo, la verdad de Jesús, tan inmensa como elemental, de que tÜdüs los hombres son hermanos, tienen un va:lor absoluto y merecen el sacrif-icio_ que se haga por ellos, no habría pasado de ser una ocurren­cia de literato ocioso; siglos después, esa misma verdad se apoderó de todo aquel·ámbito del-mundo y de mucho más.

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Presumiblemente algo semejante oéurriría con la ---a-firmación que 16 hispánico y lo capitalístic_:o no se compadecen. Y ello, rio sino a pesar, de haberlo dicho yo, y· simplemente porque la época tórica debe estar tornándose propicia para convertir esa mera verdad dE~ otro momento en verdad de a tanque de la hora.

Pero, ese no servir de lo hispánico para el capitalismo ¿importa una deficiencia real, -absoluta, con respecto a otros pueblos, los sajo~ nes,· por ejemplo, que en y por esa forma alcanzaron su más alta ex­presión? La respuesta dependerá, fundamentalmente, del Valor Cien. que se tome como punto de referencia. Para los fines políticos de esta < ampaña, más que el juicio de valor, importa el hecho y s~ reconoci­miento universal. Agregaré, empero, que personalmente nunca he sen­tido como una deficiencia saberme incapaz de realizar un fino bar~ dado tal como pueden hacerlo, por ejemplo, primorosas manos feme­ninas ...

Pero es claro que importaría un trágico error confundir la ciencia y la técnica occidentales con las formas y las valoraciones del capi­talismo y rechazar a aquellas para evitar a estos. No. Hoy se pagan con la vida, o con la inexistencia histórica, las "fugas románticas", y, con "el pecho saliente y la barba recogida", debemos apropiarnos de toda la ciencia y técnica occidentales, precisamente para colocarnos en condiciones de evitar las formas y las valoraciones capitalisticas. Desde algún punto de vista estético, es. posible que nuestros huesos puedan importar una negación en el sentido de Lipps, mas sin ell?s, tal como son las cosas, no podríamos ni gobernar el arado, ni maneJar el fusil ni utilizar el pensamiento. Y, justamente, al respecto,· la mayor ~abiduría se alcanzará cuando logremos sobre la técnica el mis­mo señorio que sobre nuestros_ huesos en la plenitud vital: los utili­zamos para todos nuestros fines, pero tan naturalmente, que los igno­ramos y sólo pensamos en ellos cuando nos "pesan" mucho o están enfermos.

Agregaré ahora que, aun cuando los pueblos hispánicos sirvie­ran, como el que más, para el capitalismo, a esta altura del tiempo y de las experiencias, igualmente debieran evitar el destino de esa forma. En efecto, si hasta ahora, por lo que fuere, no hemos conse­guido ese camino con tensión apropiada y las abnegaciones corres­pondientes, sería suicida tomarlo ahora, cuando ya está agotado y, por él, la propia gran nación que lo descubrió y perfeccionó -Ingla­terra- llega a punto muerto.

Y entro de lleno a dar razón de mis dichos. Lo extraño, decia, no es que Europa esté agotada, sino que haya resistido tanto. En lo múrnico-espiritual, seguramente no conoce la historia disolvent~ de mayor eficacia que el capitalismo y sus valoraciones. No me refiero,

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aunque no las subestimo, a las contradicciones que le señaló Marx, pues, a -ese respect'?. me inclino a creer que está más cerca en lo cierto Werner Sombart_ cuando afirma que el sistema capitalista, como 'tal' sistema; es congrUente y armonioso. Lo que en verdad contradice el capitalismo, más que por sus técnicas, por sus estimaciones, es la ñatufaleia del alina humana y el valor absoluto religioso del hombre. Mejor- dicho, las desconoce y las licúa ya que él, como tal capitalismo, lo qu"e necesitaba y necesita es una especie de bicho inteligente que sirVa para arrojar "plusvalía". Ya como ideología social es contra­dictorio e inunda la vida de traicioneras perspectivas; sostiene y exalta como ideal, la vida burguesa,· que importa una modalidad gris, me­surada, tranquila, segura, pacífica, confortable: en tanto que es, de suyo, corno capitalismo, satánicamente dinámico, desmesurado, impre­visible, iracundo y agente de la ps-icosis de guerra por desesperación. Pienso que el ejemplar humano que, por sus propias desproporciones anímicas; mejor lo ha encarnado es Napoleón Bonaparte: cuando ad­ministraba o cuando insuflaba su élan en el Código que lleva su nom­bre,_ era el burgués típico, seguro, talentoso, medido y gris; cuando im­pulsivo ·y satánico, desencadenaba guerra tras guerra, era como el azote de Dios destinado precisamente, a castigar la poltronería burguesa.

Según sus crónicas, ordenaba Cristo a quienes se proponían se­guirlo, que lo abandonaran todo; bienes, tradiciones, familia. Era una forma tajante de cortar nexos.

Mas si Jesús cortaba esos nexos, a aquellos que así arrancaba de 'sus "cosmos" habituales, los recogia en otro más cálido y lleno de yida, pues que los recogía en Dios. (No interesa aquí la verdad o mentira de las religiones). A hachazos unas veces y con sutilidad de jardinero japonés, otras, el capitalismo fue cortando y disolviendo todos los nexos orgánico-espirituales del hombre con los estamentos, ·con los municipios, con los oficios, con la tierra, co·n la familia, con los demás hombres. Para poder arrancar mayor ''plusvalía" (trabajo no pagado) necesitaba descoinponerlo en sus- actitudes- y movimientos más elementales; para poder trasladarlo a cualquier sitio donde pu­diera dar mayor plusvalía, necesitaba convertirlo social y afectivamente en. un átomo sin odio y sin amor. Y luego, todavía, de tanto en tanto, después de hacerle entrever y desear la paz, la seguridad y el confort de la vida burguesa, lo paraba "en seco" con una crisis del ''ciclo económico". Porque las crisis podrán ser de superproducción o de subconsumo, deberse a trastornos monetarios o a las manchas dél Sol;· pero. en la realidad humana son siempre crisis, que contri­buyen a cOndenar al grueso de la humanidad, en lo anímico-espiritual, a trabajo de Sísifo.

·y--tod.o ésto, que importaba inseguridad y tensión máximas, utili-

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zando una ínfima parte del hombre, _Ja racion'al, y- sin nes, sin la creación de· otros nexos orgánicos o preparáCióri de oti'Oá. "cosmos" que pudieran sostener, adecuar y totalizar de. illgun·a · ma.,_· nera, al ser humano, como tal ser humano. Se comprende bien que, por ejemplo, el hombre judío haya podido resistir, sin descomponerse anímicamente, veinte siglos de persecuciones o las niás altas tensiones del ajetreo financiero en que son los consumados maestros. Porque aparte de que, en nuestro mm~do, el hombre judío no pone nunca toda su alma ni traba con· él relaciones morales muy profundas, es lo_ cierto que el hombre judío se compensa y se totaliza en y por su mística: es el pueblo elegido, el pueblo de Dios. Y esa dura y heroica fe lo sostiene y lo reintegra. Puede, por tanto, ser extremadamente racionalista en nuestro mundo, en el cual no entra más que con un ínfimo sector de su ser, porque da expresión a su irracionalidad en el suyo, que es en el cual tiene todas las raíces del alma; igualmente, puede actuar como un hipertrofiado o estilizado individualista, que. vive sólo para él, en nuestro mundo, -porque está totalizado_ en el suyo~ acaso por "participación mística", para el cual fundamental­mente vive.

Ahora: bien: nada de eso tiene el hombre del área capit,alista no judío; y ello cualquiera sea la religión a que se considere· adScripto o' no tenga ninguna. El pertenece, totalmente, con toda su alma, a nuestro mundo y. a sus estimaciones. Y en el duro mundo de dos y dos sori _ cuatro, en el Cual el valor más alto no es el Hombre sino el "individuo" y en el que hasta las mujeres que están criando son, y tienen que ser "individualistas", sólo un ínfimo por ciento puede' colmar, que no sea por la angustia, legítimamente sus· impulsos irra-: cionales: los capitanes de empresa: el impulso irracional de pode-. río, y aquellos· que, por un azar feliz, pueden alcanzar ese sucedá­neo de la inmortalidad que es la gloria.

- No creo estar haciendo literatura. En veces, cuando en una sOla pulsación de pensamiento pueden abarcarse todas las vacunas quei se deben aplicar para estar a las posibilidades de salud, me ha ocurrido sentir que seguramente algunos médicos entienden que el único fin. de la vida es vacunarse y que se ha nacido y se vive únicamente para aplicarse o recibir vacunas ....

Y bien: ocurre algo semejante cuando, en el mundo capitalista, todos los sacrificios y abnegaciones se exigen y se justifican por el simple valor de "uno mismo".

A ese "uno mismo" que es un fin en sí, nadie lo necesita y no debe necesitarlo nadie; no sirve para il.adie y no debe servir para na-

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die; n-0 - dcbC servir para nada ni ser nad~ ,más que eso; un indivi~ duo ·que niCió, vivió, dio plusvalía, se aplico vacunas y luego murió y lo enterraron. ·

1'Los trabajos y los días", págs. 82-85.

38 - La emoción religiosa y el comunismo

Ahora debo atajar una posible objeción. Conozco, naturalmente, la fuerte escatología _que tuvo el Socialismo para el mundo obrero en -los primeros días de la Primera Internacional. Era un sentimiento n;ligioso de sentido quiliástico. Se tenía la esperanza de un ;nundo nuevo, bueno y ·feliz, era alegre el esfuerzo con que se le servm Y se s.entía como 'muy amable todo sacrificio realizado para apresurar su Uegada._ (Ag:regaré que como joven socialista allá por años duros al­cancé a disfrutar algunas de esas vivencias, Sé igualmente, que ese Sentido ¿ élan r~ligioso de la Primera Internacional se repite hoy éri lOs P:lrtidos Comunistas· de ahi el decreto de excomunión contra (H coffiunismo lanzado po; la Iglesia Católica: por él se actualiza la luCha -o guerra religiosa, y por él se condena al que .tiene ~tr_a religión. Mas para comprender el fenómeno. y calibrar sus pos1b1~ lidades de' extensión, procede conocer las cond1cwnes en q~e se da esa unción religiosa ( ... ) modalidad permanente en los Partldo~ Comu~ nis.tas- actuales ( ... ) . Pero, por lo mismo que falta. el contemdo ade-cuado para sostener la ambición y el ~nhclo religioso no se mm·~tiene eií: los -individuos.De ahí que su matenal humano sea tan cambmnte. En nuestro. Partido Comunista, por ejemplo, uno de los mejores en ~i_:L~ orden de los de la primera hora 1920-1921 sólo quedan dos: el \íd_er .. Eugenio Gómez y la Senadora Julia Arévalo. ~os demás. ,se ha_n ,-ido .(o dejaron de servir) en cuanto se les agoto la emocwn reügl.osa, y ésta se agota muy pronto, precisamente porque carece de los. fundamentos adecuados, y es de tenerse en cuenta que el . c'6;rttfuíStá qUe se agota pasa a ser, muy generalmente, un b~rgués ~ual-4Uiera. -E's-i:alnos en el mundo hispánico y no en la eXtrana y lepna Rusia o< 'en la, misteriosa China. <:r: 'Súptiesto qUe eri la "ó1bita occidental" el "Prin~iJ?io EConó­mito~'·:·;ma'ntenga el acento histórico, ¿cómo habría de hdmrse a esa

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fuerza en el mundo hispánico? En su- forma ,capihtlista, e~;;~~~::~~~··· no sirvió para ese mundo o ese mundo. para. ese. principio; que es ese un hecho de experiencia. ¿Podría serVir ese mismo __ cipio económico" si viene en la- forma socialista? Al respeCtó hay también hechos de experiencia que hemos de revistar; demos priori-:, dad, sin embargo, a la "doctrina". En cierto debate de la Cámara Francesa, Clemenceau tenia acosado a J aurés con la pregunta de "¿Qué quieren los socialistas?" y, tirándose para atrás a todo torso, y a toda voz, contestó Jaurés: "Queremos pan y rosas~'. Magnífica la respuesta, Pero no es la de un socialista cientifico ·sino la de un hmnanista, que puede ser o no socialista.

No sabemos lo que el hombre Carlos Marx, que era versado en filosofia, pensaría de esa respuesta, pero de todos modos, ella no encaja en la legalidad del socialismo marxista, que es el del "peli_:. gro" o de la "promesa" comunista. Cuando Marx entró a tallar en los problemas obreros, la ldea socialista ya se había concretado y actuaba, mas con fundamentos estéticos o sentimentales, era una construcción intelectual, algo así c9_mo una exigencia moral de la Razón" o un "prOgresismo" estilo Turgot o Condorcet. Pero no con-' tnba con las fuerzas históricas y, sobreentendiendo cumplida la ley de los "tres estados" (mítico, metafísico y científico) partía de la base de que se estaba en la direcCión definitiva y eterna, en la cual no cabían más· que los perfeccionamientos; el socialismo seria uno. Seguramente Marx tuvo esa etapa de "socialismo utópico". Mas en cuanto en su pensamiento se concretó su concepción de la Historia: ~el "Materialismo Histódco"- y se adentró en las leyes íntimas 'del Capitalismo "como tal", "comprobó" que el socialismo era cien~ tífico y para diferenciarlo Gel anterior, que denominó utópico, en el manifiesto del 4-8, le llamó Comunismo. En ese socialismo no ca­ben los móviles morales, ni las preocupaciones de justicia, ni los sentimentalismos, ni los ideales. En él las cosas se dan porque tie~ nen que darse, comó en c1 proceder de la naturaleza, nos guste o no. En realidad, la idea socialista er·a un a 'priori y, de haberse adoptado, en vez de antes, después de la investigación científica, ha­bría sido un añadido. Porque cuando en su pensamiento se concreta el socialismo, es por la influencia de dos mundos, complementarios, sí, pero distintos e inconmensurables entre si: el de las fuerzas na~ turales y el de las creaciones espirituales, que tienen su base en aquellas, pero que son mucho más .

He aquí algunas expresiones típicas. "Al adquirirse nuevas fuer~

zas productoras, los hombres cambian sus modos de producción, y al cambiar sus modos de producción, la manera de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones _sociales. El molino a brazos os dará

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la sociedad con el señor feudal; el molino a vapor, con el capita­lismo industrial''._ Bieti. Hay sagacidad científica al comprobar esos c8.rribi0s; que- ya· se habían producido; hay sagacidad científica al establecer una ley, o la ley1 de esos cambios: la modificación de las

·fuerZas productoras. Pero hay compromiso o añadido al sostener que, en función de esa ley, el molino eléctrico o "atómico" dará la so­ciedad socialista. La dará o no. Dependerá· ello de otras fuerzas his­tórka:s~-y de otras creaciones o apetencias del espíritu humano. De cinco hombres, por éjemplo, que beben cada uno un litro de alcohol, a resistencias iguales para la intoxicación, apenas si habrá dos re­acciones iguales: a uno "le dará" por reír, a otro por llorar, a otro por buscar reyerta, a otro por hacer un poema; otro le pegará _a su mujer; dependerá ello de la "ecuación psicológica" de cada cual y, todavía, del contenido de las instancias que, en cada uno de esos hombres, ~stén, en ese momento, más en la periferia anímica; por eso es qUe nadie puede saber cual "será su disparate en una noche d{; copas". En otras palabras: en lo ya dado puede- comprobarse que, a una infraestructura determinada corresponde una estructura de­terminada -y a ésta, una superes-f'ructura a su véz, y aún puede esta­blecerse que esos "tres estratos" tienen que darse en todo concreto social, pero es profecía o hegelianismo decir cuál ha de ser' el sen­tido, contenido y forma históricos de los futuros cambios. Por un pelo el molino el,éctrico no dió la sociedad nazi.

Marx entra en sus magistrales análisis de la economía capita­Hsta y descubre, o confirma (pues no tiene la obsesión de las prio­ridades} las leyes inherentes al capitalismo como tal (esto es, en su pu­reza, sin las otras fuerZas que se opusieron_ el movimiento obrero y· socialista entre ellas). Ya por ese trabajo de gigante merecería la gloria . y el agradecimiento de los hombres; el del "hambre canina de plusvalía"· y el sentido de ésta en el primer tomo del Capital, ade­n:ás de ciencia, es casi un poema del martirio humano. Tengo para mí que, a grandes rasgos, se han cumplido las leyes del capitalismo que señaló Marx; especialmente me parece evidente, a pesar de algunas estadísticas que, por contar los árboles no captan el sentido del bosque, que se ha producido la concentración capitalista de un lado y la proletarización de otro, si bien con proletarios aburgue­sados,· "sin conciencia de clase". Pero aquí hay otro antojo. Sin

·duda, cuando el Capital está muy concentrado y el resto del' mun­do proletarizado, se producirá un gran cambio, porque el capitalis­mo habrá llegado a _su última negación; mas decir que cuando se llegue a ·esa· étapa "del . capitalismo saldrá el socialismo, como de la crisálida sale 'la- mariposa", es profetizar. Es decir, que saldrá una "mariposa'', no cabe dudarlo; decir que ella será "socialista", es an-

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r 1

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tojadizo. Puede s¡:dir un Estado dictatorial monstrUoso;-- piiede una sociedad anónima, en la cual todos los obreros sean accionistas, pero tan mecánico-atómica y antivital, como la empresa capitaliSta; esto es, algo "organizado" pero no orgánico. Puede salir, tambiéri, el socialismo. Pero, entonces, si los hombres quieren, y pueden utilizar esas fuerzas de la historia para darse esa forma de organización so~ cial; con los materiales que Miguel Angel hizo el Moisés, yo, a lo más, podría hacer una batea. Pero tampoco basta con el socialtsmo: es necesario que él· sea de hombres y no de hormigas.

Tres cosas parece útil retener: A) Que la actitud de Marx es' la de un naturalista que, en lo social, no ve nada más que aquello en que es un trozo· de naturaleza; su propia expresión de que "la ReR volución es la partera del -socialismo" lo confirma. B) Que su so­cialismo "como tal", deja en el tnismo mundo económico-mecánico que el capitalismo y C) Que si, a pesar de todo, la Primera Inter­nacional se llenó de emoción religiosa, fue porque el mundo entero tenía "hambre canina" de religiosidad.

"Los trabajos y los días .. , págs. 100-103

39 - Nuestro complejo de minusvalía histórica

He querido crear el estado premonitorio para afrontar una de las estupideces más sostenidas y trágicas de "nuestr·o hemisferio": la que consiste en suponer una inferioridad politicoRhistórica, radical, en los pueblos de América Latino-hispana .. en relación con los de Europa y Angloamérica.

Ya sé que, todavía, son pocos los que se atreven a hacer, de manera responsable, tal proclamación. Mas ese complejo de inferioR ridad es una realidad psicológica de primera importancia en nuestra América, incluso en Méjico y la Argentina, que son los países que se han procurado las más ruidosas compensaciones.

Dejarnos con ese complejo de minusvalía, fue una fina vengan­za de Europa por nuestra emancipación; porque es su mejor carta de triunfo sobre nosotros, lo cultiva ahora, a·mor'osamente, Norte­américa. Porque importa nuestra auto-derrota debemos arrancarlo de nuestros espíritus, cueste lo que costare. Mas eso sólo lo lograre-

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mos_ con h~chos y -con un duro conocimiento de nuestra realidad. Y tampoco aq~i se- trata de una imposibilidad histórica. En al­

gún· momento de su historia, los romanos experimentaron "complejo de inferioridad" con respecto a los griegos, pero concluyeron por te­nerlo~s a sli servicip. Los isleños de las islas Británicas vivieron largos siglos en "complejo de inferioridad" con respecto a los países de Europa, . que varias veces los invadieron con éxito, mas, lejos de en­tregarse a ese destino, desarrollaron compensaciones tan eficaces que lograron realizar uno de los imperios más grandes de la Historia, 'el cual, ·en muchos tramos, tuvo a su servicio a esa misma Europa. Más tarde, los pueblos de Angloamérica, aún después de su eman­cipación quedaron en "complejo de inferioridad" con respecto a Inglaterra, que los intimidaba con su superior cultura {que toda­vía es mejor); empero, en la actualidad, Norteamérica hereda al Imperio Británico y condiciona señorialmente a Gran Bretaña. Los ejemp~os podrían multiplicarse, tnas para quien no baste eso, no bastana nada.

Tampoco esta vez pretendo estar a la altura del problema. Pero igualmente aquí es impostergablc denunciar un supuesto de que se parte para justificar' la indigniP-ad histórica de entregarle a Norte­américa la administración y responsabilidad de nuestros destinos. De todos modos, haré lo que pueda.

No para exculpar mi deficiencia, sino porque así corresponde, debe· tenerse en cuenta que, por tratarse de una fuerza psicológica que actúa como supuesto nunca explicado, o totalmente desde el Inconsciente, se hace de lidia difícil. Según este enfoque, se trata de disolver un complejo como condición previa para recuperar la eurit­mia y responsabilidad funcional. Eso importa conducir el análisis con total libertad, aptehendiendo, con el mejor coraje, sus mani­festaciones y señalando, con la mayor dureza, las realidades {luego deformadas o estilizadas { ... ) Así, no me parece satisfactoria esa demostración que consiste en destacar algunos valores de nuestra América y luego hacer algo así como la apología de ellos; Rodó y Vaz Fetreir<1; son, entre nosotros, los más utilizados para tales fines. "Donde hay yeguas potros nacen", se dice tierra adentro, y en el caso, _al señalarse la existencia de los "potros", es obligado inferir la

. de las "yeguas"'· con lo cual queda probado que no adolecemos de incapacidad radical para .producir altos ejemplos humanos.

Se trata. ,de un dato de primer orden, pero que no pasa de ser un .dato. Entiendo que, por esa vía, no se llegará a rozar nunca las raíces del pr:oblema. Por otra parte, ese método de demostración, que se ·~a usado ya mucho, queda en la retórica y no ha resultado

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eficaz. A mi modo dé ver, las comparaciones no· han de trc valores personales, sino ·de pueblO a pueblo.

En el caso concreto de Hispanoamérica entiendo que, en. órbita científica, correspondería hacerla con Angloamérica.

Ahora bien, en este orden de cosas, por larga que sea nuestra li'sta de valores individuales, siempre se levantarán fr·ente a ella, anulando sus tonificantes efectos, dos masas imponentes de hechm:: en el mismo lapso en que Angloamérica pasó de la condición de colonia a la de primera potencia e imperio mundial, los países de Hispanoamérica no han salido de la anarquía y de' la mendicidad histórica, incluso, los dos que mejor han asimilado los _hábitos de cultura europea -Uruguay y Argentina-, no es mucho lo que han levantado. El pri;mer'o, en menos de diez años -y no hace de ello veinte- sufrió dos golpes de estado tipo republiqueta, esto es, "por nada"; el otro, como consecuencia natural de su realidad política, está en el peronismo y en condiciones tales, que· bien puede decirse que "menos mal" todavía, que tienen a Perón.

La otra imponente masa de hechos es la siguiente: desde ya más de un siglo, nadie ha podido leer u oír que pais alguno haya intervenido, o se proponga intervenir, en la vida interna de Nor­teamérica. En cambio, los países de la nuestra, desde el día mismo que se independizaron de España, han estado sometidas a la intriga, a la intervención y a la "protección" foráneas. Inglatena y Fran· cia, sucesiva o simultáneamente, primero; Norteamérica después, desde hace más de un tercio de siglo y cada día de manera más total y escandalosa.

A mi modo de ver, esos hechos hacen nódulo y nutren el com· piejo de inferioridad que padece nuestra América.

Una vez ttaídas a conciencia las realidades más tajantes, con "argumentos", pero también con hechos, intentaré la demostración de .que ese compl.eju de inferioridad, que acaso se generó por un azar o por un error en los puntos de partida, ha sido fomentado, luego, por nuestr'a estupidez y tiende a ser consolidado ahora, por nuestra indignidad { ... ) Dos . manifestaciones típicas de ese com­plejo de minusvalía. Durante las negociaciones del ministro de Ha­c.i.enda argentino en Washington, todos los elencos de la dirección yanquista expresaron una maligna alegria porque también "tuvo que hocicar Perón". Personalmente tengo la esperanza de que no sea así y de que Perón, practicando aquel consejo de don Aureliano -lo que no le costará mucho- también haya actuado de mala fe. Pero, si así- no fuese, lo que como hispanoamericanos correspondería, es experimentar desagrado porque la Argentina, país de tan gloriosa

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~~~~%~!~~[~~::~~;~~~~!~~}~:~~~: haya venido a quedar sometida a la en efecto, es lo permanente, en tanto que s'er más que un episodio. Mas quienes ya giran in-en la órbita yanqui ~y acaso cobran por ello­

riattlralmente, que todos los demás países pasen por la mis­deriota. La indignidad común 'es también Una forma de igualdad.

Yo sé que me las tengo que ver con un enemigo formidable, ubicuo y huidizo. El imperialismo yanqui, no obstante la astucia y- maEcia de la propaganda y de la técnica imperial, es todavía algo que. se puede objetivar y señalar en expresiones concretas y mensu­rables: el "derecho interamericano", el pl¡m de armamentos de Tru­man, el proyecto de Tratado "modelo" con nuestro país con sus monstruosas cláusulas, las inversiones financieras, las intervenciones de Norteamérica para hacer o deshacer gobiernos en estos países, etc., etc. El complejo de inferioridad que padece nuestra América, en c~I?bio, es una formidable fuerza imponderable, que si bien lo condi~lOna y penetra todo, no se deja fijar, ni objetivar, ni concre­tar, m mensurar. No está aquí ni está allá no es esto ni es aquello

' ' ' ' pero esta en .todo, actúa permanentemente, inhibe, de manera cons-tante, los meJores impulsos, perturba todas las formaciones positivas y creadoras y determina o favorece las soluciones de miedo Si se q~iere, alg? así .como ~~ cáncer, secreto e !nsidioso, que no h~ fijado aun su residencia somatica, pero que estrup ya y esteriliza todos los centros vitales.

Para la captación y reconocimiento de esa sutil y poderosa rea­lidad imponderable, además de lo mucho que por su parte hace Norteamérica, dentro de nosotros mismos tenemos varios "caudillos en c?n!r~": A) Desde luego nuestra falta de instinto y sentido para lo htstonco. ~a~to se nos ha machacado con un racionalismo pe­destre y pat.ologrco, . que ya estamos atrofiados para la aprehensión de toda realidad soctal que no consiente la demostración por A más B; tanto se nos ha exaltado el valor y significación de lo "objetivo"

" bl" h y mensura e , que, a ora, ya no sabemos valorar nada más que las .fuentes de arr?z con leche, contables y pesables y, además, con equrvalentes en dolares. Para lo demás,- para todo lo demás, que es donde van los más jugosos trozos de la vida en la Historia, no sólo

-n.o tenemos sent!d?s, sino que, ~ncluso, nos falta ya hasta el coraje s1mple para recibirlo en nuestros espíritus siqui~ra sea ad refercn­dum. B) Toda esa caterva de abogatlillos, escritorzuelos politicas­trós, charlistas' de radio, y pseudo investigadores científico; que bien pertrechados de medios y comunicación- en la "división del ~raba­jo" . les ha correspondido la tarea de ac;editar a Norteamérica como

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paradigma de la civilización y de la "vida .digna", ~Y problemas secundarios o encubridOres, tales,_ por ejemplo, como peligro ruso", la "amenaza comunista" o .el _"Imperialismo de Pe­rón"; C)· la plaga de los principistas trasnochados, cataplasmas bri­llantes en el mejor de los supuestos, empeñados en jerarquiz'ar. los problemas precisamente al revés. De ahi esa cohorte ruidosa _y bri­llante (y vacía) que sueña con desatar campañas por "los Derech~s de~ Hombre", la "democracia", la "libertad", cte., sin reparar si-· qUiera que todo eso, cuando no sori formas inertes y vacías está históricamente condicionado y que, en la realidad lo' condiciona' para nosotros Norteamérica, que es, justamente, el centro de poder más directa y virtualmente interesado en nuestra negación histórica.

"Los trabajos y los días", págs. 131-136.

40 - Poder y Miedo

Pasemos a Norteamérica. El fenómeno yanqui consiste -y tam­poco en esto soy original- en haber- trasplantado a su suelo todos los elemelltos de la Civilización Occidental, pero sin ninguna de _ sus compensaciones culturales. De ahí la formación de ese inmenso monstruo materialista, sin precedentes en la Historia, y absolutamen­te desproporcionado en sí mismo. No importa ello ignorar o des­conocer que en Norteamérica hay filósofos, artistas, sabios de alta mentalidad, espíritus religiosos profundos. Es que en la tónica y dirección general de la nación, ellos no cuentan, en tanto que, para la conducta creadora o, -por lo menos, no deletérea, de esa impo­nente masa de pod~río que es Nm;teamérica, se necesitaría que en la economía espidtual de la nación pesase, seria y profundamente, una gran riqueza de pensamiento filosófico, una vasta producción artística, una depurada creación -religiosa, un grave abordamiento en el sentido y fines . del Derecho, una profunda comprensión en los problemas de la Historia y un vasto y esclarecido pensamiento polí­tico. Nada de eso se da, y 1~ misma libertad de que se muestran tait ufanos sus propagandistas, se detiene allí por simplicidad y por simplificación: se han destacado e hipertrofiado por una suerte de hipnosis, unos cuantos elementoS de la vida concreta y, en función de ellos, se vive y valora, .Ahora bien: un imperio de t_al manera unilateral Y deSproporcionado, no puede ser tan fuerte como se le

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supone ni' tan co~sistente: hiStóricamente, como para- disponer de pJazos-'"etern~s",- según es moda presentar~o. Más todavía: cabe in­ferir -que un irñ.perio tan despareJai?ente mtegr~do, más q~e ~e su propia --fúerza vive "de la que le atnbuyen el miedo y la m1sena de los demás.

Retengamos lo que pueda ser "valor a caja" de esa explora­Ción y pasemos a Hispanoamérica. Si Norteamérica ~a. pod~do trans­plantar e hipertrofiar todos los elementos de la ciVlli~aCIÓn euro­pea ¿no podría corresponderle a la nuestra hacer lo mismo con los mejores supuestos -los del huma:qismo cristiano- de la Cultura Occidental? Ya sé que por tratarse de una labor en la cultura y no en la mera civilización, la cosa -sería bastante más ardua. Mas tam­bién es cierto que el hispanoamericano, si bien más desdichado, es un producto de mayor fineza humana que el sajón del Norte. Por lo tanto, también más apto para el trabajo cultural. Por otra pa:te, si bien es cierto que nuestra América, histórica_mente, ha rendtdo muy poco, es evidente que, por lo menos, ha dado pruebas que acre­ditan suficientemente que los hispanoamericanos no somos "hijos de yegua". Si tuviera que presentar pruebas para esa afirmación. de aptitud recordaría a los pensadores que aquí y allá han trabaJ3dO con éxito en la Cultura Occidental; y también a todo el Uruguay hasta 1933 {y en muchos aspectos, aún hasta nuestros días). Ahora bien: si no nos faltan las aptitudes elementales para movernos en la Cultura Occidental ¿por qué aceptar como verdad ya realizada una profecía que nos da por absorbidos por un Imperio que no es tan fuerte y consistente como la propaganda lo presenta y el miedo lo supone?

"Los trabajos y los -días'', págs. 160-161.

41 - Blancos y Colorados

La salud política del país me interesa sin más. Pero me inte­resa, también, en función de la Federación Hispanoamericana, por cuanto, en mi presentimiento, el Uruguay será -o puede ser- la herramienta fundamental de esa inmensa realización histórica. Aba­rá bien,- en mi- entender, hoy por hoy, el Uruguay alcanzaría su mejor salud --politica asequible, si las fuerzas tradicionales conquis­tan a su vez, su forma óptima, igualmente asequible.

Hay un hecho innegable eh el panorama político de Hispano-

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'amenca: el Uruguay es un país DISTINTO;· tal vez el- más euro­peo pero, indiscutiblemente, no obstante su pequeñez,· uno- de Íos · más cultos y, especialmente, uno de los más SERIOS, reSponsables y organizados. Igualmente, uno· de los de mejor PRESTIGIO: nu"es,. tra Escuela, nuestros institutos docentes {Facultades), nuestros jue:. ces, nuestra prensa, nuestros partidos políticos, nuestro orden jurí­dico, nuestros actos de gobierno (a pesar de las dos dictaduras re­cientes y de la oligarquía financiera que presidió el Dr. Aillézaga), tienen una solidez y una responsabilidad que no se les reconoce, por lo general, a los de los otros paises.

Lamento ser yo, un uruguayo, quien diga esto; pero es hecho que debo hacer valer para lo que sigue; y de sobra se ·comprende que conozco bien las miserias reales de mi país y que estoy "com­parando realidades con realidades y no realidades con ideales".

¿A qué se debe ese "ser di'stinto"? No soy precisamente un erudito y no conozco ningún intento serio para contestar a esa pre­gunta que, sin embargo, debe haberse presentado alguna vez, si­quiera sea de manera fugaz, en el espíritu de los trabajadores en problemas históricos y sociológicos. De todos modos, por mi con­dición de hombre político. he hecho mi propia meditación y he lle­gado a conclusiones que ya he utilizado otras veces y estoy utilizan­do en estos -artículos: una de las causas, tal vez la de acción más enérgica y sostenida, que ha determinado ese mejor rendimiento histórico del Uruguay {en relación con 'Jos otros paises de Hispano­américa), debe ser la existencia en él de esas dos grandes fuerzas políticas "irracionales" o "suprarracionales" que se llaman "los blan­cos" y "los colorados~', y cuya esencia y "razón de ser" se aprende por vb de intuición {o se "mama" por ser uruguayo), pero no se logra explicar y demostrar a nadie que no participe, vitalmente, de los imponderables de nuestra "cueva" o bóveda mágica. Precisamen­te, porque se trata de realidades a las cuales no se logra acceso por las vías del discurrir racional. Nias, como el sentido y sentimiento de la "patria chica", tampoco se trata de realidades antirracionales o incompatibles con la razón, según lo demuestra y prueba nuestra propia historia.

Desde hace años acaricio la idea de realizar un trabajo más o menos prolijo sobre ese tema ( ... ) En el _de 1945, como "conclu­sión original" llego a ésta: Batlle no se habría realizado. ni le ha­bría sido posible realizar su obra política -que yo reputo inmensa­si no hubiese estado apoyado por una de esas fuerzas suprarraciona­les -los colorados- y si, al mismo tiempo, no hubiese sido com­batido por la otra, los blancos.

Si para el crecimiento la creación espiritual vale tanto un gran

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placer com un- gran- dolor, un_ amor inmenso como un odio. santo; en la luchá , política un gran enemigo vale tanto como un gran aliado .. ¿Se aprecia lo que puede haber importado_ para la tensión política _del país que cada una de esas fuerzas haya disfrutado, siem­pre, de- la resistencia u hostilidad de la otra, ineductible e impla­cable .-Como de "pelo", de "sangre" o de -raza- nunca vencida del ·todo, ni por las bayonetas, ni por el oro, ni por los halagos del poder ni por las malicias de la dialéctica? ·

Entiendo que en el ámbito de la Cultura Occidenta~ esto de los blancos y colorados es fenómeno político que no tiene equiva­lencia en ningún país y precisamente en la constelación histórica, ya pericl*tada, en que estuvo en apogeo la racionalidad. ¿Hasta dónde esa presencia de lo suprarracional en nuestras fuerzas politicas ha defendido a nuestro país de la crisis de la I:azón y, consecuente­mente, atenuó en él los efectos de la crisis moral que se planteó al mundo actual conjuntamente con la crisis de la razón?

Por la vía racional exclusiva se llega pronto a la racionaliza­ción y a su vez, cuando, como en nuestros días, se aplica la racio­nalización a· los procesos vitales y anímicos, se está ya en la patolo­gía de la razón. Además_ en "la cancha" de lo racional muy pronto no se valora nada más que lo mecánico o lo mecanizable, lo atómico o lo atomizado; ello aparte de que, en esa órbita exclusiva se está en "estado de gracia" para las transacciones por precios mensura­bles, en la actualidad preferentemente en dólares.

El escaso siglo y medio que llevamos de vida independiente ha coincidido con la supervaloración de lo racional que, a su vez, que­dó pronto al servicio absorbente de las valoraciones del materia­lismo Capitalista, disolvente de primer ·arden de todos los nexos orgánico-espirituales. Ahora bien: en la medida y grado en que hemos escapado a la vorágine de la atomización, no parece arbi­trario atribuir el hecho a que nuestras fuerzas politicas fundamenta­les Se han mantenido en nexos suprarracionales y como de sangte.

Sin duda, 'cuando las modificaciones sociales han de hacerse ca­sando con lo tradicional y. sobt.:e la base de sublimaciones de impulsos sustraídos a la razón, los procesos, en el supuesto teórico a lo me­~os. necesariamente han de ser más lentos, deficiencia que tiene s~ cOmpensación en la mayor densidad y persistencia de los valores logrados. Mas lo primero, la deficiencia, en el caso concreto, sólo ·en el supuesto' teórico. Porque el hecho real es que en nuestro pais, no obstante -tener él sus fuerzas políticas sometidas a un vigoroso tradicionalismo, se ha realizado un avance en dirección social y hu­manista que no ·tiene equivalente en ningún otro país de Hispano­américa. Más· aún-: magüer todas las deficiencias, descomposiciones,

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mentiras y miserias qu~ tOdoS los ur;uguayos conoceinos_ .. Y' sufrím<>s, no hay seguramente ningún país en el mundo que aventaje al nues~ tro, cuando se expresa por su Estado y Gobierno, ert·-·sentir la pre.;, sencia SAGRADA, quiero decir, el valor religioso' absoluto, de todo hijo de mujer.

Algo debe haber aprovechado también el hombre uruguayo, para su conformación anímico-espiritual, de la existencia de esos dos grandes impulsos irreductibles. Por ejemplo: hasta hace cuarenta o cincuenta años atrás, los niños y jóvenes se formaban en ese ambien~ te moral: antes que para sí mismo se había nacido 'para la cuchi­lla. El muchacho o joven podía hacer planes de vida muy ambicio­sos y aún sórdidos; incluso, en todo lo demás podía ser un· deficiente moral; mas de todos modos, para ser y sentirse un. uruguayo cabal, tenía que estar y saberse dispuesto a entregar su vida en cualquier momento, por su divisa. Pero eso era algo que ni se enseñaba ni se aprendía; se tomaba del medio moral -de nuestra "Paideia"­por ósmosis. Luego, la instancia anímica en que quedaba afincado ese valor, llegada la ocasión, entraba a funcionar como una glándula interna.

Ahora bien: esa integración de la personalidad con una instan~ cia íntima cuyo contenido era algo que de tan enérgico modo ultra­pasaba los fines egoístas del individuo, necesariamente debió tener alguna importante consecuencia para el hombre uruguayo. Preci~ Samente, en ese mismo momento, en el mundo entero, la orden era que cada individuo -se tomase a sí mismo como fin, y el "prestigio.'' se conquistaba cuando se había sabido utilizar, hasta el límite, la capacidad de raciocinio, para suprimir todos aquellos motivos e im­pulsos del humano obrar que no pudiesen triunfar ante " el tribu­nal de la razón".

Por consecúencia para con la tesis, he querido, por lo menos, rozar el filón; a mi modo de ver, el tema bien merecía ser tratado exhaustivamente pot un psico-pedagogo de profundo sentido clínicO ·e histórico, que trabaje en la. Filosofía de la Educación.

COSTRAS Y RAICES

Sostengo que toda Hispanoamérica se ha dejado intimidar por un puñado de audaces que tomarü"n la delantera y que ahora dis­ponep. ·de todos los resortes de la propaganda y del soborno, y sos­tengo igualmente que Hispanoamérica ahora bajo un complejo de inferioridad se está dejando correr con la vaina. Consecuentemente, entiendo que, como primera condición triunfal,. necesitamos que otro puñado de audaces, pero con los pantalones bien calzados, !lé la

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téplic3. adecuada. Pefo eso~ que me parece verdad para toda Amé­rica;- me parece más verdad, todavía, para nuestro pais. Aquí, ese puñado 'de audaces en contra se ha apoderado de todos los medios de. prOpaganda y de. la influencia y han formado una costra a favor del entr~iarniento a Norteamérica con todas las miserias de la hor_a. Pero no es nada más que una costra: las raíces son antiimp-erialistas ·y. -están Vivas: sólo hace falta vivificadas a tiempo por una buena '-'caipida" aunque sea a hachazos.

· Desde luego, todo lo blanco que prácticamente afecta a la mi­tad det país autóc'tono, por lo mismo que es de raíz federal y en lo troncal tiene a Rosas es, po•r impulso espontáneo, antiyanqui. (Ya ·tendré oportunidad de oc.uparmc del desdichado error que han pa­decido los argentinos -y en parte nuestros blancos- al querer ig­norar a Rosas, al cual, no obstante, no pueden históricamente anu­lar, con lo Cual dejan esa inmensa fuerza tradicional a los Perón; seguramente que algún día utilizarán la lección de los· rusos y harán cOn esa cosa· enorme que fue y es, Juan Manuel de Rosas, lo ·que aquéllos hicieron con lván el Terrible: sublimarlo, hacerlo una doc­trina --o una leyenda- y entonces marchar, a la luz del día, his­tó'rii::arnénte, con él. Por lo demás, no hay dos personalidades his­tóricas_ que por sus rendimientos y hasta por su patología, se parez­can más que· Juan Manuel e lván el Terrible).

Naturalmente, puede darse el caso del blarico que, honestamente, llo vea un mal en la yanquización; mas será esa una actitud de razo­namiento pura y mantenida a pulso; lo que le Sale de adentro y ·sin eSfuerzo es- la actitud de resistencia a lo yanqui. Ya señalé el hecho de que bien pudo ser por ese valor que al nacionalismo le fue po­sible resistir, tan entero, el avasallador empuje de Batlle ( ... }.

Pero si lo blanco, cuando se determina c<?mo totalidad actuante, es de resistencia al yanqpismo, no quiere decir ello que lo colorado sea yanquista sin más. Sin duda. por la influencia de Garibaldi, qu~ asistió a su formación inicial, lo colorado quedó más abierto a lO universal y a las modas históricas; por lo tanto, más a los beneficios y rendimientos de esa actitud; pero, también, más expuesto -a lds errores de la misma, De ahí que, en lo colorado, el panamericanis­mo puede ser sólo un error, en tanto que en lo blanco es siempre una mistificación. Mas no todo el Partido Colorado ha sido y es yanquizante. Colorado era Rodó y evidentemente el Batlle que ahora está en la presidencia no es muy blando de boca para el imperialis­mo; hay muchos otros centros colorados, batllistas o no, a los cua­les rlo les desagradaría rectific;:lr la actitud de docilidad ( ... ).

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Bien; Ya- ·sé q11e- :Io l:>lanco- y lo colqrad9 ·ha i,~~:;J~::~~;~.~~~~~1 de su grandiosidad. -Pero- cq_nservan todaVía ""· "·:na .. Se trata de algo vivo- que. no- se puede rii ignorar ton ces, por realismo al servicio del· país, entiendo facilitar su funcionamiento en J.a forma ·más- rica y

Por lo demás, _en esta hora de inqUietantes· vo.latili:~a<:ion"s vertiginosos trasiegos, que en cualquier momento montan --.UlJ.· rno, me parece un incomparable bien que se tengan es.os- dos pu,n~ps de referencia firmes, sustraídos a la -patología de -la. razQn_y 'COnlO

confiados a la seguridad del instinto. Paradójicamente puede' ·seri pero el hecho es que nuestro país, cuya política está a·1cargo de partidos tradicionalistas, es de los de América el que nifjores_ Pl'O­grcsos ha hecho ep dirección social.

'· . -· ... Decía que lo blanco y lo colorado tuVo también· ·-u~a gra:~d~

importancia en la constitución de riuestra Paideia. Desde lUego, nues:. tro medio cultural está stiperpoblado de hechos heroi~oS, :4-azañas, abnegaciones, despreridimientos, arrogancias, etc. _La ejemplaridad que fluía de todo eso' se mamaba; Sin duda, y tal comO ·cóire_S'pondé a époc~s en que lo -heroico "lleVa el ·aCento, el estilo vitál' eia _b_astante rudo. Mas ~ra fuerte y propicio a lo definido. Por lo prorito' -y ya es ganancia- los hombreS eran hombres -y las mujeres, rritijcr'és. ·El p~tuco,- el maricón y lá marimacho, si existían (Y _existirian· segura­mente) no tenían premio social como, más o menos,.todo-.lo que pudiese ser borroso. Pero entiendo que había algo más, inuy irripor .. tante ( ... ).

A la generación que ahora está entre los dieciOcho y -1os·:vein· ticinco le será fáCil inferir que en el momento de ese hombre· he~ roicO tah rJ.!-do, que sabíá. morir hasta por tinguiñazos, el- íntelectual o dirigente debió ser un provinciano espeso, con algún . ·barniz de ilustración de miscelánea. Si se piensa eso, se trata de· uila raciona..: Üzación. La verdad es que el intelectual -dirigente_:_ de aquellos momentos era, en todos los órdenes, muy superior a su correspon­diente· actual. DeSde luego, también él era un hombre de a caballo, que como el que más sabía ocupar su puesto en la cuchilla. Pero, además, esos hombres- de perita (o por lo menos de bigote} eran, en la función intelectual propiamente dicha: (profesionales, escritores, periodistas, gobernantes, etc.} de una altura jerárquica, solvencia y responsabilidad que -ni siquiera consiente el p·aralelo con los ca.: rrespondientes de nuestra actualidad. Nada hay, en efectó, en ésta, que equivalga a_ aquel- elenco de ciudadanos. ( ... } Sin dudíl, el: inte­lectual de nuestros días tien'e una J!lás copiosa información que el ~'hombre de perita". Mas por- lo general, es un mero -sof~sta y eru-

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tlÚ'O,; Sin''>sehticio de bien,·público, qtie úsa su _p:dvilegio (Ser un in­te-1i;dua-I):- _exdlq:siVáméhte para ·suS fines de arribista. Con mis pa­labra~ liabitúale's: el de hoy es un civilizado- insulso; el de ayer COri tú.'áS ó menos informaciones de fiChero, era un hombre culto o que, pOr; lo m·enos, tomaba en serio la- cultura. (Aquello es canti .. dad;· cüalidad esto). En resumen: en el mismo moment-O en que las pasióúes- eran más fuertes y bravas, en ·uno de los extremos Apa­Iido Sar·avia devenía arquetipo y, en el otro, comparedan, por ejem­plo~ José Batlle y Ordóñez, Zorrilla de San Martin, Dclmira Agus­tirii, Julio Herrera y Reissig, Florencia Sánchez, Pablo de 11aría, Jos~ EnriqUe Rodó, Carlos Vaz Ferreira, etc., sucesos todos que, en este riwmento de civilización yanquizada, no se dan por cierto. Y ese resultado no era lo paradójico sino lo congruente,

El choque de lo <:.olorado y lo blanco alcanza -su más alta ex­presión-y su expresión más pura- en la guerra civil de 1904. Además de su duración y encarnizamiento, es en esa guerra en .la cual merios se mata fuera de la batalla. pero también en la que es p1ás cabal el caso de "los blancos con los blancos" y "los' colorados con los. colorados". (No olvido a Justino Muniz, blanco viejo al ser­\;'icio de lo colorado, mas es la suya una actitud estrictamente per­¡;onal. Tampoco olvido a los "calepinos" de Acevedo Díaz. Pero és­tos no tenían actitud política; no actuaban, simplemente).

Todavía en i910 lanza su última bocanada de fuego esa mistica rle ·la sangre. Mas la ola es .débil y pronto queda sin cresta. Ha cambiado el sino y se está realizando la· transición del estilo vital hispánico al europeo, del sentido feudal al civilizado o de lo román­tico heroico a lo burgués. Una anécdota de quien fue un blanco viejo ilustra cabalmente esa transición. Era un taita pobre de esos que apenas ·pueden mantener el chapeao (chapas de plata y oro en el apero del caballo con extensión obligada a las espuelas, el cinto y el puñal). Consecuentemente, en 1904 fue un fogoso revolucionario que se peló toda la guerra; de 1904 a 1910, por negocios de campo, hizo una fortunita. Consecuentemente, también, cuando lo invitaron para la patriada de 1910, dió esta respuesta: No, no, déjense d.~ zon· ~eras que uno no se ha hecho d.e un pasar para andar loquiandO .. , (,Puede pensarse, sin más, que era la propiedad lo que había abur­guesado a ese guerrero, y sin duda que algo de eso hubo; pero, en mi entender, la interpretación correcta _es_ que el sentido burgués, que ya se le había instalado, es lo que 'daba un valor decish-10 a la; propiedad).

, Por lo mismo que asltnnos a una transición no se ha dado tOdavía d salto cualitativo ( ... ) Esa líbido que, como lujuria de sangre alcanza su expresión más pura ·en 1904, antes de agotarse

h~. ~e sufrir una ~u~l~ación ( ot,:o tér~:rlind :tomado ill- 'Psicóaná'íiSis} ctv1hsta. Esta se llUCla por los anos sets o SI,ete para al~am;ar su. óp'7. timo por el 17 y cerrar su curva por el 30. Es Batlle el gr~n' ópe-: ra~or o a~cnte demiútgico de ese poderoso caudal de eqergía·_ que, puJante aun, busca nuevos cauces. Mas en mi conceptuación, Batlle mismo es un producto y creación de ese torrente- de- 'pasióÍl y Vita~ lidad, y entiendo 9-ue renuncian a la comp~cnsión del molllento jr obra de Batlle qmcnes no hayan comprendtdo ya lo blanco y lo_ colorado

Según la convención propuesta estamOs aquí en un comienzo relativo. Espero que en él alcancemos la cabal comprensiPn de. por qué el pequeño Uruguay vino a ser, en algún momento, ejemplo u orgullo de América.

"Los trabajos y los días", págs. 211-216; 239-241

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·Carlos Benvenuto (1899) . . - ' '

Cabe· pensar que cualquiér 1ectqr medianamente avisado en nuestro mundo cultÚral y univerSita­rio es capaz de identificar, aun sin su firma, una página de Carlos BenVenutO. Títulos extensos y ya densamente significativos. Frecuencia de textos ajenos, casi siempre europeos, traducidos, glosados, comentados. Un discurso que unas veces es enma­rañado y titubeante y otras de exp 'osiva afirmativi­dad, cruzado aquí y allá por raptos líricos extremos, por imágenes y tonos poemáticos y una subida tem­peratura emocional siempre dispUesta a encenderse. Multiplicidad de acotaciones corroborativas, o com­plementarias o de destino poco identificable. Cier­tos estribillos y nombres ·que varían cíclicamente, desde la invas'ón vertical de los bárbaros de Wal­ter Rathenau, a las almas tutoriales, de Vaz Fe­rreira, o al orden nuevo, de Aron y Dandieu, o al qué dificil es ser hombre, pero se puede, del mismo Vaz. Una postura de permanente deslum­bramiento ante libros y autqres recién frecuenta­dos, una avidez generosa de nuevas ·nutriciones, una despierta disponibilidad para esa admiración cuya necesidad ha reiterado. Pero esos autores, esos li­b:os, siempre , en función ratificadora de su pro­¡no pensamiento; muy rara vez polémicamente en­frentados o considerados con objetividad. Una ten­tación constante, . y casi nunca resistida, por el matiz digresivo dictando buena parte de las "notas" de sus trabajos. Y una ambición de de­cirlo "todo" en cada uno de ellos, convertido así en una especie de portavoz de su cosmovisión, la cifra de su actitud humana, de la perspectiva desde la que se va ·a proponer una obra, si bien, y jus­tamente, este punto de partida sea siempre en Ben­venuto la obra misma. Un movimiento de genera­lización incoercible, en suma, que en cilda artículo

• !

acude a todas las reiteradas claves de su pénsa­miento. Y aun habría que agregar que las más de sus páginas posteriores a 1930 serían material va­lioso para el deslinde de ciertas características: lo "oscuro", lo "difícil", lo "confuso", lo "enmara­ñado", Y sus respectivas etiologías. (Lo cual no quiere decir que Benvenuto escritor sea todo esto :y, mucho menos, que lo sea al misino tiempo).

Se ·ha hablado de "claves" pero, en realidad, su- multiplicidad podría reducirse a una sola. El 'Centro siempre visible del pensamiento de Benve~ nuto es un contraste. El contraste e·ntre la dimen~ sión, la implicación humana' del "totalitariSmo" de la dictadura, del Estado leviatánico, de la Socíedact­masa y los significados creadores_ de una concep­ción heroica, personalista, trascendental de la De­mocracia. Este sentido de la democracia no ·está enfeudado -parece obvio decirlo- a sus formas instituc!onales y aun cabría identificarlo' ~por el contrariO- con el orden total de "lo valioso" en todos . sus plan<?s y en su encarnación antropológica, en su operanc13 en un mundo. de seres concretos, vivientes. Ya en 1929 decía, y ha sido fiel a eSta op!nión, que lo que la democracia necesita siempre, para no suicidarse estúpidamente, es instalar una destilería de Valores en su- corazón. Pero tam­poco sería imposible ver la honda semejanza que tiene este planteo central de Benvenuto con la antítesis de "sociedad abieita" y ~~sociedad cerra~ da", en la acepción que le dieron a estos términoR Bergson en "Les Deux sources de la morale et de la religión" y Karl Popper en su conocido planteo de "La sociedad abierta y sus enemigos".

Benvenuto contrasta consecuentemente, así, el absoluto de su personalismo liberal y la realidad empírica de los regímenes inhumanos. Pero con esto, se hace en cierto modo posible que al no ca­rear realidades contra realidades, doctrinas contra doctrinas, racionalizaciones contra racionalizacio~ nes, deje abierto su flanco a la operación inversa a la que él realiza y la teorización, generalmente vistosa, de los pór él llamados "totalitarismos" sea capaz de registrarse golpes en su favor al cote­jarse con determinados aspectos de una colecti­vidad qUe nominalmente, se califique de deroo~ crática.

Pero no es, seguramente, evitar estas conse~ cuencias lo que a Benvenuto le importa sino asu~ mir, trágica, dilaceradamente, el desorden del mun-

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dO par-a: intentar/ inteligirlo. También un constante empEiño transitivo, una. urgencia de que su pala­bra sirva, sea "edificante", una cuidadosa fideli­dad á. -la libertad y a la autenticidad personales en · disidencia con c·erto sonambúlico elenco de los que, como tantos profesores del mundo entero, no hacen otra cosa que ser un -plagio innominado, continuo ("Marcha", n 9 954). Y un pensamiento, en fin, como en "status nascens", fascinado sempiternamente ante las primeras comprobaciones, redescubriendo todas las horas la letra A de la realidad, enarbolando premisas. recién halladas, sin continuarse, sin pro­longarse (discursivamente) nunca. Un pensamiento, en puridad, de "manifiesto" (y no es casuaL que sea autor de alguno excelente).

Benvenuto es un cultor de la paradoja tras­cendental, en una variada muestra en la que se expide lo más íntimo de su pensamiento: El poder inútil, la fuerza inútil, la r:queza miserable, el irrea .. lismo de los realistas, la falta de viveza de los vivos son las _más reiteradas, además de otras de uactualidad", como la tan insistida hace dos dé­cadas sobre la incapacidad de Hitler para ser ale­mán. No es trabajoso inferir que todas ellas apun­tan a su convicción suprema en la fecundidad (y la realiciad, la efectividad, el valor, la perspicui­dad) de los ideales éticos, de -la experiencia espiri .. tual, de los "medios pobres" de· acción política e histórica, a su defensa de un personalismo espiri­tualista, libre, agónico, a su repudio del estatismo, la técnica, el activismo, el eConomismo, el dogma­tismo ideológico, las políticas de fuerza, el culto de la potencia, toda , clase de maquiavelismo. , . Como se señalaba en el caso de Cuadro, el pensamiento de Benvenuto se mueve también en los lindes de una grave religiosidad, tentado a la vez' por la Fe y rechazado por ella, pero, a diferencia de lo que ocurre con su: compatriota, es más fácil inferir en él las razones de ese rechazo. RaZones que, tal vez, no son otras que su resisténcia a los ele­mentos "institucionales" que una Iglesia implica, su opción por una verdad "que se busca" contra una verdad que es "encontrada", por el camino contra la meta, por lo tolerante y lo abierto con­tra los ingredientes de afirmatividad y conclusi­vidad que cualquier culto religioso, casi inexora­blemente, tiene.

Su humanismo exaltado tuvo (como se volverá a insistir) el mismo trámite inicial que el de su

coetáneo y compañero Luis Gil Salguero pero luego 'las líneas de los dos divergen, hasta no dejar de poseer un cierto valor ejemplar, representativo, de los conflictos más hondoS de la inteligencia con­temporánea. Con el curso de los años se aguzó en Benvenuto (háblese 'ahora sólo de él) la concien­cia de las "falsas vías" que la afirmación de lo humano podía seguir. En esté sentido, (aunque no sea el único ejemplo posible) ha adquirido cre­ciente relevancia en su obra la crítica a toda ver­sión oficial y cerrada del marxismO. Ya había afirmfido muchos años atrás -·que ·el socialismo pa­dece un aturdim'ento incurable. se· llant'a 11 realista" y no le falta más que el -sentido de· la realidad. Ni por asomo conoce al hombre. Profesa un optimis­mo malo, fácil, y lo ·elabora mal. Olvida que las formas económicas, jurídicas, etc.; bailan al son que le toquen y que el son ·siempre =Jo tocan de adentro. Aunque aseveraciOnes de este t:ípo han sido después muy numeroSas, esto, dicho en 1919, no deja de ser novedoso y, aun en el dictamen más desfavorable, sería capaz de marcar una despierta receptividad a ciertas diStinguidas fuentes euro­peas de la segunda década. Tampoco. su posición actual deja de presentar muy numerosos contactos, como lo probaría bien su folleto. 1'Marx, liberadó del marx-ismo ... y de. Marx" (1960). Tanto en este texto como en alguna reveladora carta a uMarcha" (n,.. 1134) se ve a Benvenuto en entu­siasta tren de subrayar las primeras latencias hu­manistas del pensamiento juvenil de Marx y -más ceñido en su situación- de sostener el carácter retrasado de la ideología marxista, cuya boga ac­tual en Hispanoamérica se explicaría, en su opi­nión, por nuestro propio carácter colonial.

Estos intereses, estas opiniones, pueden con­tribuir a ratificar que, como discípulo, y uno de los más devotos de su maestro, conserva Benve­núto,- de Carlos Vaz Ferreira, la dominante aten­ción por los· aspectos sociales· y éticos (además artísticos) de la rea'lidad. También su misma ten­dencia a los enfoques genéricos y normativos de lo social y su fe en· una postura racional muy cauta (aunque, no es probable, la similar conse­cuente, firme aplicación de ella).

En cambio, a diferencia de Vaz, bastante des­deñoso de lo contemporáneo (por lo- menos a estar .a sus textos), las páginas de Benvenuto testimo­nian una verdadera voracidad por el pensamiento

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·de· ·su tiempo,· ·especialmente por el de Francia, que .--~-, _es,-, de seguro, el que más le ha nutrido. En este

predominio (que también rezaría con Oribe y Gil Salguero), Benvenuto parece haber pasado de Sl.l admiración a los filósofos de tono racionalista, del tipo de Lalande, a los pensadores de carácter asis~ temático, o visionario, o trági_co, o existencial, ya sean ellos Maine de Biran, Maurice de Guerin, Nietzche, Chestov, Maree!, Jaspers. Y todavía ha~ bría que sumar a ellos, " partir de la quinta dé­cada, a los teorizadores del "personalismo" francés (un Robert Aron, un Arnaud Dandiell, un Ale­xandre M are o un Mounier) , con lbs que tiene numerosos puntos de contacto.

La índole personal de este renovado discurso sobre posturas, valores, ideas, ha alejado a Ben­venuto de toda afinidad grupal, de toda "solida­ridad" que no sea accidental. Si a ello se agrega que, (representando ese predominante interés ideo­lógico de la generación del 1930-36 a que ya se aludía) su pensamiento es de carácter netamente universalista y sus referencias locales son casi siem­pre tenues o puramente ejemplares, estas circuns­tancias configuran de modo suficiente un hecho de consecuencias. Y es que, como si sólo buscara anhe­lantemente un medio de comunicación cualquiera con el lector (y es posible que así ocurra), Ben­venuto ha sido en extremo indiferente a los luga­res, órganos y. oportunidades en que hacerlo. Dí­gase (en _una función de crítica que estas noticias casi nunca .han asumido),_ que tal terriperamento, y las conmixtiones y adhesiones, injustas en su caso, que él sugiere es (si se le une a ciertos tra­zos de ·su escritura prosística) uno de los respon­sables de que el pensamiento de Benvenuto (por lo menos en su indudable valor germinal y contrB:­puntístico) no haya tenido -entre nosotros el eco, la influencia que ·se merecería.

Toda la vida de Benvenuto, nacido en Minas, .profesor de enseñanza sécundaria y normalista des· de 1927, abogado desde 1938, animador -entre otros- de la revista 'lEn sayos" (1936-1938), po­dría ceñirse casi en el limpio, denodado bregar

. por un pensamiento, por una expresión que lo co­munique. Su- "militancia", esporádica pero siem­pre ardorosa, tendría que ser flmcionalizada a este esfuerzo. Pero en este aspecto de su personalidad hay que aludir a su participación en el "grupo del Ateneo", un núcleo que habrá que. estudiar alg(m

diá ·y que, en- cierta manera, .. fijó·las pautás de la Cultura uruguaya _entre: el --golpe_ de: Estadó de 1933 y el principio- de la Segunda--guerra mundial' (en que su influencia ya empieza a_ languidecer). El primer aconteCimiento, la jjrevolución o motín" del 31- de marzo fue decisivo en la vida y el pensa"' miento de, Benvenuto que, opositor activo y acti-

-·~ .vista, sufrió persecuciones Y. destier,ro. Pero es po­sible que mucho más importancia que los hechos exteriores, la haya tenido el que esta etapa acen­drara en él esa temperatura intelectual explosiva, exaltada que deja su traza en todo lo que tras

. ella ha producido. Los años posteriores de madu­rez no han hecho bajar lo enhiesto de su pasión, una pasión que lo acerca (aunq.ue con diferencia evi­dentes) al otro polemista antitotalitario que fue Víctor Dotti ("La agonía del hombre", 1948). Lo enhiesto de su pasión ni tampoco un activismo dra­mático, ni optimista ni pesimista, un agonismo no siempre desplacido de sentirse tal.

Benvenuto ha escrito mucho; las listas de sus obras divergen grandemente y probablemente ni siqUiera él podría establecer la lista Completa de sus escritos. Y esto obedece a que, salvo su únicO libro formal: "Concreciones", de 1929 (un título con seguridad equivoco para poner bajo él lo disperso de la labor benvenutiana) el autor no sólo se ha multiplicado en gran cantidad de colaboraciones en diarios y revistas (sobre todo en "Hiperion" de René Santos), sino también en la probablemente inta­bulable que, al modo de los panfletistas clásicos, engrosa larguísima serie de hojas sueltas, impresos, mimeografias, folletos grandes, medios y del­gadisimos, manifiestos con y sin firma (como el muy sonado del "Ateneo" de 1956 sobre "La si­tuación po-Htica del pafs"). Por ello es que casi al azar (aunque no sean secundarios en el total de su obra) es que se mencionarán "La cultura, la moral y la Uriiversidad frente a la Dictadura" (1933), ~~Ante la invasión vertical de los bárbaros" (¿ 1934 ?), uHumanismo permanente" (1935), 11 Una cuestión de orden público espiritual" (1940), o el ya citado trabajo sobre Marx y el marxismo .

El texto seleccionado refleja ejemplarmente el optimismo de la segunda postguerra o, más preCi­samente, esa ancha convicción que se prádujo, tras los dos conflictos mundiales, en la ductilidad de la inateria social para someterse dócilmente a las más elevadas motivaciones que la lucha inspiró (o

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-cOri 'Jits.-que ena·· se aohonestó). También la- creen~ :cía·,- en: que el dolor· colectivo pose-e- un eficaz valor correctivo, sublinlador de las "tendencias malva~

- ~ d8.s del hombre", de su avidez, de su orgullo,- de SU:- violéncia, de su intolerancia. Leído a la dis~ tancia, el -ensayo no deja- de inspirar una cierta melancolía, un tenue escepticismo que nada tiene (o puede no tener) de desesperanzado.

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42 - El conflicto de las grandes poten· cias y la causa de la Humanidad

MISERIA Y GRANDEZA DE LA POLITICA

De una tragedia que no hemos. querido pero que se ha sabidO afrontar, es preCiso extraer ulla aurora. Antes que- las armaS de .. pongan su ciega y abominable faena, que seres se dir:ía tan ciegos como .ellas mismas, han hecho necesaria, además de no reincidir en el notorio desastre de vivir eludiendo los problemás políticOs -y so­ciales, por ello mismo hoy trágicamente impostergables, urge acor­dilrse de que ningún enfoque exclusivamente político es por entero eficaz. Si lo juicioso ha sido- siempre considera!' a· _la Vez -la grandeza y la miseria del- hombre tanto más lo será tener presente la miser_ia y la. grandeza de 'la- política.

Después de haber padecido, durante . varias generaciones, la sobrestimacióil más o menos despótica de la actividad económica, ahora nos espera la sobrestimación de la politica. Siendo imprescin­dible y noble, bien justipreciada, la actividad política se revela más consumidora de elevadas calidades que creadora de: hombres y civi­lizaciones. Demasiado obviamente posee un cierto peso específico qlie le impide- ser una modalidad suficientemente excelsa de la vida. No .es una buena escuela de hombres y en muchos ambientes no opera ninguna mejor. Cosa de hombres de acción y no de hombres es no percatarse de lo contrario. Cualquiera sea la parte que debe asig­nársele no es en el terreno de la acción politica, como nunca lo ha sido en el de la económica, el lugar donde pueda te_rminar de ha­llarse la raíz de un saneo, la surgente de un florecimiento del hom~ bre y de la civilización. A los "hombres de acción" puede perdonár~ seles que no lo entiendan o no lo sientan; no tanto a los hombres.

· Precisamente en esta época en que ella tiene tanto que h_acer, en que debe asignarse urgente y primordialmente la gran misión de llevarnos a la ¡)ersonalización del hombre por la socialización del

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EStadO a la- medida.-del hombre, 'complementariaínente con- -la acc10n pólítica, sin ·-d_t)Osiéión posible, urge apercibir nuestros corazones para ciertos gr'álldes ·asuntos de orden público espiritual, demasiado apar­tados. de_íÍ.tiestrá- atención o ·excluidos del estilo de vida vigente, Nues­tro mundo, en . grado ya funesto, va camino cada vez más de ser un :rñurido de eSpecialistas, abstractos y parciales, que un mundo de hombres. En él la viviente unidad creadora de ·Ja persona se ve ame­nazada por el totalitarismo de la técnica. Vamos hacia el hombre. En _trayecto mismo de esa marcha, urge elaborar una politica espi­Í'itual concebida como c_omplementación· de la otra. Abordada ·a cief'.. ta amplia escala, ella es la única que _tiene posibilidades de ser ple­namente real.

MISERIA DE LA VOLUNTAD DE PODER

En el fragorOso centro de la más grande de las guerras de la historia, para -desbrozar del tumulto y la _furia loS campos _deLCora­zón y del entendimiento y apercibir los ánimos al- justiprecio de las tendencias_ operaciones y planos- de la vida, urge· blandir como- una flor de luz, la- espada de este equívoco despertador _de hombres: pe­queñas las tenidas por grandes; inmensas las -tenidas por pequeñas potencias.

Si la llama, élan cosmogónico, eternamente vive agonizando, sin cesar crucificada en la multitudinaria, mundanal, conflictualidad; ·si por un jadeo, agónica, la _realidad -~'se enciende -Y se apaga con rile~ dida"; si por heracl*teana operación del abnegado, sublime fuegQ central~ permite· que en la ·carne dr-amáticamente dinámica d.e los sucederes, "el conflicto" aparezca como "padre de todas las cosas" y la materialidad simule, si no ·la muerte imposible, la ceniza de_ ese sacro fuego inmortal, en fanto que la alegria, la espiTitualidad espeja la vida del fuego divino y, es -realmente- la muerte, la incinera­ción de la materialidad;- si de esa_ ·abismal, sublime· manera es -"in~ mortal lo mortal" y más sublim'emente si- cabe aún, "mortal lo_ in~ mortal" ¡ahl entonces más .que nunca toca al hombre no ser siervo de la fuerza, .adulador del éxito en la siempre demasiado: humana historia, ni en el cósmico ·devenir. Si el conflicto es padre de todas las cosas, el hombre es el humanhadO'r del conflicto. La corona de

_ sus virtudes, rosa sobre la cruz, es el heroico comportarse como civi.,. lizador supremo de su ofuscante violencia que, en -dirección· trans~ figurante de la· crasa voluntad de potencia conduce al nietzch~ano: "Mi luz es mi. cruz; mi .cruz, mi luz",

Así el culto de la voluntad de poderío, inspirador del naZismo, mucho antes y mucho más que digno de las sanciones :o terapéuticas que será preciso aplicarle, es acreedor. a la conmiseración. Deserta

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y $ubviértc el sentido humano de la valentía. Retornando a adular las más crasas modalidades del conflicto. rehuye la libre orientación espiritual del élan cosmogónico que, sin presionar nos invita a ope~ rru: una conversión de la voluntad de dominio en simpatía, en de­miúrgica ternura. Es la abdicación del signo espiritual de la inquie­tud humana, sublime cúmulo creciente de-: tendencias, sentimientos, tempe-ramentos, elecciones que, insobornables,- __ heroicos, han venido y por siempre seguirán haciendo_ hombre- al hombre.- Es el hombre que, habiendo perdido el sentido de la intimidad, es~ delicado re­cato que hace el fondo del respeto y el amor espiritual de si mismo, nihilista integral, . dibuja sobre la historia la figura del hombre en proceso de descomposición. Maximalista de la decadencia descono­ciendo lo más excelso y creadO'r de sí mismo, inCurJ;"e en ei utopismo por bajeza que induCe a reimplantar en el pi-opio corazón los com­portamientos subhumanos que en su gigantesca marcha; la hombría dejó relegados a la espesura de la selva o al fondo del mar. ·'

Miseria del sentido sórdido. Grandeza dtil sentido póético de la vida. - .

De antiguo fue dicho, mas no sabría por qué misterio, nunca bien oído: "la poesía es más importante que la historia". · .

A. pesar de todas las tragedias que hoy, más que por lo nor.:.. mal, hieren nuestro corazón, la vida del universo transCurre toda inocentemente colmada de inflamables verbos ocultos. Desde lo pro.: fundo, la realidad -espiritual herencia yacente infinita- palpita en nostálgica espera de quienes confieran el habla a su eterna carn·e poética.

Quien no tiene entendimiento de hermosura, no tiene entendi­miento plenamente. La inteligencia, iluminada por el néctar poemá.;. tico del cosmo_s, hace que, amante, el hombre trascienda su propia naturaleza. Conduce, finalmente, a la certidumbre de que comenzar pensador y concluir poeta es, en cierto modo, el itinerario de una vida bien vivida. Cuando se alcanza o se aproxima uno al ápice de -sí tpÍsmo, presiente que pensar únicamente no es pensar_ que sólo quien sabe cantar, danzar, piensa plenamente. El mundo clama discreto por seres capaces de inflamar su gerniinante espiritualidad. Infati­gable "aguarda siempre a un poeta". A esta áltura de la casi ómni­moda prevalencia del cándido culto del bienestar, religión sin nom­bre de los que se jáct").n de no tener ya ninguna, escuela secreta dé malestar que conduce a un empleo usurario de la razón y suscita actitudes abstractas que han venido dominando durante varios si"

·glos, acaso "a nuestra civilización le es preciso un Juan Bautista de Ia- sensación, un profeta de la sensualidad primitiva, inocente" (J ean Wahl).

Mucho antes que Bergson en "Las -dos surgen tes" lo diagnosti:.

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caía .. ·reSpectq,-nuestro tiempo, Shelley lo formuló, en su · "DefénSa- de lá :po'esia~':, .;

"NutÍdt eÍ culto de la :poesía es más de anhelar que en las- épO• cas en hls_· cuale·s los principios de , un egoísmo calculador prevalecen e:ri''élemasía y en las cuales la acumulada suma de los elementos de la vidá ·-exterior rebasa la cantidad de fuerza capaz de asimilarla a las léyes ·interiores de la naturaleza humana. Entonces el cuerpo ha lle..; gado a ser demasiado grueso, demasiado poco manejable, para el espíritu que lo anima".

"La poesía es en verdad algo divino. Es a la vez centro y cir­cUnferencia de todo conocimiento. Es lo que comprende toda ciencia y aquello a lo que toda ciencia debe referirse. Es al mismo tiempo raiz y flor de todos los otros sistemas de pensamiento; de ellos es la surgentc y el ornamento. Si la poesia se marchitara, fruto y semilla, de golpe, serían rehusadas a un mundo inférti~ privado, en adelante, del alimento de la fuerza generadora regular que requiere el árbol de la vida. La poesía" es la flor de perfección, la forma de acaba­miento supremo que alcanzan las cosas; es coino el perfume y el 'color de la rosa, comparados a los elementos que la constituyen; co­mo el aspecto y el esplendor de una belleza abierta, comparada a loS secretos de la anatomía y de la muerte''.

"Mensajero del verbo surgente", el poeta es "la grada sonora a lá cual, por una espiritual escala. descienden las cosas celestes" (:Hol­derlin). Desentraña de lo "real", flamantes, los motivos del vivir. Su presencia hace que quien no tenga espíritu de finanza,. no tenga espíritu plenamente. Adelantado del porvenir, mensajero de la excel­situd, profético, auroral, crea la vívida y célica tabla de valores que, encantadores, extáticos_ por las germinales vías de la admiración, el entusiasmo y la aleg1fa, incoercible ·e irreparablemente edifica nues­tro yo profundo. Sin retacear la libertad, sagrada, certero, su orfis­mo, se estampa en nuestro corazón, constituyendo el ápice de nues­tra alma. Inolvidable, él, en adelante será, sin que siquiera lo poda­mos evitar, el selector secreto, el modelador excelso de nuestro estilo de vida: espléndido, si le somos libremente fieles; mas, ante nuestra defección, será siempre él quien, dictando las nostalgias, plasme nuestra mala conciencia, el otro semblante de nuestro yo superior, más superior, si cabe, que su otra faz. Como si redespertara en nos­otros cierto reminiscente postulado inmemorial de unción, el poeta, inefablemente, enseña a vivir tristes, de ir tan pequeños _bajo la bó­veda grande. Certero nos sugiere que no hay más tristeza que la de rio ser hombre.

Misión subterránea, inexpugnable ·Y sobrehumana, demiúrgica y divina, ha hecho que siempre '-'el advenimiento de un poeta" sea el

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acontecer más importante de· la cronología. Apaga los viejos tiempos, inflama incoerc~blemente el germen de los nuevos. :Disc: eta, silencio~ sa, invulnerable, su presencia espléndida es la política espiritual cós~ mica~ en acto. ~uprem? civil.izador, atrayente, persuasivo, enternece­dor, Imantando sm pre:nonar, mstituye una innominada mas inolvidable discipli~a del. en tus' asm~, creador de hombres, pueblos y civilizacion~C~. Su gemo, órfico, remedm a la vez que previene "la caducidad de las cosas". Su politica espiritual, recóndita, actúa sierrípre varias auror.~_s antes que la política material.

Después de bien auscultado el lenguaje de la iniquidad, e'! 'do­~or, la locura y la muerte, ha aparecido, a ciertos espíritus excelsos, el Todo, en todo tiempo, finalmente, una sublime invitación al tbre advenimiento de nuestro "Orfeo in te ·ior" digno de una indeclina­ble esperanza, huésped desconocido, Dios sensible al -corazón oculto lejano y próximo, que no buscaríamos si en cierto modo no poseyé~· r~mos, a~nque más. no fue.s:c como aquello que, por no haberlo 'Po­dido reabzar, constituye nuestra más entrañada esencia.

Seres apenas espirituales: contemplativos pa·: a el bien, ej'ecuti~ vos para el mal, como somos, él sin embargo -nuestro yo profun­do- sin olvidarnos, ni aún cuando lo olvidamos, bajo mil mane­ras, con escondida y sub[me fidelidad, por obra y gracia de su órfiéit Y. p~rsonalísima ternura cosmogónica, busca en nosotros su propio na­cimiento, presto a incorporarse, por la "libre escala de las venerado-. nes" bruñendo de espíritu nuestro corazón y el universo, al unisono.

Es asi como se revela cierto, más cierto aún de lo que osa'ra soñar France que "la historia va realizando, lenta pero seguramente el sueño de los sabios", puesto que, para los así ennoblecidos, se realiz~ ya en esa_ ~~efable soberanía del instante poético. Mas es preciso, de toda preclSlon, bordar nuestra hombría dentro de las circunstancias en los inestables telares de ese magno impostor: el tiempo. ·'

En "un mundo superficialmente apoyado en el estruendo de la~ fuerzas ciegas" (Whitehead), la poesía "funda lo que persist~",- en tanto que, cont: a todas las estridentes pretensiones "realistas" de quie­nes, inspirados al revés, se hacen incapaces de sospechar la incoercible plenitud de la vida la fuerza sólo funda lo que no persiste. La f~erza, en cualquiera de sus expresiones: m]itares, económicas, poU-­tlcas o aun en las mera~ente técnicas y hasta en las coerciones demos-

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tratiya:s ·de Ia:J6gica, la fuerza eS en diversos grados estéril, só-rdida y, finahnénte, débiL -_Esta- 'final y para- tantos secreta debilidad, preserva­la- libértad::dé_ la- vida. Incapaz de creación, gran fracasada, a los aci:IIÍt~cere'S, .cUanto -inás los cambia más iguales los deja. No e's otra que esa irreinediable ineptitud de los dinamiSmos inferiores, la que, a la vez que-describe, sanciona aquella verdad: "Plus ~a change, plus ~a-·c'est la m~me chose". Espirítualmente invitad<¿s al banquete cos­rhogónico que la procesión de las circunstancias nos apareja sin cesar, sólo del delicado sí, pero intrépido· y Constaritc ·uso de nuesfra íntima libertad, depende que atin~mos a compartir con nuestros anfi­triones magníficos, sus panes y sus vinos, o que nos obstinemos en sentarnos debajo de su mesa. ·

Para que deje la nuestra de ser una época intermitentemente furiosa y trágica, acaso es precisO que comience por dejar de ser una épocá sórdida. Su héroe epónimo es todavía la miseria hecha per­sona: el' multimillonario, su poema épico, el bostezo. La tristeza tiene su modo de ser un error. "Es difícil ser hombre, pero se pue­de''; no hay mayor tristeza que la de no serlo., Hemos extraviado el arte de ir a la ~nocente -escuela de los éxitos de la vida. Hasta de la filosofía -hemos hecho un hospital _para ·poetas caídos en desgra­cia, según lo advertía Holderlin: "Nuestra raza marcha en- la noche. Habita en ella como en el Orco. Sin nada divino. Los hombres. como soldados a su propia -actividad, cada uno en el est-repitoso- taller -no se escucha más que a si solo- salvajes trabajan mUcho con potente brazo si tregua; pero· siempre y siri cesar; el afán de sus brazos permanece estéril, como obra de las Furias''.

_Incorpóre~ ella misma, la vida creadora de cuerpos, acaso sólo en la alegría puede hall.ar su_ cuerpo. Más i:mpo:rtante que la historia, vida de la vida, diástole del cosmos, espíritu santo de lo real, la poesía es la transhistoria. Discretísima, . silenciosa, traspasa y nutre de plenitud no historiable a la otra, que sola, desamparada de esa linfa nutridora, apenas sería el misérrimo "cuento sin sentido, pleno de tumulto y de furia, narrado por un idiota",_ que tan a menudo a·ngustiara a Shakespeare. Mas, por ella, -inocente e incesante pasaje de 1~ ~ternidad-, aquí y ahora mismo, desde cierta inexpugnable dimensión, no por entero enunciable, · pero certera, parcialmente al nienos, __ ''todo afán, toda porfía, es paz eterna en el seno de nuestra madre", ·la Poesía: Asi "el fin es .siempre alcanzado y -jamás alean--

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zado'', Venturosamente para nosotros. Y ese modo de alcanzar no alcanzando, es acaso el -que como una cita, en indescifrable sonrisa se lleva a la tumba cada muerto, como lo entreviera Martí. El Uni­verso es el vuelo de la alegría. Tal la eterna verdad que, habiendo sido descubierta, de antiguo por las inteligencias espirituales, debes apropiarte, como lo entreviera Goethe.

''Revista Nacional", n 9 83, de noviembre de 1944, págs. 255-262.

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Luis Gil Salguero (1899)

~uchos de los rasgos señalados en su coetáneo Carlos Benvenuto podrían registrarse también en Luis Gil Salguero, otro de los d"scípulos más fieles (si no más semejantes a su maestro) que suscitó la labor filosófica de Carlos Vaz Ferreira.

Remitiéndonos, así, a lo recién apuntado, már­quense con todo, aunque sumariamente, a~gunas de las diferencias más notorias entre Benvenuto Y Gil. En éste, por ejemplo, un dato caracterizador fundamental es la predilección por el aforismo, forma en _a que se ha vertido lo más personal de sus escritos. Pero habría que agregar que la vigen­cia del aforismo no se origina en Gil Salguero tanto en la resistencia (o el desdén) a armar el razo­namiento, a coordinar sus afirmaciories como en un cierto irremisible modo de pensar que parece proceder por iluminaciones .discontínuas, que pa­~ece temer ·la posible aridez y la artificialidad de :os intermedios discursivos y la amenazadora, rep­tante, letal posibilidad de falsificacióri que ellos arrastran. No sólo Gil ha realizado la fundamen­tac.ón de su estilo aforísLco con var:adas autorida­des de todos los tiempos ("Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencia3", n~' 5, junio de 1950), sino que, incuso, m·smo a su intento teórico más ambicioso: uEI acto filosófico y descriptibilidad de la Experiencia metafísica" (1947) lo categoriza como simples notas que se acercan, ellas tamblén, al referido modo expresivo. Es claro, sin embargo, que el aforismo que cultiva -Gil no es el clásicó, no es el "pensam:ento" a lo Marco Aurelio o a lo Joubert, ~eñido y cargado Je significación sino a: torso, mforme, de una reflexión continua, ensimismada, cuya emergencia instantánea se recoge, en el que se busca, deliberadamente, cierta clausura en acor-

des indefinidos ·y oscuros, como ciertos "diminuen­dos" de la música impresionista.

Según se señalabá ya en los casos de Eduardo Dieste, de Oribe, de Benvenuto, la prosa de Gil, leída con ~as habituales expectativas con que se acerca un lector a tal tipo de expresión (aun en el plano filosófico), es trabajosa. El párrafo ablerto, Cargado de puntos suspensivos, ·1a acumulación, la e iminación de nexos, de artículos,. le acercan con frecuencia al .modo de dicción poemática. La unc.ón constante de su tono y ulla éspecie de dulzura honda, grave, trascienden verba~merite lo que puede ser el meollo de la actitud de Gil ante el mundo: un trémU:o, míst:co des umbramiento ante la hon­dura, la riqueza, la· inagotabilidad de lo real, lo personal, lo vital, lo potenc_al, lo posible ...

Todo lo hasta aquí afirmado se confirma espe­cialmente en sus co ecc:ones; generalmente breves, de ''Escritos" (1941), "Aforismos de la libertad: 1931-1937" Y "Pa•·tida noble", ambas de 1946 y "Notas en cuadernos de trabajo" (1950). Otros textos m~s s~stemáticos representan en la obra de Gil (que sin duda ha publicado muchísimo menos que lo q.ue ha elaborado), "Persona y Destino'' (.1937), que subtituló "ensayo sobre la idea de expe­r;encia indeterminada en Federico Nietzche", "Al margen de la filosoffa de Meyerson" (1946) y el estudio, ya mencionado, sobre eJ. "Acto fiJo..;óiico".

Capítulo aparte hay que hace'r también con sus ensayos sobre pensadores americanos: Rodó, cuyo i(\eario reconstruyó ("Ideario de Rodó", 1943), Vaz Ferreira, su maestro, al que dedicó el denso texto juvenL "Límites_ de lo humano" (1933) y sobre el que s:empre ha vuelto y (también en reiteradas veces), Whitman, Emerson, Martí y al­gún otro nombre igualmente capital. Podría ob­servarse a su respecto que Gil se ha concretado -sustancialmente en ellos, a confirmar las .íneas fundamentales de su sensibilidad y de su pensa­miento, a ratiflcarse y ahondarse en ese confron­tamiento con. otros. Y si han sido (obsérvese) esos hombres y esas obras las utílizadas es porque, para Gil, es en América en la que se juega, irrevocable­mente el drama de la inserción de la "pureza" en ~o histórico, en América, donde la hondura, la inedltez, la infinita germinabilidad de lo real adquiere su máximo esplendor. Y agréguese todavía que si­tuado así, preferentemente en una amplia gene-

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r:alización continental, difíci:inente podrán encon­'· tr:arse en este meditador· ~al mismo tiempo tras­cendental y ensimismado- señas concretas de su coridición, de su situación, de su situación uru­guaya ni problema alguno local,· limitado.

Se esboza en lo anterior el enérgico trazo di­ferencial que -completando el deslinde del prin­cipio de esta noticia- ha alejado progresivamente el pensamiento de Gil Salguero respecto al de su coetáneo Benvenuto. De un "humanismo revolu­cionario" pod!'ía rotularse la etapa más madura de la -evolución espiritual de Gil. Este humanismo se halla marcado por una acentuada tónica ética, idealista, personalista, por las nociones de nobleza y de pureza, por la insistencia (al modo martiano) en la abnegación y el sacrificio. Tal dechado de conducta se imbrica, radicalmente, con las ideas de incidencia en la historia y de radicación, de una vocación histórica y terrestre, de un deber de en­frentar lo concreto. Porque el humanismo revolu­cionario es el que busca -Y logra- lo sublime en la historia, la trascendencia en la mendicante, re­dimible inmanencia, lo infinito en la finitud pro­fundizadora que se ha conformado con la pérdida de lo divino. Un humanismo héroico, así, vertido en acentos exaltados y profusos, que concibe la liber­tad como deber y mide, desnudamente, el pe~igro y la renuncia implícita que imJ?ortan esa inserción y ese compromiso y sólo tiene ·confianza en la bon­dad inmarcesible de los pueblos y en el ejercicio de una razón que inmunice -contra toda visión idí­lica, contra toda fusión paralizante.

Pero lo sustancial de este humanismo heroico y revolucionario no estaría perfilado si no se apun­tara la tácita y constante identificación de los términos de "Revolución'' y ~<Vida". una vida que concibe Gil, no en la dirección ú:timamente biolo­gista de un Figari o un Reyles sino como un exigente plano espiritual, aureolado poéticamente por las notas de fluencia y de apertura, por la capacidad de comunicac~ón con lo desconocido, por el poder de investirlo, darle formas.

Optimista es entonces, pese al matiz ya dicho, el pensamiento revolucionario de Gil Salguero, que no parece contemplar la tan mentada "degradación de la revolución" ni la labilidad infinita de la materia humana que han alumbrado el desenvol­vimiento de las técnicas ni las coacciones inhuma­nas que permiten los nuevos medios de coordina-

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ción social ni el omnipresente común denominador de todos los regímenes que es la "sociedad de ma­sas". Aunque Gil puede pensar que cada día trae su afán y cadá momento de la historia el desafío que exige una sola, éreadora re.spuesta.

'Estos temas, sin duda centrales en la obra de Gil, se encuentran muy fielmente recogidos en el texto eleg~do aquí, fragmento de. una pieza ora­toria leída en_ el homenaje al dirigente marxista argentino Dr. Emilio Troise y publicada con él titulo de "El tema del hombre en la obra de Emilio Troise" en el volumen "Emilio' Troise: un filósofo de acción" (Montevideo, 1945).

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43 [El hombre y la revolución]

El estudio del hombre ccnstituía en el pasado un mero asunto de curiosidad especulativa; interesaba, en cuanto criatura capaz de trascendentalización, capaz de realizarse en el plano de lo sobre histó~ rico, en un progreso indefinido "sin el apego a la historia; tornán­dose cada vez más sobre histórico en el cmso de la historia y escapan­do al papel de simple causa y efecto dentro de la causalidad histó­rica" (Scheler). Hoy, el tema del hombre ocupa el centro de nuestras inquietudes; es una preOcupación angustiosa, un motivo de interés fundamental, y un signo de nobleza. ¿Qué ha ocurrido, qué cai?~io o qué cambios se han operado en el alma humana? ¿Son ellos ep1der­micos o bien afectan a las dimensiones más hondas de la vida histó~ rica y espiritual de la humanidad? Po: que, ahora se nos aparece, en la vida, en objetividad plena, y no ya presentido en la teoría, en aquel misterioso alejamiento que la abstracción supone. . .

En lo que me atañe -y siento ahora el deber de ant1c1par esta confidencia (y una de mis limitaciones)- me cuesta tratar la cues­tión del hombre simplemente del punto de vista de la teoría y de la exposición de las ideas; me cuesta, digo, mantenerme, ideólogo en la esfera de la doctrina. Establezco un pasaje de conversión a la rea­lidad; me siento, cada vez más, un ser hi.stórico y sustituíble (podría desaparecer sin que nadie lo advirtiera). Pero es un carácter de la nobleza el sentir los problemas con relación a un siglo, a una épo!':a histórica dete~minada; a un continente; a un país; a una vida y al momento de la vida de uno y de los hombres todos compañeros en humanidad. Tiendo pues a proyectarme, a incidir cada vez más en la historia. Y aunque sea, si es ésta una 'limitación, no puedo hacer renuncia de estas contingencias; no quiero evadirme; quiero notar el tema. de nues.tro tiempo; sus desasosiegos; conocer mi época, estar vigente· en ella, notar las demudaciones que se están oper~nclo en ~a historia y __ en el centro de las almas; ahora, que la htstona es, mas que antes, una dependencia de la razón y del amor; ahora que el

alma puede ponerse en la esfera _de los cambios históricos como causa de los cambios.

Nuestro tiempo no permite disociar la __ esfera del saber y de la historia; estamos más cet ca que nunca de una conversión total; o del definitivo desastre, o de la salvación; éso considerado- el problema· con ruda sinceridad y con la fideUdad que supone- la pasión por lo ver­dadero; pero la salvación depende _de una- asunción de tareas y res­ponsabilidades. Ahora la humanidad está constreñida.· por la Critica a entrar en el ámbito de la Revolución. No se que Valor tierten la.} revoluciones en el orden intelectual, pero este acontecimie-nto, en lo social y moral, me parece relevante: la imposibilidad qu_e se nos está dando de no poder renunciar -a- la- vocación histórica y terrestre; la posibilidad, también, que es un aspecto de la misma situación, de renunciar al privilegio t.::::1/restre y de a·ceptar, con alegría huniaña, la inmensa pérdida de lo divino; para haBar lo sublime en la historia e intensificarse en la tarea de la finitud protundizadora. Y estamos inquietos; y no vivimos en la vana conciencia de la inquietud y desasosiego trascendente; ni nos evadimos en el efugio del desprecio, caro a las élites; pero nos asumimos en la historia, en -el moVimiento de la inserción de los ideales que -la justicia clama, que el amor- ins~ pira, que la razón autoriza. Nuestra época hace -poderosamente un llamado a la vocación del individuo para que salve eil él el deStino del hombre y de los valores; sin trascender, para que el hombre salga de la historia más humano y más ex<iltado en el sentimiento de la libertad humilde y en la inmensa idealidad de lo· necesario.

Acaso debido a la critica, la la: ga aventura del orden de lo reyo­lu_cionario, provoca hoy la concentración, la in'tensificación diria, del interés, en nuestro tiempo· y en lo que toca a este problema; a este intento, de varia profundidad ele críticos pensadores,. hombres-- de tiencia y luchadores, que, cada vez más, ·sin abandonar- el cielo de la eXplicación vuelven nlás.vivos a·Ia "his!oria. Cono'cemos mejor que ante_s e intuímos mejor que antes, muchas causas de--la -fijaciól)._ del hom­bre; sabemos, mejor, cle_sus limitaciones; sabemos la manera de _po­nerlo en la historia;· en el apasionamiento- de la finitu_d histó1,'ica, des~ ligado de las- atracciones impuraS- de-: lo desconocido_;- intuímos eL SJ~ll-= tido_ de -orientación _plástica de hls fJ]erzas _creac;l.oras; -Y -los.' motivqs !}ti.~ determinan que nó llegu_cinos -a_ la- i'epres.entación de_ una -~:x:istenci.ª real, sino a la ideal y abstracta, y los moclós __ de su_ alienación y h ustració_n vocacional. terrena.L: e_ -histó.dP). :tantp __ cQmo c~,lJsa_ d._e ~Ú

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deienninación · hlst6riéa : ábsoluta que como centro de revelación· y t!ascendencüi:···P-oi'lo mismo, tantas veces; de modO excepCional puede ~empezár e,l_ hombre· por enc~ma del bruto; puede, sin fatiga, recomcnR .zar en él; puede ascender y descender; extrañarse en lo histórico,

~. a1iénar~é, ·agóniCo vivir. Es por lo .menos la vida, una lucha en tres . -escalas. 'Lucha que, además es la del hombre y de la especie: arranR

carse"def animal; llegar a ser hombre; cumplir, acaso, el programa renacentista del horno-horno-horno, Aún los más selectos, y los más enérgicos, y precisamente éstos, tienen que hacer el ensayo de la hom­bría; rehuir lo abstracto y,_ si espíritus alígeros, aprender a descender e incidir en la historia y en la vida; terrenales y pesados, tienen que aprender el arte de la danza. Sin arrancarse de lo lurdo -sin alejarse de los cuerpos.

Con real penetración, se ha dicho que cada estadio social trae su expresión propia,· de suerte que, considerando sus fases, pudiera contarse con la aventura de los pueblos con tanta verdad como por la lectura de sus cronicones y sus décadas. Mediante la interpretación económica de la historia se avanza en la comprensión de las culturas, se descubren contenidos de la realidad, fuerzas inempleadas que se ponen obedientes al acto de razón que los intuye y a la maravillosa efu­sión de benevolencia que de la razón. emana. Los desenvolvimientos, eri el orden histórico como en el dominio de las almas: lo que se oculta en ellas; lo que se guarda en lo posible; los gérmenes vivientes que la injusticia sustrae al desarrollo; las ·tonnas delicadas de la existen­cia que en actos_ de entusiasmo arrebatamos a la sustancia del dia no venido, sugieren, aseguran la posibilidad de síntesis en que los elementos que antes aparecían hostil'es, desacordes,_ logran una armo­nía total si el afán creador de las encarnaciones plásticas y los dictados del amor y la justicia los recogen y los lanzan libérrimos, creati­vos, en la trayectoria de las realizaciones eficientes, históricas y· con­~crétas. Por lo mismo, sagrada es la actitud humana que anuncia y propaga el concierto final de las contradicciones aparentes; la crí­tica que prepara la revolución y que obra como una expresión del heroísmo que elucida' la virtualidad de los pueblos; sagrada si sabe penetrar en lo pasado y captar el latido de la vida; y plañe ante lo sofocado; si adhiere a lo presente y vive la hazaña histórica entra­ñada con lo que ocur·re y sagrada si, a las oposiciones ficticias, a las luchas· y polémicas entre los credos y doctrinas, opone el acto que intuye lo sublime, y concierta a )a familia humana en la paz crea­dora· y en el éxtasis del compañerismo _,....}a cuestión terrestre en su grandeza natu"ral. Así, vuelve a ser la critica, en filosofía, en _historia, en sodología, una manifestación- del anhelo humano que; por encima

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de los' ~~€~~-~' funda·_ U'na rázón ,de amor en ia que ias individuaúd~:d~;, todas despiertan, desde ~~. seno propio de 1? popular ·y en . que_, _hjs pueblos aprenden a fortificarse en la creencia de la libertad posible y en el restablecimiento del hombre natural. ·

Siempre: he creído que un mismo e idéntico afán ha presidido ei descnvolvtmtento de los pueblos (y entiendo aquí los pueblos en la acepción r:~iunda que lo popular entraña: como algo que puede ser presto sacnhcado, pero que no puede sei' corrompido ni por la abs­tracción ni por la riqueza); siempre he pensado, digo, que la ne­cesidad de_ justicia y de libertad, brotan de un instinto plástico de relaciones _históricas revolucionarias; que hay una ley que concierta en un equilibrio superior, la realidad y sentimiento austero de li­b~r.t~d ~,omo deber; únicas garantías, ellas, que restan a nuestra ctvthzac10n, de comenzar nuevas tentativas de lo humano, fundando un mundo huma~o y terrestre, y revolucionario, en la decisión que coloca al proletanado, al protagonista,_ en posesión de si mismo, aven­turado, movie?do desde el principio general de la vida; proyectando su desesperae1Ón y soledad . al cauce histórico, en el esfuerzo que trae ~? nuevo y crea lo po~1ble en el paroxismo de aceptación y de rebehon que lleva a elcgtr el martirio y halla lo humano en el todo, en la humanidad, en la mágica onda indivisa de la vid~.

"El tema del hombre en la obra de Emilio Troise'', en "Emilio Troise, filósofo de acción", págs. 9-13

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ALGUNAS ERRATAS ADVERTIDAS

DONDE DICE . DEBE DECIR

pág. 88 — ren g lo n esim p o rta c ió n ................... Im p o stac ió n

pág. 99 — re n g ló n 19:la tin o -a m e rican o * k v . la tin o -m e d ite rrá n e o

pág. 121 — ren g ló n 14 : • ,a c titu d .....................w * ¡ a c r i t íd

pág. 121 — ren g ló n 25:a p asa r ............................ al p asar

pág. 160 — ren g ló n 29:a lo q u e ......................... a l ° s 1 ,le

pág. 186 — re n g ló n 43:el consejo dramático . el soplo dramático

pág. 249 — re n g ló n 40:tra sced e n c ia ................... tra scen d en c ia

pág . 389 — re n g ló n 21:m o stra r lo u n ................ m o s tra r lo , u n

pág . 438 — re n g ló n 3 :o a b so lu to ..................... ^!o A b so lu to

pág . 481 — íe n g ló n 38:n u es tro s “ m odos” n u es tro s m oods

pág. 525 — ren g ló n 32:. ■ tahalís ...............................Jt,. tahalís

pág. 597 — ren g ló n 30:e l q u e d a rse ................... d e l q u ed a rse

a co n tin u ac ió n de la n u m e ra c ió n de la p ág in a 429, en las n u m e­rad as com o 530, 531, 534, 535, 538, 539, 542, 543, 546, 547, 550,551, 554, 555, 558 y 559, debe lee rse 4 3 0 /4 3 1 , e tc ., h a s ta la p á ­g ina 460.

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